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Análisis y Opinión

El poder de la sociedad civil

Ricardo Homs

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Los tiempos han cambiado. Nos debe quedar claro que en estos tiempos de transformación política el actual gobierno trae sus propio guion. Este fue preparado desde hace muchos años en la reflexión de la espera de oportunidades y esto significa que sus prioridades no son las que la sociedad demanda, sino lo que políticamente le conviene.

El rasgo fundamental del actual gobierno no es la transformación, pues esto significaría tomar las estructuras gubernamentales que recibieron, así como los proyectos y programas que han funcionado correctamente a lo largo de los años, para entonces perfeccionarlos en busca de mayor eficiencia y efectividad al menor costo. En contraste, optó por la destrucción de lo que recibió para iniciar a partir de cero nuevos modelos y así poder adjudicarse el mérito absoluto.

Sin embargo, sin hacerse un diagnóstico a conciencia, -que fuese realizado por expertos-, en lugar de subsanar deficiencias y atacar la corrupción si la hubiese, simplemente desmanteló una eficiente estructura médica para sustituirla por el INSABI, que desdeñó un valioso caudal de experiencias y conocimientos. Los resultados están a la vista: desabasto de medicinas, limitaciones hospitalarias, así como la reducción de enfermedades de alta especialidad que fueron eliminadas del catálogo de atención del sector salud, con lo cual se condena a la muerte a quienes llegan a padecerlas y no tienen los recursos económicos propios para atenderse.

Esto provocó insuficiencia en la infraestructura hospitalaria y de equipos. Infraestructura que no recibió mantenimiento y se dejó deteriorar al retirársele presupuesto ya autorizado.

La operación del INSABI ha representado un costo económico mayor al que tuvo el seguro popular en otros sexenios y un alto impacto en víctimas de la desatención, -como lo demostró el COVID-, que lleva al día de hoy casi 300 mil fallecimientos por este virus, -más las víctimas indirectas-, que parecían otras dolencias mortales que no pudieron ser atendidas por falta de capacidad hospitalaria, lo cual llegaría a dar un total de 450 mil defunciones.

Lo que está claro es que lo que no forma parte de las prioridades personales del presidente, no será atendido, pues el grueso del presupuesto aprobado por el Congreso se canalizará durante los próximos tres años a garantizar que sus obras prioritarias puedan ser concluidas.
La pregunta lógica es ¿qué sucederá con las necesidades sensibles de la población como son salud, educación, seguridad y otras igualmente relevantes?

Definitivamente estas carencias de falta de atención impactarán a la población más vulnerable de nuestro país, lo cual se manifestará a corto plazo en el agrandamiento de las brechas socioeconómicas entre los diferentes sectores demográficos que conforman nuestro pueblo.

Alto impacto entre el sector estudiantil tuvo el confinamiento durante la pandemia, ya que quienes no tuvieron acceso a la tecnología informática básica, -ya sea por falta de conectividad o porque no tuvieron capacidad económica para acceder a los dispositivos- y por tanto no acompañaron los programas escolares de la SEP, se marginaron de la educación y de las oportunidades laborales futuras que esta les brindaría. Así vemos que muchos niños ya no regresarán a la escuela, pues están insertados ilegalmente en el sector productivo.

México no progresará si no es a través del desarrollo integral y armónico, con oportunidades para todos los sectores sociales por igual. El rezago se manifestará en incremento de la pobreza y esta en conflictos sociales y políticos.

La solución que pretende seguir dando este gobierno a la problemática de la pobreza es a través de aportaciones económicas directas, que lo único que hacen es administrar la sobrevivencia, que no es lo mismo que el bienestar.

En el fondo esta política social, -que ya viene de sexenios anteriores pero que en este se ha fortalecido-, es administrar las carencias para generar dependencia, lo cual se capitaliza en el ámbito electoral.

La única forma de romper este círculo vicioso es a través de la organización de la sociedad civil, emprendiendo acciones en el ámbito de la filantropía.

Sin embargo, en México hoy tenemos dos limitantes: una la representa la actitud restrictiva de este gobierno, que desconfía de la sociedad civil y califica a las organizaciones dedicadas a esta actividad como simples intermediarias que no aportan valor agregado y se utilizan para beneficiar fiscalmente a las empresas que patrocinan proyectos. Esto, -contaminado bajo la sombra de la corrupción-, justifica políticamente los obstáculos que esta administración pone al ejercicio de la filantropía.

Es notorio que este gobierno pretende tener el monopolio del trabajo social para fortalecer el control sobre los segmentos de población vulnerables y a través del agradecimiento asegurar su voto electoral y por tanto, las instituciones sociales dedicadas a la filantropía representan un obstáculo para este fin.

Sin embargo, este gobierno no se ha dado cuenta que precisamente las carencias que impactan a la población vulnerable y que la estructura gubernamental no ha podido subsanar, han abierto espacios de acción filantrópica al crimen organizado, que realiza acciones tipo ayuda humanitaria para vincularse con estos segmentos sociales, haciendo obras significativas a través de donaciones para obra pública prioritaria en regiones apartadas, o entrega de despensas, lo cual capitaliza en redes sociales para proyectar una imagen solidaria y de compromiso con la sociedad, lo cual se capitaliza en complicidades y protección comunitaria frente a las acciones que emprenden en su contra las corporaciones policiacas.

Por otra parte, la falta de cultura filantrópica entre la sociedad mexicana presupone otro obstáculo.

Tendemos a confundir con filantropía a la tradicional generosidad del mexicano, la cual responde a motivaciones emocionales, -de gran contenido sentimental-, como vemos que sucede en el Teletón, que con base en una gran campaña mediática que toca fibras sensibles de la sociedad, -exhibiendo casos de éxito convertidos en testimonios-, logra grandes resultados. También ha sido significativa la participación ciudadana individual cuando suceden tragedias, como lo fue el sismo del 2017. Bajo el influjo emocional la gente participa espontáneamente, esfuerzo que dura el mismo tiempo que el fenómeno psicosocial colectivo. La solidaridad frente a un desastre es un impulso inconsciente y emotivo y por tanto, de corto plazo.

En contraste, la filantropía es un modelo sistemático de ayuda social por tiempo indefinido, que solo se practica cuando hay convencimiento y esto es un proceso racional y consciente.

Por tanto, con visión constructiva y de futuro, debemos reconocer que es la sociedad civil la única que puede subsanar estas carencias sociales altamente sensibles, aunque esto signifique superar grandes obstáculos como los antes mencionados.

Las organizaciones cívicas deben exigir al Congreso de la República legisle en el sentido de generar las condiciones propicias para que las instituciones filantrópicas puedan trabajar a favor de las clases más necesitadas sin restricciones de ningún tipo y además, emprender campañas de sensibilización que ayuden a construir una cultura filantrópica.

¿A usted qué le parece?

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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Análisis y Opinión

En cuarta ola de pandemia sigue omiso el gobierno para impedir avance de Ómicron

José Vilchis Guerrero

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Nigromante

En espera de que las autoridades del sector Salud anuncien medidas restrictivas para frenar el desmedido avance del virus Sars Cov2, que todavía paraliza actividades productivas, México reportó 44 mil 187 nuevos contagios por coronavirus el miércoles 12 de enero. Es la cifra más alta de contagios en el país en los dos años de emergencia sanitaria.

Ni en los aeropuertos se exigen pruebas de contagio a visitantes que han promovido la expansión del virus SarsCov2, ni en los estadios se reducen los aforos, ni en los centros comerciales se promueve la sana distancia, ni los gobernantes exigen ni observan en lo personal las medidas de uso de cubre bocas, sana distancia, uso de gel, lavado de manos ni confinamiento voluntario en caso de síntomas de contagio. Sí hay medidas sanitarias en cines, bibliotecas, teatros y plazas públicas.

El lunes el presidente Andrés Manuel López Obrador dio positivo al hacerse una prueba inmediatamente después de su conferencia de prensa en Palacio Nacional donde estuvieron en riesgo de contagio los reporteros que abarrotaron el Salón Tesorería, aunque hubo sana distancia con el mandatario.

Al día siguiente fue sustituido en Palacio Nacional por el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández porque se contagió por segunda ocasión desde hace un año, en que ha insistido en no usar cubre bocas ni guardar la sana distancia con sus colaboradores. Tuvo cercanía con Tatiana Clouhtier, secretaria de Economía, quien reportó su contagio días antes luego de haber sostenido una reunión con el jefe del Ejecutivo en Palacio. El lunes la secretaria de Ecología, Luisa María Albores reportó en sus redes que también dio positivo y ambas secretarias junto con el Presidente de la República comunicaron que trabajarían a distancia.

Los reportes técnicos de la Secretaría de Salud impactan cada día a los aterrados mexicanos que forman largas filas en las afueras de clínicas y hospitales públicos y privados, en plazas y centros comerciales en busca de pruebas anti covid que en muchos casos resultan ser el requisito para justificar ausencias laborales. La angustia de los solicitantes es que son insuficientes las pruebas.

La recomendación es que ante cualquier síntoma de tos y estornudos constantes, así como temperatura, irritación de la garganta, flujo nasal o dolor muscular, se debe permanecer en resguardo en sus domicilios, con la certeza de que se trata de un posible contagio por Covid-19.

El fin de semana del 31 de diciembre al 2 de enero de este año y los primeros días siguientes cientos de vacacionistas nacionales, estadunidenses, canadienses, europeos y latinoamericanos sobre todo, sufrieron las de Caín en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y los de Cancún y otros centros turísticos la cancelación de decenas de vuelos sobre todo por parte de Aeroméxico y líneas canadienses que fueron superadas por la emergencia que dejó varados a los visitantes que sin ninguna restricción por parte de las autoridades abarrotaron playas y centros turísticos sin observar las medidas preventivas y sana distancia.

El caos se incrementó cuando ni las empresas aéreas ni las autoridades de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) supieron comunicar a los usuarios las problemáticas luego de que cientos de pilotos y sobrecargos fueron infectados y que por falta de personal administrativo se cancelarían los vuelos, de modo que tuvieron que pasar hasta una semana en las terminales aéreas varados, angustiados y pagando costos extra que no tenían previstos ante la burocracia oficial y empresarial. Aeroméxico anunció que recontratará a los que despidió en octubre de 2020 por la pandemia.

A la lista también se agregó Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, gobernador de Guanajuato, quien a través de su cuenta oficial de Twitter anunció que tras realizarse una prueba de COVID-19 confirmó haberse contagiado del virus. De igual forma se trata de la segunda ocasión en que se contagia. Por ese motivo en diciembre de 2020 estuvo hospitalizado en el municipio de Silao.

“Estimadas y estimados guanajuatenses, quiero compartirles que resulté positivo a #COVID19, atenderé las recomendaciones de salud y cumpliré con el aislamiento correspondiente”, publicó el mandatario estatal. Como en los casos anteriores, dijo que está observando las medidas de prevención pertinentes y continuará cumpliendo con sus responsabilidades de forma virtual a la distancia. Agradeció también a todos por el apoyo y comprensión recibida.

También por segunda ocasión este jueves 13 de enero reportó el empresario Ricardo Salinas Pliego que dio positivo a COVID-19. A través de su cuenta de Twitter, el empresario mexicano dueño de Grupo Salinas dijo que se “siente bien”, e hizo un llamado a no tener miedo y decir que “México no se puede detener”. En cuatro puntos describió su estado de salud: 1.-Acabo de dar positivo a COVID y me siento bien. 2. Hay que ser valientes y entender que a TODOS nos va a dar COVID… con o sin vacuna, no tengan miedo. 3. Vamos a luchar y aguantar, México no se debe detener. Y 4. Desde casa tendré más tiempo para estar aquí con ustedes .

Se trata de la segunda vez en que el dueño de Televisión Azteca, Banco Azteca y las tiendas Elektra contrae la enfermedad. La primera vez fue en octubre de 2020, cuanto también manifestó que no hay que tener miedo, porque todos nos vamos a contagiar.

Al inicio de esta semana el empresario expresó su interés por comprar el Banco Nacional de México (Banamex) luego de que Citigroup anunció que buscará desprenderse de la banca comercial en México para concentrarse en la banca institucional.

Como está visto, para el virus SarsCov2 no hay diferencia entre un presidente de la República, dos secretarias de Estado, gobernadores o empresarios. A todos nos va a tocar, según las predicciones, pero eso no impide que dejemos de observar las medidas preventivas y sanitarias. A cuidarnos todos.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Análisis y Opinión

La revocación en su laberinto

Felipe Monroy

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Un verdadero entusiasta de la democracia siempre estará a favor de todo acto social que involucre la participación libre de sus conciudadanos; incluso cuando pueda advertir que él mismo se encuentra en el margen minoritario (es decir, que intuya su derrota en una votación abierta) o cuando, teniendo el poder o la posibilidad de permitirse alguna arbitrariedad, decide escuchar y valorar el pensamiento y las opiniones de los demás.

Es claro también que la vida democrática es mucho más compleja que la vida autocrática: más lenta, costosa y desafiante. Y el miedo a esta complejidad suele hacernos retroceder a los sitios donde creemos que estábamos más seguros.

En una charla que sostuve con el nuncio Franco Coppola, el diplomático reflexionaba sobre esto y puso como ejemplo la vida de una familia tradicional con un padre que dictaba imperiosamente todo lo que debían hacer el resto de los miembros; allí la vida marchaba, casi como un reloj. Pero aseguró que la vida democrática contemporánea exige incluso a los padres el consultar y escuchar a sus hijos sin perder su jerarquía ni su responsabilidad en el horizonte de bienestar para su familia. Esto último, evidentemente, requiere más esfuerzos, un abierto reconocimiento de la diversidad y una sólida brújula para no perderse en el camino.

En México, la elección del presidente López Obrador reveló que no sólo existía un clamor social mayoritario y masivo contra los liderazgos y poderes precedentes para combatir una corrupción sistémica y una indignante desigualdad; sino que el pueblo exigía que la agenda social no debía jugarse exclusivamente en el empíreo del poder. Y, si bien las primeras demandas no han sido del todo satisfechas, el segundo rubro avanza a pasos que, de gigantes, se tropiezan.

López advirtió que México caminaría rumbo a la transformación de sus organismos y del sentido social de los mismos, incluidos aquellos democráticos. Hasta el momento, con más desaciertos que nada, el ejecutivo ha promovido la participación ciudadana en la toma de decisiones; pues, desde su punto de vista, las instituciones, la clase política y los poderes fácticos han subyugado los clamores de la ciudadanía más humilde.

Es por ello que ha utilizado -ventajosa y toscamente debemos decir- mecanismos proto-democráticos para animar este cambio: votaciones a mano alzada, consultas insustanciales y plebiscitos informales. Pero también promovió un cambio constitucional para facilitar a la ciudadanía un mecanismo que, formal y legalmente, pueda revocar el mandato de un presidente originalmente electo por seis años. Lo que sea para acostumbrar al pueblo a un derecho en el que tiene poca experiencia.

Esto en sí no es negativo, pero es muy desafiante; porque estos mecanismos deben responder a legítimos intereses sociales y no a las artimañas u obsesiones del poder como parece ser el caso en el inminente proceso de revocación de mandato que polariza hoy a todos. Es decir, hoy contamos con una ley y un derecho que quizá la gran mayoría de la ciudadanía no conoce ni desea utilizar. Hay tanta polarización e ignorancia que, los más acérrimos opositores al presidente desconfían del único mecanismo formal existente para removerlo y sus mayores fanáticos promueven el ejercicio que podría quitarlo prematuramente del poder.

No importa cuántas veces lean la pregunta que legalmente ha sido autorizada para el ejercicio democrático, los necios siguen interpretando desde sus obsesiones. Es decir, con la ley de revocación de mandato se dio un paso enorme en la vida democrática mexicana pero es claro que, como ciudadanía, no estamos preparados para dicha responsabilidad. Porque la facultad ciudadana y su acceso al mecanismo de revocación de mandato no termina con López Obrador en la presidencia; mientras el legislativo no modifique la ley -y el judicial no la interprete a su conveniencia-, el derecho ciudadano a repudiar a su gobernante está en nuestra cancha. Con sólidas instituciones y una ciudadanía suficientemente comprometida, este derecho sería una felicidad tanto como una responsabilidad.

Pero no estamos allí, menos ahora: La ciudadanía no está lista, el poder tampoco; los partidos políticos y las instituciones sociales se sostienen en varas de mimbre; recursos no hay y urgencias nacionales nos sobran. Reitero: un verdadero entusiasta de la democracia, teniendo el poder o la posibilidad de permitirse alguna arbitrariedad, decide escuchar y valorar el pensamiento, las opiniones y las necesidades de los demás.

LEE Reactivación económica por vía de la fe

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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