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Análisis y Opinión

Una batalla despreciada: la confianza

Felipe Monroy

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En las trincheras de las guerras se dice que tan importante es proveer al soldado de armas como de agua; y aunque no suele ser retratada ni en el cine ni en los libros de historia, la compleja logística de suministros y atención de las tropas en las acciones bélicas es tanto o más importante que la refriega en sí.

Pero incluso más relevante que los suministros y las armas, la guerra -lo sabemos- se alimenta mucho antes: con campañas narrativas, con política verbal, con sesgos culturales que, desde ciertos intereses, se corrompe y envenena al prójimo. Es decir, antes del conflicto, la campaña nutre de odio y radicalización la existencia de los bandos y la inevitabilidad de la confrontación. Esto se hace desde alguna posición de poder y, en nuestros días, el poder se concentra en las instituciones a las que se les confiere ese derecho.

¿Estamos frente al preludio de una guerra cultural alimentada de radicalismos y polarización? ¿Por qué las tensiones políticas, filosóficas y hasta antropológicas de nuestros días parecen reducir al ser humano a un ente unidimensional, monocromático? ¿Por qué parece que, desde los más altos espacios de ‘racionalidad moderna’ se aboga por cancelar o despreciar la compleja dimensión de la vida propiamente humana?

Algunas teorías políticas del siglo XX aseguraban que la transición del poder a la ‘organización’ (nosotros le llamamos ‘Estado de derecho’ o ‘institucionalidad de la vida pública’) tendería a favorecer un pluralismo estructural en el que el individuo libremente cooperaría para establecer objetivos y mecanismos reales para alcanzarlos; sin embargo, abundan los ejemplos en que tal organización ha devenido en un burocrática camisa de fuerza que impone sobre la libertad de los ciudadanos.

Es decir, que mientras más falta nos hace reconocer que la diversidad de opiniones es un valor positivo esencial de la democracia y la convivencia social contemporánea, más radical se tornan ‘las organizaciones’ en asegurar que una opinión (la suya, claramente) es verdad absoluta mientras los otros persisten en estar en el error absoluto.

Y esa realidad sólo nos lleva a un indefectible destino: al dogmatismo ideológico de los grupos, al gobierno autoritario y a un tipo de confrontación para la cual racionalmente se ha alimentado la idiosincrasia de cada bando opuesto.

Ya lo había apuntado Michel Foucault: “A cada poder le corresponde una resistencia”. Una sentencia que no debemos leer unidireccionalmente: Quiere decir que frente a cada poder establecido se levantará un movimiento de cambio; pero también sugiere que ante cada potencia de cambio existirá la oposición de lo establecido.

En estos días, como si de estrategia bélica se tratara, no es mala idea preguntarse por las fuerzas que alimentan las narrativas de conflicto y también será importante reconocer desde dónde viene la logística de suministros ideológicos de los bandos en refriega. ¿Qué pasaría si prescindimos de estas ‘fuerzas’ en la ecuación de nuestros actuales conflictos?

Un famoso cuento del escritor León Tolstói relata la historia de un pueblo campesino en el que la perniciosa escalada de adquisición de perros guardianes y destrozos en la aldea entra en un círculo vicioso sin fin; la respuesta es simple: dejar de depender de los agresivos guardianes y comenzar a confiar los unos de los otros. La confianza es ese esfuerzo estratégico que verdaderamente tiene potencial para herir a la polarización y acercar a la diversidad antes de que los extremos contrarios ‘se toquen’ y provoquen un choque irreparable.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

El mejor de los rostros de un creyente

Felipe Monroy

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Por fuera, el edificio luce inacabado. Los muros no fueron recubiertos ni aplanados, los ladrillos tienen apenas una capa de pintura y los portones son de lámina cruda. En realidad es lugar es muy semejante a los cientos de templos católicos en colonias populares, sitios que comenzaron como asentamientos irregulares, en riesgosos terrenos y alejados de todo tipo de servicios. Pero importa menos el exterior que el interior.

Se trata de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, asentada en la ladera del icónico Cerro del Chiquihuite; el complejo montañoso al norte de la Ciudad de México, desde donde las principales antenas de radiotransmisión bañan el valle central de las emisiones de empresas de comunicación públicas y privadas. El recinto parroquial se convirtió de la noche a la mañana en el principal refugio y centro de asistencia para las víctimas del deslave que sufrió el cerro tras las lluvias y el sismo de la semana anterior.

Párroco, feligreses y voluntarios desempeñaron arduas labores de limpieza y acondicionamiento para recibir a las familias damnificadas por una tragedia colosal; pero no sólo ofrecieron el espacio, también organizaron y desarrollaron una logística necesaria para proveerles alimentos, cobijo, ropa, atención médica primaria y, obviamente, auxilio espiritual ante la pérdida de sus hogares y, en un par de casos, de sus familiares.

No fue el único centro religioso que abrió sus puertas y sus brazos para recibir a gente en condiciones de precariedad. Tanto en el Estado de México, como en Hidalgo por las inundaciones de esta temporada de lluvias; y en ambos extremos de las fronteras mexicanas, los recintos religiosos son verdaderos oasis para miles de personas y migrantes que padecen las inclemencias del tiempo o la indolencia de políticas persecutorias.

No importa lo apartado o inaccesible del lugar, aunque precario, siempre hay algún templo, un espacio para la celebración y enseñanza de la fe; que, cuando la desgracia sacude intempestivamente a los pobladores se tornan justamente en espacios que ofrecen el mejor de los rostros de la comunidad de creyentes: casas de solidaridad, caridad, servicio y sacrificio para auxiliar en las necesidades del prójimo que, desde la perspectiva cristiana, no son sino el reflejo del rostro de Jesús.

La semana pasada, una inquietante combinación de factores y fenómenos pusieron a prueba esta vocación cristiana en varias localidades del país. Desde el excruciante fenómeno migratorio que hace crisis en las fronteras como las afectaciones a millares de ciudadanos por las cargas hidrometeorológicas o sísmicas: comedores, dispensarios médicos, logística de centros de acopio, albergues, refugios, asesoría jurídica, defensa ante arbitrariedades de gobierno o de abusadores ocasionales.

Ha sido una sugerente coincidencia que, también la semana anterior, la Iglesia española haya presentado su proyecto de pastoral para los próximos cinco años. En algunos fragmentos de su plan se acepta que los casos de abuso sexual y los malos ejemplos de la administración de bienes en manos de la Iglesia parecen razones suficientes para que la sociedad contemporánea desconfíe de los ministros y las instituciones eclesiásticas (algo que se comparte en otras latitudes). Y, sin embargo, los gestos de gran compromiso, de compasión y solidaridad con las personas sufrientes también revelan que la perspectiva cristiana quiere y puede ofrecer la ternura, el consuelo y el auxilio que ninguna otra institución formal puede hacer. Ese es el mejor rostro de una Iglesia y de todos sus miembros; más que la fachada, el interior.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

La confrontación del poder con los medios

José Vilchis Guerrero

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Nigromante

Un reportero, Alberto Peláez, corresponsal de Televisa en Madrid por muchos años, le planteó de nueva cuenta al presidente López Obrador una cuestión que ha permeado en las más de 600 conferencias mañaneras: ¿hasta cuándo va a prevalecer su confrontación a los medios y la polarización entre fifís y simpatizantes de la 4T? ¿hasta cuándo la polarización?

“Este es un país que tiene graves problemas estructurales en algunas ocasiones, fundamentalmente económicos, pero a pesar de esos problemas económicos que ha tenido México, sin embargo, desde el punto de vista social aquí ha habido siempre una estabilidad social”, le planteó.

Sin embargo, le dijo, en los últimos tres años se ve que esa estabilidad social se está quebrando cada vez más, que empieza a haber una preocupante polarización que antes no existía.

“Mire, los periodistas, presidente, somos guardines de las palabras, somos los cancerberos de este común idioma, que es el español, y de aquí han salido palabras que pueden resultar duras ¿no?, la palabra ‘fifí’, que es nueva, o la palabra ‘chairo’, que no es tan nueva. Y esto, desde luego, no hace más que no contribuir más que a la polarización que hay en este país”.

En la mañanera de este jueves Peláez le restregó al presidente su estrategia de los abrazos y no balazos, que la 4T tenía que unir a los mexicanos, que iba a ser la confraternización de los mexicanos y que el 15 de septiembre podría ser una oportunidad para empezar a dejar la belicosidad hacia los reporteros y los opositores.

La pregunta que le formulo, señor presidente, es: ¿qué se va a hacer desde el gobierno, desde la Cuarta Transformación, para que ya no esté la sociedad dividida y comienza de verdad a haber una unión donde esa posición de concordia entre los mexicanos?

-Sí, fíjate que estoy de acuerdo con tu planteamiento, pero no coincido, tenemos visiones distintas, y qué bueno ¿no?, que sea así, porque esto tiene que ver con la libertad y tiene que ver con la democracia.

Pero por su respuesta, no percibió el sentido ni el contexto de la pregunta porque su respuesta tomó otra ruta, porque afirma que hay menos polarización y menos inestabilidad política, si la pregunta se refería a las élites políticas, donde afirma que ahí sí hay polarización.

Polarización económica y social, esa sí existe, dijo, y afirma que busca que cada vez sea menor. “Hay una monstruosa desigualdad económica y social en el país heredada de siglos, desde hace 500 años, y muy profundizada en lo que nosotros llamamos periodo neoliberal o neoporfirista, es cuando se profundizó más la desigualdad económica y social, donde unos cuantos se hicieron inmensamente ricos y se empobreció a la mayoría del pueblo con las políticas privatizadoras que consistieron en trasladar bienes del pueblo y de la nación a particulares”.

Pero también existe la polarización hacia la prensa y los periodistas. A la queja de López Obrador de que nunca había habido un presidente tan atacado como él, desde Francisco I. Madero, tampoco había habido un presidente que atacara frontalmente a la prensa precisamente en conferencias de prensa con difusión nacional.

A un periodista que le preguntó su postura frente a actos de corrupción de militares durante la pandemia, según pudo documentar en un reportaje, le respondió que se trataba de infundios del diario al que representa al señalar que no tiene información de ningún acto de corrupción de militares, por ahora sector privilegiado por el gobierno.

Otro reportero, Ramsés Ancira, cuestionó la semana pasada el mecanismo de seguridad a los reporteros antes de que abandonara el Salón Tesorería Julio Scherer Ibarra, quien renunció a su puesto de consejero jurídico, denunció que en los tres años de este gobierno han sucumbido por criminales comunes y de cuello blanco reporteros que se han expuesto con el mencionado mecanismo de protección, en manos del crimen organizado.

A las preguntas sobre la impunidad que gozan los responsables de la muerte de reporteros en cualquier parte del país responde invariablemente que cada caso se investiga y se procede, pero no se sabe de culpables presos por homicidio de informadores.

A finales de agosto, la Agencia de Noticias del Estado Mexicano (Notimex) señaló que la lideresa del Sindicato Único de Trabajadores de Notimex (SutNotimex), Beatriz Adriana Urrea Torres, fue citada a una audiencia para presentarse ante un juez de Control para responder por acusaciones por corrupción.

La cita fue fijada para el 17 de septiembre a las 12 horas en el Reclusorio Sur. El director Jurídico de Notimex, Víctor Fernández, dijo que el citatorio firmado por José Antonio López, administrador del Centro de Justicia Penal Federal en la Ciudad de México, señala que de no presentarse en la audiencia Urrea Torres será objeto de otras medidas precautorias. (La Jornada).

Después de casi 600 días de huelga de informadores de Notimex, la 4T no da una solución, sólo expresa el jefe del Ejecutivo su esperanza de que se llegue a un arreglo, pero a la fecha la 4T sigue debiendo a los periodistas justicia que ha puesto en manos de Sanjuana Martínez, quien ha hundido a la agencia de noticias del Estado Mexicano en un laberinto judicial. Pero López Obrador la defiende a ultranza.

Pero todos los días proclama que ahora vivimos en un país de libertades en el que los informadores y los medios gozan del privilegio hasta de ofenderlo. Su argumento: los medios atacan porque ya no les entrega el gobierno los miles de millones de pesos por publicidad. Pero la contradicción va incluida en la realidad, los reporteros viven con bajos salarios y no dejarán de denunciar las arbitrariedades. Los medios no dejarán de mostrar la realidad como es.

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