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Análisis y Opinión

Resistencia: La infatigable opción humana

Felipe Monroy

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En estos días, el proyecto de un magistrado de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha revivido un largo y fecundo debate sobre el papel de los márgenes legales en la moralización de la sociedad mexicana respecto al derecho a vivir de un no nacido, la lucha por la plena dignidad de las mujeres y los mecanismos para proteger ambas existencias, ambos derechos y ambas dignidades.

A diferencia del pasado, cuando el debate parecía reducirse a las tensiones por la definición del inicio de la vida humana, en este renovado frente de discusión parece más relevante la pregunta sobre las facultades que tienen los intérpretes de la ley para definir qué derechos debería la sociedad considerar más importantes que otros.

Aquí ya no es relevante si la ley ve o no una realidad, sino si las decisiones de los jueces moralizan a la sociedad y con qué objeto. Las leyes no sólo buscan regular el comportamiento de la sociedad inmediata presente, en sus líneas se revelan los anhelos de la construcción ética y moral de la sociedad futura.

Hay quienes sólo ponderan a las leyes como custodios inamovibles de lo socialmente permitido; para éstos, la mera existencia de la ley ‘no matarás’ refleja sólo el espíritu asesino de la humanidad y el mecanismo de castigo para quienes aniquilen a un prójimo; sin embargo, el ‘espíritu’ de las leyes (como se estila llamarle) pone su mirada en el futuro en el que la palabra, la necesidad y el aprendizaje de las leyes insertas en la sociedad forjen cultura hasta hacer de la ley un principio y una reliquia invaluable de la historia y de la cultura a la cual recurrir más como inspiración de la identidad comunitaria que como catálogo de castigos.

‘La ley corrige las costumbres’ reza el adagio romano; pero en realidad es mucho más complejo: la ley corrige y crea costumbres, edifica principios de identidad comunitaria, es parte de la cultura de la que provenimos, de la que pertenecemos y de las culturas futuras a la que inspiraremos.

Por ello es tan relevante lo que sucede en estos días, porque en el oficio de los magistrados de la SCJN cae la pesada responsabilidad de aportar una lectura que no sólo sancione letras y leyes, sino que opte por una cultura por la que desea abonar, una cultura de la que es imposible que tomen distancia.

Es allí donde tiene sentido la resistencia como la actitud humana lógica frente a los cambios a la cultura que son dictados o sentenciados desde la presunta distancia aséptica que da la interpretación de las leyes. Si se persigue, discrimina o se da la espalda a una sociedad portadora de una cultura (en este caso, la cultura para la cual desde el primer momento del embarazo se considera digna la vida de un ser humano en gestación) es esperable que esa sociedad descubra o redescubra los principios, valores o tradiciones que la hace ser sí misma. Es esperable la resistencia de la cultura ante la aparentemente incólume decisión de un juez respecto a sus leyes; máxime, cuando esa ley, conceptualmente, no tiene puesta la mirada al futuro.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

El contexto vulnerable

Felipe Monroy

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El paso de la tormenta tropical Hanna en la frontera entre los Estados Unidos y México nos dejó una de las fake news más aleccionadoras para nuestras ficciones de seguridad: agua y viento erosionando los cimientos del orgulloso muro divisorio hasta derribarlo por completo. La circunstancial pero estrepitosa caída del muro de Trump puede ser leída de muchas maneras, pero sólo una es justa: somos precarios en un terreno cambiante.

La pandemia del COVID nos recordó la vulnerabilidad de la naturaleza humana, la interinidad de nuestra existencia y de nuestro equilibrio; pero, también nos muestra el rostro dolorosamente efímero de nuestra cultura, de nuestra civilización y de nuestro suelo común. Todo cambia, aunque no siempre nos guste a dónde lo haga.

Desde sus primeras campañas políticas, el turco Recep Tayyip Erdogan prometió devolver al pueblo musulmán la mezquita de Santa Sofía convertida en museo desde 1934. Para los devotos del islam, la recuperación de su recinto sagrado el pasado 10 de julio ha sido todo un júbilo. El templo fue mezquita desde 1453 aunque antes de esa época fue la imponderable Basílica bizantina cristiana erigida por el emperador Justiniano en el siglo VI, contiene no sólo arte cristiano (como el icónico Cristo pantócrator y el imperdible mosaico de la Virgen María y el Niño Jesús del siglo IX) también sus muros han visto algunos de los episodios más definitorios en la configuración de los patriarcados cristianos actuales. Es, por tanto, uno de los recintos -a veces bajo rito oriental, a veces bajo rito latino- más importantes de la historia de la religión cristiana.

Y, al mismo tiempo, Santa Sofía también es invaluable para la identidad islámica. Gran parte del esplendor que hoy luce en sus espacios ha sido obra que los sultanes patrocinaron desde el renacimiento hasta el siglo XIX; aunque aquí es justo mencionar que los sultanes tuvieron que restaurar el esplendor del templo porque la conquista islámica de sus antecesores casi arrasó con toda la belleza del recinto. Ahora, durante los rezos mandatorios del islam, los íconos cristianos supervivientes de un milenio de cambios son cubiertos con telas o con luces para que los musulmanes vivan su fe sin tener encima de ellos la mirada de Cristo o de la Virgen María.

El mundo cristiano occidental ha lamentado profundamente la vuelta de Santa Sofía a mezquita; el mundo islámico, sin embargo, lo ha celebrado. Y, aunque se trata de percutores diferentes, sucede igual con el muro de Trump en la frontera con México: para el mandatario estadounidense y sus simpatizantes la súbita caída de la estructura es una tragedia; sin embargo, para quienes siempre han opinado diferente al magnate, hay una peculiar satisfacción por una realidad que hasta la naturaleza parece reclamar.

Cada época -con mayor o menor velocidad o profundidad- plantea cambios complejos a nuestras identidades y nuestras certezas. Por supuesto, esta época marcada por una pandemia tan compleja para la humanidad no dejará de plasmar su huella en la larga ruta hacia el futuro. En el más famoso de sus poemas, el escritor inglés Percy Shelley describe a un viajero que se encuentra con los restos de una civilización que sucumbió en algún punto de la historia; la belleza de las ruinas representa el sentido trágico y verdadero de lo efímero, la orgullosa inscripción que se creyó eterna cuando fue labrada apenas sobrevive como advertencia al viajero de qué él también pasará.

Y, sin embargo, hay algunas realidades que no deberían convertirse en ruinas, que no deberían derrumbarse ante las inclemencias del ambiente o que no deberían ocultarse bajo el velo de los cambios históricos o culturales. Esto suele definirse como un principio de humanidad, la esencia fundamental del ser humano, la unidad ontológica de nuestra especie en esta larga marcha hacia el futuro.

Sí, somos precarios y nuestro contexto es vulnerable, pero hay una potencialidad que nos ha acompañado y a la que no sería bueno darle la espalda: la conciencia de saber quiénes somos como especie, la dignidad de la vida que como humanos dentro de civilizaciones cambiantes no perdemos; es lo único que ha salvado a la libre individualidad en los regímenes autocráticos y lo que ha resguardado la identidad comunitaria en el relativismo egoísta. Es a lo único que no deberíamos darle la espalda.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Evolucionar de la ‘familia tradicional’ a la ‘familia contemporánea’

Javier Chávez de Icaza

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La familia tradicional, es la familia compuesta por un padre, una madre e hijos (más de uno). En este tipo de familia, los roles o funciones de cada integrante, están claramente definidos: El padre es el proveedor principal y la figura de autoridad, la madre es la coordinadora de familia y responsable de administrar las relaciones entre los diferentes miembros de la familia y los hijos, tienen como función principal, el ir a la escuela desde primaria hasta universidad, para poder cursar una carrera “decente” (como diría German Dehesa) y respetar las reglas de la casa.

En este tipo de familia, los responsables absolutos de que los hijos se conviertan en “buenas y productivas personas” son el padre, desde su figura de autoridad y tomador de decisiones y la madres desde su figura de coordinadora de relaciones intrafamiliares. Pero básicamente dejamos sin responsabilidad a los hijos, porque a ellos no los dejamos ni tomar ni involucrarse en las decisiones familiares. Los papas deciden qué se hace los fines de semana, donde vacacionar y algunas veces hasta lo que van a estudiar los hijos.

En la actualidad, ya hay muchas mujeres que trabajan de tiempo completo fuera del hogar y que contribuyen al sustento económico de las familias y lo hacen sin menoscabar su habilidad para generar relaciones individuales con cada hijo, sin embargo los padres, seguimos sin ser capaces de aportar nuestro apoyo en la coordinación de la relaciones intrafamiliares y en muchos casos nos limitamos a la función de autoridad, por eso cuando la pareja se disuelva, la relación del padre con los hijos queda muy limitada, casi sin importar el acuerdo de custodia que se tenga.

Ahora bien, en las familias “contemporáneas” las funciones de los integrantes de la familia, no son ni tan rígidas ni tan definidas. Muchas veces porque no se tienen los mismos integrantes en la familia y otras porque se han adaptado a los tiempos actuales.

Estas familias “contemporáneas” tienen que ir ajustando los roles de cada integrante y son mucho más abiertas a modificar o combinar las funciones básicas y específicas de cada uno. En estas familias si están los dos padres presentes, ambos trabajan y contribuyen al ingreso familiar y de la misma manera ambos son responsables de la coordinación de las relaciones intrafamiliares y se le explica o involucra a los hijos en tomas de decisión, obviamente esto último en la medida del desarrollo de cada hijo. También forman parte de las familias contemporáneas, aquellas que resultan después de la disolución de la pareja y dejan a la familia con padre y madre separados e hijos conviviendo por separado con cada uno de ellos.

Ya he comentado en escritos anteriores que mi familia es una familia “contemporánea” y por lo tanto, hemos tenido que responder interrogantes de los demás, en torno a cosas que tradicionalmente serían resultas en el seno familiar y algo curioso es que muchas de estas preguntas son hechas por integrantes de familias contemporáneas pero con características diferentes a la nuestra.

Por ejemplo, hijos de padres divorciados les preguntaban a mis hijos porque en su caso ellos se había quedado conmigo y no con su mamá y mis hijos han tenido que responder estas preguntas. Afortunadamente, como el proceso de separación de sus padres, nosotros los mantuvimos informados e involucrados, para ellos no fue tan difícil, pero en otros casos, estas preguntas generan muchas dudas en los hijos.

Pero lo cierto es que las familias “contenporaneas” sufren el análisis y escrutinio de la sociedad en general, sin entender que justamente muchas de las actitudes “machistas” y que ahora son un foco de atención importante en el acontecer no solo nacional sino mundial, se generan desde el seno de una familia tradicional.

Pero con esto, no quiero decir que todas las familias tradicionales sean malas, como ya lo he dicho muchas veces, al ser integradas por individuos, cada familia es diferente y salvo las normas o leyes, no podemos generar reglas que apliquen a todas las familias.

Pero lo que sí quiero resaltar es que las familias en las que los roles no son tan definidos, sin importar como esté integrada, es una familia “contemporánea” y son estas familias las que podrán sentar las bases para que nuestros hijos aprendan, practiquen y fomenten la equidad de género.

Pero equidad de género, para mí, no es lo mismo que igualdad de género. Equidad es entender y respetar las diferencias entre sexos sin menoscabo de ninguno, mientras que igualdad sería supones que hombres y mujeres son iguales y esto dista mucho de ser cierto.

Retomemos el título del escrito, ¿Cómo evolucionamos de ser una familia tradicional a ser una familia contemporánea? La respuesta es, en teoría, muy sencilla, cuando ambos padres (papá y mamá) están presentes, deben compartir las funciones que realizan, es decir, la participación en las actividades de los hijos y esto permitirá que de acuerdo al interés de la familia, que ambos padre puedan o no participar en el soporte económico.

Con este rol compartido de los padres, se logran dos cosas principalmente, lo primero que lo hijos vean y vivan la equidad de género desde su infancia, con lo cual, será natural para ellos el entenderlo y practicarlo en su vida adulta de manera y natural y segundo, que tanto el papá como la mamá sean capaces de desarrollar vínculos individuales con cada uno de sus hijos. Esto último es fundamental, sobre todo cuando la pareja se disuelve.

De esta manera, sin importar el acuerdo de custodia que se realice, los hijos y los padres, podrán disfrutar del tiempo que pasen juntos y no solo hacerlo por el acuerdo legal o alguna necesidad particular.

Cuando se logra lo mencionado en el punto anterior, al momento de la separación de los padres no se destruye la familia, más bien se agranda, porque con el trascurso del tiempo, la madre y el padre, es probable que tengan una nueva pareja y la familia será capaz de convivir con estos nuevos integrantes, sin que esto afecte los vínculos individuales de cada padre con cada hijo.

Hoy en día, los hijos demandan más atención de ambos padres, ya no es suficiente que uno de los padres este pendiente, se requiere de los dos y si están separados los padres, con más razón es necesaria esta participación, porque los hijos tendrán que ser capaces, si no responder a todas las preguntas que les hagan sobre su familia, si tener la confianza y autoestima suficiente para hacer frente a estos cuestionamientos.

En el artículo de esta semana, platicaré sobre las familias y como cada vez es más común encontrar lo que yo he llamado Familia Contemporánea. Espero que lo disfruten y recuerden, todos sus comentarios son bien recibidos y serán respondidos sin falta.

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