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Análisis y Opinión

“Anarquistas o vándalos solapados”

José Luis Arévalo

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Seguramente si usted es de esas personas que ama el patrimonio de su ciudad, ha de sentir impotencia y un terrible coraje al ver a un grupo de dizque anarquistas que destruye, pinta y vandaliza lo que durante años nos ha costado trabajo construir en nuestras bellas ciudades.

Y no me refiero solamente a la capital, lo mismo en Veracruz que en Guadalajara y en cualquier punto de la República en donde la llamada tolerancia de los gobiernos actuales permite que pasen estas cosas. Pareciera que tienen más derechos estos “manifestantes” que los propios policías. No en balde son los cuerpos policíacos a los que se les detiene y hasta se les exige una disculpa al haber sometido a una persona por cometer actos como los que vimos recientemente en varias ciudades del país.

¿Realmente estamos en una situación tan precaria en lo que se refiere a abusos policíacos como para permitir que estos inadaptados hagan lo que quieran bajo la bandera de la libertad de expresión? Y digo inadaptados empezando por los que cometen estos actos vandálicos hasta llegar a los que hacen oídos sordos. Y perdone usted si estoy siendo muy agresivo en mis comentarios, total, en esta nueva política de tolerancia, tampoco tendría porqué molestarse quien se sienta aludido.

El Presidente una vez más defendió a su jefa de gobierno de la CDMX al asegurar que hace bien al no caer en provocaciones, pero olvida que estos daños tienen un costo para el propio gobierno capitalino; el cual, no tiene presupuesto para tapar baches o para dar el apoyo prometido a los pequeños empresarios por esta pandemia -simplemente, aún no le entregan los recursos a las alcaldías para que a su vez se lo hagan llegar a los que lo necesitan-, pero si lo hay para hacer las reparaciones respectivas. Y en lo que se refiere a las empresas, imagínese el costo que tienen que pagar en un momento en el que llevan dos meses sin estar en funciones y muy seguramente a gran parte de esas empresas afectadas, les faltan varias semanas más para reactivar su economía.

No se trata de estar en contra de la libertad de expresión, somos bandera de su respeto y práctica. Se trata de respetar y hacer respetar el Estado de Derecho ante un grupo de porros que seguramente ni saben el verdadero significado y los alcances que el Anarquismo ha tenido en la historia de nuestro país.

Y créame que lo peor está por venir, esto apenas es el inicio. Basta con recordar que todavía antes de la llegada del Coronavirus a nuestro país, fuimos testigos de marchas de grupos feministas que, de igual forma, confundían el legítimo derecho de manifestarse exigiendo el fin de la violencia contra la mujer por la violencia callejera, la destrucción de mobiliario urbano y las agresiones contra los reporteros. Si a esto le agregamos la situación de la “Nueva Normalidad”, habrá que estar preparados para un sinnúmero de manifestaciones en las calles de gran parte del país.

Por cierto, me llamó mucho la atención el video que empezó a circular la tarde de este lunes luego de los actos vandálicos en la capital en el que aparece la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, encabezando una marcha en la ciudad en su época estudiantil, cerrando calles y enfrentándose a la policía. Y comprendí el fondo de esta tolerancia, de la desaparición de la policía antimotín, de la permisión para que los dizque anarquistas hagan lo que quieran. Ojalá y muy pronto los gobiernos locales y por supuesto el capitalino, logren darse cuenta del daño que esto nos está ocasionando día a día, no sólo en el ámbito económico y político, sino también en la polarización de nuestra sociedad.

José Luis Arévalo
Periodista
www.siete24.mx
@jlanoticias
@jarevalop



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Análisis y Opinión

Indiferencia corrosiva

Felipe Monroy

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Ayuda a la Iglesia Necesitada presentó esta semana su reporte sobre la Libertad Religiosa en el Mundo; y, si bien, en la amplia fotografía global resulta indignante la deteriorada condición de libertades en buena parte de los países africanos y asiáticos, hay casos preocupantes como el de México donde las agresiones contra creyentes y la indiferencia de las autoridades para sancionar estos actos anticipan el debilitamiento mismo de los derechos humanos.

Por una parte, el informe de la fundación pontificia distingue claramente a las naciones donde regímenes autoritarios, nacionalismos étnico-religiosos y el terrorismo fanático discriminan y persiguen a los pueblos. A pesar de que la mayoría de los países han aceptado la Declaración de los Derechos del Hombre que garantiza la libertad de credo, pensamiento y conciencia, la organización asegura que, por lo menos, dos terceras partes de la población mundial vive bajo estas adversas condiciones.

Y aunque México no se encuentra formalmente en la lista negra de las naciones donde los creyentes son perseguidos o discriminados, los investigadores y directivos de la fundación miran con preocupación el aumento en agresiones a los fieles, a los templos y a los derechos humanos de ciertos grupos sociales sin que las autoridades mexicanas ejerzan lo que la ley les mandata para mantener el orden, procurar la paz y la sana convivencia social.

En especial, la inquietud es por el fenómeno de las movilizaciones vandálicas pseudofeministas integradas por milicianos encapuchados que, sea por ideología o por interés económico, han perpetrado agresiones a personas, bienes muebles e inmuebles bajo la indiferencia de las autoridades cuya responsabilidad es garantizar la sana convivencia en el espacio público.

Un verdadero régimen de libertad religiosa no sólo procura la protección de los fieles contra actos de agresión o discriminación de terceros, también debe velar por el respeto a los centros de culto formalmente erigidos pues muchas veces es impredecible la reacción o la capitalización de la indignación comunitaria avivada por indeseables liderazgos religiosos.

La indiferencia y la inacción de las autoridades mexicanas ante la destrucción de centros religiosos o agresiones criminales contra creyentes (en las movilizaciones pseudofeministas de marzo pasado hubo testimonios de católicos que fueron atacados con gas pimienta y tasers paralizantes por encapuchadas) lamentablemente normaliza la agresión ideológica en el espacio público. Realidad que no sólo afecta a los creyentes sino también a ateos y agnósticos.

Para la fundación, México ha entrado en el listado de países ‘en observación’ por el deterioro de los derechos humanos y religiosos verificado por el aumento en la hostilidad hacia organizaciones religiosas, los ataques contra lugares de culto, la discriminación a la posición de los creyentes en los debates sobre el laicismo, los desplazamientos internos agravados por conflictos religiosos y la falta de diálogo en la codefinición de un enfoque unificado entre las autoridades civiles y religiosas para actuar frente a la pandemia de Covid-19.

Sin embargo, hay un elemento más que también preocupa a los investigadores consultados por la fundación: la banalización de la dimensión religiosa y espiritual de los mexicanos desde la esfera del poder público. Esa minusvaloración de la complejidad y pluralidad religiosa creciente en el país descompone la convivencia formal, legal y fraterna en el espacio público y fomenta el brote de células fundamentalistas amparadas por la indiferencia del Estado.

Una sana laicidad, por tanto, no es absoluta indiferencia a las dinámicas religiosas ni tampoco una graciosa concesión a grupos ideológicos o religiosos específicos sino un compromiso para que los verdaderos derechos humanos promuevan diálogo, tolerancia, participación y bienestar en todos los ámbitos de la sociedad.

LEE Los diferenciadores electorales

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

La digitalización no es tan costosa

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Se ha hablado mucho sobre que la pandemia del COVID-19 aceleró la transformación digital en muchas empresas, aunque en realidad nos referimos a la digitalización de su trabajo o mejor conocida como DX (digital experience platform) y no tanto a la digitalización que impacta al cliente y al consumidor de sus productos y servicios, conocida como CX (customer experience platform), que es donde quizá esta transformación debería estar enfocada. Ambas plataformas son similares al administrar contenido que produce experiencias interactivas, pero con un foco distinto en cuanto a la audiencia final que se busca impactar.

El teléfono inteligente ha dejado de ser exclusivo para las clases alta y media para convertirse en una extensión de prácticamente cualquier persona; por lo tanto, la digitalización debe comenzar por que las empresas se pregunten: ¿qué tanto sus productos y servicios están disponibles a través de ese sencillo dispositivo?

Podemos dejar de pensar en la digitalización como la necesidad de acceder a tecnología costosa para ofrecer servicios interactivos a través de medios digitales donde, por ejemplo, el consumidor pueda entrar a una tienda automatizada y seleccionar a través de tecnología sofisticada los productos que necesita, recibir atención personalizada de manera virtual e incluso a distancia para asesorarlo en su compra y pagar de manera digital. Otro ejemplo son los bancos que hoy han implementado sistemas de reconocimiento facial para identificar a sus clientes y permitirles hacer las transacciones sin necesidad de que nadie los atienda de manera física, o las líneas aéreas que hacen el check in a través de la misma tecnología sin que el pasajero tenga que mostrar su pase de abordar; los sistemas de seguridad para hacer trámites en línea, firmas electrónicas para realizar procesos automatizados, productos conectados y controlados entre sí a través del internet de las cosas, edificios y casas inteligentes donde los electrodomésticos, la iluminación y los servicios son controlados a través de comandos de voz.

Parece tecnología muy costosa para que nosotros como empresa pequeña o mediana podamos acceder a ella en el corto plazo, pero la realidad está en este momento en la palma de nuestra mano, literalmente. Hoy en día desarrollar una app resulta muy accesible para cualquier empresa, dependiendo de la funcionalidad que queramos tener, pero generalmente lo que se puede hacer es simplemente conectar al cliente y consumidor con nuestros sistemas y plataformas existentes, donde reside realmente esa funcionalidad. Tener una página web básica pero interactiva hoy en día resulta muy barato y el impacto que eso puede generar en un cliente para que nos pueda elaborar un pedido a través de su dispositivo móvil, resulta de mucho valor.

Una pequeña empresa de mayoreo en la central de abastos de la Ciudad de México desarrolló una aplicación por menos de treinta mil pesos para que las tiendas de abarrotes y tiendas de conveniencia que son sus clientes le hicieran los pedidos a través del teléfono celular. Eso disparó sus ventas en un 30% los primeros dos meses. Un autolavado desarrolló una aplicación para que sus clientes pudieran hacer cita y evitar perder tiempo esperando su turno; eso le sirvió además para organizar mejor a su personal en turnos con base en la demanda, incrementar sus ventas y optimizar sus recursos. No importa si tienes un salón de belleza, un pequeño taller mecánico o incluso si eres un ama de casa que vende comida a domicilio: en todos los casos se puede digitalizar parte del proceso a bajo costo y generar mayor valor.

Por supuesto que no quiero reducir la digitalización a una simple aplicación en el dispositivo móvil, pero esto sí puede ser el comienzo para que, sin importar el giro de su empresa o negocio, piense fuera de la caja e imagine cómo su empresa puede, a partir de mañana, incursionar a la digitalización que hoy parece exclusiva de los grandes corporativos.

El ser humano ha modificado su manera de interactuar. Hoy las relaciones se crean y se mantienen cada vez menos de manera presencial y cada vez más de manera virtual: ese es el mundo digital en el que nuestra empresa se debe hacer presente. La tecnología está disponible y no es tan costosa como pensamos, lo que hace falta simplemente es creatividad y romper alguno que otro paradigma que nosotros o nuestros líderes pudiéramos tener.

La movilidad, las interacciones virtuales, el internet de las cosas, el reconocimiento facial, la conectividad, el control de nuestra salud, nuestro estilo de vida y prácticamente nuestra formación y aprendizaje entre muchas otras cosas, se encuentran disponibles en nuestros teléfonos celulares en este momento. Solo hace falta creatividad, una baja inversión y la decisión de entrarle.

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