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Análisis y Opinión

La revolución energética y sus retos

Ricardo Homs

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Cae 61 % la inversión en energía eólica en México respecto a lo invertido en 2020, según informa la Asociación Mexicana de Energía Eólica. Mientras en 2020 se invirtieron mil 300 millones de dólares, para 2021 esta cifra se reducirá y apenas llegará a 500.

La controversia que ha desatado la recientemente promulgada Ley Energética, impulsada por la mayoría morenista para dar gusto al presidente López Obrador, así como la suspensión otorgada por el juez Juan Pablo Gómez Fierro a esta ley, ha puesto sobre la mesa la necesidad de hacer un análisis integral para dimensionar sus repercusiones, independientemente del ámbito jurídico, por lo que este conflicto representa para nuestro estado de derecho, así como por las implicaciones que esta legislación tiene para nuestra relación con Estados Unidos a partir de las consecuencias que impactarán al T-MEC y las demandas que tendrá que enfrentar México por parte de las compañías afectadas.

Por tanto, es conveniente analizar el impacto ambiental que tendrá la nueva política energética impulsada por el gobierno de la 4T, caracterizada por la protección a la producción de hidrocarburos y las millonarias inversiones en Pemex y CFE

En el contexto del impacto ambiental a partir de la utilización de las energías limpias tenemos que considerar dos circunstancias: por una parte, las repercusiones positivas en la preservación del equilibrio natural, lo cual favorece a la flora, la fauna y en general a la biodiversidad de diferentes partes de nuestro territorio.

Por otra parte, sustituir el consumo de hidrocarburos a partir de la utilización de energías limpias, impacta positivamente la recuperación de la calidad atmosférica y del aire que respiramos.

En tanto, debemos reconocer que nuestra salud depende del entorno ambiental.

Por todo lo anterior el mundo avanza hacia la reconversión energética, dejando al mínimo la generación de energías a partir hidrocarburos para orientarse hacia la producción de energías limpias, amigables con la naturaleza y con la salud humana.

Alineada con la tendencia global hacia la sustentabilidad, es que toda la industria automotriz global trae un programa de reconversión tecnológica.

El impacto económico de esta reconversión tecnológica ha derivado en la creación de toda una infraestructura para replantear a esta industria, que nació con los motores de combustión interna en el inicio del siglo XX y hoy, movida por la responsabilidad social, empieza a sustituir a estos motores por otros impulsados por electricidad.

La demanda de los consumidores de autos eléctricos ha ido creciendo lentamente, pero de forma constante en todo el mundo, por lo cual, en unos cuantos años habrá más autos eléctricos que los que son movidos por combustión interna, o sea por combustibles derivados del petróleo; quizá esto lleve a su desaparición.

El éxito de los autos eléctricos dependerá de la velocidad con que bajen los precios al consumidor de estos autos, hasta alcanzar un nivel equivalente al de los de los autos tradicionales que aún hoy todos tenemos, así como también a la creación de una red de estaciones de carga eléctrica, equivalente a las gasolineras de hoy.

Por lo pronto, como transición vamos viendo el incremento de los autos híbridos que consumen tanto electricidad, como gasolina y diésel, de modo tal que sus propietarios en casa cargan electricidad y cuando esta se consume en la calle y carreteras, entonces pueden comprar hidrocarburos.

Por tanto, este gran mercado impactará el consumo de petróleo y los países exportadores de este producto verán disminuido el volumen del mercado y la sobreoferta impactará negativamente el precio internacional y la captación de divisas.

La apuesta del actual gobierno mexicano por el petróleo y la electricidad obtenida de modo tradicional, a través de Pemex y CFE, muestra una equivocada lectura del mundo futuro y su economía. Cuando estos mercados van a la baja, el gobierno del presidente López Obrador invierte dinero valioso en la edificación del complejo Dos Bocas, en Tabasco y en hacer crecer a CFE con inversiones tradicionales, para lo cual ha promovido una legislación que restringe la inversión en energías limpias, que además son más caras para el consumidor. Esto tendrá un alto costo para la economía del país.

México estaba considerado en todo el mundo como un territorio de alto potencial para la generación de energía eólica, así como de electricidad a partir de paneles solares.
La falta de visión en las políticas públicas representa un retroceso en la búsqueda de inversiones extranjeras que generen más empleos y protejan el equilibrio ecológico y medioambiental de nuestro país. Esto forzosamente tendrá consecuencias en el índice de salud pública, principalmente en lo relativo a enfermedades pulmonares y de vías respiratorias.

La certeza jurídica para las inversiones será fundamental para rescatar la llegada del capital que estaba destinado para aplicarse en México, considerando que esto representa una oportunidad que tiene caducidad, pues el dinero que no llega a nuestro país, de inmediato busca acomodo en otros territorios y aunque se reconsidere esta política a futuro, ya será un capital perdido, que mucho ayudaría a este gobierno para combatir la pobreza.

La búsqueda de certeza jurídica para las inversiones en energías limpias es un tema fundamental para el futuro de México.

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Análisis y Opinión

La responsabilidad ambientalista

Ricardo Homs

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Las torrenciales lluvias que están asolando países europeos como Bélgica e Inglaterra, e incluso lugares tan distantes como la India, inundando ciudades y destruyendo casas, calles y automóviles, así como el caso opuesto, como lo son los incendios forestales en España, Estados Unidos, Canadá, e incluso en Yakutsk, ubicada en la Siberia rusa, que es la zona más fría del mundo, nos muestran que el cambio climático está presente como una gran amenaza mundial.

Sin embargo, en nuestro México, cada año se inundan gran número de ciudades y miles de familias quedan damnificadas, perdiendo el patrimonio familiar. Incluso en la Ciudad de México esto se ha vuelto recurrente en estas fechas del año y la temporada de huracanes que se avecina. A su vez, los incendios forestales en nuestro país cada vez se repiten con más frecuencia. Ni duda cabe que el “cambio climático” tiene que ver con el descontrol y el poder destructivo de una naturaleza que se siente agraviada por el hombre.

Sin embargo, este no es un tema que hoy sea prioritario para el gobierno actual y su actitud frente a los temas energéticos lo confirman, frenando el desarrollo de las energías limpias y privilegiando la producción de hidrocarburos, así como la afectación de ecosistemas con obras que no se justifican como el Tren Maya y el aeropuerto Felipe Ángeles en Santa Lucía.

Ante esto, ¿Quién debe asumir la responsabilidad de participar en la preservación del equilibrio ambiental para evitar el descontrol climático?

Definitivamente es la sociedad quien termina asumiendo responsabilidades cuando surgen amenazas graves. Es cuando aparecen fenómenos de liderazgo para frenar las grandes catástrofes, y un sector social que es determinante para generar tendencias es precisamente el sector empresarial.

Es precisamente esta visión de largo plazo que surge con la necesidad de preservar el patrimonio la que estimula que los empresarios e inversionistas terminen asumiendo una actitud de responsabilidad ciudadana y su influencia en la sociedad genera tendencias de alto impacto.

Aunque en contextos sociales como el actual, dominados por ideologías destructivas que tratan de romper el círculo virtuoso de las alianzas espontáneas que se construyen entre la sociedad y el sector productivo para generar empleos existan barreras emocionales de desconfianza, vemos que surge una tendencia global que hoy se está manifestando en México respecto al nacimiento de una nueva cultura.

Constellation Brands, la empresa cervecera que estaba construyendo su nueva planta en Mexicali, Baja California, para exportar desde México producto mexicano, fabricado por mexicanos, hacia Estados Unidos, a inicios del presente sexenio, tenía contemplado en su proyecto una importante inversión en un sistema, no sólo para restituir a la comunidad el agua que utilizaría en la fabricación de las bebidas, sino para generar una sobreoferta de este vital líquido, lo cual garantizaría el abasto de agua para los siguientes años. Sin embargo, una equivocada política que generó temores en la población cachanilla o mexicalense, para llevarla a una consulta popular manipulada, abortó la terminación de la planta que ya llevaba invertidos casi 700 millones de dólares y que generaría muchos empleos y aseguraría que por su propio interés, Constellation Brands se convertiría en un protector del entorno ambiental.

Sin embargo, estas acciones que hoy generan las empresas para retribuir a la comunidad donde están ubicadas sus factorías su hospitalidad, habla de responsabilidad social y de una nueva cultura solidaria frente a la naturaleza, asumida como patrimonio común.

Según reportan la revista Forbes y el periódico Reforma, vemos, simplemente como ejemplo, que Pepsico ha invertido mucho en rediseñar sus envases para que sean biodegradables y amigables con la naturaleza y hoy el 88% de los plásticos de sus envases son reciclables, compostables o biodegradables y en 2025 alcanzarán la meta del 100%, además de controlar el impacto ambiental de sus procesos de producción.

A su vez, Bimbo ha iniciado la reconversión de su parque vehicular de reparto de producto para lograr en 2025 que todas sus unidades sea movidas por electricidad, llevando a la fecha más de 500 vehículos que utilizan este sistema motriz en las rutas de la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.

Grupo Lala, productora de lácteos, está invirtiendo 650 millones de pesos para renovar el parque vehicular que utiliza para vender y distribuir, hacia motores eléctricos, además de otras acciones orientadas a la responsabilidad ambiental.

A su vez las tiendas de autoservicio y todos los negocios que antes proveían de bolsas plásticas a sus clientes, hoy están mudando hacia materiales biodegradables.

Hoy vemos el surgimiento de una nueva cultura ambientalista y de responsabilidad frente a la naturaleza, que nace del sector empresarial.

Evidentemente todos los cambios definitivos y de alto impacto que se dan en la sociedad no suceden de forma mágica, sino que son producto de cambios paulatinos y quizá imperceptibles para el ciudadano, pero que son definitivos e irreversibles.

La nueva cultura ambientalista que está impactando a México a través del sector empresarial nace hasta hoy de los grandes corporativos, que tienen la capacidad de imponer políticas institucionales, pero su ejemplo trasciende al resto de las empresas que son sus proveedores o sus clientes, así como por la movilidad del personal.

Generalmente las buenas prácticas generan tendencias que como bola de nieve terminan convirtiéndose en acciones cotidianas para toda la sociedad.

Por lo anterior podemos afirmar que esta idea de que los empresarios sólo buscan utilidades está cambiando hacia la búsqueda del beneficio colectivo. El objetivo inicial de toda empresa es la productividad, pero en el camino de la cotidianeidad en el mundo de hoy las empresas empiezan a privilegiar una actitud más humana, pues si a la sociedad y al país les va bien, ellas también se beneficiarán. Por tanto, asumen roles de compromiso colectivo para beneficiar a las comunidades donde se asientan y donde viven sus trabajadores y sus familias. Por tanto, esforzarse por mantener un entorno natural sano, es prioridad en las grandes empresas porque saben que tiene beneficios de regreso. Es la actitud de ganar-ganar.

Seguramente en un mediano plazo cercano las PYMES irán asimilando esta nueva cultura de responsabilidad y descubriendo que genera muchos beneficios de regreso. Los buenos ejemplos convencen más que la demagogia de las palabras y las buenas intenciones.
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Espionaje, entre el servicio y la ignominia

Felipe Monroy

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Aunque el espionaje se ha especializado y tecnificado a niveles infamantes, sus funciones más simples (que nunca honestas) se pueden reducir a las mencionadas por Kautilya hace veintitrés siglos: recolección de noticias, comprobación de lealtades y manejo de propaganda. Desde la perspectiva del gobernante, se entiende su utilidad para lograr lo único que interesa al poder: conservar el que se tiene y aumentarlo en lo posible.

Al contrario de lo que hoy se quiere insistir, el espionaje nunca es aséptico ni impersonal; el espionaje no son sólo datos y programación. Por tanto, ‘Pegasus’ no es sólo un programa, un software o un sistema: son hombres y mujeres que con mayor o menor poder han utilizado recursos técnicos de la forma más innoble. Además, los efectos del espionaje tampoco son inocentes, la historia refleja que aquel va acompañado invariablemente de la mentira política, la persecución de opositores, la desestabilización de pueblos, la inoculación de ideologías de ocasión y, por supuesto, de los crímenes de Estado, las insurrecciones fratricidas y la guerra total.

Lo que se ha ido revelando esta semana sobre la operación del ya famoso software ‘Pegasus’ es alarmante porque no se trata de un ‘sistema de inteligencia para el combate del terrorismo o ciberterrorismo en países democráticos’ sino un verdadero ‘sistema de espionaje israelí vendido por particulares a regímenes autoritarios que desean investigar a periodistas, activistas de derechos humanos y a potenciales opositores políticos’.

Desde hace años se tenía sospecha de que los recursos tecnológicos de estas empresas de ciberseguridad no sólo se adquirían para el combate al crimen, sino para las funciones que los regímenes y los poderes fácticos que buscan controlar a toda costa: tener información de sus adversarios políticos, verificar la lealtad de los ciudadanos y eliminar los potenciales riesgos para la estabilidad de su poder.

Esta es la razón por la cual, cuando se habla de espionaje no puede haber neutralidad. Es una práctica ignominiosa y cruel cuando se está vulnerable a ser espiado; pero es un servicio de seguridad y estabilidad para aquellos que detentan el control. Desde el poder, un mundo sin las intrincadas redes de espionaje básicamente se hundiría en el caos; mientras, desde las estructuras intermedias de la sociedad, el espionaje es una herramienta del autoritarismo.

En el fondo no hay ninguna sorpresa en que las nuevas herramientas digitales hayan hipertecnificado el espionaje al grado en que los clientes de NSO Group puedan ver y escuchar a sus ‘objetivos’ de interés; tampoco es realmente una noticia que diferentes gobiernos o poderes (con diversas problemáticas) hayan echado mano de esta herramienta. Sin embargo, no por ser un mecanismo casi natural de autopreservación del poder no debiera inquietarnos. Especialmente porque, es altamente probable que, derivado del espionaje a ciertos personajes junto a la exposición y vulneración de periodistas, opositores o líderes comunitarios, se haya provocado la muerte de alguno de ellos, la intimidación o el silenciamiento de sus voces. Y todavía peor, al existir la evidente sospecha de que el gobierno israelí de Netanyahu ha espiado a líderes mundiales a través de la herramienta de ciberseguridad, se encienden las alarmas de desastre geopolítico.

Ahora, mientras el mundo redescubre la diplomacia para salir del entuerto en el que lo ha sumido el software ‘Pegasus’, no hay que perder de vista la sospechosa parsimonia y tranquilidad con la que los líderes políticos echar a andar a sus fiscalías y ministerios de defensa contra el espionaje que ellos mismos sufrieron. Quién sabe, quizá no tienen intensión de correr por completo las cortinas del misterio.

LEE Quema de templos y efigies: indignación sin respuesta

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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