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Análisis y Opinión

¿El fin de la pandemia?

Felipe Monroy

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Pareciera que en decenas de despachos de gobierno ya han puesto a enfriar el champán; en los discursos de no pocos líderes mundiales se advierte un tufillo de triunfalismo, algunos perfiles políticos comienzan ya a levantar la cabeza para crear entorno a sí una narrativa de victoria y, aunque aún existe incertidumbre sobre cómo será la convivencia de la humanidad con los efectos del coronavirus, todo parece indicar que al sistema le urge pasar la página.

En las últimas tres jornadas, varios líderes europeos han dejado de hablar del COVID y de la emergencia: en Francia se anunció un programa de rescate cultural, el gobierno español volvió a sus cálculos en geometría parlamentaria, el premier italiano ahora está enfrascado en tensiones económicas con Alemania, y en Reino Unido se revivió el melodrama romántico del primer ministro.

Incluso los países en el continente americano, a pesar de vivir un acercamiento más lento de la pandemia, los gobiernos vuelven a sus intereses y a sus obsesiones. Quizá en el caso de México no se perciba con tanta crudeza porque el modelo de comunicación del presidente López Obrador jamás subordinó la agenda de la Cuarta Transformación a la pandemia global.

Es decir, los signos del fin de la pandemia se multiplican. Y paradójicamente, hubo rincones del orbe donde parece que ni se enteraron. Claro, vivieron la misma intensa información que las urbes más cosmopolitas pero su realidad e idiosincrasia no les hizo cambiar un centímetro en su posición, su actividad o sus certezas. Así lo han comentado con preocupación varios obispos de zonas recónditas de México: Para esta porción de la población, creer o no creer en el COVID-19 ni siquiera ha sido lo relevante; lo importante es el juicio sobre el ejemplo que ponen los liderazgos frente a lo que se definió como una verdadera amenaza.

Evidentemente, ha sido todo un problema la confusión y la ignorancia de mucha gente en medio de la pandemia; pero quizá estos tengan razón apenas en una observación: Si por sus propios ojos no ven un cambio de actitud posterior a la crisis en los líderes que les llamaron a cuarentena y al sacrificio, eso sólo bastaría para alimentar su desconfianza.

Si los políticos vuelven a sus obsesiones insanas de poder, al pernicioso cálculo geopolítico, al innoble intercambio de favores e intereses, a la actitud pendenciera, a la irascibilidad antagónica o al discurso vacuo y repetitivo, ¿qué habríamos aprendido? En la historia de la humanidad, el periodo posterior a la crisis es tanto o más importante que la crisis en sí. Es allí donde hay verdadero aprendizaje, maduración y fermento de una nueva cultura.

Y esto no es sólo una preocupación por la ética y moral de los liderazgos sino porque esas condiciones anómalas en una postcrisis son el ambiente perfecto para que crezcan las ideas conspirativas, los fantasmas, los mitos que deforman la realidad para ajustar a peligrosas ideologías de ocasión. ¿Qué sucedería si por la falta de una auténtica transformación en el sistema que afirmó tambalearse ante el COVID comienza a madurar la idea de la conspiración? ¿Qué pasaría si los voceros de esta ignorancia comienzan a despreciar los datos y la realidad? ¿Qué pasará cuando quieran poner fronteras a la verdad, vivir aislados de la realidad, erigirse como ‘auténticos despiertos’ en un mundo ensombrecido por intereses ocultos?

En un escenario así, me temo, aún no habría terminado la pandemia.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

Egoísmo o irresponsabilidad

José Luis Arévalo

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De Frente y Claro

En los últimos días he sido testigo, tanto presencial como a través de los reportajes en televisión, de cómo hay muchísimas personas que se siguen oponiendo al uso del cubrebocas. Y no me refiero solamente al ciudadano común; ya que tenemos a un Presidente que solamente lo utilizó porque en caso contrario no hubiera podido subirse al avión que lo llevaría a Washington, una Jefa de Gobierno que antes de sus mensajes se lo “sobrepone” para quitárselo y hablar sin él a millones de mexicanos, un subsecretario de prevención y promoción a la salud que paulatinamente va perdiendo credibilidad víctima de las contradicciones, la incertidumbre, la politización (queriendo o sin querer) de la pandemia, y una sociedad que poco a poco se ha ido sumiendo más y más en la falta de empleo, la falta de inversiones y la falta de apoyo económico sostenido, no de no una “ayudadita” mensual.

¿Hacia dónde vamos? ¿Usted lo sabe? Porque yo no. Cada día hay más incertidumbre a pesar de los mensajes que salen de Palacio Nacional de que ya está pasando este problema. Tal es así que ya somos el cuarto país del mundo con el mayor número de personas muertas por esta enfermedad, en una guerra en donde el General no ha sabido utilizar las armas con las que tendría que haber ido a luchar; porque las armas e inmejorables soldados los ha tenido, pero hasta para disparar una calibre .22 hay que saber.

Y mientras tanto, a “gobernar” o a buscar no perder más popularidad con temas del pasado: que si la detención del exgobernador de Chihuahua, que si la extradición del exjefe policíaco, que si la “luna de miel” con los Estados Unidos, etc, etc, etc, pero los temas que le atañen al ciudadano de a pie, al que trata de llevar comida a su casa, no se atienden, y cada semana nos dicen que la epidemia sigue y sigue… que del semáforo naranja no pasaremos y si hubiera algo nuevo pues será regresar al rojo.

¿Realmente los mexicanos somos tan irresponsables que no nos sabemos cuidar? Hay países latinoamericanos como Cuba, Argentina, Uruguay, Paraguay y otros más en donde la pandemia ya es un tema de vigilancia, pero la vida es ya normal.. y nosotros seguimos como al principio o quizás peor porque la cifra de muertos, contagiados, personas sin empleo, niveles de pobreza, son muy superiores a las que teníamos en febrero… si, en FEBRERO, hace apenas 160 días cuando escuchábamos de una pandemia en otras partes del mundo y como siempre decíamos “a mi eso no me va a pasar”, y mire usted dónde estamos parados.

Es muy fácil criticar a aquellos que no usan cubrebocas. ¿Serán irresponsables o serán egoístas? Júzguelos usted, pero habría que meterse en sus pensamientos para saber si ya hay resignación, si creció la incredulidad a la enfermedad, si no se quedan en casa porque simplemente ya no hay dinero para quedarse y hay que salir a buscarlo o si simplemente “les vale” que otros se enfermen en caso de estar contagiados. Lo que sí creo es que luego de tres meses y ante la falta de información consistente, muchos consideran que la vida ya podrá regresar a la normalidad teniendo como compañero de vida, de seguir vivo, al Covid-19.

@jlanoticias
@jarevalop

www.siete24.mx

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Análisis y Opinión

AMLO y Trump: Desastre conjurado

Felipe Monroy

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La expectativa de los maliciosos no conoce límites: si caen un par de gotas, anuncian el diluvio, y si un discurso diplomático se mantiene diplomático, lo acusan de pusilánime. Es cierto que la visita de López Obrador a Donald Trump arrastraba toneladas de mutuas acusaciones y agresiones de baja intensidad; sin embargo, poco saben de política quienes esperaban un incendio a la mitad del jardín de las rosas de la Casa Blanca.

Para nadie es desconocido que la política interior y exterior de Trump tiene profundas motivaciones integristas; y que su narrativa ha provocado polarización social principalmente en temas raciales, migratorios y supremacistas. Del otro lado, la narrativa lopezobradorista apela permanentemente a una insalvable tensión entre ‘conservadores y liberales’, al tiempo de descargar las justificaciones de su mandato mediante el señalamiento de sus antagonistas.

Sin embargo, en este punto de la historia, ambas naciones que representan están anudadas más allá de una relación histórica y un complejísimo intercambio comercial del cual ambas partes buscan sacar provecho; ahora también los une un escenario de inmensa incertidumbre debido al coronavirus y sus efectos, y a la pérdida de su influencia en la geopolítica contemporánea.

Ambos mandatarios tienen deudas por atender con sus respectivas ciudadanías sobre sus discursos y la radicalidad de sus opiniones porque ambos han emprendido ambiciosas cruzadas con el ideal de su propia nación en mente. De hecho, es justo lo que Trump afirmó en su discurso: “Ambos honramos la dignidad de nuestras grandes naciones… cada uno de nosotros fue elegido en el compromiso de luchar contra la corrupción, devolver el poder a la gente y en el interés de poner a nuestras naciones en primer lugar. Yo hago eso y usted hace eso, señor presidente”.

López Obrador, por su parte, no dejó de mencionar la importancia de los trabajadores en las economías de ambas naciones, los objetivos centrales del nuevo tratado, las diferencias históricas y la manera formal de evitar mayores conflictos. No omitió tampoco señalar las críticas que se le hicieron por el viaje y las diferencias ideológicas que sostiene con el propio mandatario norteamericano. Trump también habló sobre sus compatriotas que ‘apostaron en contra’ del encuentro. Hubo diplomacia de elogios, como era de esperarse; y, sin embargo, si se leen con cuidado y sin prejuicio, en ambos discursos también se encuentran apreciaciones concretas sobre lo que desean ambos mandatarios como mínimos comunes para una buena relación de las naciones: dignidad, orgullo, soberanía, valores familiares y tradiciones.

En este justo instante hay millares de periodistas y opinólogos en México y Estados Unidos que diseccionan con fruición las breves horas de visita del mandatario mexicano a Washington y la Casa Blanca. Desde las palabras hasta las corbatas, nada escapará al juicio de la comentocracia. Sabemos que ambos líderes gozan de abundante mala prensa, no hay día en que no sean juzgados como imprudentes, pendencieros, obsesivos, manipuladores, mentirosos, inexpertos, antidemocráticos o polarizantes, y quizá lo merezcan. Pero también cuentan los dos con extensos grupos de simpatizantes que querrán encontrar los positivos en una reunión que no habían imaginado ni esperado celebrar.

Al final, cada sector asumirá su propia certeza que satisfaga sus obsesiones respecto al singular encuentro; sólo quizá sea bueno recordarles las palabras del escritor argentino Alejandro Dolina: “Para quienes dicen que todos los políticos son lo mismo; les contesto que, para un analfabeto, todos los libros son iguales”.

*Director de VCNoticias.com
@monroyfelipe

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