Connect with us

Análisis y Opinión

El Ejército y las nubes de humo

José Luis Arévalo

Publicada

on

De Frente y Claro con José Luis Arévalo

Que si Emilio Lozoya ya está en México, que si fue detenido el exgobernador de Chihuahua, Javier Duarte, que si se acerca la fecha de la rifa del avión (el cual por cierto, ya ha de estar aterrizando en nuestro país), que si van contra empresas factureras o que si estamos ya empezando a salir de los daños de la pandemia. El caso es que con todos estos temas se busca ocultar aquellos que realmente son o deberían ser de nuestro interés ya que el gobierno, convenientemente, se aferra a ignorarlos; como los ya 40 mil muertos por Coronavirus, el incremento en los feminicidios, de la delincuencia (aunque el Alfonso Durazo diga lo contrario), de la inoperancia de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero -que está más ocupada de otros temas como darle permisos de residencia a inmigrantes-, o del ya tan vergonzoso tema de la falta de medicamentos para los niños con cáncer. Pero esa es justamente la intención del gobierno: distraer la atención de muchos y quedar bien con los seguidores de la 4T que aseguran que las cosas se están haciendo bien, tal y como se dice en cada “mañanera”.

Solo un ejemplo: la llegada de Emilio Lozoya no pudo haber sido más oportuna en estos momentos cuando estamos a poco más de un mes de empezar las campañas rumbo a las elecciones del año próximo. El caso del exdirector de PEMEX será la mejor pieza para recordarle a los electores los daños que puede traer votar por la actual oposición. Tema que sirve de tapadera para todos los temas que le acabo de comentar y que MORENA ha ignorado. Sin embargo, la palabra “corrupción” es mucho más fuerte y atractiva para la 4T y sus seguidores que los muertos por Covid o por cáncer.. total, han de decir “ya estaban enfermos”.. si, así, con esta indolencia.

Y en este marco, lo que es peor es el poderío que muestran los cárteles del crimen organizado. ¿O no lo cree usted así? Basta con ver el comando élite del Cártel Jalisco Nueva Generación en cuyo video se veía armamento, autos blindados y uniformes militares. ¿Y la respuesta cuál fue? El presidente primero dijo que era falso, luego su Secretario de Seguridad dijo no sentirse amenazado y, finalmente, el Secretario de la Defensa aceptó que así está la realidad de este grupo criminal. Si al gobierno no le preocupa o dice no preocuparle, a nosotros, como sociedad, si debería preocuparnos porque hemos sido testigos de lo preparados y bien armados que están estos sicarios.

Y además, también hemos sido testigos de que a pesar de esto, el gobierno federal sigue en su postura de no hacerles frente, de “abrazos y no balazos”, al tiempo en el que el crimen organizado se ha ido apoderando de varios puntos en el país, al tiempo en el que sobajan a nuestras fuerzas armadas, antes tan respetadas y queridas, y que ahora, en lugar de enfrentar a la delincuencia son asignados para construir un aeropuerto, cuidar las fronteras, plantar árboles, limpiar el sargazo de las playas y vaya a usted saber cuántas otras funciones, pero ninguna para prevenir o enfrentar el crimen organizado. Es más, cuando lo enfrentaron, tuvieron que bajar la cabeza para la liberación de Ovidio… ¿Lo recuerda?

www.siete24.mx
@jlanoticias
@jarevalop

Comentarios

Análisis y Opinión

Manifestaciones frenasténicas

Felipe Monroy

Publicada

on

Puede que el Frente Nacional Anti-AMLO (FRENAAA) cuente con la legitimidad y el derecho de la manifestación ciudadana contra las autoridades, un valor imprescindible en la búsqueda democrática del país; sin embargo, todo parece indicar que carece de las características imprescindibles para considerarse un movimiento martirial -o siquiera coherente- como lo pretenden vender a la prensa y a sus seguidores.

Por el contrario, la historia mexicana guarda muchos ejemplos -quizá demasiados- de heroicas resistencias contra el abuso del poder. Se trató de pueblos, comunidades o personas en lo individual que, tras un largo y pesado historial de sometimiento, comprenden con pesar la arrogancia y la responsabilidad de sentirse libres y se rebelan contra las reglas que los ha tenido en situaciones infrahumanas.

En cada caso, los detentadores del efímero mando de las fuerzas del orden buscaron reprimirlos, acallar sus voces, minimizar sus luchas y hasta aniquilarlos creyendo sólo haber hecho su trabajo, lo mínimo para mantener la paz y el statu quo. A veces, vaya paradoja, los detentadores del poder confiesan haber sometido o abatido “a los rebeldes” en defensa propia.

La Rebelión de Tomochic a finales del siglo XIX es uno de estos casos. En la historia de este conflicto se nota la ofensiva inicial, constante y permanente del Estado y los poderes fácticos del porfiriato contra la autonomía de los pueblos tarahumaras. Primero hubo una imposición autoritaria de un poder no respaldado por la gente; dicha autoridad promovió la institucional defensa de los privilegios de la oligarquía y los caciques; después se persiguió sistemáticamente a los inconformes; más adelante se reprimió una opción socio-religiosa que congregaba a los disidentes; y, finalmente, se usó el ancho brazo militar para exterminar a todo un pueblo en resistencia.

El autoritarismo no conoce límites ni vergüenza. De la rebelión de Tomochic se dice que el general Rangel mantuvo la ofensiva militar hasta masacrar al último rebelde; aunque también son famosas las palabras del líder de la rebelión, Cruz Chávez, antes de morir malherido por la escaramuza: “Nací para morir y no para rendirme. El culpable puede rendirse y pedir perdón; el inocente no”. Es decir, hay también cierta indignación radical que no encuentra satisfacción sino en la frontera del triunfo total o del martirio renaciente.

No hay nada de esto en la oposición política que proponen estos malquerientes del gobierno federal. No hay padecimientos ni sufrimientos que conmuevan a los humildes ni hay abusos manifiestos por parte del poder en turno; lo evidente es una posición de privilegio que defiende sus propios fueros, un vociferador de absolutos desde un lejano podio virtual y suficientes recursos económicos para emular una manifestación tan vacía de ideas como de adherentes. Hay, además, un elemento pararreligioso que se identifica ‘neocristero’ y que adereza amargamente el escenario del que hablaré en otra oportunidad.

En el fondo, FRENAAA apenas proporciona la excusa perfecta para que las más diversas manifestaciones oligofrénicas encuentren lo único que siempre buscaron: ostentarse.

No están allí, sin embargo, las verdaderas historias de resistencia social y política contra la denominada Cuarta Transformación, contra algunos rasgos de su silenciosa militarización de la vida pública o contra el control partidista hegemónico de la administración gubernamental. Estas historias -nos enseña con tristeza la experiencia- no las conoceremos a detalle sino hasta que el sacrificio sea más sonoro que la voz de todos los voceros del régimen.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

LEE Gobernar la incertidumbre

Seguir leyendo

Análisis y Opinión

Gobernar la incertidumbre

Felipe Monroy

Publicada

on

Vivimos tiempos raros. Hasta antes de la pandemia, no había espacio público en el que no se abordara la crisis ecológica. Las campañas contra los popotes y las bolsas plásticas se globalizaron al punto de que no pocas naciones modificaron sus leyes para evitar la contaminación por proliferación de estos polímeros; las tensiones geopolíticas se enrarecían debido a las responsabilidades que cada nación asumía por las emisiones de carbono de sus actividades industriales. Pero llegó el coronavirus y todo eso pasó a ser secundario.

Hoy hay un exceso de mascarillas y caretas plásticas (por cierto, de los mismos polímeros antes satanizados) que tapizan la piel del planeta sin que ningún colectivo ambientalista comente algo; además, la mayoría de los planes de reactivación económica de las naciones propone acelerar sin ningún miramiento la intensa industria contaminante para salir de la crisis global. Lo inmediato se tornó urgente; lo urgente, indispensable y el resto, prescindible. La política halló, sin buscar, su mejor aliada: la simplificación de lo perentorio; y, en un escenario dominado por la anomalía, una golondrina sí hace verano.

“Basta consolar a los desconsolados, contentar a los descontentos, castigar a los malos y premiar a los buenos. Cualquier gobernante que quiera gozar de la felicidad en la tierra y la gloria de la historia debe procurar tranquilidad y prosperidad a sus ciudadanos”. Palabras más o palabras menos, este es el corazón de la formación política clásica. Sin embargo, con la modernización de los estados, cada una de estas ideas ha logrado desprender algún constructo formal o institucional: leyes, normas, fuerza pública, procuración de justicia, administración de bienes, recaudación de impuestos, condecoraciones, concesiones, prebendas y privilegios. Lo simple se tornó complejo; hasta ahora.

En un contexto anómalo (y la pandemia nos ha confirmado esta realidad), es necesaria la gobernabilidad de las cosas raras, administrar lo inusual, servir entre lo extraño, lo atípico. Lo verdaderamente incierto, producto de contingencia, no es que lo simple se vuelva complejo, sino que lo simple resulte más simple y lo complejo, aún más simple.

La administración de la contingencia plantea que no existe un ‘modo ideal’ de organización, que más bien sólo existen aproximaciones de administración que dependan del tipo de tarea como de las condiciones en las que se desarrolla. La complejidad del escenario traído por la pandemia es que parece haber sólo una tarea, sobrevivir, y una condición, la adversidad. Los gobernantes, con aparatos enormes e hiper especializados de gobernabilidad parecen entonces usar un cañón para matar a una mosca o, peor, diez millones de globos de fiesta para derruir un edificio. No existe manera en que se satisfaga la urgencia ni liderazgo que logre mantener la confianza.

Según la tradición judeocristiana, hay tres categorías de liderazgo para situaciones según la complejidad del escenario. Cuando las cosas están claras, la mejor figura es el rey; porque es un administrador y un gobernante, erige las estructuras, se enfoca en los resultados y en los procesos. Cuando la situación se enturbia, mientras hay incertidumbre y duda, el sacerdote es la figura de comprensión, compasión y servicio que se inclina por entender y atender las relaciones entre las personas. Sin embargo, cuando los tiempos son oscuros, cuando nada parece estar en su lugar, el único liderazgo que descuella es el profeta. Desde el más despreciado de los rincones, el profeta guía bajo una radical certeza: la conversión, el cambio de comportamiento; es la anagnórisis personal la que transformará finalmente el contexto.

La simplificación de lo urgente, de lo indispensable, no lo hace -sin embargo- asequible. De hecho, lo torna casi inasible. En este modo anómalo no se busca ‘reducir cierto porcentaje en el índice de crímenes’ sino ‘obtener la paz’. Y, ‘la paz’ es más simple, pero resulta casi etérea. Así sucede con otras simplificaciones: la honestidad, el bien común, la primacía del necesitado, la salud, el servicio, la justa retribución, el bienestar.

Así que hoy pueden volver todos los popotes y bolsas plásticas; mientras la urgencia pandémica sea prioridad, los líderes buscarán ganar siquiera uno de sus desafíos, porque un triunfo sería todos los triunfos y entonces el mundo contemplaría que se acerca el verano.

LEE Víctimas, próceres de una nueva cultura

Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

Seguir leyendo

Te Recomendamos