Fotos: Cortesía DIsney México

¿Qué nos quiso decir Pixar con Toy Story 4?

Felipe Monroy

Felipe Monroy

Por esta vez tenemos que ser cínicos: Toy Story 4 (2019) es un filme inentrañable; ese es su principal argumento y motivación. De otra manera no se entiende porqué Pixar se haya aventurado a construir este epílogo después de lo que parecía un magnífico cierre de trilogía en 2010.

Antes de avanzar: ¡Spoiler alert! Abandone aquí la lectura si aún no ha visto el filme y, si lo desea, vuelva después… o no, que justo es lo que explicaré en este artículo.

Toy Story Wheezy

Vamos por partes, las historias del vaquero Woody y sus amigos han montado prácticamente tres décadas con perfectas propuestas narrativas: Toy Story (1995) inauguró este prolongado viaje de autodescubrimiento de los personajes con un argumento aparentemente sencillo: Woody el vaquero favorito siente la amenaza de ser reemplazado por un juguete más moderno y popular encarnado en el guardián espacial Buzz Lightyear; sus celos propician una tragedia compartida que sólo remontarán tras un viaje de aceptación y mutua colaboración. Desde el primer filme, los creadores sustentan las motivaciones de los juguetes a un solo deseo y destino: estar allí, siempre, para la alegría de su niño (Andy).

Siete curiosidades de Toy Story; que amarás

La tragedia en el universo de los juguetes es la separación o lejanía de su niño; un juguete sin niño no sólo es un paria, es una identidad olvidable, vive una especie de infierno frío y silencioso. Esto queda más claro en Toy Story 2 (1999). Un vendedor de juguetes roba a Woody para completar una excepcional y costosa colección; en esta ocasión son los amigos del vaquero quienes emprenden un viaje para rescatarlo y convencerlo de lo inútil y vacía que es la vida siendo objeto de colección en lugar de servir a construir la alegría de su niño. Toy Story 2 suele calificarse como la más débil de las historias, pero deja claro que la suprema unión de un juguete no es simplemente a ‘su dueño’ sino a la ‘alegría de su niño’.

Una década más tarde Toy Story 3 (2010) relata lo que parecía el final de la trilogía de los juguetes: el niño ha crecido y ya no necesita de ellos. Una confusión lleva a los juguetes favoritos de Andy a una guardería donde los juguetes ‘comunitarios’ han levantado una especie de sociedad tiránica que abusa de los débiles y los inocentes. Esta historia erige el último palacio conceptual de la saga: la misión ulterior de un juguete no es sólo servir para la alegría de los niños (porque nadie puede negar que los párvulos la pasan excelente usando los juguetes) sino la construcción de un vínculo irrompible con la historia personal de un niño, de su niño.

Es por eso que la escena del quemador de basura es tan entrañable: la audiencia contempla cómo ese vínculo está por ser calcinado… sin niño, sin misión ni propósito, el último lazo que une a esos juguetes es su mutua amistad. Pero el filme recupera la promesa de la alianza en la figura de una mano que baja de lo alto que les rescata para atarlos a un nuevo vínculo, a una nueva niña; a Bonnie.

toy story Conmovedora escena

Lo que habíamos aprendido de las tres primeras películas era el peso del amor, lo complejo que es llevar la carga del lazo afectivo y la recompensa de la fidelidad a dicho vínculo. Pero, mientras sus predecesoras se vuelven profundamente entrañables, Toy Story 4 (2019) habla sobre el olvido y pretende demostrar lo importante que es saber desatarse de los pesados fardos de una promesa que ya se ha cumplido o que jamás llegará.

Toy Story 4 es un filme que no pretende abonar a “lo entrañable”, todo lo contrario: quiere demostrar lo importante que es saber soltar y soltarse; por qué es necesario desprenderse. Es el final del camino para la máxima convicción de Woody. El filme tensa los más profundos dramas del vaquero: por un lado debe demostrarle a un juguete hecho de basura (Forky) lo trascendente que es el vínculo que comienza a construir con su niña Bonnie; y, al mismo tiempo, reconocerse y reflejarse en la muñeca Gabby Gabby doblemente prisionera, atrapada en la tienda de antigüedades donde acumula polvo (como él en el armario) y en la promesa de un vínculo que ya no llegará. Woody debe aceptar ese inevitable destino: saber desatarse a tiempo.

El escritor mexicano Renato Leduc lo explica de esta manera: “Sabia virtud de conocer el tiempo; / a tiempo amar y desatarse a tiempo; / como dice el refrán: dar tiempo al tiempo... / que de amor y dolor alivia el tiempo”.

Toy Story; ¿debió tener este final?

El vaquero se topa con algunos guiños que le ayudan a comprender esa realidad: la pastorcita de cerámica Bo Peep tiene un brazo desprendido unido precariamente con cinta adhesiva pero ha aprendido a vivir con ello gracias a una profunda resiliencia. Cualidad que, seguramente, también le ayudó a continuar sin la promesa de un vínculo eterno.

¿Por qué es tan importante esto último, por qué es tan relevante que esta saga cinematográfica contraponga el olvido y el saberse desprender a la enraizada nostalgia que nos han propuesto la vasta mayoría de filmes de la industria?

Basta mirar las carteleras que año tras año nos ofrece la industria de Hollywood. Filmes para adultos y que apelan a la nostalgia por su infancia: Viejos héroes de cómics de antaño, infinitos remakes de historias originales, sagas interminables que ya no tienen nada por contar. Nadie parece querer soltar sus entrañables filmes: ni las audiencias que se conectan con sus candorosos sentimientos construidos tras decenas de películas ‘de un solo universo’; ni las casas productoras que utilizan la misma fórmula de éxito una y otra vez en función de su cálculo de inversión.

La nostalgia ha sido un gran negocio conmoviendo y sujetando a las audiencias a ese doloroso y sisífico regreso; pero el olvido propone diluir aquello que es densamente oscuro. Toy Story 4 no sólo quiere disolver el pesado y denso compromiso al vínculo que siente el vaquero Woody sino a la pesada y sólida fijación que la audiencia tiene con los entrañabilísimos personajes e historias de Toy Story.

Piénselo de esta manera: ¿En realidad quisiéramos tener en 2050 o 2060 filmes que continúen atados a personajes y sagas entrañables de esta década, de estas tres últimas décadas?

Toy Story 4 propone justo lo contrario a través de las dos muñecas. Gabby Gaby y Bo Peep conocen lo difícil que es verse alejadas de las seguridades de un sólido vínculo durante muchos años, siendo apenas vigiladas por el tiempo. Una cree mirar, detrás del cristal de su ilusión, el cumplimiento de la promesa; la otra sabe que la promesa se ha cumplido gracias a lo que dejó ir. Se la liberado y, junto a ella, a la audiencia y sus creadores que deben, también, aprender a dejarla ir.

Toy Story 4 Woody

 

Toy Story 4 con juguetes mexicanos

@monroyfelipe