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Análisis y Opinión

Viejo adversario, nuevo frente

Cristian Ampudia

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El dedo de Andrés Manuel López Obrador ahora apunta, nuevamente, a las empresas. Tras el frentazo que se dio su reforma eléctrica contra el Poder Judicial, la Secretaría de Energía (Sener) no tuvo más opción que dar cumplimiento con la suspensión provisional que fue otorgada por el Juez Segundo de Distrito en Materia Administrativa Especializado en Competencia, Juan Pablo Gómez Fierro.

Es así que ahora el Presidente voltea la mirada en el horizonte y, tras intensos días en los que criticó duramente a jueces, los deja de lado un momento y centra sus esfuerzos ahora contra empresas como Oxxo (Femsa), Bimbo y Walmart por no pagar “lo suficiente” por concepto de suministro de energía eléctrica y, según él, beneficiarse de un subsidio gubernamental que les permite terminar pagando menos que cualquier familia mexicana o tienda de abarrotes de la esquina.

Lo que parece pasar de largo para López Obrador, es que cualquier empresa está en su legítimo derecho de buscar bajar sus costos de producción en el marco de la ley, pero lo que no deja de ser sorprendente es que tras un año de pandemia que ha resultado devastador para la economía mexicana, el Presidente decida atacar a las empresas, luego de que durante meses se escucharon las voces de diversos organismos empresariales buscando programas de apoyo para evitar despidos masivos y hasta quiebra de empresas agremiadas.

¿Qué es lo que busca el Presidente? ¿Por qué abrir un nuevo “frente de batalla” contra empresarios luego de que jueces interpretaron que su reforma eléctrica es contraria a los preceptos establecidos en la Constitución? ¿Por qué ahora López Obrador quiere debatir con la CFE sobre el subsidio que reciben las empresas en el pago de luz? Todo apunta a que se trata de un arrebato, un berrinche.

Porque es claro que todas las empresas que se benefician de negocios dentro del territorio nacional deben contribuir con sus respectivos pagos de impuestos y servicios, pero también es claro que el gobierno tiene por obligación impulsar el desarrollo de las empresas y no representar un freno. Mucho menos atacarlas desde la tribuna del Palacio Nacional.

Cosa de ver que según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI) México es uno de los países que otorgaron el menor estímulo para tratar de limitar el impacto del cierre de actividades económicas por la pandemia en 2020.

Es decir, mientras que el gobierno de López Obrador destinó menos de un punto porcentual del PIB a estrategias de estímulos fiscales, países como Alemania e Italia otorgaron apoyos cercanos a 40%. Y para que no quede sólo en países de primer mundo, el gobierno africano de la República de Mauricio otorgó un 35%.

En el caso de Latinoamérica, Perú y Brasil son los países que dirigieron mayores estímulos en la región, que ascienden al 15% del PIB.

El que en México se limiten los estímulos a las empresas representa claramente mayores problemas para una eventual recuperación económica, de la cual hablaremos en una nueva entrega, pero en Palacio Nacional deben recordar un dato clave: el año pasado se perdieron 647 mil 710 empleos a consecuencia de la pandemia.

Es claro que el gobierno de López Obrador ha dejado en esta crisis de hacer mucho por las empresas (que son uno de los motores de la economía), y ahora apunta a quitarles más.

Vaya que el Presidente hace la aclaración de no querer enemistarse con ninguna de las empresas señaladas, que si no…

LEE Una reforma energética sin luz

Twitter: @campudia



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Análisis y Opinión

Los diferenciadores electorales

Felipe Monroy

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Si hacemos caso a las campañas políticas que saturan los medios de comunicación estos días, básicamente hay dos escenarios para la construcción política mexicana: “O volver a la célula partidocrática de corrupción y privilegios que repartió la riqueza en las cúpulas de poder mientras se acendraban las injusticias sociales, o reafirmar un proceso de descomposición económica y democrática a través de un poder hegemónico monomaniaco de ínfulas autocráticas”. El gran escenario de la narrativa electoral parece insistirnos en que no hay otras historias sucediendo al margen de este drama nacional; pero se equivoca.

La narrativa electoral hoy se reduce a un absurdo terrible que quizá baste para quienes padecen delirio de analista político: ‘Aquel es peor que yo, yo soy mejor que aquel’. Sin embargo -dijo el impertinente-, la gente lista suele ser más callada. Y en sus silencios seguramente valora algunos diferenciadores en candidatos y escenarios postelectorales que lo animarán a emitir su decisión en forma de voto. Y esos diferenciadores, cuando elementales, están cooptados por la narrativa maniquea; pero cuando no -y aquí hay una gran porción de ciudadanos indecisos y que honestamente tienen preocupación por la responsabilidad que implica su voto-, hay ciertos diferenciadores que vale la pena atender.

Al contrario de lo que se cree, los diferenciadores del electorado respecto a las posiciones políticas de sus candidatos no están en los temas de consenso social como la transparencia administrativa, el bien común, el combate a la inseguridad y la pobreza, la promoción al empleo y a la economía, la defensa del medioambiente, etcétera. Los diferenciadores obviamente están justo en los temas polémicos: aborto, legalización de drogas, migración, censura y control de las libertades individuales (desde la libertad de expresión hasta la libertad religiosa), vigilancia del Estado, en fin.

Y es en esa pequeña franja de incertidumbre de se pueden ganar o perder muchos votos, eso lo saben bien partidos y candidatos. Así, por ejemplo, hay partidos cuyo marketing está aparentemente orientado a convencer a votantes provida pero cuya plataforma dista mucho de la defensa del no nacido; hay otros movimientos que alegan que la legalización de las drogas es para combatir el narcotráfico pero sólo favorecen un mercado irresponsable de estupefacientes; hay organizaciones que dicen mostrase sensibles a la migración pero no se manifiestan ante la militarización de las fronteras; y los últimas, partidos que dicen promover la libertad pero siempre encuentran la manera de estatizar la violencia para controlar la organización ciudadana.

Ante este panorama, resulta evidente la necesidad de plataformas que verifiquen permanentemente el decir y el hacer de partidos, candidatos y dirigentes sociales; que contrasten los discursos y califiquen sus acciones en el pasado, tanto los que buscan la reelección como aquellos que van iniciando en la carrera política. Este tipo de plataformas de análisis ciudadano son herramientas muy útiles para aquellas personas que no quieren limitarse a las narrativas simplificadas de nación que se promueven en las estrategias partidistas.

Una de estas herramientas es Voto Católico, organización ciudadana que contrasta las diferentes polémicas sociales contra la doctrina social y el magisterio de la Iglesia. Esta iniciativa estará relanzando su plataforma de análisis dirigida específicamente a los católicos mexicanos para que, desde una sólida documentación, se auxilie a los potenciales votantes a conocer a los candidatos en los diferenciadores que realmente le importan a este sector.

Así como esta organización, hay una pléyade de grupos de la sociedad civil que habrán de hacer su evaluación directa de candidatos, partidos y plataformas; son un imprescindible para la construcción de diálogo y conversación política.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

¿Acuerdo por la Democracia?

Cristian Ampudia

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Uno de los grandes errores a corregir por parte del Instituto Nacional Electoral (INE) es su papel de censor en las campañas electorales. Es así que durante años no son pocas las voces que se han pronunciado por quitar esa carga al Instituto, dado que no queda claro el abono real que tiene a la equidad de la contienda.

Las campañas en Estados Unidos, por ejemplo, son muy diferentes. Más allá del sistema electoral utilizado por el vecino del norte, la realidad es que en ese país no existe una camisa de fuerza que impida a candidatos y otros actores políticos hablar libremente durante el desarrollo de una campaña. En México, es diferente. Se entiende que a partir de 2007 los partidos de oposición pugnaron por que, en un afán de hacer la contienda más equitativa, buscaron silenciar al Presidente en turno para que la campaña tuviera piso parejo, pero hoy las cosas han cambiado y mucho.

Es menester mencionar que el “cállate chachalaca”, de Andrés Manuel López Obrador López Obrador a Vicente Fox fue uno de los detonantes para esas reformas que paradójicamente hoy tienen al INE en una posición muy complicada, pues es el mismo Presidente quien acusa de censor al Instituto. Y no le falta la razón, sin embargo el mismo Andrés Manuel pugnó en su momento por silenciar a Fox, entonces lo que queda claro es que falta congruencia.

Bueno, congruencia y algo más. Me explico, el 24 de marzo el Presidente firmó el Acuerdo Nacional por la Democracia, en conjunto con gobernadores del país, en el que se comprometieron a no incidir en las elecciones para que tuvieran un cauce limpio y equitativo. Bueno, 48 horas más tarde, desde Palacio Nacional, López Obrador acusó que hay una estrategia contra su movimiento de transformación para quitarle la mayoría en la Cámara de Diputados. Ese mismo día comenzó el golpeteo al INE por el retiro de candidaturas a candidatos de todos los partidos, incluido Morena, por la falta de informes de gastos de precampaña.

A partir de ese punto, se vino un constante golpeteo, amagos e insultos a las autoridades electorales del INE que salpicó incluso hasta a los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), pues fueron quienes validaron el retiro de las candidaturas a los aspirantes a los gobiernos de Michoacán y Guerrero, Raúl Morón y Félix Salgado, respectivamente.

Es así que prácticamente todos los días hemos estado escuchando al Presidente vociferar en contra del INE violando sistemáticamente su propio acuerdo y acumulando llamados del mismo Instituto a no interferir en la campaña. ¿De qué sirve que uno y otro lado sigan jugando el juego en ese círculo vicioso? López Obrador consigue lo que quiere, pues golpea y menoscaba la autoridad del INE, mientras que el Instituto está obligado por ley a seguirlo haciendo… ¡Qué necesidad!

Por no dejar

Cuestionado sobre el porqué nombró a Isabel Arvide cónsul de México en Estambul, Turquía, López Obrador respondió que lo hizo debido a que Arvide ha padecido la persecución desde el poder.

“Se trata de una mujer que nosotros le tenemos respeto, la señora cónsul Isabel Arvide, por eso se le nombró porque es una mujer que ha hecho periodismo desde hace muchos años, y ha hecho un periodismo polémico y ha padecido también de persecución y del poder y a eso se debió básicamente el que se le haya nombrado para ser cónsul. Es una reivindicación a su labor”, dijo López Obrador.

¿Persecución desde el poder? ¿Apoco también pretende mandar al extranjero a Francisco Javier García Cabeza de Vaca?, ¿Suena absurdo? No menos que la respuesta que empleó el Presidente…

LEE El INE como ‘adversario’

Twitter: @campudia

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