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Análisis y Opinión

Alarmas en color naranja

Siete24

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De Frente y Claro con José Luis Arévalo

Entre lo que ha implicado en materia de seguridad el atentado en contra de Omar García Harfuch y el haber conseguido pasar al semáforo naranja en esta pandemia, uno no sabe hacia dónde debe voltear o de quién hay que cuidarse. Y si no, pregúntele a la familia de Gabriela Gómez, Gaby como le decían en su natal Xalatlaco.

La desafortunada mujer de tan sólo 26 años de edad, procedente del Estado de México, que perdió la vida durante el atentado y que seguramente se había venido cuidando semana tras semana para no contagiarse, trabajando lo mínimo y padeciendo los estragos de esta pandemia.

Pero a pesar de esto, resulta que Gaby no fue ni siquiera merecedora de que la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, visitara a su familia por lo menos para darle el pésame o mostrar algo de solidaridad de manera presencial durante el funeral. ¿Acaso no era obligación de Sheinbaum? Eso sí, no dejó de visitar a su Secretario, pero a una persona que perdió la vida por el simple hecho de estar pasando por el lugar del atentado y que sin deberla ni temerla perdió la vida, solamente fue merecedora de unas palabras de consuelo y la promesa de que “no quedarán desamparados”… como si el dinero resolviera la pérdida de una madre que dejó a dos pequeñitas huérfanas, una de 9 y otra de 4 años de edad.

Pero así ha sido la insensibilidad de un gobierno de izquierda que es más recaudador, para tener dinero y cumplir con sus promesas (insisto, con dinero quieren resolver todo), que progresista, “mejor dan el pescado en vez de enseñar a pescar al precio que sea”.

Ahora bien, si estamos en semáforo naranja -casi rojo-, en materia de seguridad, pues de la misma forma arrancamos esta semana con el tema de la pandemia, luego de que en un solo mes se ha registrado más del 50 por ciento del total de las muertes que llevamos desde que hizo acto de aparición el Covid-19. Ante este panorama, son pocos los que creen que vamos tan bien como lo señala el gobierno federal; claro, exceptuando a los seguidores del Presidente; ya que “si él no usa cubrebocas y sale de Palacio Nacional, porqué tendría yo que guardarme”, han de decir muchos.

Sin embargo, lo que no todos hemos tomado en cuenta, con todo y la insistencia del subsecretario López Gatell, es que la ocupación hospitalaria ha disminuido, no supera el 65 por ciento en muchos de los casos y por ello, para la Secretaría de Salud, por fin ya entramos en una etapa de optimismo en contra de esta enfermedad. El tema es que según datos no oficiales, hay hospitales privados que ya no quieren recibir enfermos de Covid; de ahí que muchos contagiados podrían estar curándose en sus casas.

Por lo pronto, en un gobierno, insisto, más recaudador que progresista, hay que estar preparados, ya que ni el coronavirus se ha ido, ni se irá, ni la delincuencia va a cesar. En ambos casos estamos en naranja, casi rojo; y más aún, si el Presidente asegura que no cambiará su política en materia de seguridad y que tampoco dejará de salir de Palacio Nacional sin cumplir las recomendaciones de su propio equipo de Salud, como utilizar cubrebocas.

“Hay que portarse bien”, dijo el presidente luego del atentado en un mensaje a la nación. Y yo le pregunto, Gaby, la víctima de Xalatlaco, ¿se habrá portado mal al haber estado en el lugar menos indicado y en el momento menos oportuno? No lo sé, pero es muy caro pagar con una vida inocente y a cambio saber que, por ahora, la política contra la delincuencia seguirá siendo la misma. Lo que sí sé es que en nuestras dos epidemias seguiremos perdiendo muchas vidas inocentes.

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Análisis y Opinión

Egoísmo o irresponsabilidad

José Luis Arévalo

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De Frente y Claro

En los últimos días he sido testigo, tanto presencial como a través de los reportajes en televisión, de cómo hay muchísimas personas que se siguen oponiendo al uso del cubrebocas. Y no me refiero solamente al ciudadano común; ya que tenemos a un Presidente que solamente lo utilizó porque en caso contrario no hubiera podido subirse al avión que lo llevaría a Washington, una Jefa de Gobierno que antes de sus mensajes se lo “sobrepone” para quitárselo y hablar sin él a millones de mexicanos, un subsecretario de prevención y promoción a la salud que paulatinamente va perdiendo credibilidad víctima de las contradicciones, la incertidumbre, la politización (queriendo o sin querer) de la pandemia, y una sociedad que poco a poco se ha ido sumiendo más y más en la falta de empleo, la falta de inversiones y la falta de apoyo económico sostenido, no de no una “ayudadita” mensual.

¿Hacia dónde vamos? ¿Usted lo sabe? Porque yo no. Cada día hay más incertidumbre a pesar de los mensajes que salen de Palacio Nacional de que ya está pasando este problema. Tal es así que ya somos el cuarto país del mundo con el mayor número de personas muertas por esta enfermedad, en una guerra en donde el General no ha sabido utilizar las armas con las que tendría que haber ido a luchar; porque las armas e inmejorables soldados los ha tenido, pero hasta para disparar una calibre .22 hay que saber.

Y mientras tanto, a “gobernar” o a buscar no perder más popularidad con temas del pasado: que si la detención del exgobernador de Chihuahua, que si la extradición del exjefe policíaco, que si la “luna de miel” con los Estados Unidos, etc, etc, etc, pero los temas que le atañen al ciudadano de a pie, al que trata de llevar comida a su casa, no se atienden, y cada semana nos dicen que la epidemia sigue y sigue… que del semáforo naranja no pasaremos y si hubiera algo nuevo pues será regresar al rojo.

¿Realmente los mexicanos somos tan irresponsables que no nos sabemos cuidar? Hay países latinoamericanos como Cuba, Argentina, Uruguay, Paraguay y otros más en donde la pandemia ya es un tema de vigilancia, pero la vida es ya normal.. y nosotros seguimos como al principio o quizás peor porque la cifra de muertos, contagiados, personas sin empleo, niveles de pobreza, son muy superiores a las que teníamos en febrero… si, en FEBRERO, hace apenas 160 días cuando escuchábamos de una pandemia en otras partes del mundo y como siempre decíamos “a mi eso no me va a pasar”, y mire usted dónde estamos parados.

Es muy fácil criticar a aquellos que no usan cubrebocas. ¿Serán irresponsables o serán egoístas? Júzguelos usted, pero habría que meterse en sus pensamientos para saber si ya hay resignación, si creció la incredulidad a la enfermedad, si no se quedan en casa porque simplemente ya no hay dinero para quedarse y hay que salir a buscarlo o si simplemente “les vale” que otros se enfermen en caso de estar contagiados. Lo que sí creo es que luego de tres meses y ante la falta de información consistente, muchos consideran que la vida ya podrá regresar a la normalidad teniendo como compañero de vida, de seguir vivo, al Covid-19.

@jlanoticias
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Análisis y Opinión

AMLO y Trump: Desastre conjurado

Felipe Monroy

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La expectativa de los maliciosos no conoce límites: si caen un par de gotas, anuncian el diluvio, y si un discurso diplomático se mantiene diplomático, lo acusan de pusilánime. Es cierto que la visita de López Obrador a Donald Trump arrastraba toneladas de mutuas acusaciones y agresiones de baja intensidad; sin embargo, poco saben de política quienes esperaban un incendio a la mitad del jardín de las rosas de la Casa Blanca.

Para nadie es desconocido que la política interior y exterior de Trump tiene profundas motivaciones integristas; y que su narrativa ha provocado polarización social principalmente en temas raciales, migratorios y supremacistas. Del otro lado, la narrativa lopezobradorista apela permanentemente a una insalvable tensión entre ‘conservadores y liberales’, al tiempo de descargar las justificaciones de su mandato mediante el señalamiento de sus antagonistas.

Sin embargo, en este punto de la historia, ambas naciones que representan están anudadas más allá de una relación histórica y un complejísimo intercambio comercial del cual ambas partes buscan sacar provecho; ahora también los une un escenario de inmensa incertidumbre debido al coronavirus y sus efectos, y a la pérdida de su influencia en la geopolítica contemporánea.

Ambos mandatarios tienen deudas por atender con sus respectivas ciudadanías sobre sus discursos y la radicalidad de sus opiniones porque ambos han emprendido ambiciosas cruzadas con el ideal de su propia nación en mente. De hecho, es justo lo que Trump afirmó en su discurso: “Ambos honramos la dignidad de nuestras grandes naciones… cada uno de nosotros fue elegido en el compromiso de luchar contra la corrupción, devolver el poder a la gente y en el interés de poner a nuestras naciones en primer lugar. Yo hago eso y usted hace eso, señor presidente”.

López Obrador, por su parte, no dejó de mencionar la importancia de los trabajadores en las economías de ambas naciones, los objetivos centrales del nuevo tratado, las diferencias históricas y la manera formal de evitar mayores conflictos. No omitió tampoco señalar las críticas que se le hicieron por el viaje y las diferencias ideológicas que sostiene con el propio mandatario norteamericano. Trump también habló sobre sus compatriotas que ‘apostaron en contra’ del encuentro. Hubo diplomacia de elogios, como era de esperarse; y, sin embargo, si se leen con cuidado y sin prejuicio, en ambos discursos también se encuentran apreciaciones concretas sobre lo que desean ambos mandatarios como mínimos comunes para una buena relación de las naciones: dignidad, orgullo, soberanía, valores familiares y tradiciones.

En este justo instante hay millares de periodistas y opinólogos en México y Estados Unidos que diseccionan con fruición las breves horas de visita del mandatario mexicano a Washington y la Casa Blanca. Desde las palabras hasta las corbatas, nada escapará al juicio de la comentocracia. Sabemos que ambos líderes gozan de abundante mala prensa, no hay día en que no sean juzgados como imprudentes, pendencieros, obsesivos, manipuladores, mentirosos, inexpertos, antidemocráticos o polarizantes, y quizá lo merezcan. Pero también cuentan los dos con extensos grupos de simpatizantes que querrán encontrar los positivos en una reunión que no habían imaginado ni esperado celebrar.

Al final, cada sector asumirá su propia certeza que satisfaga sus obsesiones respecto al singular encuentro; sólo quizá sea bueno recordarles las palabras del escritor argentino Alejandro Dolina: “Para quienes dicen que todos los políticos son lo mismo; les contesto que, para un analfabeto, todos los libros son iguales”.

*Director de VCNoticias.com
@monroyfelipe

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