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Análisis y Opinión

Un asunto de congruencia

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Mientras gran parte de la conversación pública en estos días se enfoca en acusar o defender al presidente de México sobre cierta indebida acumulación de poder con la que el Ejecutivo Federal presuntamente ha ‘engullido’ o pretendido dominar al Poder Legislativo para llevar a cabo las reformas constitucionales que consoliden la Cuarta Transformación; en silencio y lejos de los reflectores, es el Poder Judicial el que podría estar verdaderamente imponiéndose sobre los principios democráticos y del pacto federal.

Por lo menos es lo que han advertido diversos expertos en materia judicial pues ven un riesgo potencial en próximas resoluciones que estarán por atender los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación la semana entrante y cuyos proyectos anticipan un ‘activismo judicial’ con el cual reclamarían para sí mismos el derecho a legislar en las entidades de la República.

Juan Luis Montero, abogado penalista, ha explicado que los ministros comenzarán un análisis de acciones de inconstitucionalidad en estados sobre temas relacionados con el derecho a la vida y la objeción de conciencia. Las entidades han resuelto de manera legal y democrática (esto es bajo las normas legislativas con los representantes de la ciudadanía y apegados al marco constitucional de la federación) la primacía del derecho a la vida y el derecho humano a la objeción de conciencia. Derechos que no sólo están garantizados por la Constitución sino que también encuentran amparo en la serie de pactos internacionales vinculados a nuestro marco jurídico.

Sin embargo, los especialistas advierten que una resolución en la Corte que ofrezca cauce a las acciones de inconstitucionalidad vulneraría la integridad de varias instituciones públicas.

Sometería, por ejemplo, a los congresos estatales negándoles el derecho de legislar en libertad siempre y cuando no se rompa el pacto ni el marco federal vigente; y lastimaría profundamente a la propia Corte al despojarla de congruencia e imparcialidad pues, en ocasiones muy recientes, los ministros han destacado con otras resoluciones el derecho del que gozan las entidades a legislar de manera autónoma.

Sin decirlo, los expertos cuestionan a los ministros los criterios que esgrimen para ‘intervenir’ contra ciertas legislaciones democráticas y legales; mientras se ‘solapa’ a otras legislaciones democráticas y legales. Esto, más que incongruencia y contradicción de los propios fallos de la Corte, podrían ser gestos de ‘activismo judicial’, de interpretaciones ideologizadas de la ley y de agresión a las fronteras de los poderes de la federación. La petición de los especialistas es, por tanto, simple: Que los ministros resuelvan en congruencia, con apego a la ley y en pleno respeto a la democracia y el pacto federal.

Desde la época de la Ilustración, los grandes pensadores de la democracia, el poder y la ley intuyeron que era absolutamente imprescindible fraccionar al poder político. No solo para limitarlo y evitar sus abusos; sino para que, de manera colaborativa, se pudiera gobernar con principios del bien común además de administrar los bienes y las normas con justicia.

Aquella intuición se concretó en la división de poderes del Estado con funciones y responsabilidades distintas: unos elaboran las leyes, otros las aplican y los terceros resuelven los conflictos derivados de su aplicación. Pero, cada vez que se vulneran dichas fronteras y no son asuntos de concurrencia de poderes, la propia configuración el Estado, la ley y la libertad representativa de los ciudadanos se encuentran en riesgo.

Así que la advertencia de los expertos no es menor. No sólo porque se violarían un par de líneas legales en códigos, normas o constituciones sino porque se asentaría el peligroso precedente de que la ley en México puede ser atada a inconfesables caprichos ideológicos.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

Vivir sin respuestas

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La terrible masacre de infantes y educadoras en Uvalde, Texas, vuelve a mirar a la sociedad norteamericana (y a nosotros mismos con nuestros demonios) con graves interrogantes que trascienden los debates sobre el control de armas o la presencia del ‘mal’ en los pueblos y sus hogares.

La epidemia de balaceras en colegios de EU se ha tornado, trágicamente, en parte dolorosa de la cultura de aquel país; y esto último lo digo sin ningún tipo de superioridad moral pues la narcocultura mexicana quizá extienda sus tentáculos en aún más aspectos de la vida cotidiana del mexicano promedio.

La reciente masacre en la escuela primaria Robb de Uvalde se ha colocado como el tercer tiroteo escolar en Estados Unidos con mayor cantidad de víctimas mortales (22 hasta el momento); le anteceden las 33 muertes (27 estudiantes universitarios, 5 profesores y el suicidio del perpetrador) del Tecnológico de Virginia en 2007 y la igualmente dolorosa tragedia en la Primaria Sandy Hook en Connecticut del 2012, donde se segó la vida de 21 niños de entre seis y siete años de edad, la de seis adultos y la del ejecutor.

Los cientos y cientos de tiroteos masivos y tiroteos escolares que acompañan la historia norteamericana han hecho ya una costra cultural difícil de ablandar: una cultura que sigue promoviendo la proliferación de armas, la legítima defensa patriótica sobre la vida del prójimo, la deificación de las fuerzas militares durante las inmorales invasiones de pueblos extranjeros, la justificación de la brutalidad policiaca bajo el velo de la discriminación racial o socio-económica, el nihilismo amoral de los herederos de un imperio sin fronteras, los efectos de la agresividad social y de la arrogancia dolarizada, la profunda confusión entre la tolerancia y el abandono de los pacientes con complejos trastornos psicológicos, el abismal tedio que se busca satisfacer con todo tipo de consumo y, claro, el exceso de consumo, esa lógica depredadora que avasalla y desata en cualquiera rasgos de esquizofrenia.

Se podría ahondar en estos fenómenos que petulantemente buscan obtener respuestas a la inquietante realidad de tiroteos y masacres en colegios; sin embargo, al observar -cíclicamente hay que decirlo con vergüenza- a los devastados padres de familia que han perdido a sus hijos o a las comunidades que lloran por las muertes y también por el trozo de alma que han perdido, queda claro lo inútil que es buscar respuestas. Quizá, para algunos, únicamente la dimensión espiritual puede abrazar al alma destrozada con el misterio de lo eterno y darle sosiego en esas impurezas del vacío.

Ante las tragedias, la realidad se torna insoportablemente incómoda, tan sólo mencionarla rasga la piel del alma. Sabemos de eso porque, como dije, aquí también lidiamos con nuestros propios demonios. ¿No aquí en México, con los más de 100 mil desaparecidos y los miles de homicidios, nos provoca un desagradable temblor que las madres buscadoras de desaparecidos en el desierto reconozcan el aroma de la tierra donde se descompone un cadáver? ¿Cómo se adquiere ese tipo de conocimiento? O, ¿no acaso también nos estremecen los testimonios de los padres que, yendo de morgue en morgue, revisan hasta 500 fotografías diarias de cadáveres para intentar reconocer entre ellos a sus hijos? ¿Cómo se desliga un alma de esa atrocidad?

¿Cómo se puede vivir tras dar con la fosa clandestina donde fue arrojado un ser querido buscado por días, meses o años? ¿Se puede vivir tras detenerse en la centésima fotografía que muestra alguna ropa, algún crucifijo o algún tatuaje inequívoco del ser amado asesinado?

La insondable vastedad de dolor que padecen las familias ante la muerte o la desaparición de sus seres queridos no suele hallar ni respuestas ni paz, no a corto plazo y ni siquiera mínimamente. La resignación se negocia con un tremor que permanece aún bajo la luz, la fe o la paz; un suspiro recurrente que evoca algo como lo que menciona el poeta Manuel Acuña: “¿Ves?… en aquellas paredes están cavando un sepulcro, y parece como que alguien solloza allí, junto al muro. ¿Por qué me miras y tiemblas? ¿Por qué tienes tanto susto? ¿Tú sabes quién es el muerto? ¿Tú sabes quién fue el verdugo?”.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Discurso monstruoso

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Sucedió lo que los expertos anticiparon hace años: el modelo de comunicación del líder político finalmente se ha convertido en bestia autofágica: el discurso canibaliza a la persona frente nuestra impotente mirada y, casi exclusivamente, para divertimento y perversa satisfacción de sus estultos aplaudidores.

El discurso se ha tornado en un ente autónomo, pendenciero, monomaniaco e insaciable: prefiere el conflicto al acuerdo, está incapacitado para la escucha y para ver más allá de su nariz, utiliza todo el espacio bajo el reflector para esparcir abundante verborrea inconexa y, lo más grave, parece utilizar a la persona humana como vehículo de su voracidad.

Hay que ser claros: el discurso siempre ha sido una creación que muchas veces crece o muere lejos de la mano de su creador, y eso no necesariamente es malo. Hay discursos -los mejores- que trascienden a la persona y homenajean a su creador en voz de terceros; pero hay otros -los monstruosos- que encadenan y esclavizan al propio predicante.

No pocas veces se ilustra este fenómeno como un orador que se ata con su propia lengua larga; sin embargo, hay ocasiones en que el discurso se torna aún más oscuro: como si una gigantesca sanguijuela succionara la credibilidad o la dignidad del hablante para sobrevivir.

Esto último suele pasar muy particularmente entre las personas poderosas. Ejemplos abundan. En la cúspide de la seguridad, Trump dijo: “Podría pararme a la mitad de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería a ningún votante”; por el contrario, cuando Clinton estaba acorralado por la realidad se defendió con: “Todo depende de cuál ‘es’ el significado de la palabra ‘es’”; fue menos creativo que Nixon cuando se respondió ante acusaciones: “Cuando el presidente lo hace, deja de ser ilegal”, dijo.

No sólo los norteamericanos son víctimas de sus lenguas, el presidente Mauricio Macri, a un policía en riesgo de perder un ojo por las protestas contra su gobierno, le dijo: “Tu mujer es muy linda para que la mires con un solo ojo”; y, si ya estamos con la insensibilidad, Sebastián Piñera dijo al atleta invidente Cristán Valenzuela: “Queremos pedirle que no sólo fije su mirada en los Juegos Paraolímpicos sino que extienda su carrera hasta los Panamericanos”. Y en un arranque de honestidad, Cristina Fernández de Kirchner confesó: “Yo nunca pude aprender más allá del ‘hache dos cero’ del agua”.

Todos estos últimos casos son anecdóticos y son producto de lo que afirma el refrán: ‘A fuerza de tanto andar, siempre han de salir callos’. Los personajes públicos -especialmente los políticos- hablan tanto que su poder y sus excesos, contaminan sus palabras y hacen más probable la pifia, el error.

Pero no es de lo que hablamos arriba: cuando el discurso canibaliza al orador ya no estamos frente a un ‘desliz’ o un lapsus. Estamos ante la agresiva autonomía del discurso ideológico que esclaviza al político. Como terribles ejemplos está aquel del expresidente ultra-nacionalista de Zimbawe, Robert Mugabe, quien llegó a afirmar que “el único hombre blanco en el que puedes confiar es en un hombre blanco muerto”; o Jair Bolsonaro cuando emergió su racismo al preguntarle sobre paridad de género: “No es una cuestión de colocar cupos de mujeres. Si ponen mujeres porque sí, van a tener que contratar negros también”.

Ni siquiera me atrevo a repetir las atrocidades que otros personajes -dictadores, criminales de guerra, autócratas- han dicho porque es claro que a ellos ya los controlaba el discurso y no ellos al discurso, como sucede con la gente en sus cabales.

Hay discursos que encadenan y someten; discursos alimentados de poder, excesos y cerrazón. Discursos monstruosos que no recuerdan que “para tapar la boca de todos, se necesita mucha comida”; hay discursos que viven engañados creyendo que satisfacen a todos sólo porque tienen indigestos e intoxicados a sus vehículos humanos.

Hay políticos que no pasarán a la historia por ser consecuentes con su discurso; quedarán como ejemplo de víctimas de las palabras que los deshumanizaron.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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