Connect with us

Análisis y Opinión

Fideicomisos, el problema es la transparencia

Felipe Monroy

Publicada

on

En 2007, la hoy secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, publicó un denso estudio titulado ‘Rendición de cuentas y los fideicomisos públicos. El reto de la opacidad financiera’ en el que la propia Auditoría Superior de la Federación reconocía “la apremiante necesidad de impulsar una mayor transparencia” en la operación de los fideicomisos, fondos, mandatos y contratos análogos “dados los cuantiosos recursos públicos que manejan”.

En aquella ocasión, se alertaba que en el año de transición entre Vicente Fox y Felipe Calderón, el gobierno federal había constituido 150 fideicomisos; para alcanzar un total de 589, que manejaban 267 mil millones de pesos (equivalentes al 3% del Producto Interno Bruto del país); y “que por desgracia en su mayoría no cuentan ni con el control ni con la supervisión adecuados”.

Sandoval criticaba que los fideicomisos funcionaran exclusivamente sobre la base de la confianza entre fideicomitente y fiduciaria; y propuso que operaran bajo el principio rector de la responsabilidad gubernamental. La alerta la consideraba oportuna debido “a la actual tendencia a dejar fuera del ámbito de la transparencia la conducción de los asuntos financieros y monetarios”; Sandoval ponía como ejemplos prácticos los casos de los rescates bancarios FOBAPROA e IPAB en los que “con el argumento del secreto bancario” se entorpecía las investigaciones con opacidad de información. De tal suerte que “la gestión transparente de otros fondos y fideicomisos a cargo de distintas dependencias del gobierno federal ha sido constantemente obstaculizada con el pretexto del secreto fiduciario. El gobierno federal y en particular la Secretaría de Hacienda han esgrimido este argumento en innumerables ocasiones para evitar el escrutinio público”.

Es decir, el problema no es reciente. En 2003, reporta el informe, llegó a haber 624 fideicomisos en operación, de los cuales el 96.8% se constituían sin estructura “esto es, sin obligación de ser transparentes, rendir cuentas y registrar egresos e ingresos en ningún registro público”. Por si fuera poco, la figura del fideicomiso, que suele perseguir un fin u objetivo muchas veces temporal, en el caso de los operados con recursos públicos no ponía límites a la temporalidad, ventaja que quisieron aprovechar el 84.9% de los fideicomisos operantes en la primera década del siglo.

Es cierto, la falta de transparencia por el secreto fiduciario no es un verificador automático de que los fideicomisos operaran con corrupción; pero la Auditoría Superior de la Federación ha documentado muchos casos de manejo irregular y corrupto de los recursos públicos depositados en los fideicomisos. La respuesta, según Sandoval, reside en la creación de modalidades específicas de fideicomisos (es decir, no arbitrarias); la prohibición expresa de fundación de fideicomisos en áreas concretas como salud o desarrollo social; poner límites a la cantidad de fideicomisos y a los montos permitidos de dinero público; mejorar la fiscalización y la rendición de cuentas; imponer sanciones a servidores públicos que cometan delitos especiales de opacidad financiera; y exigir mínimos estructurales en fideicomisos que manejen recursos públicos así como la obligación de presentar indicadores de desempeño.

El problema real con el actual proyecto de extinción de fideicomisos públicos es que el decreto afectará por igual a aquellos donde se sospecha corrupción como a los que no. Desaparecerían aquellos que quizá puedan ser verdaderamente prescindibles para una condición de grave emergencia (como en la que se encuentran todas las naciones este 2020) como muchos otros cuyo sentido de necesidad quizá no sea urgente pero sí indispensable para el futuro del país (ciencia, tecnología, cultura).

Tienen toda la razón las instituciones culturales, educativas y de desarrollo tecnológico que el futuro de México no puede darse el lujo de poner pausa en las inversiones que generarán la sociedad que responderá a los desafíos del siglo XXI. También tienen razón aquellos que aseguran que estos 68 mil 400 millones de pesos que operará directamente el Gobierno federal podrán sacar de la vera del camino a quienes la pandemia y la crisis económica los amenaza con descartar para siempre.

En el fondo, el problema es ético y práctico, pero también de perspectiva. Lo menciona una leyenda de indios americanos: El jefe de una tribu india acampada en la ladera de la montaña está por morir y envía a sus tres hijos a salir en busca de un regalo para él. Quien retorne con el mejor regalo será el nuevo jefe. El primero lleva una flor rara y bella; el segundo una piedra hermosa pulida por la lluvia y el viendo. El tercero dice: “Yo no traje nada. Pero estuve en lo alto de la montaña y he visto praderas maravillosas”. El anciano jefe le da a este último el título de su sucesor: “Tú serás el jefe; porque nos has traído el regalo de una visión de un futuro mejor”.

Será buena idea hacer caso, para variar, a aquellos que ponen una visión y un horizonte más amplio con los recursos de dichos fideicomisos. Personalmente, le apuesto a la educación, la cultura y el desarrollo científico.

LEE Brújula para navegar entre escollos

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

Comentarios

Análisis y Opinión

Interpretaciones políticas al Papa

Felipe Monroy

Publicada

on

Debemos recordar que bastaron los dos primeros segundos del pontificado de Francisco para demostrar que su estilo y su particular método de transmitir las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia católica iban a provocar todo tipo de lecturas en el mundo menos una: la indiferente.

Sólo con esta certeza en mente es que se puede entender lo que sucede con su tercera y más provocadora encíclica papal ‘Fratelli tutti’ (Hermanos todos). En el texto, el Papa hace una feroz crítica a diferentes sistemas sociales, culturales, económicos y, principalmente, políticos contemporáneos que agreden y atentan permanentemente contra el ser humano, contra su naturaleza, su esencia, su dignidad y, sobre todo, contra su horizonte trascendente.

La dureza de sus palabras contra “el dogma de fe neoliberal” o el “insano populismo”, ha provocado airados comentarios de quienes justamente defienden o usufructúan algunos beneficios de ambos espectros. En algunos círculos, por ejemplo, se ha llamado ‘comunista’ al texto del Papa por insistir en el destino común de los bienes expresado con radicalidad por san Juan Cristóstomo (“No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”) o san Gregorio Magno (“Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo”).

A quienes defienden el neoliberalismo como dogma, el Papa les reclama: “Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico derrame o goteo -sin nombrarlo- como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social”.

Y, del lado de los liderazgos populistas cerrados -como los llama Francisco-, su vergonzoso silencio ante las reflexiones del Papa refleja justo la cerrazón, el endiosamiento, la arrogancia y la vanidad en la que viven los caudillos del populismo: “Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo… el servicio que prestan puede ser la base para un proyecto duradero de transformación… pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población”.

Esta tensión expresada con claridad por Francisco pudo corroborarse gracias al panel de reflexión sobre ‘Fratelli tutti’ organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano el 14 de octubre. En el panel participaron políticos aparentemente ubicados en las antípodas del espectro ideológico pero cuyas reflexiones revelan con claridad la defensa a ultranza de sus visiones sin la capacidad de escuchar al otro, que es por cierto el centro de toda la encíclica del pontífice.

Para unos, la incapacidad de reconocer la terrible apuesta hecha por un neoliberalismo dogmático y radical que profundiza las brechas sociales a niveles ignominiosos; para otros, la inexplicable adoración a un estilo político cuyos gestos se acercan riesgosamente al populismo insano.
Sin embargo, la encíclica no se queda en un lamento ni en una mera provocación; Francisco propone la fraternidad como un primer e indispensable paso de mutuo reconocimiento para emprender caminos de perdón, reconciliación, desarrollo y bien común. La propuesta está conectada con su primera encíclica ‘Lumen fidei’ (en donde también se reconoce mucho del pensamiento del papa emérito Benedicto XVI): La búsqueda de “la verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto” es la expresión de la fe que ilumina la historia, la realidad y el futuro.

Y esa verdad es el amor. Mencionada 65 ocasiones en la encíclica, Francisco aporta esta lectura: “El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos”.

El amor para francisco es origen y destino, pero también camino y programa. Y sin esa mirada, todas las interpretaciones políticas sobre la encíclica del pontífice pecan de parcialidad. ‘Fratelli tutti’ es una encíclica orientada radicalmente hacia una conversión política (el Papa enuncia 110 veces la palabra ‘política’) iluminada por el Evangelio. Una conversión para evitar la indiferencia y para recordar que se puede dar buen ejemplo como actor político en un mundo que demanda más fraternidad que ideologías.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

LEE Fideicomisos, el problema es la transparencia

Seguir leyendo

Análisis y Opinión

Antes de cambiarlo, asegúrate de que se ejecuta bien

Gerardo Medina Romero

Publicada

on

El Mundo Interno de las Organizaciones

Un error muy común en muchas empresas es rediseñar o modificar algo de su modelo de trabajo tratando así de resolver alguna problemática que se presenta. No importa si estamos hablando solo de cambiar una política o el proceso completo e incluso si realizan un ajuste en la estructura organizacional o deciden cambiar alguna de las herramientas tecnológicas que manejan, pareciera que en automático se emite hacia el modelo de trabajo el veredicto de culpable y se le condena a ser rediseñado o substituido, sin antes haber hecho un juicio justo para conocer la razón real de que las cosas no salgan como la organización espera.

Lamentablemente muchos procesos, estructuras organizacionales y soluciones tecnológicas han sido cambiadas inútilmente a lo largo de los años, ocasionando a las organizaciones pérdidas importantes de dinero, tiempo y esfuerzo, ya sea porque tiraron una inversión a la basura o porque invirtieron innecesariamente, ya que la causa real no estaba en el diseño sino en la ejecución.

Cuando se diseña un proceso, se definen las actividades que se deben realizar y quiénes son los responsables de hacerlas. También se define la manera en que deben ser realizadas y los equipos o herramientas que deben utilizarse. El diseño debe especificar perfectamente la manera de trabajar. Cuando el resultado no es el esperado, antes de pensar en contratar a un consultor experto para que venga a rediseñar el proceso o a cambiar las herramientas tecnológicas, las organizaciones deberían de revisar antes si los procesos se están ejecutando tal y como fueron diseñados originalmente.

En mi experiencia, la gran mayoría de las veces, las organizaciones terminarían dándose cuenta de que los procesos no son ejecutados de manera adecuada, es decir, las actividades que están definidas no se hacen del todo o algunas se ejecutan pero de manera distinta o son ejecutadas por puestos o personas que no son las que en el diseño se definieron. Muchas veces las personas que ejecutan las actividades no cuentan con el perfil adecuado y por ello los procesos terminan arrojando resultados poco adecuados o se generan problemas en la operación.

En estas circunstancias, pretender cambiar los procesos, la estructura o las herramientas que se utilizan para operarlo no resolverá la problemática porque el problema no está en la manera en que está diseñado, sino en la manera en que se ejecuta o, a veces, en la manera en que no se ejecuta.

Para darse cuenta si el problema se genera por un tema de diseño o de ejecución, lo primero que debe hacer una organización es lograr una disciplina operativa que le genere indicadores de que los modelos de trabajo se cumplen tal y como fueron definidos. Deben medir que las actividades se realizan tal y como dice el diseño del proceso, que las políticas se respetan, que los puestos ejecutan sus responsabilidades tal y como está definido y que los sistemas se utilizan adecuadamente.

Si al verificar esto, los resultados no son los adecuados, entonces sí, el problema es el diseño y se deberá trabajar en un rediseño del proceso incluyendo roles, responsabilidades y herramientas tecnológicas utilizadas; pero si al hacer la verificación, lo primero que se identifica es que el proceso o modelo de trabajo no se respetan, entonces antes de invertir recursos en el rediseño del modelo, las organizaciones deberán invertir en asegurar la ejecución bajo el modelo actual.

Las causas de la falta de cumplimiento pueden estar relacionadas con el desconocimiento del personal sobre la manera oficial de ejecutar el trabajo (comunicación), relacionado al perfil del personal (no tienen las competencias necesarias) o finalmente, a un tema de actitud que se deberá resolver a través de otros mecanismos (evaluación del desempeño, incentivos, sistemas de consecuencias).

Hacer un diagnóstico de ejecución y corregirlo es mucho más rápido y barato que pensar en hacer un proyecto de transformación que requiera un rediseño de procesos, cambios en las estructuras y nuevas herramientas tecnológicas.

En mi opinión, si las organizaciones hicieran ese ejercicio, estoy seguro de que muchos proyectos de reingenierías, reestructuras o implementación de soluciones tecnológicas no existirían, y las organizaciones ahorrarían muchísimo tiempo, dinero y esfuerzo en tratar de implementar esas nuevas formas de trabajo cuando quizá, la forma de trabajo que habían definido originalmente sea precisamente la más adecuada. ¡Claro!, siempre y cuando, fueran capaces de ejecutarla.

LEE ¡Cuidado!, no existe el cliente interno

Seguir leyendo

Te Recomendamos