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Análisis y Opinión

El verdadero Bloque Opositor

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DE FRENTE Y CLARO con José Luis Arévalo

Pues luego de varios días de espera, de una huelga de hambre a las afueras de la Secretaría de Salud y de haber tenido horas de negociaciones este jueves, los padres de los niños con cáncer no lograron que las autoridades de Salud les firmaran el convenio prometido para que pueda haber un abastecimiento regular en los medicamentos para el tratamiento de sus hijos.

Lo más que consiguieron fue tener medicinas para los siguientes 15 días y que para el mes de julio se empiece con el abasto regular, insisto, una promesa de palabra, nada firmado. Así que no puedo dejar de poner sobre la mesa un tema que es por demás infame, injusto y fuera de cualquier lógica. Padres de niños que tienen que pedir, casi casi limosnear (perdone usted la palabra), las medicinas que necesitan sus hijos, algo que les corresponde por ley y hasta por derecho humano.

¡Vaya escándalo que se ha armado por la muerte del joven Giovanni en Jalisco a manos de la policía!, bueno… marchas, vandalismo, confrontación política y mucho más. La vida de toda persona tiene el mismo valor, la de Giovanni por supuesto, pero también la de los enfermos de cáncer, sin duda. Así que ¿dónde quedan miles de niños que sufren de cáncer ante un gobierno que ha sido insensible pensando más en cómo abatir costos que en el número de vidas que están en riesgo? ¿No sería este un motivo más importante para manifestarse y entonces si reclamar? Creo que lo normal es que la señora Rosario Piedra Ibarra, Presidenta de la CNDH, apareciera y se pronunciara en un tema que tiene que ver directamente con su gestión. Gestión que por cierto desconozco si está desempeñando o por lo menos en este tema NO lo está haciendo.

Y créame que no se trata de una exageración. Simplemente, en nuestro país se calcula que cada cuatro horas muere un niño a consecuencia del cáncer; siendo esta enfermedad la mayor causa de fallecimientos infantiles en México. Y poco se ha hecho por resolverlo. Basta con recordar que todavía en el mes de agosto del 2019, López Obrador aseguró que castigaría a los responsables de la falta de abastecimiento en estos medicamentos, sin reconocer que el principal responsable en todo esto es la política de austeridad implementada, en la que se autorizó un recorte del 44% del presupuesto del Instituto Mexicano del Seguro Social, pero mientras se recortó dinero en esta área, se destinaron importantes recursos a la promoción del béisbol, al programa “Jóvenes construyendo el futuro” y, justamente este jueves, el presidente anunció un nuevo presupuesto para apoyar a los jóvenes afectados por la pandemia del Coronavirus. Y yo pregunto: ¿y las medicinas para las quimioterapias?. Será que estos niños al no generar popularidad o votos no son considerados. Y no hablo solamente de los que viven en las grandes urbes, hay niños que viven en lugares muy alejados de un hospital, que deben caminar muchos kilómetros para poder recibir una quimioterapia y que al llegar no cuentan con el medicamento. Esto es totalmente inhumano. Cómo se ha de sentir ese niño que además de tener que soportar la enfermedad, debe tener la fortaleza para aguantar que le digan que no hay medicina para su tratamiento. Esto es igual o más desgarrador que el dolor que pudo haber sentido Giovanni en Jalisco al ser golpeado por los policías; solo que en el caso de los niños con cáncer, las autoridades no han puesto la misma atención ya que no está en disputa el control de un Estado; el cuarto más importante de la República Mexicana.

Pero bueno, ya estamos a menos de un año para que se lleven a cabo las elecciones intermedias en nuestro país. El 6 de junio del 2021, los mexicanos, una vez más, iremos a las urnas a elegir gobernadores, diputados y alcaldes entre otros puestos de elección popular. Habrá que ver qué deciden, sobretodo estas familias afectadas, si continuar con la austeridad republicana y creer en la lucha contra la corrupción -que por cierto no se ha logrado al tener cifras más altas en este primer año y medio de gobierno-, o recordarle al ejecutivo federal que la prioridad es la salud, sobretodo la de los más indefensos.

www.siete24.mx
@jlanoticias
@jarevalop

Análisis y Opinión

Manifestaciones frenasténicas

Felipe Monroy

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Puede que el Frente Nacional Anti-AMLO (FRENAAA) cuente con la legitimidad y el derecho de la manifestación ciudadana contra las autoridades, un valor imprescindible en la búsqueda democrática del país; sin embargo, todo parece indicar que carece de las características imprescindibles para considerarse un movimiento martirial -o siquiera coherente- como lo pretenden vender a la prensa y a sus seguidores.

Por el contrario, la historia mexicana guarda muchos ejemplos -quizá demasiados- de heroicas resistencias contra el abuso del poder. Se trató de pueblos, comunidades o personas en lo individual que, tras un largo y pesado historial de sometimiento, comprenden con pesar la arrogancia y la responsabilidad de sentirse libres y se rebelan contra las reglas que los ha tenido en situaciones infrahumanas.

En cada caso, los detentadores del efímero mando de las fuerzas del orden buscaron reprimirlos, acallar sus voces, minimizar sus luchas y hasta aniquilarlos creyendo sólo haber hecho su trabajo, lo mínimo para mantener la paz y el statu quo. A veces, vaya paradoja, los detentadores del poder confiesan haber sometido o abatido “a los rebeldes” en defensa propia.

La Rebelión de Tomochic a finales del siglo XIX es uno de estos casos. En la historia de este conflicto se nota la ofensiva inicial, constante y permanente del Estado y los poderes fácticos del porfiriato contra la autonomía de los pueblos tarahumaras. Primero hubo una imposición autoritaria de un poder no respaldado por la gente; dicha autoridad promovió la institucional defensa de los privilegios de la oligarquía y los caciques; después se persiguió sistemáticamente a los inconformes; más adelante se reprimió una opción socio-religiosa que congregaba a los disidentes; y, finalmente, se usó el ancho brazo militar para exterminar a todo un pueblo en resistencia.

El autoritarismo no conoce límites ni vergüenza. De la rebelión de Tomochic se dice que el general Rangel mantuvo la ofensiva militar hasta masacrar al último rebelde; aunque también son famosas las palabras del líder de la rebelión, Cruz Chávez, antes de morir malherido por la escaramuza: “Nací para morir y no para rendirme. El culpable puede rendirse y pedir perdón; el inocente no”. Es decir, hay también cierta indignación radical que no encuentra satisfacción sino en la frontera del triunfo total o del martirio renaciente.

No hay nada de esto en la oposición política que proponen estos malquerientes del gobierno federal. No hay padecimientos ni sufrimientos que conmuevan a los humildes ni hay abusos manifiestos por parte del poder en turno; lo evidente es una posición de privilegio que defiende sus propios fueros, un vociferador de absolutos desde un lejano podio virtual y suficientes recursos económicos para emular una manifestación tan vacía de ideas como de adherentes. Hay, además, un elemento pararreligioso que se identifica ‘neocristero’ y que adereza amargamente el escenario del que hablaré en otra oportunidad.

En el fondo, FRENAAA apenas proporciona la excusa perfecta para que las más diversas manifestaciones oligofrénicas encuentren lo único que siempre buscaron: ostentarse.

No están allí, sin embargo, las verdaderas historias de resistencia social y política contra la denominada Cuarta Transformación, contra algunos rasgos de su silenciosa militarización de la vida pública o contra el control partidista hegemónico de la administración gubernamental. Estas historias -nos enseña con tristeza la experiencia- no las conoceremos a detalle sino hasta que el sacrificio sea más sonoro que la voz de todos los voceros del régimen.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Gobernar la incertidumbre

Felipe Monroy

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Vivimos tiempos raros. Hasta antes de la pandemia, no había espacio público en el que no se abordara la crisis ecológica. Las campañas contra los popotes y las bolsas plásticas se globalizaron al punto de que no pocas naciones modificaron sus leyes para evitar la contaminación por proliferación de estos polímeros; las tensiones geopolíticas se enrarecían debido a las responsabilidades que cada nación asumía por las emisiones de carbono de sus actividades industriales. Pero llegó el coronavirus y todo eso pasó a ser secundario.

Hoy hay un exceso de mascarillas y caretas plásticas (por cierto, de los mismos polímeros antes satanizados) que tapizan la piel del planeta sin que ningún colectivo ambientalista comente algo; además, la mayoría de los planes de reactivación económica de las naciones propone acelerar sin ningún miramiento la intensa industria contaminante para salir de la crisis global. Lo inmediato se tornó urgente; lo urgente, indispensable y el resto, prescindible. La política halló, sin buscar, su mejor aliada: la simplificación de lo perentorio; y, en un escenario dominado por la anomalía, una golondrina sí hace verano.

“Basta consolar a los desconsolados, contentar a los descontentos, castigar a los malos y premiar a los buenos. Cualquier gobernante que quiera gozar de la felicidad en la tierra y la gloria de la historia debe procurar tranquilidad y prosperidad a sus ciudadanos”. Palabras más o palabras menos, este es el corazón de la formación política clásica. Sin embargo, con la modernización de los estados, cada una de estas ideas ha logrado desprender algún constructo formal o institucional: leyes, normas, fuerza pública, procuración de justicia, administración de bienes, recaudación de impuestos, condecoraciones, concesiones, prebendas y privilegios. Lo simple se tornó complejo; hasta ahora.

En un contexto anómalo (y la pandemia nos ha confirmado esta realidad), es necesaria la gobernabilidad de las cosas raras, administrar lo inusual, servir entre lo extraño, lo atípico. Lo verdaderamente incierto, producto de contingencia, no es que lo simple se vuelva complejo, sino que lo simple resulte más simple y lo complejo, aún más simple.

La administración de la contingencia plantea que no existe un ‘modo ideal’ de organización, que más bien sólo existen aproximaciones de administración que dependan del tipo de tarea como de las condiciones en las que se desarrolla. La complejidad del escenario traído por la pandemia es que parece haber sólo una tarea, sobrevivir, y una condición, la adversidad. Los gobernantes, con aparatos enormes e hiper especializados de gobernabilidad parecen entonces usar un cañón para matar a una mosca o, peor, diez millones de globos de fiesta para derruir un edificio. No existe manera en que se satisfaga la urgencia ni liderazgo que logre mantener la confianza.

Según la tradición judeocristiana, hay tres categorías de liderazgo para situaciones según la complejidad del escenario. Cuando las cosas están claras, la mejor figura es el rey; porque es un administrador y un gobernante, erige las estructuras, se enfoca en los resultados y en los procesos. Cuando la situación se enturbia, mientras hay incertidumbre y duda, el sacerdote es la figura de comprensión, compasión y servicio que se inclina por entender y atender las relaciones entre las personas. Sin embargo, cuando los tiempos son oscuros, cuando nada parece estar en su lugar, el único liderazgo que descuella es el profeta. Desde el más despreciado de los rincones, el profeta guía bajo una radical certeza: la conversión, el cambio de comportamiento; es la anagnórisis personal la que transformará finalmente el contexto.

La simplificación de lo urgente, de lo indispensable, no lo hace -sin embargo- asequible. De hecho, lo torna casi inasible. En este modo anómalo no se busca ‘reducir cierto porcentaje en el índice de crímenes’ sino ‘obtener la paz’. Y, ‘la paz’ es más simple, pero resulta casi etérea. Así sucede con otras simplificaciones: la honestidad, el bien común, la primacía del necesitado, la salud, el servicio, la justa retribución, el bienestar.

Así que hoy pueden volver todos los popotes y bolsas plásticas; mientras la urgencia pandémica sea prioridad, los líderes buscarán ganar siquiera uno de sus desafíos, porque un triunfo sería todos los triunfos y entonces el mundo contemplaría que se acerca el verano.

LEE Víctimas, próceres de una nueva cultura

Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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