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Opinión

Ahora viene lo bueno: ¿Podrá Macron con el paquete que se echó a cuestas?  

Siete24

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Durante la campaña por la Presidencia de Francia, Emmanuel Macron, rompiendo todas las reglas que conforman la vieja forma de hacer política -no únicamente en Francia sino en todas las democracias-, hizo algo que a no pocos pareció un suicidio político: Le habló a los electores con la verdad; les dijo, crudamente y sin eufemismo alguno, que de no llevar a cabo reformas que pondrían a Francia en la realidad del presente y los próximos años, lo que les esperaría a los franceses, y al país y su economía, sería una debacle de pronóstico reservado.

Esa elección, no únicamente la ganó Macron sino que además, lo hizo arrolladoramente. Aun cuando su partido y aliados no obtuvieron la mayoría calificada -385 diputados de 577-, si obtuvieron la absoluta: Alrededor de 360 y para esa mayoría, únicamente requerían 289.

Estas cifras, de acuerdo con todos los análisis, le daría al partido de Emmanuel Macron, una mayoría increíble para quien jamás había participado anteriormente en la política, tal y como solemos entenderla: militar en un partido político y haber participado, en calidad de candidato, en alguna elección.

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Las cifras proyectadas publicadas, otorgaban para La République en Marche y aliados, de 390 a 440 diputados; esta cantidad de diputados, de haberla obtenido como dije arriba, le habría asegurado al presidente Macron la mayoría calificada que le permitiría -sin necesidad de voto alguno de otros partidos-, concretar las reformas constitucionales necesarias con miras a poner al día el osificado sistema político francés y modernizar su economía.

Por otra parte, hay que mencionar en esta segunda vuelta, el alto porcentaje de abstencionismo: Por encima del 55%. Esta cifra que, según algunos, refleja la confianza excesiva en la victoria arrolladora pronosticada, la cual llevó a muchos a no acudir a votar, redujo aquél 390 a 440 a una cifra menor -360- la cual, si bien asegura la mayoría absoluta y el control de la Asamblea, no da para la mayoría calificada -385 diputados- como dije ya.

Sin embargo, el partido más cercano a del presidente Macron: Les Républicains y sus aliados, parecen haber obtenido una cifra que ronda los 130 diputados con los cuales, en caso de establecer una alianza entre ambas fuerzas, más que les sobraría para reformar la Constitución.

¿Cuál sería el costo para Macron, o el precio que el partido de Nicolás Sarkosy y sus aliados le exigirían pagar, para darle los votos necesarios que permitirían concretar las reformas constitucionales proyectadas?

Sin embargo, por encima de estas cifras, la pregunta a hacernos es, más que obvia, obligada: ¿Podrá Emmanuel Macron concretar las reformas propuestas durante su campaña por la Presidencia de Francia?

De no ser así, ¿qué futuro le esperaría, más que a su gobierno y gobernación, a Francia y su economía, y al papel que Macron vislumbra para su país en las actuales condiciones internacionales?

Eso es lo que nos debe interesar de los resultados de la segunda vuelta de las elecciones legislativas en Francia. El interés, además, deberá ser elevado porque, ante el chiste de mal gusto de definir al Macron Mexicano, corremos el riesgo de perdernos en las anécdotas, y dejar de lado las enseñanzas centrales del proceso electoral francés, para el proceso nuestro a celebrar el año próximo.

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agch



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Análisis y Opinión

Egoísmo o irresponsabilidad

José Luis Arévalo

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De Frente y Claro

En los últimos días he sido testigo, tanto presencial como a través de los reportajes en televisión, de cómo hay muchísimas personas que se siguen oponiendo al uso del cubrebocas. Y no me refiero solamente al ciudadano común; ya que tenemos a un Presidente que solamente lo utilizó porque en caso contrario no hubiera podido subirse al avión que lo llevaría a Washington, una Jefa de Gobierno que antes de sus mensajes se lo “sobrepone” para quitárselo y hablar sin él a millones de mexicanos, un subsecretario de prevención y promoción a la salud que paulatinamente va perdiendo credibilidad víctima de las contradicciones, la incertidumbre, la politización (queriendo o sin querer) de la pandemia, y una sociedad que poco a poco se ha ido sumiendo más y más en la falta de empleo, la falta de inversiones y la falta de apoyo económico sostenido, no de no una “ayudadita” mensual.

¿Hacia dónde vamos? ¿Usted lo sabe? Porque yo no. Cada día hay más incertidumbre a pesar de los mensajes que salen de Palacio Nacional de que ya está pasando este problema. Tal es así que ya somos el cuarto país del mundo con el mayor número de personas muertas por esta enfermedad, en una guerra en donde el General no ha sabido utilizar las armas con las que tendría que haber ido a luchar; porque las armas e inmejorables soldados los ha tenido, pero hasta para disparar una calibre .22 hay que saber.

Y mientras tanto, a “gobernar” o a buscar no perder más popularidad con temas del pasado: que si la detención del exgobernador de Chihuahua, que si la extradición del exjefe policíaco, que si la “luna de miel” con los Estados Unidos, etc, etc, etc, pero los temas que le atañen al ciudadano de a pie, al que trata de llevar comida a su casa, no se atienden, y cada semana nos dicen que la epidemia sigue y sigue… que del semáforo naranja no pasaremos y si hubiera algo nuevo pues será regresar al rojo.

¿Realmente los mexicanos somos tan irresponsables que no nos sabemos cuidar? Hay países latinoamericanos como Cuba, Argentina, Uruguay, Paraguay y otros más en donde la pandemia ya es un tema de vigilancia, pero la vida es ya normal.. y nosotros seguimos como al principio o quizás peor porque la cifra de muertos, contagiados, personas sin empleo, niveles de pobreza, son muy superiores a las que teníamos en febrero… si, en FEBRERO, hace apenas 160 días cuando escuchábamos de una pandemia en otras partes del mundo y como siempre decíamos “a mi eso no me va a pasar”, y mire usted dónde estamos parados.

Es muy fácil criticar a aquellos que no usan cubrebocas. ¿Serán irresponsables o serán egoístas? Júzguelos usted, pero habría que meterse en sus pensamientos para saber si ya hay resignación, si creció la incredulidad a la enfermedad, si no se quedan en casa porque simplemente ya no hay dinero para quedarse y hay que salir a buscarlo o si simplemente “les vale” que otros se enfermen en caso de estar contagiados. Lo que sí creo es que luego de tres meses y ante la falta de información consistente, muchos consideran que la vida ya podrá regresar a la normalidad teniendo como compañero de vida, de seguir vivo, al Covid-19.

@jlanoticias
@jarevalop

www.siete24.mx

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Análisis y Opinión

AMLO y Trump: Desastre conjurado

Felipe Monroy

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La expectativa de los maliciosos no conoce límites: si caen un par de gotas, anuncian el diluvio, y si un discurso diplomático se mantiene diplomático, lo acusan de pusilánime. Es cierto que la visita de López Obrador a Donald Trump arrastraba toneladas de mutuas acusaciones y agresiones de baja intensidad; sin embargo, poco saben de política quienes esperaban un incendio a la mitad del jardín de las rosas de la Casa Blanca.

Para nadie es desconocido que la política interior y exterior de Trump tiene profundas motivaciones integristas; y que su narrativa ha provocado polarización social principalmente en temas raciales, migratorios y supremacistas. Del otro lado, la narrativa lopezobradorista apela permanentemente a una insalvable tensión entre ‘conservadores y liberales’, al tiempo de descargar las justificaciones de su mandato mediante el señalamiento de sus antagonistas.

Sin embargo, en este punto de la historia, ambas naciones que representan están anudadas más allá de una relación histórica y un complejísimo intercambio comercial del cual ambas partes buscan sacar provecho; ahora también los une un escenario de inmensa incertidumbre debido al coronavirus y sus efectos, y a la pérdida de su influencia en la geopolítica contemporánea.

Ambos mandatarios tienen deudas por atender con sus respectivas ciudadanías sobre sus discursos y la radicalidad de sus opiniones porque ambos han emprendido ambiciosas cruzadas con el ideal de su propia nación en mente. De hecho, es justo lo que Trump afirmó en su discurso: “Ambos honramos la dignidad de nuestras grandes naciones… cada uno de nosotros fue elegido en el compromiso de luchar contra la corrupción, devolver el poder a la gente y en el interés de poner a nuestras naciones en primer lugar. Yo hago eso y usted hace eso, señor presidente”.

López Obrador, por su parte, no dejó de mencionar la importancia de los trabajadores en las economías de ambas naciones, los objetivos centrales del nuevo tratado, las diferencias históricas y la manera formal de evitar mayores conflictos. No omitió tampoco señalar las críticas que se le hicieron por el viaje y las diferencias ideológicas que sostiene con el propio mandatario norteamericano. Trump también habló sobre sus compatriotas que ‘apostaron en contra’ del encuentro. Hubo diplomacia de elogios, como era de esperarse; y, sin embargo, si se leen con cuidado y sin prejuicio, en ambos discursos también se encuentran apreciaciones concretas sobre lo que desean ambos mandatarios como mínimos comunes para una buena relación de las naciones: dignidad, orgullo, soberanía, valores familiares y tradiciones.

En este justo instante hay millares de periodistas y opinólogos en México y Estados Unidos que diseccionan con fruición las breves horas de visita del mandatario mexicano a Washington y la Casa Blanca. Desde las palabras hasta las corbatas, nada escapará al juicio de la comentocracia. Sabemos que ambos líderes gozan de abundante mala prensa, no hay día en que no sean juzgados como imprudentes, pendencieros, obsesivos, manipuladores, mentirosos, inexpertos, antidemocráticos o polarizantes, y quizá lo merezcan. Pero también cuentan los dos con extensos grupos de simpatizantes que querrán encontrar los positivos en una reunión que no habían imaginado ni esperado celebrar.

Al final, cada sector asumirá su propia certeza que satisfaga sus obsesiones respecto al singular encuentro; sólo quizá sea bueno recordarles las palabras del escritor argentino Alejandro Dolina: “Para quienes dicen que todos los políticos son lo mismo; les contesto que, para un analfabeto, todos los libros son iguales”.

*Director de VCNoticias.com
@monroyfelipe

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