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FELIPE MONROY FELIPE MONROY

Análisis y Opinión

La Iglesia después de Bergoglio

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Al concluir este agosto, el papa Francisco ha confirmado su participación en dos eventos que provocan pura expectación en el mundo católico: el Consistorio para la creación de veinte nuevos cardenales en Roma y la celebración del ‘Perdón Celestiniano’ en L’Aquila el mismo fin de semana. Una inusual agenda pontificia llena de simbolismos históricos que inquietan e inducen a la imaginación de no pocos vaticanólogos.


Vamos por partes, el 29 de mayo pasado el Papa anunció la realización de su octavo Consistorio este 27 de agosto en el que originalmente crearía a 21 nuevos cardenales para la Iglesia católica universal (el obispo belga, Lucas van Looy, declinó la nominación y distinción cardenalicia). En un primer momento, algunos perfiles de los nuevos purpurados llamaron la atención mediática debido a su origen, sus edades y sus trayectorias ministeriales: cuatro de ellos menores de 60 años que son pastores muy lejanos a Europa y, por ende, a los palacios apostólicos.


Si bien es cierto que el papa Francisco ha sido generoso para otorgar birretes cardenalicios a notables obispos o sacerdotes de todas partes del mundo cuyas largas y fecundas trayectorias los hacen ‘merecedores’ de la máxima distinción eclesiástica; es claro que estos varones, ya en la senectud y por sobrepasar los 80 años, no pueden ser electores en un potencial Cónclave de elección papal.


En contraste, con este consistorio, durante su pontificado Bergoglio habrá nombrado a 25 cardenales que podrían votar por el próximo pontífice en cualquier cónclave que se realice de aquí al 2032, nueve de ellos lo podrían hacer hasta el 2045 y uno (Marengo), que -si la Providencia lo preserva o no sale electo Papa antes- podría tener derecho a elegir pontífice hasta el 2054.


Es decir, muchos de los jóvenes cardenales de Francisco miran al futuro profundo; varios de ellos son ‘periféricos’ originarios de América, África o Asia; y en el cuadro completo de cardenales electores (con una edad promedio de 72 años) se advierte una consistente pluralidad de orígenes, congregaciones y ministerios.


En el segundo semestre de este 2022, la salud del papa Francisco (de 85 años) comenzó a ser una noticia permanente. No sólo por la operación a la que fue sometido en 2021 sino por la cancelación de algunas de sus actividades y viajes así como las apariciones públicas del pontífice en silla de ruedas en junio pasado. Los rumores de una posible renuncia papal o un próximo Cónclave han acelerado las candidaturas de los ‘papabili’ y abierto las especulaciones de un pontificado post-bergogliano.


Así que este consistorio es un momento de gran relevancia porque no sólo se afina el perfil, origen y estilo de los llamados ‘príncipes de la Iglesia’ (cuya principal cualidad en la estructura eclesial es la de superar las fronteras políticas y humanas) sino quizá del propio perfil del próximo pontífice. Esto es algo que el propio Francisco parece también prever.


Y de eso va el segundo singular evento en el que Francisco participará antes de concluir el mes. Se trata del ‘Perdón Celestiniano’, una relevante y sumamente simbólica celebración en el corazón de los montes Apeninos que se realiza cada 28 de agosto.


El origen de la fiesta es la proclamación de la ‘Bula del perdón’, un documento pontificio promulgado por el papa Celestino V en 1294 que concede la indulgencia plenaria a todos los peregrinos que acudan a la Basílica de Santa Maria di Collemaggio en L’Aquila.


El papa Francisco acudirá a esta peregrinación el domingo prácticamente sin dedicarle tiempo a los cardenales reunidos en Roma para el consistorio del día anterior; y, por el contrario, destacará a la figura del singularisimo Celestino V, el primer Papa que renunció.
Celestino V (de nombre secular Pietro Angeleri del Morrone) es quizá uno de los personajes más peculiares de la historia pontificia. El anciano ermitaño fue elegido, sorpresiva e inquietantemente, por unanimidad en medio de severas confrontaciones entre ‘bandos’ cardenalicios el 7 de julio de 1294.

Como apuntó Peter Herde en ‘La enciclopedia de los Papas’, parecía que los cardenales, incapaces de elegir entre una de las dos familias poderosas que se disputaban el papado durante dos años, resolvieron elegir al monje eremita Pietro: “[En el compromiso de los bandos influyó] el pensamiento secreto de elegir un candidato como solución de transición, eligiendo a un ermitaño inexperto, muy avanzado en años, que prometía convertirse en un Papa no demasiado severo.

Ciertamente fue una decisión sin sentido, porque Pietro carecía de todas las condiciones para dirigir con éxito la Iglesia: no tenía conocimiento del complicado aparato curial, ni del derecho canónico, ni de los problemas espirituales y políticos; además, era demasiado viejo para poder adaptarse a las nuevas tareas”.


Como Papa, Celestino rehuyó a todos los símbolos imperiales o dignatarios pontificios, literalmente inició su pontificado sobre un jumento y padeció el papado apenas cinco meses; en los cuales tomó un puñado de decisiones sumamente audaces (la bula en cuestión que provee indulgencia a todos los cristianos sin distinción o la ampliación plural de un colegio cardenalicio polarizado).

Su dimisión al papado será no sólo la primera en la historia sino aquella que también dio sustento canónico a la renuncia de Benedicto XVI en 2013.


La historia de este hombre no concluye ahí; su sucesor, Bonifacio VIII (elegido en un sólo día de deliberaciones), no sólo suprimió todas las decisiones de Celestino, también lo persiguió, enjuició y encarceló hasta su muerte temiendo que el ‘Papa emérito’ iniciara un cisma en la Iglesia. Todo parece indicar que Pietro sólo quería volver a su ermita en L’Aquila, en la anómala figura de un pontífice retirado.

Debido a la persecución sufrida y a su fama de santidad, Celestino V no fue canonizado, pero su persona secular sí: San Pietro Angeleri del Morrone fue elevado a los altares en 1313 aunque su bula del ‘Perdón Celestiniano’ quedó en entredicho durante siete siglos.


Así que, después de crear a los purpurados que sin duda configurarán la senda de la Iglesia en el resto de esta primera mitad del siglo XXI, el papa Francisco se integrará simbólicamente a esta peculiar historia de San Pietro del Morrone/Celestino V con su visita a los Abruzos. Una historia de anhelos de reforma truncados por las divisiones cardenalicias; la historia de un anciano eremita traído de lejos para apaciguar a una Iglesia convulsa; la de un pastor alejado de los palacios que fue presionado hasta la renuncia por la corte eclesiástica, política y diplomática; la de un Papa perseguido y humillado por sus propios hermanos; la de un fiel católico que nos recuerda que la santidad es por la persona, no por el papado.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

La guerra de las ambulancias

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La desaparición de Alexis, un estudiante de la UAM, después de haber sido levantado por una ambulancia en el Centro Histórico y encontrado su cadáver en el municipio de Chalco, Estado de México el 4 de junio de este año, nos muestra el descontrol que existe en la prestación de servicios de primeros auxilios y traslados hospitalarios, proporcionado por las ambulancias particulares. Las autoridades no han logrado aún crear un sistema que garantice claridad en el servicio.

Es evidente que cuando sobreviene una desgracia y se requiere un servicio, la premura por resolver la emergencia paraliza al accidentado y a su familia y terminan aceptando el servicio sin negociar costos y luego sobrevienen las sorpresas.

Durante la fase crítica de la pandemia de COVID-19 el servicio de las ambulancias fue determinante pues de su habilidad para encontrar un hospital donde se pudiese internar al nuevo enfermo, fue determinante para salvarle la vida al enfermo.

Sin embargo, ahora que ha bajado la presión de enfermos y familiares cuando hay una emergencia, han empezado los malos hábitos y se empieza a descubrir que muchas veces estos prestadores de servicios casi imponen el hospital al cual llevarán al accidentado o enfermo, nos lleva a la suposición de que existen arreglos económicos entre estos transportistas y el nosocomio.

Incluso se han descubierto conflictos suscitados entre ambulancias peleando por un accidentado.

Una ambulancia no es un taxi, ni un servicio de entrega de alimentos por aplicación, ni servicio de mensajería… Su vocación no debe ser comercial, sino humanista, pues resuelven emergencias y de su eficiencia depende una vida humana en muchos casos.

Las ambulancias son una extensión del sistema nacional de salud y tienen una responsabilidad.

Si quienes conducen las ambulancias tienen tratos con los hospitales privados para llevarles los accidentados que levantan en las calles, entonces están generando graves problemas financieros a las familias de estos, quienes se sentirán atrapados e incluso extorsionados.

Las autoridades consideran que hay 562 ambulancias que circulan por las calles de la Ciudad de México, -pero la mitad son “piratas,” o sea que no tienen permisos para brindar servicios.

Por lo anterior la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México instrumentó operativos para revisar unidades y sacar de circulación a las que no cumplan con requisitos y permisos.

Para tener la certeza de cumplir con la normatividad deben haber cubierto los trámites obligatorios ante la Agencia de Protección Sanitaria (AGEPSA), así como ante la Secretaría de Salud, y poseer las placas que autorizan circular por las calles de la Ciudad de México otorgando este servicio tan delicado como para dejarlo a la improvisación.

Además, deben inscribirse en el Registro de Ambulancias y Técnicos en Urgencias Médicas, pues de no contar con este requisito, estas unidades pueden ser llevadas al “corralón”.

Por lo anterior a partir del 23 de agosto las autoridades capitalinas están retirando de la circulación unidades que no cumplen con los permisos correspondientes, y las multas pueden alcanzar una cifra de poco más de nueve mil pesos.

De no poner orden en este servicio tan importante, podríamos descubrir más casos como el de Alexis, -descrito al inicio de este artículo-, pues las autoridades deben tener la seguridad de quien ofrece este tipo de servicios tiene la capacidad de atender emergencias y salvar vidas.

La improvisación, así como intereses ajenos a la atención médica básica y de primera respuesta, deben ser erradicadas de este vital servicio.

¿A usted qué le parece?

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Análisis y Opinión

La tristeza de ‘los excluidos’

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En la pasada manifestación conmemorativa del 2 de octubre, en el Zócalo de la Ciudad de México se verificó lo de cada año: que se mantiene moderadamente viva la indignación estudiantil ante las acciones de represión, coacción e injerencismo de los diversos poderes formales o fácticos de cada generación; y que continúan funcionando los viejos mecanismos de movilización gremial juvenil. Un tema que sin duda requiere un análisis profundo y que, sin embargo, quedó oculto bajo un episodio que también merece la pena comentar.

En medio del mitin, algunos jóvenes distinguieron la presencia de la politóloga Denise Dresser y, de inmediato, procedieron a increparla hasta correrla del lugar. Más tarde, la académica reviró en sus redes sociales y en su muy popular columna que lamentaba la situación, que le daba tristeza la exclusión de la que fue víctima y acusó a los vociferantes que la expulsaron de escatimarle sus derechos: “En su mapa mental no puedo tener voz ni derecho a disentir”, dijo.

Esa tarde y a la mañana siguiente, cientos de colegas, amigos y muchos ciudadanos con acceso a redes y otros recursos apoyaron a la politóloga de la mejor manera: Invitando a la gente a leer su columna y a escuchar su reflexión después del difícil entuerto vivido en la plancha del Zócalo.

Por ello, aunque no estoy de acuerdo con el abucheo vivido contra de la escritora por parte de la multitud de manifestantes anónimos, puedo comprenderlo absolutamente. Dresser se equivoca: Ella no es un ciudadano común cuya voz requiere de la solidaridad de miles de acallados para apenas ser un susurro frente a los poderes. La muestra está en la inmensa visibilidad de cada una de sus palabras en medios locales, nacionales e internacionales; ella tiene oportunidad de ocupar espacios de diálogo y debate público en diferentes foros y medios de comunicación; incluso su voz y su pensamiento son ejes centrales en espacios de poder específico y en agendas internacionales de injerencia en políticas públicas en México.

Los miserables, los invisibles, los larga y sistemáticamente excluidos no cuentan con ninguna facilidad para hacer escuchar su voz.

Esto me recuerda ese fragmento de la novela post revolucionaria ‘Nueva Burguesía’ de Mariano Azuela denominado ‘La manifestación del hambre’. En el episodio se relata el acarreo al Zócalo capitalino de unos manifestantes muy singulares: “La indiada seguía bajando de jaulas de ganado, vestidos de manta, neja, sombreros de soyate deshojándose de puro viejos, de huaraches o descalzos… era una exhibición vergonzosa de la miseria en que se mantiene todavía al pueblo: un desfile de doscientos mil parias en camisas y calzones rotos y mugrosos”. La manifestación era una respuesta del candidato oficial contra el candidato de oposición que una semana atrás había hecho su propia concentración popular.

Azuela pintó, además, desvergonzados, a otros personajes acomodados y privilegiados: los que van de aquí a allá desayunando, comiendo y visitando a señoritas ricas para camelarlas; y nos ofrece un momento dramático: Un capataz que organizaba el acarreo de los campesinos al Zócalo vació su pistola contra unos vagos que comenzaron a insultar a acarreados y acarreadores. Es decir, que la voz de esos vagos anónimos fue acallada por quienes manipulaban la voz de los pobres acarreados: “ —Griten: ¡Viva el general Ávila Camacho! … y respondían una cuantas voces desvaídas”.

Las reacciones sobre la exclusión de Dresser de la manifestación del 2 de octubre son de lo más variopintas pero las que se equivocan son aquellas que creen que esto tiene que ver con democracia o con participación social. No. Tiene que ver con el poder y el uso de la voz.

Todo aquel personaje que, desde el empíreo del poder, del dinero o de los medios, tiene oportunidad de multiplicar y hacer llegar su voz a los más recónditos espacios de vida social o cotidiana no puede asegurar que es “un ciudadano común y corriente”. Quienes tenemos oportunidad de acceso a los medios de comunicación y tenemos la responsabilidad de dirigirnos a la sociedad a través de espacios de debate o de influencia (como las universidades, las empresas, los grupos políticos, etcétera) debemos reconocer un privilegio del cual la inmensa mayoría de la población no goza.

Lo verdaderamente censurable es que, contemplando la realidad de los miserables sin voz o a los audaces acallados a plomo o a punta de cuchillo cebollero, haya colegas hiper privilegiados que aseguren que sientan “tristeza de ser excluidos”.

En fin, lo que sí es un asunto democrático es cuando las personas privilegiadas con acceso a medios y a centroides de poder ceden su propia voz por la voz de los ‘sin voz’… entonces sí, los excluidos lo aceptan como uno de los suyos.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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