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Análisis y Opinión

Amor con amor se paga o ¿divide y vencerás (en el Congreso)?

José Vilchis Guerrero

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Nigromante

Los aperitivos se dejaron para el momento de su llegada a la mesa donde se iba a reunir con los reporteros luego de una prolongada ausencia presencial de año y medio por la pandemia, tema que fue ampliamente comentado durante la cena. La diputada Magdalena Núñez Monreal, del Partido del Trabajo, mostró su capacidad analítica de cómo pintan las cosas entre los legisladores y su expectativa frente a una iniciativa de ley eléctrica, que ha suscitado controversias varias.

Ha sido más que evidente el coqueteo a los legisladores priistas por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador en su obvia intención de avanzar en la seducción para ganarse la voluntad priista y panista en el Congreso. Comenzó por exaltar la imagen y trascendencia de los presidentes emanados del que fue partido predominante, Lázaro Cárdenas del Río y Adolfo López Mateos. Uno expropió el petróleo y el otro nacionalizó la industria eléctrica. Incrementó sus elogios a gobernadores priistas que concluyeron su gestión con éxitos reconocidos. Y los ha honrado con cargos en la diplomacia.

Con esa intención no revelada, pero confirmada en los hechos, hace unas semanas invitó a Quirino Ordaz, exgobernador de Sinaloa, a formar parte de su gobierno. Le ofreció el cargo de embajador de México en España.

Esa invitación propició que el PRD afirmara que el presidente de la República quería pagarle al PRI por haberle permitido ganar la gubernatura en la elección del 6 de junio. En tanto, el Revolucionario Institucional afirmó que para aceptar el cargo de Embajador, Quirino Ordaz requería permiso del partido.

Antonio Echevarría, exmandatario de Nayarit es el otro exgobernador de Nayarit invitado a incorporarse al gobierno de López Obrador.

En la mañanera del jueves 14 de octubre, el presidente adelantó que uno de esos políticos que podría invitar a su gobierno es Héctor Astudillo, quien –dijo– hizo un buen trabajo en su gestión al frente de Guerrero. El viernes 15 de octubre deja el cargo.

Por supuesto que ha manifestado su intención de enamorar a los legisladores del tricolor, a los que está dispuesto a hacerles la ronda por las siguientes semanas hasta lograr conquistar su corazón. Le urgen los votos priistas y uno que otro de despistado legislador panista para que pase su iniciativa de ley de reforma eléctrica. Que voten a favor de los mexicanos, ha proclamado el mandatario.

Por un momento de distracción, el tabasqueño se preguntó con ironía hiriente: “¿para qué autorizar presupuesto a los legisladores? Ellos están para legislar y no para ocupar el papel de la Secretaría de Hacienda, que maneja el presupuesto”. Está en veremos si se muerde los labios y cede a las pretensiones negociadoras de los priistas que quisieran recuperar los privilegios del “moche”. Van en su ADN desde que transitaron por la misma brecha Vicente Fox, Felipe Calderón y el “jefe” Diego Fernández de Cevallos, que nunca renegaron en el Congreso de su condición opositora. Pero sí de haber gozado de esos privilegios.

Como el presidente Andrés Manuel López Obrador no cuenta con mayoría calificada en el Congreso de la Unión para que aprueben la controversial iniciativa en materia de electricidad, su apuesta va por dividir a los partidos de oposición y ganarse al PRI, el más proclive a sus intereses y que se coloca en la disyuntiva de apoyarlo y dejar una fractura en la alianza Va por México al darle los votos que requiere su iniciativa eléctrica.

El jefe del Ejecutivo tendrá que incrementar sus “coqueteos” a los priistas y panistas que se dejen sorprender, porque no le alcanzan los votos de Morena para lograr su propósito central de fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad para mantener bajos los precios del recibo de la luz y que el Litio sea de manejo exclusivo del Estado, como el petróleo y la generación de energía.

En la 65 legislatura Morena se quedó con 201 diputados de mayoría relativa y de representación proporcional (40.2%); seguido por el PAN con 114 legisladores (22.8%); por el PRI con 71 (14.2%); el Verde Ecologista con 43 (8.6%); el PT con 33 (6.6%), Movimiento Ciudadano con 23 (4.6%) y PRD con 15 (3%).

Hizo el primer mandatario sus cuentas: con sus aliados PT y Partido Verde, Morena suman 277 votos, que representan 55.4% lo cual representa mayoría simple, que les permite aprobar iniciativas sin necesidad de convencer a otras fuerzas políticas. Sin embargo, cuando se trata de un cambio a la Constitución como lo será la reforma eléctrica, la electoral o para pasar a la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa Nacional se requiere de la aprobación de dos terceras partes de los legisladores (334 votos).

De tal modo que si la coalición conformada por Morena, PVEM y PT suma los votos del PRI, alcanzarían los 348, es decir, podrían modificar la Constitución. Y como Pitágoras no se equivoca, López Obrador se ha dispuesto ya a jugar a dividir a la oposición porque sus reformas navegan por un mar proceloso y podrían no prosperar. Y en su papel de politólogo, piensa que el eslabón más débil es el PRI.

La iniciativa de reforma eléctrica, la primera que envía el presidente López Obrador a la 65 legislatura ha puesto en aprietos a esta coalición opositora. PAN y PRD rechazan la iniciativa en tanto que el PRI dejó abierta la posibilidad de apoyar la reforma a los artículos 25,27 y 28 de la Constitución para fortalecer a la CFE frente a las particulares que fueron beneficiadas con la reforma peñista. La dirigencia priista sabe que es latente el riesgo de fractura en la alianza.

“Apoyar la reforma eléctrica es una oportunidad histórica para el PRI”, proclamó el tabasqueño y difundió un video del presidente López Mateos que nacionalizó la industria eléctrica y advirtió a los mexicanos de los malos gobernantes que pudieran entregar al país a empresas privadas nacionales y extranjeras.



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Análisis y Opinión

Camino para el cambio en la Iglesia

Felipe Monroy

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Hace 60 años, mientras la Santa Sede configuraba por primera vez en su historia una Oficina de Prensa moderna para dar a conocer los trabajos preparatorios del Concilio Ecuménico Vaticano II, el entonces pontífice Juan XIII insistía en diversos discursos sobre la absoluta necesidad “de informar a la opinión pública, cuya influencia es tan grande sobre la marcha de los acontecimientos”.

En aquel entonces, el papa Roncalli aprovechaba casi cualquier oportunidad para compartir a los medios seculares su perspectiva sobre la Iglesia: “Es una institución única en el mundo; divina y humana a la vez, con veinte siglos de existencia y, sin embargo, siempre joven, persigue incansablemente, a través de las actividades humanas, fines sobrenaturales que escapan fácilmente a observadores superficiales”.

Se trata de una definición breve, pero sumamente audaz. Es fascinante que en ella se intuya que, además de su tradición bimilenaria y su dimensión atemporal, la Iglesia católica es una organización que siempre se renueva. Cualquier intento para detener este dinamismo y reducirlo a simples muros o fotografías a merced del tiempo sólo conduce al anquilosamiento y a la erosión.

Este fin de semana, el papa Francisco volvió a recuperar este espíritu preconciliar ahora frente a la convocatoria de un nuevo Sínodo de Obispos cuya preparación durará tres años. Bergoglio abrió este camino de renovación en la Iglesia católica cuyos efectos podrían significar sensibles cambios en la institución pues el propio pontífice calificó este sínodo como “un proceso de sanación guiado por el Espíritu Santo”.

En la apertura del proceso, el Papa usó tres conceptos para tener en cuenta durante los años de preparación: ‘encuentro’, ‘escucha’ y ‘discernimiento’. Esto quiere decir que, a lo largo y ancho del mundo, los primeros pasos a tomar por la Iglesia católica es ir al encuentro con las realidades de sus ambientes, escuchar a todas las personas en sus alegrías y sus penurias, y finalmente analizar a profundidad cómo la Iglesia puede curar y curarse en esa realidad.

Para esta ‘sanación’, la Iglesia parece que debe despojarse de muchos prejuicios y preconcepciones, que la certezas se reduzcan a las teologales y a las escatológicas, pero no a los procesos ni a las fronteras de las tradiciones; la Iglesia sin duda parece entrar en un proceso que le ayudará a clarificar que la ortodoxia no es sinónimo de disciplina.

Y, afortunadamente, en dicho proceso no hay nada pre escrito; al menos eso aseguró el relator general del Sínodo, cardenal Jean-Claude Hollerich: “Las páginas están en blanco, ustedes tienen que rellenarlas”. Pero agregó que se debe hacer este trabajo con actitud de servicio, de apertura y disponibilidad, con sentido de universalidad y bajo la garantía de salir al encuentro y escucha con la gente que no comparte las mismas ideas.

El proceso sinodal, por tanto, será también oportunidad para un cambio en las diferentes estructuras de la Iglesia católica; de honesta autocrítica y evaluación. Porque si se sale al encuentro y escucha de las víctimas de abuso, indefectiblemente se deben reconstruir (y hasta prescindir) las relaciones, los estilos de gobierno e incluso ciertas instituciones católicas que no aportan transparencia o servicio; si se habla y se busca salvar a los descartados y a la Casa Común de los modelos económicos del tecnocapitalismo salvaje también será preciso sancionar y disolver aquellos sistemas u organizaciones dentro de la Iglesia que capitanean los perniciosos y criminales mecanismos de privilegio y peculio.

Es decir, los esfuerzos de escucha no se puede limitar a una relatoría aséptica de los hechos que amenazan la vida humana desde la peana de la autopreservación; también será preciso reconocer cuáles de ellos son propiciados, no por el Evangelio, sino por la corrupción de algunas estructuras religiosas; y, consecuentemente, ponerles fin. Lo pidió también Francisco en el inicio del proceso sinodal, “no es una convención erudita”; sino un proceso que “nos llama a vaciarnos, a liberarnos de lo que es mundano, y también de nuestros modelos pastorales repetitivos”.

¿Se podrá sacudir la Iglesia de lo prescindible, de sus pesados fardos, y orientar sus fuerzas morales, espirituales y humanas al horizonte de la realidad social para ‘perseguir los fines sobrenaturales’? Quizá, frente al audaz sínodo convocado por Francisco, sea buen momento para recordar las palabras del papa san Juan XXIII en su encíclica ‘Paz en la tierra’ de 1963: “Cuando la regulación jurídica del ciudadano se ordena al respeto de los derechos y de los deberes, los hombres se abren inmediatamente al mundo de las realidades espirituales, comprenden la esencia de la verdad, de la justicia, de la caridad, de la libertad, y adquieren conciencia de ser miembros de tal sociedad”.

Quizá también una nueva ‘regulación’ en la Iglesia ayude a la humanidad a ‘abrirse al mundo de las realidades espirituales’. Y a lo mejor esto no va a detener la sangría de fieles en las filas del catolicismo pero quizá las periferias espirituales mundanas comiencen a comprender esa famosa “esencia de la verdad, la justicia, la caridad y la libertad”.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Abusos sexuales en la Iglesia, el arrepentimiento exige apertura

Felipe Monroy

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Luego de tres años de trabajos, la Comisión de Investigación sobre Abusos Sexuales en la Iglesia de Francia (CIASE) entregó a los obispos y religiosos franceses una ascua al corazón de su vergüenza: más de doscientas mil infantes víctimas de perversiones procuradas por cuando menos tres mil ministros de Dios.

No hay manera sencilla de recibir esta revelación, aun cuando fue la propia Iglesia francesa la que se comprometió y comisionó esta dolorosa empresa. La presidenta de la Conferencia de Religiosas y Religiosos de Francia, Verónique Margron, exclamó durante el acto de entrega del doloroso informe de la CIASE: “¿Es posible recibir un desastre?”.

Tiene razón y la palabra es la correcta. ‘Desastre’ es un cataclismo de orden cosmológico. Esa catástrofe es lo que el arzobispo Des Moulins-Beaufort, presidente de los obispos galos, y sor Margron han tenido que tomar a manos desnudas: un desastre. Recibieron los ecos, innegable y despreciable estela, de una Iglesia que son y que han sido; resonancias de inocentes clamores que sufrieron bajo la terrible, criminal, pecadora, omisa, injusta, cruel, corrompida y corruptora experiencia del abuso sexual cometida por ministros. Recibieron más que una fotografía escandalosa de su pasado inmediato, recibieron la incertidumbre de su formación, la podredumbre de falsos cimientos que les dan perfil e identidad.

Y, aunque no esperaban la gravedad de esta monstruosa revelación, la Iglesia francesa ya había asumido el escenario. Por ello comisionaron el trabajo y para ello abrieron los archivos eclesiásticos, para que la Comisión hiciera una investigación que nadie había hecho tras escuchar a las víctimas, cotejar denuncias y revisar las notas de prensa.

Detrás y encima de cada pastor o servidor eclesiástico francés permanecerá la pesada sombra de esta horrible realidad; pero frente a ellos, también estará el reconocimiento de la audacia con la que han enfrentado este desafío. Ninguna, hay que decirlo con claridad, ninguna institución u organización humana ha hecho lo que estos católicos franceses emprendieron: enfrentar la verdad aunque en ello se jugaran su tranquilidad o su credibilidad. Por eso las palabras del arzobispo De Moulins tienen la misma dosis de vergüenza y coraje: “Se acabó el tiempo de la ingenuidad y las ambigüedades”.

Y, sin embargo, habrá que hacerle caso al inmortal Tolstoi: “¿Le aflige acaso el verse sumergido por mucho tiempo en la oscuridad? Pues de usted depende que esa oscuridad no sea eterna”. El informe no es el final del camino para la Iglesia francesa; pero tampoco el principio. Ha sido un parteaguas definitorio para hacer un balance de su historia y para que, en el futuro, el catolicismo francés recobre con valiente fervor la esencia evangélica de velar por los miserables, los descartados, los débiles, los empobrecidos, los marginados y discriminados.

Frente a este horror quizá se encuentre la oportunidad de retomar el camino de la verdad cristiana, ese mandamiento de entrega y servicio para andar junto a las víctimas y a los necesitados; para favorecer a los débiles y a los últimos antes de congraciarse y operar políticamente en los palacios del poder; para andar con humildad en las periferias de la desgarradora humanidad antes de subirse a los carruajes de los imperios alzados por la vanidad del hombre.

Y además, no esperar nada a cambio, sino quizá únicamente el cruel y resistente vituperio. También esto lo advirtió el genio de ‘Crimen y castigo’: “No hay nada en el mundo más difícil de mantener que la franqueza y nada más cómodo que la adulación”. Esa comodidad, ahora lo sabemos, ha sido un factor definitivo en la sistemática agresión y encubrimiento.

Ojalá la audacia de las autoridades eclesiásticas francesas para abrazar esta dolorosa realidad inspire al resto de conferencias episcopales y a todas las casas e institutos religiosos; para que salgan de la comodidad de ‘los mínimos esfuerzos’ para atender los casos de abuso sexual, para que sean audaces con la apertura de sus archivos y de los testimonios de encubrimiento, para que la salvación que se predica no se agote en las fronteras del propio pellejo. Ya lo dijo el clásico: “Ninguna herencia es más grande que la de la honestidad”.

Porque si no es infinito y eterno, ¿en qué tipo de dios creerán los encubridores de abusos o aquellos que, teniendo oportunidad, no ordenan la apertura de la verdad?

LEE A punta de látigo

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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