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Análisis y Opinión

Utilizar “mejores prácticas” significa copiar

Gerardo Medina Romero

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Durante muchos años se le ha vendido a las organizaciones la conveniencia de adoptar “mejores prácticas de negocio” con la promesa de mejorar su desempeño y lograr los objetivos de negocio. Este término se refiere a aquellas prácticas de trabajo que han sido utilizadas por varias empresas y que se ha comprobado que son exitosas, es decir, que esas prácticas logran los resultados que las empresas están buscando. Podemos referirnos a un proceso de negocio, a una forma de organizar el trabajo y estructurar la definición de roles y responsabilidades o incluso, a la manera adecuada de operar una herramienta para obtener el máximo beneficio de la misma.

La mayoría de las plataformas tecnológicas que se comercializan en el mercado organizacional mantienen la promesa de que fueron desarrolladas a partir de esas “mejores prácticas” y que por lo mismo, el cliente que las adquiere debería adoptar completamente la nueva forma de trabajo que los consultores le indicarán para obtener los mismos beneficios. De hecho, una firma de consultoría de negocios puede subir sus tarifas bajo el argumento de contar con “mejores prácticas” debido a sus proyectos a nivel mundial y que estará dispuesta a poner a disposición de sus clientes para que sean adoptadas, prácticamente a ciegas.

Infinidad de metodologías y herramientas son adquiridas por las organizaciones debido a que las firmas que las desarrollaron les ofrecen un éxito garantizado porque sus productos fueron desarrollados a partir de las mejores prácticas o que en sí mismas, constituyen una mejor práctica.

Todo esto hace que me cuestione de dónde surgen esas “mejores prácticas”. ¿En qué momento alguien apostó por no copiar a los demás y mejor tratar de diferenciarse para ser más competitivo?

En mis inicios como consultor, trabajando para una firma de desarrollo de sistemas, era mucho más sencillo entender cómo un programa hecho a la medida, es decir, un sistema informático que se mandaba a desarrollar para satisfacer una necesidad específica de un cliente, podía marcar una diferencia en el mercado. De pronto, las empresas de desarrollo comprendieron que era más negocio hacer el sistema una vez y venderlo varias veces a distintos clientes y me parece que ahí fue donde cambió el paradigma. Las empresas de tecnología buscaron a las firmas de consultoría para que ofrecieran sus sistemas pagándoles jugosas comisiones y la posibilidad de que se quedaran con todo el negocio relacionado a los servicios de configuración e implementación.

A partir de ahí, nos han convencido de que lo mejor para una organización es copiarle a las demás. Nos han vendido el concepto de mejores prácticas de manera errónea y hemos caído en la trampa comercial pensando que comprar un sistema y hacer las cosas tal y como fue configurado nos traerá una ventaja competitiva en nuestro mercado. ¿De verdad? ¿No les parece ilógico pensar que ser competitivos significa copiar y estar igual que los demás?

Sin duda tampoco debemos tratar de inventar el hilo negro cuando se trata de resolver un problema o impulsar alguna ventaja competitiva en nuestro modelo de operación y por supuesto que es de mucho valor conocer lo que han hecho otras empresas en situaciones similares para aprender de eso, pero entendiendo que el contexto siempre será distinto y que cada empresa, aún y cuando pertenezcan al mismo grupo empresarial, tendrá particularidades que se deberán tomar en cuenta para adaptar cualquier práctica exitosa que pueda parecer atractiva de implementar.

En mi experiencia, nada aplica exactamente igual para todos. No me refiero simplemente a temas de configuración sino que antes de intentar copiar una mejor práctica se debe buscar primero hacer un análisis real de la situación de la empresa, entender las variables que impactan la situación, identificar lo que se busca resolver o lograr y entonces diseñar la solución a la medida de nuestra organización. Las mejores prácticas no son para copiarlas sino para analizarlas, aprender de ellas y tomar lo que nos parezca útil y relevante para complementar la solución que nosotros diseñamos.

Debemos mantener el foco en buscar ser diferentes de nuestra competencia y tratar de ser siempre mejores que los demás, y no en dedicarnos a gastar todo nuestro presupuesto en copiar lo que un consultor o asesor nos vende, simplemente porque es una “mejor práctica”. Si lo logramos, quizá el día de mañana ya no busquemos implementar en nuestra organización mejores prácticas sino seamos los que desarrollemos las “Nuevas Prácticas”.

LEE ¿Tu objetivo es hacer o lograr?



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Análisis y Opinión

La armadura vacía de un gobierno que se cansó de soñar

Felipe Monroy

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Entre algunos dones, es claro que el presidente López Obrador siempre ha guardado cualidades de idealismo. Quizá algunos no coincidan con su perspectiva, pero sería necio negar su empecinado sueño. A dos años de ejercer el gobierno de la República, sin embargo, parece haber signos de que su ilusión se agotó, que ha caído en el cieno del pragmatismo y que la ‘constitución moral’, la ‘cartilla moral’ o la ‘guía ética’ son apenas la cascarilla de una semilla que renunció a germinar.

El sueño siempre tuvo un protagonista, el pueblo; y un horizonte, su liberación. La andadura política del hoy presidente de la República comenzó justo en lo que ahora desprecia, cuestiona, regatea y sospecha: la oposición. La extraña e indomable actitud del ciudadano inconforme, de aquel que se manifiesta, el que exige respuestas, el que reclama derechos, el que visibiliza la injusticia, del que clama desde la angustia por su bienestar y futuro.

La elección de López Obrador, su rotundo y aún interpelante triunfo en las boletas, fue la expresión más radical del hartazgo de un pueblo que llevaba décadas sin ver reflejada su esencia en el poder político. No lo intuyeron entonces los analistas que no distinguían esta categoría entre los candidatos y hoy el propio Andrés Manuel parece no reconocerlo, aunque literalmente se le ponga enfrente.

Apenas dos hechos sintetizan esta hipótesis. La primera sucedió en Mexicali, con la imagen de una anciana que se refleja en la ventanilla de la camioneta detrás de la cual el presidente le extiende una mirada que rezuma entre compasión y desdén. Según el propio fotógrafo, Víctor Medina, López Obrador quería establecer contacto con la gente pero que la situación de pandemia se lo impide. El presidente lo confirmó en la conferencia mañanera del 2 de diciembre, prefiere la distancia a usar cubrebocas. Así que, a esta mujer, le mostró distancia.

El segundo evento también sucedió en Baja California, pero en las playas de Rosarito. La joven Irais García se manifestó ante la caravana presidencial para obtener una respuesta ante la carencia de medicamentos para cáncer. La chica se colocó frente a la camioneta para detener el convoy e incluso cacheteó a un hombre de logística con tal de hacerle ver a López Obrador su reclamo. El presidente, nuevamente en conferencia, felicitó al estoico servidor que no respondió a la bofetada y prácticamente desdeñó el clamor de la joven por que creció -y se politizó- bajo un gobierno panista.

López Obrador parece ya no mirarse a sí mismo cuando contempla al pueblo; ni aquel que clama compasión ni el que reclama justicia. Sus palabras, aunque llenas de valores de un cristianismo laicizado, son armaduras vacías de un idealista que se cansó de soñar.

Quizá se le pueda conceder su perspectiva de atender la acción social como empresa espiritual para un país cuyos márgenes de valor y moral han cambiado radicalmente en los últimos treinta años y cuyo horizonte está dominado por el enemigo invisible; pero esa mística no es parecida a aquella liberadora planteada por José Vasconcelos porque, el filósofo contemplaba la riqueza de la derrota mientras Andrés Manuel parece haberla olvidado.

Dejemos que el propio Vasconcelos nos explique esta dura lección de congruencia en su libro ‘La Flama: Los de arriba en la revolución, historia y tragedia’: “Narrar la inquietud es ya una manera de combatirla. Soltaste Señor, mi lengua, en airado clamor de redención. Antes que yo, profetas tuyos más dignos fallaron también en el empeño inútil de restaurar la justicia. Esto sigue siendo el destino: relámpago fugaz y en seguida la soledad y el pavor de la tiniebla”.

Ojalá aún nos quede algo para contemplar de los últimos fulgores de un relámpago que brilló -y brilló en serio- hace dos años.

LEE Y hubo templos sobre el llano

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Hacer lo correcto de manera correcta

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Sentimos incertidumbre con relación a lo que vendrá para el 2021. Para muchos, puede ser el posible y añorado regreso a la normalidad; para otros, una nueva normalidad ajustada y para algunos más, una realidad nueva y muy distinta. ¿Qué pasará cuando la mayoría de la población se haya vacunado? ¿Dejaremos de utilizar cubrebocas? ¿Regresaremos a nuestros lugares de trabajo? ¿Volveremos a tener interacciones con nuestros compañeros? ¿Otra vez a las reuniones de trabajo en salas de juntas?

Sin duda muchas preguntas así como posibles respuestas. Cada empresa ha vislumbrado al menos un par de escenarios para ello. En algunas, estos escenarios han sido compartidos con los colaboradores y en otras no; sin embargo, en ambos casos la incertidumbre sigue siendo el factor común ya que, por más que se diga lo contrario, todos sabemos que lo que hoy estamos viviendo es realmente un modelo temporal y que el definitivo se adoptará en cada empresa una vez que la población se haya vacunado y la pandemia se convierta finalmente en endemia.

¿Qué nos toca hacer ante esta situación? En mi opinión, así como las empresas deben planear cómo será su realidad una vez completada la etapa de vacunación mundial, cada uno de nosotros debe planear cómo será nuestra realidad laboral particular, específicamente en la manera en que tendremos que desempeñar nuestra función al interior de nuestra organización.

Por un momento, tratemos de olvidar lo que hacemos y cómo lo hacemos. Pensemos nuevamente el “para qué” lo hacemos y lo que la organización realmente debería recibir de nuestra función en particular. Es a partir de recordar el objetivo de nuestro rol (o, en algunos casos, de tenerlo claro por primera vez), de donde deberemos partir para redefinir lo que debemos hacer y cómo hacerlo en la nueva realidad, aprovechando al máximo los recursos que estarán disponibles.

Hoy más que nunca tenemos que buscar ser efectivos y eficientes en nuestra función.

Ser efectivos significa hacer lo correcto y dejar de hacer todo lo que no contribuye realmente al cumplimiento de nuestras responsabilidades. Quizá cuando llegamos a la organización o al puesto que hoy desempeñamos comenzamos a hacer cosas que nuestro antecesor hacía sin cuestionarnos si realmente aportaban y eran necesarias. Quizá otras más las hicimos porque algún jefe nos lo pidió, pero en realidad no tenían una razón de ser; muchas otras tal vez las incorporamos como parte de nuestro proceso de madurez individual y las mantuvimos simplemente por inercia. Cualquiera que haya sido la razón, seguramente encontraremos cosas que hoy hacemos y que en realidad deberíamos dejar de hacer con el fin de ser realmente efectivos.

Una vez que definimos lo correcto, viene el momento de analizar si lo estamos haciendo correctamente. Ser eficientes significa optimizar al máximo los recursos utilizados para hacer el trabajo; es decir, con el menor nivel de desperdicio de recursos posible. Si una cosa nos ha dejado claro el modelo de trabajo virtual que hemos adoptado en la gran mayoría de las empresas para sobrellevar la pandemia, es la gran cantidad de recursos que se desperdiciaba anteriormente para hacer el trabajo: tiempo, dinero y esfuerzo. Pues bien, a nivel individual debemos hacer ese análisis para encontrar la manera más eficiente de hacer nuestro trabajo y cumplir con nuestras responsabilidades. Evaluar en dónde cometemos más equivocaciones e implementar acciones para corregir esto, identificar redundancia de esfuerzos y crear formas de optimizar al máximo los recursos que utilizamos.

Haciendo lo correcto y de manera correcta, es decir, siendo efectivos y eficientes en nuestra responsabilidad individual, podremos completar el rompecabezas que hoy los líderes de las empresas tienen ante la incertidumbre que representa la nueva realidad que viviremos el próximo año.

No esperes a que sea la organización la que te diga cómo debes trabajar bajo la nueva realidad que, esperemos, llegue para el 2021. anticípate y dile a tu organización cómo tú y tu equipo de trabajo trabajarán.

Haz las cosas correctas y de manera correcta. Contribuye a diseñar el modelo de trabajo que tu organización tendrá no solo para trabajar durante la pandemia sino para el siguiente cuarto del siglo XXI.

LEE Reactiva tu capacidad de aprender en equipo

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