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Análisis y Opinión

4T: tiempo de aportaciones voluntarias

José Luis Arévalo

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No salgo del asombro de lo que se vivió la tarde de este lunes 25 en Eje Central, justo a un costado del Palacio de las Bellas Artes, en el primer cuadro de esta Ciudad de México, cuando un grupo de comerciantes ambulantes, acompañados por personas con discapacidad, cerraron esta importante vialidad y le exigían a todo aquel que quisiera transitar, una cuota voluntaria para permitirle el paso.

Pero antes de analizar esto, vamos a remontarnos al año 2014, ya que este martes 26 se cumplieron 68 meses de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero; razón por la que, como cada mes, un grupo de personas se dieron cita en el llamado “Antimonumento”, ubicado en Av. Juárez y Paseo de la Reforma, para exigir la aparición de estos muchachos o por lo menos conocer la verdad de lo que pasó con ellos. Algo que se les prometió desde la llegada al poder de López Obrador y que no se ha cumplido.

Pero ¿porqué hago relación entre el hecho de Eje Central y este caso de los 43? Guardando las proporciones del caso, lo que se vivió en el centro de la capital es una práctica habitual de los normalistas en las autopistas del estado de Guerrero. Jóvenes embozados que -ante la mirada pasiva de la autoridad-, obtienen recursos de manera ilegal al no recibir los apoyos gubernamentales que tanto se les han prometido. Lo mismo con los de Eje Central, a quienes se les han prometido apoyos económicos desde la época de campaña de López Obrador y que luego de año y medio de gobierno y en medio de una pandemia, tampoco se les ha cumplido.

Es verdad que tienen todo el derecho de exigir el cumplimiento de lo prometido a cambio de la lealtad al voto por MORENA pero no tienen porqué pedirle una cuota a los transeúntes. ¿En qué ciudad vivimos? ¿en qué Ciudad o capital del mundo, las autoridades permiten que un grupo de personas cierre la circulación de una de sus principales avenidas para obligar “de manera voluntaria” una “aportación” para la libre circulación?

Es cierto que después de un rato las autoridades llegaron y dispersaron a este grupo de manifestantes, pero ¿y los detenidos? ¿acaso cualquiera puede cerrar una calle y pedir dinero? Pareciera que la amnistía al que comete un delito se aplica aún sin estar en prisión. O tal parece que mientras más pasa el tiempo, las leyes se aplican con mayor dureza para aquellos que viven apegándose a las leyes y siendo permisibles con los que actúan al margen de las mismas.

Así que muy probablemente, tal y como sucede en las autopistas, lo vivido en Eje Central será un acto recurrente en la etapa post-Covid que estamos a punto de iniciar; y le digo esto porque las carencias, la delincuencia y el permitir que los que “menos tienen” puedan hacer lo que quieran con tal de que no se alejen de la “esperanza de México”, dará paso a manifestaciones, cierres de calles y “aportaciones voluntarias”.

Ese es el México que nos espera a partir de junio y si me equivoco le ruego que me lo haga saber. Ah, por cierto, de acuerdo con el INEGI, los índices de corrupción se han incrementado en este primer año de gobierno; así que, para no perder la brújula, la 4T permitirá muchas cosas, como “las aportaciones voluntarias” con tal de no perder adeptos, aunque el costo de esto lo vaya a pagar otra parte de la población.

José Luis Arévalo
Periodista
www.siete24.mx
@jlanoticias
@jarevalop



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Análisis y Opinión

Dos escenarios, una realidad

José Luis Arévalo

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De Frente y Claro con José Luis Arévalo

Arrancamos una nueva semana luego de que pasó el primero de julio, una fecha muy significativa para el presidente Andrés López Obrador, quien una vez más realizó un informe a la nación, uno más -lleva ya unos cuantos en tan solo año y medio de gobierno-, para poder dar a conocer a los mexicanos cómo ha ido avanzando desde que ocupa el poder ejecutivo. Primero de julio, dos años después de que ganara la elección presidencial, que para él es una fecha por demás importante al haber iniciado, como todos sabemos, lo que él mismo bautizó como “La Cuarta Transformación”. Pero déjeme reflexionar en algo: ¿la transformación de México no debería considerarse en aquel año 2000 cuando Vicente Fox sacó de Los Pinos al partido hegemónico?.

Pero bueno, López Obrador realizó un nuevo evento en Palacio Nacional y fíjese usted, paralelamente al informe del presidente que estaba plagado de buenas intenciones, de buenas noticias, de cifras espectaculares, según sus propios estudios, donde aseguró que ha disminuido la delincuencia, los homicidios dolosos, el robo de automóviles, el bienestar de los mexicanos, etc, etc, surgieron un par de temas de manera paralela. Uno de ellos se dio en Irapuato cuando un grupo de sicarios realizó una balacera matando a 27 personas, lo que contrastaba con los que se decía en Palacio Nacional cuando se aseguraba que se habían terminado las matanzas y las violaciones a los Derechos Humanos. Casi una treintena de muertos más en Guanajuato. Al mismo tiempo, su esposa Beatriz Gutiérrez Müller contestaba en un tuit a una persona que amablemente le pedía que fuera a ver a los niños que sufren de cáncer y que no tienen medicamentos, diciéndole que si esa persona era doctor, pues que él fuera a verlos, que ella no era médico. ¡Vaya respuesta!, vaya insensibilidad de una mujer que se dice doctora, que se dice primera dama, que se dice intelectual. Si la esposa del presidente considera que esto no es una violación a los derechos fundamentales de la infancia, está completamente equivocada. Y a lo mejor lo reconoció porque minutos después borró su mensaje y mandó una disculpa. Tarde para una mujer que al ser la esposa del presidente debería pensar en todos los mexicanos, incluyendo a los enfermos de cáncer.

Y como estos dos episodios podríamos hablar de otros más, como por ejemplo que nuestro país ya está entre los 5 a nivel mundial con el mayor número de muertos por Coronavirus. Una vez más estamos entre los primeros países en algo, ya sabemos que eso nos encanta, aunque esta vez se trata de un tema de personas fallecidas por una pandemia. A todo esto, el presidente insiste en que vamos muy bien, que ya se tocó fondo y que ya viene la recuperación. ¿En qué momento habrá recuperación si el número de muertos y contagiados no cede?, no lo sé, ojalá y nos lo explicara.

Esta es la realidad que solo conoce el presidente y los que aún lo siguen. Seguidores que por cierto, el presidente dijo que son cada vez más. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar lo que dicen las encuestadoras, aquellas que antes López Obrador defendió a capa y espada. La consulta de El Financiero ubica al Presidente entre el 55 y el 60 por ciento de popularidad, Roy Campos y Consulta Mitofsky en el 47 por ciento y la empresa GEA-ISA no le da más allá del 38 por ciento de popularidad. Ya veremos cuál de las dos versiones del México que estamos viviendo es la más certera.

@jlanoticias

@jarevalop

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Análisis y Opinión

Discurso para un entremés sexenal

Felipe Monroy

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¿Por qué la comunicación de López Obrador parece cada vez menos eficiente? ¿Qué ha pasado con ese orador absoluto que motivaba, cautivaba y convencía a millones de mexicanos desde el podio? A dos años de su triunfo electoral, el presidente ofreció nuevamente un informe sobre el estado de la administración federal en lo que ha denominado Cuarta Transformación de la vida pública de México, y vale la pena analizar lo que sucede en materia comunicativa presidencial.

Debido a la pandemia y a la incertidumbre, el mensaje de este primero de julio sufrió obvias limitantes: El escenario, aunque simbólico, resultó más sombrío que solemne; en el proscenio, una inquietante silla vacía sin propósito tensaba la atención al orador; y el público (Beatriz Gutiérrez más un puñado de miembros del gabinete), apenas se hizo notar por sus aplausos de reciedumbre. Lejos del pueblo y de la base social que lo llevó al poder, López Obrador sólo tenía su discurso para brillar.

Y, sin embargo, nada destacó en la base del discurso. El presidente se mantiene en sus trece respecto a su mensaje. El texto es idéntico en estructura a los ofrecidos los últimos cinco primeros de julio y diciembre. Todos están construidos de la siguiente manera: 1. La identidad de la 4T; 2. Los nobles principios que le caracterizan; 3. Los logros y avances de la administración; 4. La naturaleza y resistencia de los adversarios; y 5. El legado histórico al que se aspira.

No es una mala estructura; de hecho, guarda una cualidad pedagógica eficiente. Pero algo sucede con estos mensajes (que en realidad son muy altas oportunidades de comunicación por su expectativa): cada vez se asemejan más a un inocuo ruido de fondo, un sonsonete prescindible cuyo sentido se ha diluido. ¿Por qué?

Hay un riesgo en este tipo de discursos, suelen provocar vacío en el oyente honesto, en el ciudadano que dispone su atención sin fanatismo ni prejuicio. Es un hecho que al partidario no le interesa el contenido del mensaje sino la forma y la retórica de la victoria; mientras, el malqueriente sólo espera con malsana fruición las fallas y las ofensas para señalarlas. Pero ¿qué hay para esa franja ciudadana que escucha con criterio y expectativa razonables? ¿Cómo volver a ganar su interés?

Para muchos, el modelo de comunicación presidencial de López Obrador está ya agotado debido a la permanente y extensa conferencia matutina junto a los profusos y reiterados informes a la nación. La identidad de la 4T requiere más hechos que palabras; sus principios exigen ejemplos y no sólo promesas; los mencionados avances esperan el imprescindible contraste periodístico; los adversarios evidencian sus credenciales por sí mismos; y corresponderá a la historia juzgar si esta administración deja o no buen legado.

Sin embargo, hay una explicación más simple: el mensaje presidencial ya no interpela ni a la imaginación ni a la expectativa de las audiencias. Los ciudadanos, ávidos de teorizar, interpretar y participar activamente en la comunicación (los llamados ‘prosumidores’, productores y consumidores de información), no reciben estímulo alguno para construirse narrativas sociales futuras, para animarse a la esperanza o para sentirse partícipes de una ilusión.

En el pasado, el discurso lopezobradorista conseguía esa esperanza: motivaba narrativas en millones de mexicanos que eran capaces de imaginarse en escenarios distintos a la podredumbre política imperante; detonaba en la mente de los ciudadanos la idea de su papel crucial en la urgente necesidad de un cambio radical; despertaba en ellos la necesaria confianza para depositar en él la misión de acabar con la corrupción que mantenía sumida en la pobreza y la violencia a toda una nación.

El futuro, no obstante, será de quien hoy siembre en las historias personales de los ciudadanos, una narrativa que le conmueva o apasione hasta la diligencia participativa. Por desgracia, el discurso presidencial parece ahora apelar a la pasividad, a la paciencia del respetable; más que partícipe, el ciudadano se reduce a espectador de conferencias y mensajes.

Si se pone atención, López Obrador colocó en posiciones equidistantes (justo antes y después de enumerar los avances de su administración) dos ideas aparentemente distintas pero que cumplen un mismo propósito: “Nunca, en más de un siglo, se ha insultado tanto a un presidente de la República…” y “sostengo que para el 1° de diciembre de este año estarán ya establecidas las bases de la nueva forma de hacer política”. En concreto, dice que, a pesar de las resistencias, buscará cincelar su oportunidad histórica. Es un bello pensamiento dicho en voz alta, pero nada más.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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