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Análisis y Opinión

El fin ignominioso de los malvados

Felipe Monroy

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Si debemos reconocerle una genialidad a López Obrador es la construcción de narrativas políticas simples, eficientes y satisfactorias. Historias con capítulos que recompensan la trama. Es de todos sabido que el combate a la corrupción es el leit motiv de su anhelada Cuarta Transformación y el resto de los temas son accesorios, prescindibles.

La gran narrativa de la 4T ha preparado al ciudadano espectador a un desenlace ineludible: el fin ignominioso de los malvados. A saber: Uno o dos símbolos del empíreo del ‘prianismo’ enjuiciados y repudiados por actos de traición a la patria. La subtrama está llena de personajes, pactos y complicidades que van levantando muros y pisos del oscuro edificio de la corrupción cuyo inequívoco destino es precipitarse en vergonzosas ruinas de un México de infeliz memoria.

La historia es fácilmente asimilable para todo tipo de lectores, incluso para los que desconocen del todo los nombres o los hechos precedentes que componen esta saga política. Un inmenso edificio de corrupción cuyos cimientos no son sino los cadáveres de los miserables y las víctimas de un sistema corrompido; y cuya estructura no es sino una putrefacta sucesión de agentes facilitadores de la transa y abyectos funcionarios cómplices de los amos de un poder arrebatado al pueblo.

Para el relato de López Obrador, en la corona de la corrupción política hay pulcros salones, perfecta diplomacia y cristales pulcrísimos que dejan pasar una luz que parece purificarlo todo. Una luz gobernada, sin embargo, por los detentadores de los medios de comunicación y la opinión pública que embellecieron lo imposible y enaltecieron lo execrable.

Los medios y la ciudadanía, sin embargo, intuyeron una mejor historia y con más rédito entre las audiencias. La del héroe singular que, desde el más humilde de los orígenes, se enfrenta a una empresa casi imposible y a la que el poder le puso un sinfín de obstáculos. Al final de ese camino, sabemos, no hay otra escena que la de las gargantas de sus adversarios siendo vainas del cuchillo de su venganza.

Es una buena historia. Pero de eso no se trata la administración pública.

Sin duda, la encomienda que el presidente ha hecho a la Fiscalía General de la República no es tan simple como lo sugiere la narrativa. Existen un sinfín de leyes, manuales, requisitos y elementos procesales que no pueden ser sacrificados en función de la fluidez del relato. Quizá por eso Gertz Manero ofrece trozos de la historia como en las viejas novelas por entrega.

Y, al mismo tiempo, la encomienda hecha por el pueblo mexicano a López Obrador guarda una complejidad a la que no se puede reducir una epopeya anticorrupción por muy necesaria y deseable que sea. La estabilidad política, el desarrollo económico, la promoción del empleo, la asistencia social y protección de los vulnerables, el resguardo del patrimonio y el medio ambiente, la creación de cultura y ciencia, la solidez de las instituciones democráticas, los modelos para la equidad, la seguridad y sanidad pública deberían ser las principales búsquedas de una transformación profunda de la vida de la nación. El resto, serán historias que el pueblo se cansará de escuchar.

Las recientes revelaciones y el curso de las investigaciones parecen acercar el gran final deseado no sólo por el presidente sino por buena parte de la ciudadanía; pero también deberemos hacer caso al sabio: “No pidas más de la bebida de tus deseos; piensas tú que es miel y no es sino bebida mortífera”. Y es que esta terrible hora no nos da tregua para distracciones, la crisis pandémica ha transformado a nuestros pueblos y nuestra cultura, es lógico que transforme a sus gobiernos y sus estructuras. Las urgencias de la nación no esperan a que el heroico relato les remedie sus tragedias. Sigue diciendo el sabio: “En la tormenta del mar, el buscar el camino de la libertad es cosa muy dificultosa pues la puerta del remedio está cerrada”. Así que no nos queda sino navegar. Ese es el sino de la honesta administración pública.

LEE Catolicismo y puritanismo en EU

*Director VNoticias.com
@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

Entre el escándalo y la prevención. El mejor camino para las víctimas de abuso

Felipe Monroy

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En esta semana un par de acontecimientos renovaron la atención sobre los avances en el combate a los abusos sexuales cometidos por ministros de culto contra menores o personas vulnerables; sin embargo, ambos hechos guardan entre sí relación y distancia: uno enfocado más en querellas legales contra presuntos culpables; y otro, en la construcción de cultura y espacios donde la prevención y la protección es el objetivo central.

En primer lugar, de alto impacto mediático, fue la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que la fiscalía revise “la posibilidad de conocer las investigaciones contra el arzobispo emérito de México, Norberto Rivera Carrera”. Se trata de un amparo interpuesto por el exsacerdote Alberto Athié contra una decisión previa que le impide acceder a carpetas de investigación de casos de pederastia clerical supuestamente encubiertos por el cardenal. Casos en los que, por otra parte, el activista no está involucrado, no es parte interesada directa ni querellante.

Sin duda, el principal y más importante factor que obligó a la Iglesia católica a emprender un viraje absoluto contra los casos de abuso sexual entre sus clérigos y las prácticas institucionalizadas de encubrimiento fue la presión mediática. Hasta antes que los casos de abuso adquirieran dimensión global y cultural, hoy se sabe -y gracias a la propia Santa Sede que ha revelado buena parte de sus dinámicas precedentes- que el clamor de las víctimas era minimizado, que el lenguaje relativizaba la gravedad de los actos y que, para evitar el ‘escándalo’ se prefería el arreglo extrajudicial, el silencio y una somera vigilancia interna a los criminales.

La extensa publicación y divulgación de las voces de las víctimas, así como de las evidencias de protección institucionalizada de ministros culpables, cambió para siempre la actitud de la Iglesia católica frente a los casos de abuso sexual contra menores o personas en condición de vulnerabilidad. Este cambio ha sido radical; a tal grado que no es poco decir que la Iglesia católica es hoy una de las instituciones que más ha avanzado en asumir medidas de prevención de abusos y en la configuración de mecanismos orientados a la protección de menores.

Lo principal ha sido asumir en plena conciencia los yerros autorreferenciales que perpetuaban las actitudes de conservación de la institución antes de cuidar o siquiera escuchar a las víctimas y sus necesidades. Y la Iglesia lo ha comprendido profundamente. Ninguna otra institución u organización ha publicado libremente el proceso de investigación de alguno de sus más encumbrados miembros, exponiendo los errores y complicidades que, por desgracia, acentuaron la agresión y ofensa contra las víctimas.

Y en ese tenor de responsabilidad se encuentra el segundo acontecimiento relevante: El Centro de Protección de Menores de la Universidad Pontificia de México participó en la creación de una nueva Alianza Global de Salvaguarda (GSA, por sus siglas en inglés), para promover acciones de prevención y protección de menores. Un esfuerzo intercontinental en el que participan organizaciones especializadas en la atención de víctimas y en la creación de protocolos de actuación frente a casos de abuso.

La Alianza busca desarrollar estándares globales para programas académicos, certificados y sistemas de protección para menores. Se trata de un esfuerzo sumamente relevante desde la Iglesia que no recibió atención mediática pero que podría hacer mucho por un futuro más seguro para todos y en el que las instituciones asuman su responsabilidad en el cuidado integral de los menores.

Ambos acontecimientos son complementarios, pero deben valorarse por el horizonte real que puedan alcanzar. Insisto, la denuncia pública y el señalamiento de los responsables directos o indirectos de un problema tan complejo como la pederastia clerical ha sido, hasta ahora, la única herramienta de presión para lograr cambios culturales necesarios sobre este flagelo; pero no se puede limitar el horizonte a las dolorosas historias del pasado, se requiere compromiso e imaginación para mejorar el mundo. Y eso es lo que estará intentando la Alianza Global de Salvaguarda, esperamos buenos y muchos resultados.

LEE Un cierre doloroso pero necesario

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Un cierre doloroso pero necesario

Felipe Monroy

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Histórica, dolorosa y sin duda controversial decisión han tomado las autoridades civiles y religiosas para mantener cerrado por cuatro jornadas la Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México en el marco de las Fiestas Guadalupanas que año tras año convocan entre 6 y 8 millones de peregrinos hasta los pies de la imagen de la Virgen Morena.

La decisión no ha sido sencilla. Se trata en primer lugar un centro devocional que permanentemente recibe fieles y procesiones que acuden al Tepeyac para pedir, agradecer o sentirse cobijados por el maternal amparo de la Virgen de Guadalupe; es el recinto religioso de mayor afluencia del continente americano y el santuario mariano más visitado de todo el mundo. A lo largo del año, se estima, unos 20 millones de fieles provenientes de todas partes del mundo acuden a La Villa a visitar a la Virgen.

En segundo lugar, es un espacio de convergencia social que reafirma y renueva varias expresiones del profundo sentido cultural mexicano: la solidaridad con el prójimo, la organización local o comunitaria, el tesón, el sacrificio, la compasión y el compromiso con una mejor versión de uno mismo. Entre el 10 y el 13 de diciembre de cada año, miles de personas extienden el mejor de los gestos de hospitalidad para con los millones de peregrinos; y, por su parte, los fieles acuden hasta el Santuario con uno o varios compromisos personales o espirituales que consideran ayudarán a mejorar su vida en su familia o su localidad. Ya sea por obligación moral o por vocación, los voluntarios y los peregrinos son ciudadanos con espíritu renovado que, en su mejor perfil, coadyuvan positivamente a las instituciones fundamentales e intermedias del pueblo mexicano.

Mirar el fenómeno guadalupano exclusivamente bajo perspectivas económicas o demográficas no refleja la verdadera riqueza que existe en esta manifestación popular que no pocas veces ha definido el curso de la historia nacional o de los valores culturales ampliamente aceptados por las familias mexicanas. El fenómeno guadalupano pertenece al pueblo y, como aporta el papa Francisco, ‘pueblo’ no es una categoría lógica o mística, sino una categoría mítica: “La palabra pueblo tiene algo más que no se puede explicar de manera lógica. Ser parte de un pueblo es formar parte de una identidad común, hecha de lazos sociales y culturales”.

La pandemia de COVID-19 ha privado a la sociedad mexicana de esta trascendente experiencia anual y no hay que minimizar los efectos que esto conlleve en los próximos meses. Sin embargo, ha sido un acierto de las autoridades buscar conjurar con esta dolorosa decisión otras verdaderas tragedias familiares que sufrirían ante el ignominioso silencio de quienes, pudiendo hacer algo, prefirieron no adaptarse. Además, aventuro, esta decisión podría ayudar a los fieles guadalupanos a comprender una riqueza de su devoción no advertida y que quizá la costumbre y el folclor disfrazan.

Cierto, hay voces de creyentes más cercanas al fariseísmo, que elogian otras experiencias de fe comunitaria frente al COVID; como la vivida este mes en el patriarcado ortodoxo en los Balcanes donde celebrantes y fieles sin vigilancia de medidas sanitarias participaron el domingo 22 en el funeral del patriarca serbio Irinej (muerto por COVID) quien, a su vez, había celebrado sin cuidados sanitarios al funeral del arzobispo montenegrino Amfilohije Radovic el 1 de noviembre (muerto también por COVID). Afirman que aquellos fieles fueron valientes por no supeditar a Dios ante la pandemia del coronavirus; pero en realidad, aquellos antepusieron la forma al fondo. Y ese es el error en la perspectiva que tienen de su fe y de su experiencia religiosa.

Me explico y concluyo: Se dice que la expresión ‘lengua muerta’ es sumamente precisa porque un idioma muere cuando ya no puede cambiar, cuando sólo se puede ‘aprender’ en el canon gramático, cuando no ‘vive’ ni ‘evoluciona’ en las relaciones ni en las conversaciones, ni en la literatura ni en la cultura de sus hablantes. El fenómeno guadalupano es un lenguaje vivo, que no se limita a los márgenes celebrativos formales, litúrgicos o tradicionales; que ha sobrevivido, madurado y se ha transformado radicalmente a lo largo de la historia. Este tiempo también es una prueba para reencontrar ese sentido, es una prueba para comprobar que más allá de la costumbre, hay un pueblo que vive su devoción abrazando con dolor el presente para sembrar el futuro de aprendizaje.

LEE Caso Cienfuegos: El dilema

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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