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Análisis y Opinión

¿Pasaremos al naranja?

José Luis Arévalo

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Terminó la campaña de “Su Sana Distancia” y estamos como al principio, bueno, peor que en marzo ya que ahora tenemos decenas de miles de contagiados, cerca de 10 mil muertos y una crisis económica y laboral sin precedentes en la era moderna de nuestro país.

Y lo que mucha gente se pregunta es entonces ¿porqué poner fin a una fase si las cosas no han mejorado? Según algunos expertos, en una epidemia solamente se puede pasar a una nueva fase cuando disminuye el número de enfermos hospitalizados y el número de fallecimientos de manera clara en por lo menos 15 días. Lo que en México no ha sucedido; es más, en tan sólo 7 días superamos los 2 mil muertos. Entonces, ¿porqué la urgencia?, quizás aquí haya algunas respuestas:

El presidente Andrés Manuel López Obrador sólo esperó -o presionó-, el “banderazo de salida” y se fue de gira hacia el sureste de la República. Primero a Quintana Roo, donde hay una notoria mejoría en el tema, pero luego irá a Tabasco y Campeche donde la situación es cada vez peor.

¿Qué le urgía al presidente? Demostrar una vez más que sus amuletos le acompañan, que necesita recuperar lo antes posible los puntos de popularidad que ha perdido en mayo o demostrar que sus proyectos requieren de su presencia para dar certeza. En ninguno de los casos se justifica ir en contra de lo que indican sus expertos como tampoco da un buen ejemplo a un país que ahora más que nunca necesita de un líder que componga el andar de una nación que registrará 12 millones de pobres más a causa del Covid-19, cerca de 2 millones de desempleados y una crisis sanitaria que sabrá Dios si los hospitales lograrán aguantar la presión.

Al tiempo de esto está la parte social. ¿Qué tanto los mexicanos sabremos respetar las medidas sanitarias si la necesidad económica les rebasa? Simplemente, todavía no daban el “banderazo de salida” y las calles de muchas ciudades, como Toluca y la CDMX, se encontraban ya con mayor movimiento, disminuido gracias al programa Hoy No Circula, pero es notoria la reactivación de la ciudadanía.

Es cierto, y aquí lo escribimos anteriormente, que este país no aguantaría una cuarentena mayor a este periodo y aquí está la muestra. El confinamiento no solamente ha traído una difícil crisis económica y laboral que tardará mucho, pero mucho tiempo en mejorar, sino también de tipo social. La violencia intrafamiliar, las crisis nerviosas y la depresión, las fracturas en el seno de varias familias mexicanas se han acentuado aunque desde Palacio Nacional se empeñen en decir que esto es falso. Así que, tratando de verle algún lado positivo, esta reactivación, por pequeña que vaya a ser en estos primeros días, podría ayudar a sanar estas heridas.

Sin embargo, el riesgo de contagio está ahí. Salimos de la pandemia o más bien salimos hacia la pandemia. Eso lo iremos viendo con el paso de los próximos días. La responsabilidad ya está en cada uno de nosotros, en cuidarnos, en usar el cubrebocas, lavarnos las manos y por supuesto utilizar el famoso gel antibacterial. El gobierno ya no pudo con nosotros y menos cuando su titular no ha puesto el ejemplo, sumándose a miles que ya tienen la urgente necesidad de salir y de generar dinero para sus hogares.

La respuesta sin duda la tendremos en 15 días, tiempo que necesita el virus para incubarse y que será cuando en teoría terminará el color rojo del semáforo para gran parte de nuestro país. ¿Pasaremos al naranja?

José Luis Arévalo
Periodista
@jarevalop
@jlanoticias

Análisis y Opinión

Noi volgliam Dio

Felipe Monroy

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El primer hecho: Los primeros sorprendidos de las manifestaciones religiosas en la movilización política del Frente Nacional Anti-AMLO han sido los pastores de esa grey católica. Los activistas político-religiosos que han llevado la oración y las imágenes devocionales a la acampada que exige la renuncia del presidente López Obrador actúan por cuenta propia, quizá apenas animados por oscuros ministros que también obran al margen de las recomendaciones de sus superiores.

Un segundo hecho: Las motivaciones religiosas de los manifestantes no son homogéneas. Si algo aprendimos de la guerra cristera del siglo XX es que los fieles católicos politizados guardan una pluralidad compleja entre ellos. Así, por ejemplo, para algunos será obra del espíritu que una mañana el presidente decida libremente renunciar; para otros, las plegarias apuntan a que el Señor recoja en sus brazos al mandatario como recompensa por sus fatigas en la tierra; y también están los que rezan por lo bajo el himno de la otrora Unión Popular: “No le temas a ese gobierno / que los templos nos viene a quemar / que la mano de Dios poderosa / con su espada lo viene a aplacar”.

Estos últimos son los que realmente inquietan. Porque su lucha exige ciertos indispensables en los que están plenamente convencidos: que el gobierno regente es obra directa del maligno; que sus acciones desde el poder atentan contra la santidad del pueblo de Dios y de la instauración de su Reino en la tierra; y, finalmente, ellos mismos se reconocen como un ‘ejército de Cristo combatiendo a los enemigos, soportando con valor las amarguras y penas de la campaña’. La dimensión política y la religiosa están tan perversamente entreveradas que no hay resolución posible, sólo hay conflicto, pugna celestial, antagonismo bíblico.

Para este grupo no hay diálogo ni orientación pastoral posible porque ya hay una certeza tan radical que incluso sus propios obispos y pastores que piden prudencia y mesura son repudiados por su ‘tibieza’ o por su ‘traición a su misión divina’. Estos fieles no esperan aprender nada, ni descubrir nada; de sus obispos sólo buscan su ‘fiat’, su “hágase, con mi bendición”. Las circunstancias son absolutamente distintas a las vividas en 1926 bajo la cruel persecución religiosa del gobierno callista, pero estos creyentes exclaman como aquellos católicos: “Esperando ansiosos oír la voz de combate de nuestros Pastores y la aprobación de lo que les ofrecemos, pedimos su bendición”.

A diferencia del pasado, más que una convicción religiosa politizada hoy estamos frente a una politización mística. No es una fe que inspira a vivir y cambiar los contextos adversos; es una opción política cuyo seguimiento otorga la recompensa divina. En estos grupos primero se reconoce su identidad política (anti-lopezobradorista, anti-izquierda, anti-comunista, ultraderecha conservadora, etcétera) y después se ajusta su dimensión moral-religiosa. Para decirlo con claridad: en la acampada de FRENAAA hay hombres y mujeres de cierta identidad política que comparten algunas prácticas católicas y no católicos que comparten perspectiva y prácticas políticas; en esto, estos creyentes tienen más cercanía con las diez tesis del Patriarca Pérez que con la fe de los cristeros.

Por ello, no hay liderazgo moral que los guíe, ni referencias terrenales que les atemperen sus pasiones sólo personalidades extremadamente politizadas que usurpan sólo algunos recursos del magisterio religioso para justificar sus obsesiones. Por ejemplo, acusan al gobierno lopezobradorista de comunismo y lo repudian tal como lo solicitó la Iglesia en el siglo XX; pero voluntariamente olvidan la severa crítica “a las carencias humanas producidas por el capitalismo” o “el riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista… que rechaza incluso tomar en consideración a las ingentes muchedumbres que viven aún en condiciones de gran miseria material y moral” como apuntó el papa san Juan Pablo II en Centesimus annus y con el que, al menos en el discurso, coincide el presidente.

Estos católicos tampoco hacen eco de lo que sus obispos les enseñan. La Conferencia del Episcopado Mexicano les conminó en junio pasado: “Exhortamos a eliminar todo discurso que promueva el odio, la división, la exclusión y que ahonde en la separación, fragmentación y rencor social. Frente a los grandes retos que enfrenta el país, solo en unidad, solidaridad, comunión, paz y amor podremos salir adelante. Como Iglesia profesamos un profundo respeto por las opciones sociales y políticas que los mexicanos libremente eligen”. Esto es: el catolicismo es la identidad que nutre la opción política; no al revés.

Un tercer hecho: la libertad religiosa es un derecho humano lleno de complejidades. Por una parte, cada persona tiene el derecho a elegir libremente las dimensiones de su fe y convicción ultraterrena, a asociarse con otras personas cuyas ideas morales y trascendentes son semejantes, tiene además derecho a educarse y compartir con sus seres queridos dichas convicciones. Y los límites de estas garantías sólo son el resto de los derechos humanos fundamentales. Es decir, las convicciones religiosas de quienes repudian la administración de López Obrador no deberían utilizarse ni a favor ni en contra en el debate político planteado, no deberían ser reprimidas ni condicionadas institucionalmente. Es una libertad que debe seguir siendo garantizada.

Sin embargo, la otra cara de la libertad religiosa ocurre en la natural experiencia de la pluralidad. La libertad religiosa pone en el ágora de la tolerancia la posibilidad de juzgar los acentos, matices, fuentes y prácticas de todas las expresiones religiosas; especialmente cuando estas expresiones son utilizadas por intereses políticos. Y en ese debate, los católicos también saben cuál es su identidad; lo dice el papa Francisco: “Devolviendo mal por mal, pasando de víctimas a verdugos, no se vive bien. En cambio, el que vive según el Espíritu lleva paz donde hay discordia, concordia donde hay conflicto… Los hombres espirituales devuelven bien por mal, responden a la arrogancia con mansedumbre, a la malicia con bondad, al ruido con el silencio, a las murmuraciones con la oración, al derrotismo con la sonrisa”. Ser morigerado, se solía decir.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Papá… te presento a mi novio(a)

Javier Chávez de Icaza

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Aunque debería ser igual de relevante o angustiante que sea nuestro hijo o nuestra hija la que nos diga estas palabras, la realidad es que no es así, siempre genera más angustia en la boca de una hija y la explicación es relativamente sencilla, basada principalmente en dos causas. La primera es la formación del padre, todavía somos la generación donde la diferencia entre los géneros no solo era relevante sino fomentable y segundo es el deseo natural de los papás por proteger a su(s) hija(s), pero la realidad es que hoy en día los noviazgos son más complejos para hombres y mujeres por igual.

En este escrito me quiero referir a los noviazgos de los hijos durante su adolescencia y posteriores, porque si bien, muchos niños(as) tienen novias(os) en la infancia, en esa instancia no son tan complicados como cuando ya son más grandes.

Cuando nosotros como padres, decidimos mejorar la relación con nuestros hijos, es decir estar más involucrados en su vida diaria y no fungir las “funciones básicas” de padres de antaño que se limitaban a ser proveedor del hogar y autoridad en la toma de decisiones, no sabíamos lo que nos íbamos a encontrar cuando nuestros hijos(as) iniciaran sus relaciones de pareja. Las mamás desde siempre tenían la exclusiva de esas interacciones con los hijos y yo creo que lo hacían de manera hasta natural, pero ahora que nosotros también estamos involucrados en el día a día, pues no toca atender estos temas también y honestamente creo que con poca preparación.

Sin embargo, ya estamos en esto y hay que entenderlo y racionalizarlo, porque gran parte del éxito que podamos tener para convertirnos en parte importante del resto de la vida de nuestros hijos(as) es la habilidad y paciencia que tengamos durante sus noviazgos.

Analicemos entonces cuando un hijo(a) empieza con primera relación “formal” porque esta relación empieza a impactar en la “vida familiar” porque de repente ya hay uno(a) más en la familia e incluso a veces hay que esperar la respuesta del novio(a) para poder definir los planes.

Por supuesto, que podríamos acudir a nuestro don de autoridad y decidir sin consultar, pero la verdad es que debemos permitir que nuestros(as) hijos(as) participen en las decisiones y entiendan, desde esa etapa de la vida, que la vida es negociación y marketing en todo lo que hacemos.

Así que más que decidir porque podemos hacerlo, por ser los padres, hay que mostrarles los escenarios, las complicaciones en retrasar la decisiones, las ventajas de aprender a tomar decisiones, aunque no podamos consultar con todos los involucrados, porque si logramos esto, en algo tan básico como la comida del domingo, estaremos preparando a nuestros hijos en situaciones mucho más complejas que seguramente se les presentarán a lo largo de su vida.

Yo creo que cada padre pensará que sus hijos(as) son los que tienen relaciones más complicadas, pero la realidad es que las vemos así porque son las que nos afectan a nosotros, no porque sean más difíciles o complejas que las de los demás jóvenes. Ya en un escrito pasado que titulé SER Y DEJAR SER hablaba que nuestra función como padres, ya no es la de tomar todas las decisiones, por ser el adulto, sino la de ser el guía en el camino de nuestros(as) hijos(as) hacia su propia vida.

Ahora bien, como decía un poco más arriba, a los padres normalmente se nos complica más cuando la novia es nuestra hija, por varias razones pero yo creo que la principal es porque como hombres con la formación de que las mujeres son el “sexo débil” sin importar que ahora ya hayamos comprendido o estemos en proceso de comprender la equidad entre ambos géneros, tendemos a querer cuidar más de las hijas basándonos en ideas, que nos inculcaron, que si bien lo hacemos con la “mejor intención” no por eso dejan de ser acciones “micromachistas” que no ayuda a la fomentar la equidad de género.

Yo he platicado con muchos padres de mi generación y ellos son conscientes que hoy en día se debe fomentar la equidad de género y se precian de que son capaces de entender porque ellos son muy caballerosos, pero el ser caballeroso hoy no es tan relevante para algunas mujeres e incluso se entiendo más como acciones de control que de respeto, por lo tanto, tenemos que romper con actitudes que nos parecían valiosas pero que hoy no son tan aceptadas y es ahí cuando como padres, nos cuesta más adaptarnos a realidad de nuestros hijos(as).

Estoy seguro que no todos a los padres les pasa, pero sí creo que es muy probable que sea mayoría los que no son tan buenos o claros para expresar sus emociones y cuando te encuentras en la etapa en que tus hijos son más emotivos, por el hecho del desarrollo hormonal natural, pues la situación se nos pone más complicada. Porque lo que la mayoría hacemos es analizar la situación desde nuestra perspectiva propia, con los años de experiencia que tenemos y no somos capaces de ponernos, pero hacerlo realmente, en los zapatos de nuestro(a) hijo(a). Entonces, respuestas como “mándalo(a) a volar”, “Si hace eso es que no te valora, así que no vale la pena” “Ya vendrán otros(as) y te olvidarás” En fin, las típicas respuestas que damos, porque nosotros después de todo lo vivido, eso haríamos, pero seguramente a la edad de nuestro hijo(a) no pensábamos igual.

En mi caso, mis hijos ya ha tenido relaciones de este tipo y la verdad es que si hay que pensar mucho antes de responder, porque como padres siempre tenderemos a defender a nuestros(as) hijos(as) incluso cuando no tengan la razón y si contestamos rápido y sin pensar siempre iremos en ese sentido y si bien, eso puede crear cierta cercanía con ellos, también estamos dejando pasar la oportunidad de tener un enfoque real de las cosas y eso, como mínimo, no les ayudará en su toma de decisiones en el futuro. Entonces, debemos usar un tono amigable y conciliador, pero debemos decir la verdad, incluso si la verdad, como dice el dicho, no peca pero incomoda.

Porque además, como padres de adolescente o adultos jóvenes, tenemos que entender las nuevas fases de las relaciones actuales. Cuando yo era de esa edad, había amigas y novias y con eso resumías todo, pero hoy en día, hay muchas fases en las relaciones que tienes características diferentes, están las amigos(as) y las amigos(as) con “los (las) que sales” en estos grupos no se exige exclusividad, luego están los “galanes(as)” que ya tienen cierta exclusividad y finalmente los novios(as) y casi todos los jóvenes en la actualidad, pasan por todas las fases para llegar a ser novios(as). Por eso es tan complicado aconsejar, porque hay que entender en la fase en que se está para poder aconsejar.

La verdad, a mí se me hace mucho mejor este proceso que el que seguíamos antes que brincabas de amigo(a) a novio(a) sin nada de por medio y realmente empezabas a conocer a tu pareja hasta que ya andaban. Pero ahora, cuando ya se obtiene la categoría de “novio(a)” es porque ya han llevado un proceso, normalmente mayor a un par de meses, de conocimiento entre ambos y por eso, ahora los hijos(as) involucran más a sus novias(os) en las actividades familiares como comentaba un renglones arriba.

Y a los padres, como que la angustia nos da, por el simple hecho de ser padres, que si nuestro hijo(a) tiene o ha tenido muchas(os) novias(os), que si no ha tenido ninguno(a) o muy pocos, pero no sabemos estar tranquilos.

Por ejemplo en mi caso, mi hija hasta los 19 años, solo había tenido un novio y había durado 3 meses con él, a mí me sorprendía un poco, porque como su papá, estaba seguro que le sobrarían “pretendientes” y lo pongo entre comillas, porque eso revela mi edad, esta palabra no creo que sea muy usada en la juventud actual. Después tuvo un novio por 4 años y el actual. Por el otro lado, mi hijo si tuvo una novia de “larga duración” como 1 año y 6 meses desde los 15 años y luego tuvo una relación de más de un año con una novia en Tijuana, siendo que nosotros vivimos en la CDMX.

El hecho de estar cercano a mis hijos y de tener con cada uno vínculos individuales, pues he tenido la oportunidad de conocerlos a todos y de ser partícipe (a nivel consejos) de sus relaciones y mentiría si dijera que he estado de acuerdo con todas, pero sí creo que fui lo suficientemente respetuoso, para que fueran ellos (o sus parejas) los que decidieran si seguir o no y muchas veces, me rondaron por la cabeza consejos que para mí eran obvios pero que usurpaban su autonomía y me contuve, creo que esas es una de las razones porque hasta hoy, la relación de mi hijos conmigo, es tan cercana e importante para todos.

Por lo tanto y a manera de conclusión, las recomendaciones serían, primero no angustiarse de más (Es fácil decirlo, no tan fácil hacerlo), segundo: entender las fases de las relaciones en la actualidad, tercero: aconsejar tratando de ponernos realmente en su lugar y por último, dejar que sea ellos los que decidan la duración de su relación sin imposiciones ni prohibiciones.

Después de una semana de descanso y un día de retraso involuntario, ya está listo el nuevo artículo en mi blog ¡Padre de Verdad! titulado: PAPÁ…TE PRESENTO A MI NOVIO(A). Espero lo disfruten!
https://www.padredeverdad.com/post/papa-te-presento-a-mi-novio-a

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