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Análisis y Opinión

En cuarta ola de pandemia sigue omiso el gobierno para impedir avance de Ómicron

José Vilchis Guerrero

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Nigromante

En espera de que las autoridades del sector Salud anuncien medidas restrictivas para frenar el desmedido avance del virus Sars Cov2, que todavía paraliza actividades productivas, México reportó 44 mil 187 nuevos contagios por coronavirus el miércoles 12 de enero. Es la cifra más alta de contagios en el país en los dos años de emergencia sanitaria.

Ni en los aeropuertos se exigen pruebas de contagio a visitantes que han promovido la expansión del virus SarsCov2, ni en los estadios se reducen los aforos, ni en los centros comerciales se promueve la sana distancia, ni los gobernantes exigen ni observan en lo personal las medidas de uso de cubre bocas, sana distancia, uso de gel, lavado de manos ni confinamiento voluntario en caso de síntomas de contagio. Sí hay medidas sanitarias en cines, bibliotecas, teatros y plazas públicas.

El lunes el presidente Andrés Manuel López Obrador dio positivo al hacerse una prueba inmediatamente después de su conferencia de prensa en Palacio Nacional donde estuvieron en riesgo de contagio los reporteros que abarrotaron el Salón Tesorería, aunque hubo sana distancia con el mandatario.

Al día siguiente fue sustituido en Palacio Nacional por el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández porque se contagió por segunda ocasión desde hace un año, en que ha insistido en no usar cubre bocas ni guardar la sana distancia con sus colaboradores. Tuvo cercanía con Tatiana Clouhtier, secretaria de Economía, quien reportó su contagio días antes luego de haber sostenido una reunión con el jefe del Ejecutivo en Palacio. El lunes la secretaria de Ecología, Luisa María Albores reportó en sus redes que también dio positivo y ambas secretarias junto con el Presidente de la República comunicaron que trabajarían a distancia.

Los reportes técnicos de la Secretaría de Salud impactan cada día a los aterrados mexicanos que forman largas filas en las afueras de clínicas y hospitales públicos y privados, en plazas y centros comerciales en busca de pruebas anti covid que en muchos casos resultan ser el requisito para justificar ausencias laborales. La angustia de los solicitantes es que son insuficientes las pruebas.

La recomendación es que ante cualquier síntoma de tos y estornudos constantes, así como temperatura, irritación de la garganta, flujo nasal o dolor muscular, se debe permanecer en resguardo en sus domicilios, con la certeza de que se trata de un posible contagio por Covid-19.

El fin de semana del 31 de diciembre al 2 de enero de este año y los primeros días siguientes cientos de vacacionistas nacionales, estadunidenses, canadienses, europeos y latinoamericanos sobre todo, sufrieron las de Caín en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y los de Cancún y otros centros turísticos la cancelación de decenas de vuelos sobre todo por parte de Aeroméxico y líneas canadienses que fueron superadas por la emergencia que dejó varados a los visitantes que sin ninguna restricción por parte de las autoridades abarrotaron playas y centros turísticos sin observar las medidas preventivas y sana distancia.

El caos se incrementó cuando ni las empresas aéreas ni las autoridades de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) supieron comunicar a los usuarios las problemáticas luego de que cientos de pilotos y sobrecargos fueron infectados y que por falta de personal administrativo se cancelarían los vuelos, de modo que tuvieron que pasar hasta una semana en las terminales aéreas varados, angustiados y pagando costos extra que no tenían previstos ante la burocracia oficial y empresarial. Aeroméxico anunció que recontratará a los que despidió en octubre de 2020 por la pandemia.

A la lista también se agregó Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, gobernador de Guanajuato, quien a través de su cuenta oficial de Twitter anunció que tras realizarse una prueba de COVID-19 confirmó haberse contagiado del virus. De igual forma se trata de la segunda ocasión en que se contagia. Por ese motivo en diciembre de 2020 estuvo hospitalizado en el municipio de Silao.

“Estimadas y estimados guanajuatenses, quiero compartirles que resulté positivo a #COVID19, atenderé las recomendaciones de salud y cumpliré con el aislamiento correspondiente”, publicó el mandatario estatal. Como en los casos anteriores, dijo que está observando las medidas de prevención pertinentes y continuará cumpliendo con sus responsabilidades de forma virtual a la distancia. Agradeció también a todos por el apoyo y comprensión recibida.

También por segunda ocasión este jueves 13 de enero reportó el empresario Ricardo Salinas Pliego que dio positivo a COVID-19. A través de su cuenta de Twitter, el empresario mexicano dueño de Grupo Salinas dijo que se “siente bien”, e hizo un llamado a no tener miedo y decir que “México no se puede detener”. En cuatro puntos describió su estado de salud: 1.-Acabo de dar positivo a COVID y me siento bien. 2. Hay que ser valientes y entender que a TODOS nos va a dar COVID… con o sin vacuna, no tengan miedo. 3. Vamos a luchar y aguantar, México no se debe detener. Y 4. Desde casa tendré más tiempo para estar aquí con ustedes .

Se trata de la segunda vez en que el dueño de Televisión Azteca, Banco Azteca y las tiendas Elektra contrae la enfermedad. La primera vez fue en octubre de 2020, cuanto también manifestó que no hay que tener miedo, porque todos nos vamos a contagiar.

Al inicio de esta semana el empresario expresó su interés por comprar el Banco Nacional de México (Banamex) luego de que Citigroup anunció que buscará desprenderse de la banca comercial en México para concentrarse en la banca institucional.

Como está visto, para el virus SarsCov2 no hay diferencia entre un presidente de la República, dos secretarias de Estado, gobernadores o empresarios. A todos nos va a tocar, según las predicciones, pero eso no impide que dejemos de observar las medidas preventivas y sanitarias. A cuidarnos todos.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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Análisis y Opinión

Un pontífice diplomático

Felipe Monroy

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Afectado por una intempestiva neumonía, Benedicto XV (Giacomo della Chiesa) compartía aquel enero de 1922 uno de sus principales anhelos sabiéndose inclinado en el umbral de su muerte: “Ya que ha sido señalado el amanecer de días mejores… nos es dado desear que a la promisoria aurora le siga pronto el luminoso mediodía de días más hermosos para la Iglesia y la sociedad civil”.

Aquel deseo no era menor ni ingenuo, este pontífice vivió plenamente involucrado en la llamada ‘Gran Guerra’ (‘terrible noche, oscura hora’, la llamaría) que nosotros conocemos como la primera mundial. Della Chiesa sólo tenía tres meses como cardenal cuando fue electo pontífice en medio de una guerra entre imperios y su misión parecía no tener otro objetivo que favorecer la paz mediante la estabilidad: “Por todos lados domina el temible fantasma de la guerra: apenas hay lugar para otro pensamiento en la mente de los hombres… Imploramos a reyes y gobernantes que consideren los ríos de lágrimas y de sangre ya derramados, y que se apresuren a restaurar a las naciones las bendiciones de la paz”, dijo en su primera encíclica a dos meses de iniciar su papado.

Y en su primer discurso navideño en 1914 (por fortuna conservado íntegro y con celo por la Santa Sede hasta en las interjecciones toscanas que profirió indignado), Benedicto XV expresó: “¡Deh! ¡Que caigan por tierra las armas fratricidas! ¡Que caigan finalmente estas armas ya demasiado manchadas de sangre! ¡Y que las manos de los que han tenido que tomarlas ahora vuelvan a las obras de la industria y del comercio, que vuelvan a las obras de la civilización y de la paz! ¡Deh! Que por lo menos hoy, los gobernantes y los pueblos escuchen la voz angélica que anuncia el don sobrehumano del Rey naciente, ‘el don de la paz’, y que manifiesten también esa ‘buena voluntad’ con las obras de justicia, fe y mansedumbre que Dios ha puesto como condición para el disfrute de la paz”.

La historia nos revela que ni estos ni varios subsecuentes llamados a la paz de Benedicto XV serían tomados verdaderamente en cuenta por los líderes de los imperios que, enfrascados en sus obsesiones por el control y la dominación de vastos territorios a través de las armas, los ejércitos y las alianzas, no alcanzaron a ver cómo se escapaba toda una era de entre sus manos.

El mismo Della Chiesa, limitado indudablemente por su contexto, tampoco advirtió esos cambios.

Forjó a todo un cuerpo de cardenales cuya función no fue otra que la de mantener canales diplomáticos entre los imperios a favor de la estabilidad y de la caridad entre los desastres de la guerra (Benedicto XV será recordado por su intensa gestión humanitaria a favor de los niños huérfanos y hambrientos, de los prisioneros de guerra y de los miserables víctimas de las economías de guerra); pero, si al inicio del conflicto el pontífice hablaba de ‘reinos y pueblos’; al final de sus días, y a pesar suyo, elevó preces por la ‘sociedad humana y la sociedad civil’.

La Gran Guerra rompió definitivamente los principios y mecanismos internos de los imperios tradicionales y abrió camino a la incipiente ‘sociedad de naciones’ con nuevas ideologías y fundamentos de gobierno. Sólo la voz del Papa, durante y después de los conflictos, urgió siempre a la unidad y a la adhesión a los principios cristianos como única respuesta frente a los males derivados de la tensiones entre los poderes; incluso en su encíclica ‘Pacem, Dei munus pulcherrimum’ (La paz, hermoso don de Dios) sigue advirtiendo lo frágiles que son los acuerdos si detrás perviven sentimientos de odio y enemistad.

Benedicto XV comprendió el fin de la guerra como una ‘promisoria aurora’ que requería poner manos la obra: “No ha habido época de la historia en que sea más necesario dilatar los senos de la caridad como en estos días de universal angustia y dolor; ni tal vez ha sido nunca tan necesaria como hoy día al género humano una beneficencia abierta a todos, nacida de un sincero amor al prójimo y llena toda ella de un espíritu de sacrificio y abnegación”.

Duró poco este deseo porque los tambores de guerra volvieron a sonar en todo el mundo. Pero justo hace cien años, deshechas y rehechas casi todas las fronteras, el primer pontífice que hizo de la diplomacia el mejor recurso para favorecer el bien común entre naciones y estados plurales, diversos y, sobre todo, seculares sintetizó el deber de las naciones modernas: “En efecto, no se trata sólo de aliviar a los pueblos de cargas ahora insoportables -que no es poca cosa- sino también -y lo que es más importante- de evitar en lo posible los peligros de nuevas guerras”.
Benedicto XV falleció el 22 de enero de 1922; fue extensamente reconocido como un artífice de la paz.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

La revocación en su laberinto

Felipe Monroy

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Un verdadero entusiasta de la democracia siempre estará a favor de todo acto social que involucre la participación libre de sus conciudadanos; incluso cuando pueda advertir que él mismo se encuentra en el margen minoritario (es decir, que intuya su derrota en una votación abierta) o cuando, teniendo el poder o la posibilidad de permitirse alguna arbitrariedad, decide escuchar y valorar el pensamiento y las opiniones de los demás.

Es claro también que la vida democrática es mucho más compleja que la vida autocrática: más lenta, costosa y desafiante. Y el miedo a esta complejidad suele hacernos retroceder a los sitios donde creemos que estábamos más seguros.

En una charla que sostuve con el nuncio Franco Coppola, el diplomático reflexionaba sobre esto y puso como ejemplo la vida de una familia tradicional con un padre que dictaba imperiosamente todo lo que debían hacer el resto de los miembros; allí la vida marchaba, casi como un reloj. Pero aseguró que la vida democrática contemporánea exige incluso a los padres el consultar y escuchar a sus hijos sin perder su jerarquía ni su responsabilidad en el horizonte de bienestar para su familia. Esto último, evidentemente, requiere más esfuerzos, un abierto reconocimiento de la diversidad y una sólida brújula para no perderse en el camino.

En México, la elección del presidente López Obrador reveló que no sólo existía un clamor social mayoritario y masivo contra los liderazgos y poderes precedentes para combatir una corrupción sistémica y una indignante desigualdad; sino que el pueblo exigía que la agenda social no debía jugarse exclusivamente en el empíreo del poder. Y, si bien las primeras demandas no han sido del todo satisfechas, el segundo rubro avanza a pasos que, de gigantes, se tropiezan.

López advirtió que México caminaría rumbo a la transformación de sus organismos y del sentido social de los mismos, incluidos aquellos democráticos. Hasta el momento, con más desaciertos que nada, el ejecutivo ha promovido la participación ciudadana en la toma de decisiones; pues, desde su punto de vista, las instituciones, la clase política y los poderes fácticos han subyugado los clamores de la ciudadanía más humilde.

Es por ello que ha utilizado -ventajosa y toscamente debemos decir- mecanismos proto-democráticos para animar este cambio: votaciones a mano alzada, consultas insustanciales y plebiscitos informales. Pero también promovió un cambio constitucional para facilitar a la ciudadanía un mecanismo que, formal y legalmente, pueda revocar el mandato de un presidente originalmente electo por seis años. Lo que sea para acostumbrar al pueblo a un derecho en el que tiene poca experiencia.

Esto en sí no es negativo, pero es muy desafiante; porque estos mecanismos deben responder a legítimos intereses sociales y no a las artimañas u obsesiones del poder como parece ser el caso en el inminente proceso de revocación de mandato que polariza hoy a todos. Es decir, hoy contamos con una ley y un derecho que quizá la gran mayoría de la ciudadanía no conoce ni desea utilizar. Hay tanta polarización e ignorancia que, los más acérrimos opositores al presidente desconfían del único mecanismo formal existente para removerlo y sus mayores fanáticos promueven el ejercicio que podría quitarlo prematuramente del poder.

No importa cuántas veces lean la pregunta que legalmente ha sido autorizada para el ejercicio democrático, los necios siguen interpretando desde sus obsesiones. Es decir, con la ley de revocación de mandato se dio un paso enorme en la vida democrática mexicana pero es claro que, como ciudadanía, no estamos preparados para dicha responsabilidad. Porque la facultad ciudadana y su acceso al mecanismo de revocación de mandato no termina con López Obrador en la presidencia; mientras el legislativo no modifique la ley -y el judicial no la interprete a su conveniencia-, el derecho ciudadano a repudiar a su gobernante está en nuestra cancha. Con sólidas instituciones y una ciudadanía suficientemente comprometida, este derecho sería una felicidad tanto como una responsabilidad.

Pero no estamos allí, menos ahora: La ciudadanía no está lista, el poder tampoco; los partidos políticos y las instituciones sociales se sostienen en varas de mimbre; recursos no hay y urgencias nacionales nos sobran. Reitero: un verdadero entusiasta de la democracia, teniendo el poder o la posibilidad de permitirse alguna arbitrariedad, decide escuchar y valorar el pensamiento, las opiniones y las necesidades de los demás.

LEE Reactivación económica por vía de la fe

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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