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Análisis y Opinión

Llueve sobre mojado

Siete24

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“Cristóbal” entró con toda su fuerza como si todavía se necesitaran más problemas en un país en donde nos llueve sobre mojado día a día. Y es que parece como si estuviéramos en varios frentes.

Por un lado, como es habitual, los miembros de la SEDENA apoyando a miles de personas afectadas por las lluvias e inundaciones en el sureste mexicano; en otro frente, las autoridades sanitarias, encabezadas por el subsecretario López Gatell (ya que su jefe nunca aparece en escena), suspendiendo la jornada de Sana Distancia aunque el mapa de la República esté teñido de rojo; y en un frente más, un Presidente que fue el primero en salirse a la calle priorizando la obra del Tren Maya que en estos momentos es un tema poco relevante para el país, descalificando las cifras de su equipo de Salud sobre el número de contagiados y fallecidos y, en vez de mostrar solidaridad con los afectados por “Cristóbal” aprovechando que justamente está en la zona donde pasó la tormenta para cambiar su agenda y hacerles una visita, sigue en campaña, critica a la prensa y le pide a la población que no se preocupe, que no cunda el pánico y que las cifras de fallecidos y contagiados no son reales.

¿A quién hay que hacerle caso si el titular del Ejecutivo desconoce el trabajo de su equipo y por otro lado se va de gira al tiempo en el que gobernadores, la jefa de gobierno de la Ciudad de México y otros más insisten -o insistimos-, en que hay que quedarse en casa? A este paso, ni “Cristóbal” ni cualquier huracán que vaya a entrar a nuestras costas a partir de este mes que arranca la temporada, serán tan fuertes como la realidad sanitaria que toca nuestra puerta.

Con todo esto, pareciera que muchos trabajan para su propio México. Reitero, la SEDENA trabaja en favor de los afectados por la tormenta tropical, los científicos por controlar la epidemia sin conseguirlo y el Ejecutivo por cumplir a toda costa y a pesar de lo que sea con sus proyectos faraónicos aunque tenga que confrontarse con quien no esté alineado con sus objetivos; lo que ha tenido un precio muy alto, ya que, según las encuestadoras, la pérdida de popularidad del presidente López Obrador, equivale a 10 millones de votos.

Pareciera que la Presidencia de la República hace caso omiso de las encuestas que en otrora fueran su bandera de campaña cuando ubicaban al entonces candidato por arriba de setenta puntos de popularidad y ahora lo ubican apenas rondando el 50 por ciento. Perder más de 20 puntos de aprobación popular en poco más de un año de gobierno, créame, es mucho y la culpa no es del Coronavirus.

Y es que si bien, meteorológicamente hablando, “Cristóbal” es la primer tormenta tropical en tocar territorio mexicano, no es así. Tormentas tenemos muchas y que inclusive llegaron antes del Covid-19.

Los problemas económicos ya los teníamos al haber registrado un crecimiento económico nulo en el 2019, un peso devaluado, un sistema de salud que se vio mermado al haberle disminuido su presupuesto y que ahorita mucha falta le hace. Súmele usted los problemas sociales como la delincuencia, que ya venía en aumento, los feminicidios (hay que recordar las marchas), la violencia intrafamiliar, la falta de apoyo a las mujeres al haberles cerrado las guarderías, los niños con cáncer que no tienen medicamentos y, ahora para rematar, más desempleo y menos apoyos económicos para los más necesitados.

¿Y dónde estuvo el Presidente?: inaugurando una obra que a pocos les hace falta, que muchos le han dicho que es inviable y que además, ha puesto en riesgo a sus acompañantes por aquello del contagio. El surrealismo mexicano en su máxima expresión.

Según la Comisión Nacional del Agua, para este 2020 se espera la formación de entre 30 y 37 ciclones tropicales; entre 15 y 18 que entrarán por el Pacífico y de 15 a 19 por el Atlántico. Hasta ahorita desconocemos la potencia de estos huracanes y si alguno de ellos, o todos (ojalá y así sea), se desviarán antes de tocar territorio mexicano. Pero lo que es un hecho es que esta temporada será mucho más fuerte que la del año pasado, y si a esto le sumamos las otras “tormentas” que ya nos vienen azotando desde el 2019, el panorama no se ve sencillo y es un hecho que nos seguirá lloviendo sobre mojado.

José Luis Arévalo
Periodista
@jlanoticias
www.siete24.mx



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Análisis y Opinión

Egoísmo o irresponsabilidad

José Luis Arévalo

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De Frente y Claro

En los últimos días he sido testigo, tanto presencial como a través de los reportajes en televisión, de cómo hay muchísimas personas que se siguen oponiendo al uso del cubrebocas. Y no me refiero solamente al ciudadano común; ya que tenemos a un Presidente que solamente lo utilizó porque en caso contrario no hubiera podido subirse al avión que lo llevaría a Washington, una Jefa de Gobierno que antes de sus mensajes se lo “sobrepone” para quitárselo y hablar sin él a millones de mexicanos, un subsecretario de prevención y promoción a la salud que paulatinamente va perdiendo credibilidad víctima de las contradicciones, la incertidumbre, la politización (queriendo o sin querer) de la pandemia, y una sociedad que poco a poco se ha ido sumiendo más y más en la falta de empleo, la falta de inversiones y la falta de apoyo económico sostenido, no de no una “ayudadita” mensual.

¿Hacia dónde vamos? ¿Usted lo sabe? Porque yo no. Cada día hay más incertidumbre a pesar de los mensajes que salen de Palacio Nacional de que ya está pasando este problema. Tal es así que ya somos el cuarto país del mundo con el mayor número de personas muertas por esta enfermedad, en una guerra en donde el General no ha sabido utilizar las armas con las que tendría que haber ido a luchar; porque las armas e inmejorables soldados los ha tenido, pero hasta para disparar una calibre .22 hay que saber.

Y mientras tanto, a “gobernar” o a buscar no perder más popularidad con temas del pasado: que si la detención del exgobernador de Chihuahua, que si la extradición del exjefe policíaco, que si la “luna de miel” con los Estados Unidos, etc, etc, etc, pero los temas que le atañen al ciudadano de a pie, al que trata de llevar comida a su casa, no se atienden, y cada semana nos dicen que la epidemia sigue y sigue… que del semáforo naranja no pasaremos y si hubiera algo nuevo pues será regresar al rojo.

¿Realmente los mexicanos somos tan irresponsables que no nos sabemos cuidar? Hay países latinoamericanos como Cuba, Argentina, Uruguay, Paraguay y otros más en donde la pandemia ya es un tema de vigilancia, pero la vida es ya normal.. y nosotros seguimos como al principio o quizás peor porque la cifra de muertos, contagiados, personas sin empleo, niveles de pobreza, son muy superiores a las que teníamos en febrero… si, en FEBRERO, hace apenas 160 días cuando escuchábamos de una pandemia en otras partes del mundo y como siempre decíamos “a mi eso no me va a pasar”, y mire usted dónde estamos parados.

Es muy fácil criticar a aquellos que no usan cubrebocas. ¿Serán irresponsables o serán egoístas? Júzguelos usted, pero habría que meterse en sus pensamientos para saber si ya hay resignación, si creció la incredulidad a la enfermedad, si no se quedan en casa porque simplemente ya no hay dinero para quedarse y hay que salir a buscarlo o si simplemente “les vale” que otros se enfermen en caso de estar contagiados. Lo que sí creo es que luego de tres meses y ante la falta de información consistente, muchos consideran que la vida ya podrá regresar a la normalidad teniendo como compañero de vida, de seguir vivo, al Covid-19.

@jlanoticias
@jarevalop

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Análisis y Opinión

AMLO y Trump: Desastre conjurado

Felipe Monroy

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La expectativa de los maliciosos no conoce límites: si caen un par de gotas, anuncian el diluvio, y si un discurso diplomático se mantiene diplomático, lo acusan de pusilánime. Es cierto que la visita de López Obrador a Donald Trump arrastraba toneladas de mutuas acusaciones y agresiones de baja intensidad; sin embargo, poco saben de política quienes esperaban un incendio a la mitad del jardín de las rosas de la Casa Blanca.

Para nadie es desconocido que la política interior y exterior de Trump tiene profundas motivaciones integristas; y que su narrativa ha provocado polarización social principalmente en temas raciales, migratorios y supremacistas. Del otro lado, la narrativa lopezobradorista apela permanentemente a una insalvable tensión entre ‘conservadores y liberales’, al tiempo de descargar las justificaciones de su mandato mediante el señalamiento de sus antagonistas.

Sin embargo, en este punto de la historia, ambas naciones que representan están anudadas más allá de una relación histórica y un complejísimo intercambio comercial del cual ambas partes buscan sacar provecho; ahora también los une un escenario de inmensa incertidumbre debido al coronavirus y sus efectos, y a la pérdida de su influencia en la geopolítica contemporánea.

Ambos mandatarios tienen deudas por atender con sus respectivas ciudadanías sobre sus discursos y la radicalidad de sus opiniones porque ambos han emprendido ambiciosas cruzadas con el ideal de su propia nación en mente. De hecho, es justo lo que Trump afirmó en su discurso: “Ambos honramos la dignidad de nuestras grandes naciones… cada uno de nosotros fue elegido en el compromiso de luchar contra la corrupción, devolver el poder a la gente y en el interés de poner a nuestras naciones en primer lugar. Yo hago eso y usted hace eso, señor presidente”.

López Obrador, por su parte, no dejó de mencionar la importancia de los trabajadores en las economías de ambas naciones, los objetivos centrales del nuevo tratado, las diferencias históricas y la manera formal de evitar mayores conflictos. No omitió tampoco señalar las críticas que se le hicieron por el viaje y las diferencias ideológicas que sostiene con el propio mandatario norteamericano. Trump también habló sobre sus compatriotas que ‘apostaron en contra’ del encuentro. Hubo diplomacia de elogios, como era de esperarse; y, sin embargo, si se leen con cuidado y sin prejuicio, en ambos discursos también se encuentran apreciaciones concretas sobre lo que desean ambos mandatarios como mínimos comunes para una buena relación de las naciones: dignidad, orgullo, soberanía, valores familiares y tradiciones.

En este justo instante hay millares de periodistas y opinólogos en México y Estados Unidos que diseccionan con fruición las breves horas de visita del mandatario mexicano a Washington y la Casa Blanca. Desde las palabras hasta las corbatas, nada escapará al juicio de la comentocracia. Sabemos que ambos líderes gozan de abundante mala prensa, no hay día en que no sean juzgados como imprudentes, pendencieros, obsesivos, manipuladores, mentirosos, inexpertos, antidemocráticos o polarizantes, y quizá lo merezcan. Pero también cuentan los dos con extensos grupos de simpatizantes que querrán encontrar los positivos en una reunión que no habían imaginado ni esperado celebrar.

Al final, cada sector asumirá su propia certeza que satisfaga sus obsesiones respecto al singular encuentro; sólo quizá sea bueno recordarles las palabras del escritor argentino Alejandro Dolina: “Para quienes dicen que todos los políticos son lo mismo; les contesto que, para un analfabeto, todos los libros son iguales”.

*Director de VCNoticias.com
@monroyfelipe

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