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Análisis y Opinión

Un nuevo perfil religioso e ideológico en México

Felipe Monroy

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Una lectura superficial de los resultados sobre la religión de los mexicanos en el Censo de Población y Vivienda 2020 podría ser la siguiente: el porcentaje de católicos presenta un descenso sostenido e irremontable; las denominaciones cristianas mantienen su discreto crecimiento; y -lo más relevante- hay un incremento silencioso y exponencial de personas sin religión.

Sobre este extremadamente simplista y simplificado panorama se han hecho los más diversos análisis y comentarios. La propia Iglesia católica reconoció una especie de ‘erosión moral’ de su institución ante la sociedad debido a ‘malos ejemplos’; otros actores vislumbran el agotamiento del sentido simbólico de las tradiciones religiosas comunitarias; y finalmente hay quienes de manera temeraria -e ignorante- aseguran que los datos no reflejan la realidad.

Vivimos en una época en que se desprecian los datos y las estadísticas mientras se abrazan las más disparatadas teorías de conspiración. Y, si bien es cierto que desde los datos duros se pueden construir las más distantes hipótesis, hay que recordar que la estadística es a la población lo que un mapa es al territorio. Es un punto de partida, una guía, una fotografía que requiere una buena interpretación para ubicarnos, para orientarnos. La posición desde donde hace la interpretación es tan importante que si el viajero lee su mapa al revés siempre estará perdido.

A primer golpe de vista, la explicación detrás del descenso de católicos en México se centra en dos fenómenos que se repiten en otras latitudes. Primero, los abusos sexuales cometidos por ministros dejaron a descubierto un corrompido modelo institucional de poder y complicidad del que -no hay duda- muchas personas decidieron no querer formar parte; segundo, las tradiciones populares religiosas perdieron el sentido de fe detrás de los gestos y los ritos.

Respecto a este último, la Iglesia católica quiso responder mediante el relanzamiento del ‘discipulado misionero’ a través de una ‘nueva evangelización’ que fuera formación vivencial, formal y permanente. Los datos del Censo, sin embargo, parecen revelar que ni los testimonios ni los esfuerzos programáticos de este empeño han tenido el efecto de adhesión esperado. La encuesta revela un discreto porcentaje en crecimiento de mexicanos con anhelos de espiritualidad trascendente (creyentes) pero sin adscripción religiosa. ¿En qué creen y por qué no se ajusta al inmenso abanico multifacético de religiones presentes en el país?

Esto nos podría conducir a la explicación del crecimiento de las diversas denominaciones cristianas. En primer lugar, es claro que la lenta transmisión de la conversión paterna en la prole ayuda a la sumatoria de fieles, también el infatigable proselitismo de sus miembros; sin embargo, los fenómenos que dan más luz sobre este crecimiento se encuentran en la incesante multiplicación de iglesias autocéfalas de predicación microcomunitaria (los permisos que cada año la Secretaría de Gobernación otorga a nuevas Asociaciones Religiosas dan cuenta de esto) y, no menos importante, la facilidad con la que estas pequeñas pero disciplinadas organizaciones pueden adherirse a proyectos sociales o políticos de ocasión.

En México, a pesar de su historia y la resistencia constitucional a la participación de las entidades religiosas en la vida pública, hay por lo menos dos grandes participaciones indirectas de organizaciones religiosas en la política actual: en los Siervos de la Nación, un grupo de promoción de políticas públicas del gobierno federal adscrito a la Secretaría del Bienestar, y en el Partido Encuentro Solidario (antes Encuentro Social). En ambos visiblemente participan pastores, líderes y miembros de diferentes iglesias evangélicas, pentecostales, protestantes, centros cristianos y un largo etcétera.

El último perfil, el de personas sin religión o creyentes sin religión merece un análisis muy detallado porque en él se pueden encontrar los comprometidos márgenes de ateísmo, secularismo y agnosticismo o simplemente expresiones de indiferencia religiosa, espiritualidades inconexas o sincretismos culturales derivados del consumismo y la globalización.

En conclusión, este nuevo perfil plural del fenómeno socio religioso en México puede propiciar las más variadas lecturas, inquietudes y preguntas; estos resultados, por ejemplo, nos invitan a preguntarnos si algunas ideologías tácitas, no confesadas, pero ampliamente compartidas, no están sustituyendo a la religión o la pluralidad religiosa, si acaso vemos un fenómeno en el que se ha reemplazado religión por ideología… incluso dentro de las instituciones religiosas que defienden más obsesiones políticas, pragmáticas, legales o culturales antes de experimentar sobre la piel de la realidad la trascendencia de su alma y espíritu en un inmenso cosmos compartido.

LEE Pendencieros y belicistas, la libertad del lenguaje

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

Salgado Macedonio: Sí, pero no

Cristian Ampudia

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Conversando

¡Vaya lío en el que se metió Morena al pretender poner a Félix Salgado Macedonio como su candidato a Gobernador de Guerrero! Porque esa intentona no solamente ha terminado por afectar la imagen del Presidente Andrés Manuel López Obrador, sino que además no queda totalmente claro el desenlace que tendrá esta historia, veamos…

Sobre Salgado Macedonio pesan acusaciones y denuncias de abuso sexual, pero eso no pareció incomodar a Morena, partido que hasta hace unos días hacía oídos sordos a los reclamos de las mujeres que exigían (con justificada razón) que un hombre con tales acusaciones sobre su espalda pudiera contender por la Gubernatura de Guerrero.

Han sido innumerables las voces de víctimas, colectivos feministas y hasta del interior del propio partido que se oponen a que Salgado Macedonio fuera el candidato morenista.

La propia secretaria general de Morena, Citlalli Hernández, consideró un error postular a Salgado Macedonio; Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, también se pronunció en contra, pero nada de eso parecía descarrilar la candidatura morenista… hasta el viernes pasado.

Y es que la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena resolvió bajar la candidatura de Félix Salgado Macedonio al Gobierno de Guerrero e instruyó a las Comisiones Nacional de Elecciones y Nacional de Encuestas a reponer el proceso de selección. ¡Y cómo no!, si la presión era tal que en redes sociales se hicieron tendencia los hashtags #PresidenteRompaelPacto y #UnVioladorNoSeráGobernador que claramente exigían a AMLO y a Morena retirarle la candidatura.

Pero cuidado, este asunto no está zanjado. Zazil Carreras, de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena, pidió a sus compañeros “juzgar con perspectiva de género” e inhabilitar a Félix Salgado Macedonio para que no pudiera contender por la candidatura; pero Eloísa Vivanco, Donají Alba y Alejandro Viedma votaron contra el proyecto presentado, por lo que el proceso de selección será repuesto, pero Salgado Macedonio podría volver a competir por la candidatura y por lo tanto, obtenerla.

¿Qué pesará más en esta “novela”?, la cercanía de Salgado Macedonio a AMLO y la dirigencia de Morena o los reclamos desde la sociedad civil y dentro del mismo partido? Ya se verá…

Por no dejar

En esta columna abordamos ampliamente la semana pasada el tema de las observaciones hechas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) al primer año de gobierno de la administración de Andrés Manuel López Obrador. La ASF indicó el lunes por la noche que el costo por la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM) era menor al que originalmente había calculado, lo que fue retomado por López Obrador en su conferencia matutina del martes.

Como era de esperarse, el tema fue usado en abono del discurso del Presidente que siempre se centra en sus adversarios. Y está bien, si desde la ASF la gente de David Colmenares Páramo no hizo un buen trabajo en la auditoría, no hay razón para que siga en el cargo; pero también hay serios señalamientos en la auditoría y diversos reportes de prensa sobre la corrupción que existe; por ejemplo, en el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”, en el que hasta los muertos están en el padrón de beneficiarios… y de esas acusaciones, AMLO y la 4T han “callado como momias”.

LEE AMLO y el cubrebocas

ebv

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Análisis y Opinión

¿Cómo gestionar la actitud del personal?

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Para cualquier empresa, su éxito al enfrentar los retos actuales depende, en gran medida, de la actitud de su personal en todos los niveles de la organización. He conversado con algunos clientes y colegas sobre la manera en que se puede gestionar la actitud de la gente y lo que he encontrado en muchos casos es un desconocimiento sobre la conexión entre los distintos componentes de la organización y cómo impactan en la actitud que asume cada colaborador al momento de desempeñar sus funciones.

En mi experiencia, la actitud es una consecuencia. ¿De qué?, justo es lo que debemos preguntarnos para identificar los factores que la provocan y tratar de adecuarlos, alinearlos e impulsar así las actitudes que se requieren.

Para mí, la actitud es la manifestación del estado de ánimo con el que se comporta una persona en determinado momento y se puede percibir a través de la emocionalidad y corporalidad con la que actúa y ejecuta cualquier actividad.

Su estado de ánimo es consecuencia de su percepción ante el contexto organizacional en el que se encuentra. Su percepción se forma con base en sus intereses particulares, sus valores individuales y su personalidad.

¿Por qué es importante la actitud? Porque sin una actitud adecuada de nada le sirve a la empresa una persona que tenga los conocimientos ni las habilidades para desempeñar una función. Una competencia es el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes, y sin una actitud adecuada la competencia no se completa y por lo tanto la persona no será competente para desempeñar su función y lograr los resultados necesarios. Si las personas no logran desempeñar sus funciones de manera adecuada, la empresa no podrá logar sus resultados de negocio.

Para gestionar la actitud en su conjunto es importante, en primer lugar, identificar para cada competencia, cuáles son las actitudes específicas necesarias. Al hacer la evaluación de competencias deberíamos identificar las brechas entre las actitudes necesarias y las actitudes reales. Integrando resultados, la empresa puede identificar las brechas en cuanto a la actitud del personal.

Si una empresa desea gestionar la actitud de su personal, primero debe tratar de proporcionar las mejores condiciones para trabajar (contexto organizacional). Esto se mide a través de los estudios de clima donde identifica la percepción del personal ante las distintas dimensiones organizacionales (estilo de liderazgo, compensación, posibilidades de crecimiento, etc.) y a partir de los resultados, implementa acciones para corregirlos.

Un contexto organizacional adecuado, incrementa las posibilidades de provocar la actitud adecuada pero aún dependemos de la percepción que se determina por los intereses particulares, los valores individuales y la personalidad. Por ello es importante implementar estrategias y programas permanentes de cultura, liderazgo y comunicación que influyan y alineen los valores del personal.

Para influir en los intereses personales, la empresa trabaja con los apoyos y prestaciones que cubren las necesidades básicas y las aspiraciones económicas. Para los intereses individuales se crean programas de desarrollo personal y profesional, así como de reconocimiento.

Finalmente, el tema de la personalidad individual se trabaja desde los mecanismos de reclutamiento y selección, y se alinea a los programas internos de desarrollo y sensibilización que se puedan implementar.

En conclusión, la conexión que existe entre todos estos elementos debe crear las condiciones necesarias para impulsar en el personal las actitudes para que su desempeño logre los resultados de negocio que la empresa necesita.

Sin duda, son muchos los factores que intervienen en este tema y por eso solo las empresas que entienden la relación de todos y cada uno de ellos y que logran enfocarlos y conectarlos para alinearlos hacia un mismo objetivo, son las que en realidad logran hacer una gestión de las actitudes.

Las empresas que trabajan estos esfuerzos de manera aislada y desconectada pueden estar invirtiendo muchos recursos sin realmente lograr ningún resultado de impacto. En estos tiempos, ninguna empresa se puede dar el lujo de desperdiciar recursos; invertirlos de manera inteligente para provocar en el personal las actitudes que se necesitan en tiempos de crisis es, en mi opinión, la mejor inversión de todas.

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