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Análisis y Opinión

Violencia de género… y puntos naranja

Ricardo Homs

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La violencia de género es un grave problema, añejo, pero hoy más actual que nunca. Los feminicidios son un grave problema que se inicia a partir del contexto de violencia contra la mujer en relación con su condición de género y la vulnerabilidad que le da una vieja tradición global milenaria.

Hoy nos asombramos y nos solidarizamos con el alto riesgo que se vislumbra contra las mujeres afganas a partir de la salida de los norteamericanos de Afganistán y el control total que han tomado los talibanes, un grupo político islámico radical que se rige la “Sharía” o Ley Islámica, que representa las reglas que rigen la moral, así como las costumbres y conducta individual de los pueblos musulmanes. Bajo la “sharía” las mujeres no tienen derechos de ningún tipo y terminan siendo utilizadas como una propiedad del padre y luego del esposo.

Sin embargo, aún dentro de la modernidad de México y una legislación que de forma constitucional le garantiza los mismos derechos que tiene el hombre, forma encubierta el machismo no hemos logrado erradicarlo aún totalmente en el año 2021 y la violencia contra la mujer sigue estando más viva que nunca.

El problema es complejo, pues tiene su origen en condiciones sociales y antropológicas, donde se mezclan además condicionantes de hoy, como lo es la pérdida de valores por una parte, como parte del nuevo estilo de vida, pero la pérdida del respeto a la autoridad que hoy vemos crecer por todo México como resultado de una confusión respecto a la responsabilidad del estado mexicano en la aplicación de la ley y el vacío de autoridad que esto provoca, estimulando la impunidad y con ello la violencia de todas formas posibles, incluso contra la mujer.

Para entender el origen del problema en el ámbito social recuerdo un viaje que realicé en 1992 a las ciudades de Chihuahua y Ciudad Juárez como directivo de una importante empresa de consultoría en el ámbito de la comunicación, en pleno auge del crecimiento de la industria maquiladora en la frontera y ver el choque que representó la llegada masiva de mujeres y hombres solos que se desarraigaban de su ámbito familiar en sus lugares de origen y se quedaban atrapados en la soledad emocional, lo cual trajo como consecuencia una oleada de embarazos inesperados por parte de madres solteras que no tenían las condiciones mínimas para cuidar de forma integral a sus hijos y además cumplir con sus obligaciones laborales en la fábrica.

Seguramente pasada la lactancia dejaban a los niños en guarderías y la falta de la figura paterna fue la gran ausencia en la formación. No hay que imaginar mucho la vida de los niños solos después de la escuela y luego la transformación en adolescente y adulto.

Además, poco después empezaron a surgir las noticias de los primeros asesinatos de mujeres en esa zona fronteriza de Chihuahua, que acapararon los noticieros de radio y televisión de todo el país y las ocho columnas de los periódicos. Por primera vez se empezó a escuchar el término “feminicidio” para el asesinato con la connotación de género. Sin embargo, el problema empezó a crecer territorialmente hasta llegar al límite de hoy.

El otro componente social es el condicionamiento derivado de los usos y costumbre populares para que la mujer se someta al hombre por su condición femenina y la soberbia masculina que deriva en el machismo.

Este condicionamiento termina siendo un círculo vicioso, entre la mujer víctima de su pareja masculina, que la somete con el aplauso social y de su contexto, pero tiempo después ella frente al hijo varón adolescente y adulto replica los valores sociales aunque en un nuevo rol, apoyando y protegiendo al hijo agresor que sigue la conducta aprendida del padre y la madre se convierte en la cómplice de su hijo y la controladora de su pareja, con lo cual el problema llega a la siguiente generación y de ahí crecerá de forma indefinida si en algún momento no se corta de forma tajante a partir de dos instrumentos que son la educación por una parte como solución de fondo y la aplicación de la ley como estrategia de coyuntura.

Son dos roles antagónicos en los cuales ella es víctima de ese condicionamiento social que no le permite ver la injusticia de su propia realidad y que debido a ello se convierte en el eslabón que lleva estos roles a la siguiente generación.

A su vez, se convierte en el muro de contención de las ideas feministas frente a sus propias hijas.

Podríamos decir que la batalla debe darse en el seno de la familia tradicional, haciendo de la sororidad, o sea la solidaridad de género entre las mujeres, su principal estrategia.

Sin embargo, la llegada al poder de las mujeres de esta nueva generación puede representar un punto de partida para la solución de este grave problema social.

Resolver este  problema multifactorial del ámbito social, tan añejo, requiere acciones de gobierno, evidentemente, porque ahí se ejerce la autoridad y tienen los instrumentos jurídicos para hacerlo, combatiendo jurídica y judicialmente la violencia de género.

Sin embargo, la participación de la misma sociedad es fundamental.

Por ello es que la iniciativa privada del Estado de Chihuahua lanzó un programa en esta emblemática entidad federativa, denominado “Puntos Naranja”, que son espacios seguros para víctimas de violencia de género, como de acoso, donde pueden solicitar ayuda.

Para ello se habilitaron módulos de refugio ubicados en escuelas, gasolineras, tiendas de autoservicio, y muchos lugares de acceso público, para recibir a mujeres en situación de violencia y protegerlas momentáneamente en el momento crítico, mientras los encargados del lugar comercial o social donde se ubica el refugio, dan parte a las autoridades.

Las estaciones US Fuel, que expenden gasolina, habilitaron módulos que funcionan como “puntos naranja”, donde la mujer en riesgo recibe el apoyo de una persona capacitada para escuchar y tranquilizar a la víctima y canalizar el problema hacia las autoridades correspondientes.

Las personas asignadas a la atención de los puntos naranja han recibido cursos de “protocolo de atención a víctimas de violencia”, “tipos y modalidades de violencia”, “primeros auxilios psicológicos” y “capacitación en primeros auxilios”.

Este modelo de apoyo creado e instrumentado por la iniciativa privada del Estado de Chihuahua seguramente se convertirá en el “programa piloto” que puede dar una solución inicial a esta grave problemática nacional.

¿A usted qué le parece?



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Análisis y Opinión

El mejor de los rostros de un creyente

Felipe Monroy

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Por fuera, el edificio luce inacabado. Los muros no fueron recubiertos ni aplanados, los ladrillos tienen apenas una capa de pintura y los portones son de lámina cruda. En realidad es lugar es muy semejante a los cientos de templos católicos en colonias populares, sitios que comenzaron como asentamientos irregulares, en riesgosos terrenos y alejados de todo tipo de servicios. Pero importa menos el exterior que el interior.

Se trata de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, asentada en la ladera del icónico Cerro del Chiquihuite; el complejo montañoso al norte de la Ciudad de México, desde donde las principales antenas de radiotransmisión bañan el valle central de las emisiones de empresas de comunicación públicas y privadas. El recinto parroquial se convirtió de la noche a la mañana en el principal refugio y centro de asistencia para las víctimas del deslave que sufrió el cerro tras las lluvias y el sismo de la semana anterior.

Párroco, feligreses y voluntarios desempeñaron arduas labores de limpieza y acondicionamiento para recibir a las familias damnificadas por una tragedia colosal; pero no sólo ofrecieron el espacio, también organizaron y desarrollaron una logística necesaria para proveerles alimentos, cobijo, ropa, atención médica primaria y, obviamente, auxilio espiritual ante la pérdida de sus hogares y, en un par de casos, de sus familiares.

No fue el único centro religioso que abrió sus puertas y sus brazos para recibir a gente en condiciones de precariedad. Tanto en el Estado de México, como en Hidalgo por las inundaciones de esta temporada de lluvias; y en ambos extremos de las fronteras mexicanas, los recintos religiosos son verdaderos oasis para miles de personas y migrantes que padecen las inclemencias del tiempo o la indolencia de políticas persecutorias.

No importa lo apartado o inaccesible del lugar, aunque precario, siempre hay algún templo, un espacio para la celebración y enseñanza de la fe; que, cuando la desgracia sacude intempestivamente a los pobladores se tornan justamente en espacios que ofrecen el mejor de los rostros de la comunidad de creyentes: casas de solidaridad, caridad, servicio y sacrificio para auxiliar en las necesidades del prójimo que, desde la perspectiva cristiana, no son sino el reflejo del rostro de Jesús.

La semana pasada, una inquietante combinación de factores y fenómenos pusieron a prueba esta vocación cristiana en varias localidades del país. Desde el excruciante fenómeno migratorio que hace crisis en las fronteras como las afectaciones a millares de ciudadanos por las cargas hidrometeorológicas o sísmicas: comedores, dispensarios médicos, logística de centros de acopio, albergues, refugios, asesoría jurídica, defensa ante arbitrariedades de gobierno o de abusadores ocasionales.

Ha sido una sugerente coincidencia que, también la semana anterior, la Iglesia española haya presentado su proyecto de pastoral para los próximos cinco años. En algunos fragmentos de su plan se acepta que los casos de abuso sexual y los malos ejemplos de la administración de bienes en manos de la Iglesia parecen razones suficientes para que la sociedad contemporánea desconfíe de los ministros y las instituciones eclesiásticas (algo que se comparte en otras latitudes). Y, sin embargo, los gestos de gran compromiso, de compasión y solidaridad con las personas sufrientes también revelan que la perspectiva cristiana quiere y puede ofrecer la ternura, el consuelo y el auxilio que ninguna otra institución formal puede hacer. Ese es el mejor rostro de una Iglesia y de todos sus miembros; más que la fachada, el interior.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

La confrontación del poder con los medios

José Vilchis Guerrero

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Nigromante

Un reportero, Alberto Peláez, corresponsal de Televisa en Madrid por muchos años, le planteó de nueva cuenta al presidente López Obrador una cuestión que ha permeado en las más de 600 conferencias mañaneras: ¿hasta cuándo va a prevalecer su confrontación a los medios y la polarización entre fifís y simpatizantes de la 4T? ¿hasta cuándo la polarización?

“Este es un país que tiene graves problemas estructurales en algunas ocasiones, fundamentalmente económicos, pero a pesar de esos problemas económicos que ha tenido México, sin embargo, desde el punto de vista social aquí ha habido siempre una estabilidad social”, le planteó.

Sin embargo, le dijo, en los últimos tres años se ve que esa estabilidad social se está quebrando cada vez más, que empieza a haber una preocupante polarización que antes no existía.

“Mire, los periodistas, presidente, somos guardines de las palabras, somos los cancerberos de este común idioma, que es el español, y de aquí han salido palabras que pueden resultar duras ¿no?, la palabra ‘fifí’, que es nueva, o la palabra ‘chairo’, que no es tan nueva. Y esto, desde luego, no hace más que no contribuir más que a la polarización que hay en este país”.

En la mañanera de este jueves Peláez le restregó al presidente su estrategia de los abrazos y no balazos, que la 4T tenía que unir a los mexicanos, que iba a ser la confraternización de los mexicanos y que el 15 de septiembre podría ser una oportunidad para empezar a dejar la belicosidad hacia los reporteros y los opositores.

La pregunta que le formulo, señor presidente, es: ¿qué se va a hacer desde el gobierno, desde la Cuarta Transformación, para que ya no esté la sociedad dividida y comienza de verdad a haber una unión donde esa posición de concordia entre los mexicanos?

-Sí, fíjate que estoy de acuerdo con tu planteamiento, pero no coincido, tenemos visiones distintas, y qué bueno ¿no?, que sea así, porque esto tiene que ver con la libertad y tiene que ver con la democracia.

Pero por su respuesta, no percibió el sentido ni el contexto de la pregunta porque su respuesta tomó otra ruta, porque afirma que hay menos polarización y menos inestabilidad política, si la pregunta se refería a las élites políticas, donde afirma que ahí sí hay polarización.

Polarización económica y social, esa sí existe, dijo, y afirma que busca que cada vez sea menor. “Hay una monstruosa desigualdad económica y social en el país heredada de siglos, desde hace 500 años, y muy profundizada en lo que nosotros llamamos periodo neoliberal o neoporfirista, es cuando se profundizó más la desigualdad económica y social, donde unos cuantos se hicieron inmensamente ricos y se empobreció a la mayoría del pueblo con las políticas privatizadoras que consistieron en trasladar bienes del pueblo y de la nación a particulares”.

Pero también existe la polarización hacia la prensa y los periodistas. A la queja de López Obrador de que nunca había habido un presidente tan atacado como él, desde Francisco I. Madero, tampoco había habido un presidente que atacara frontalmente a la prensa precisamente en conferencias de prensa con difusión nacional.

A un periodista que le preguntó su postura frente a actos de corrupción de militares durante la pandemia, según pudo documentar en un reportaje, le respondió que se trataba de infundios del diario al que representa al señalar que no tiene información de ningún acto de corrupción de militares, por ahora sector privilegiado por el gobierno.

Otro reportero, Ramsés Ancira, cuestionó la semana pasada el mecanismo de seguridad a los reporteros antes de que abandonara el Salón Tesorería Julio Scherer Ibarra, quien renunció a su puesto de consejero jurídico, denunció que en los tres años de este gobierno han sucumbido por criminales comunes y de cuello blanco reporteros que se han expuesto con el mencionado mecanismo de protección, en manos del crimen organizado.

A las preguntas sobre la impunidad que gozan los responsables de la muerte de reporteros en cualquier parte del país responde invariablemente que cada caso se investiga y se procede, pero no se sabe de culpables presos por homicidio de informadores.

A finales de agosto, la Agencia de Noticias del Estado Mexicano (Notimex) señaló que la lideresa del Sindicato Único de Trabajadores de Notimex (SutNotimex), Beatriz Adriana Urrea Torres, fue citada a una audiencia para presentarse ante un juez de Control para responder por acusaciones por corrupción.

La cita fue fijada para el 17 de septiembre a las 12 horas en el Reclusorio Sur. El director Jurídico de Notimex, Víctor Fernández, dijo que el citatorio firmado por José Antonio López, administrador del Centro de Justicia Penal Federal en la Ciudad de México, señala que de no presentarse en la audiencia Urrea Torres será objeto de otras medidas precautorias. (La Jornada).

Después de casi 600 días de huelga de informadores de Notimex, la 4T no da una solución, sólo expresa el jefe del Ejecutivo su esperanza de que se llegue a un arreglo, pero a la fecha la 4T sigue debiendo a los periodistas justicia que ha puesto en manos de Sanjuana Martínez, quien ha hundido a la agencia de noticias del Estado Mexicano en un laberinto judicial. Pero López Obrador la defiende a ultranza.

Pero todos los días proclama que ahora vivimos en un país de libertades en el que los informadores y los medios gozan del privilegio hasta de ofenderlo. Su argumento: los medios atacan porque ya no les entrega el gobierno los miles de millones de pesos por publicidad. Pero la contradicción va incluida en la realidad, los reporteros viven con bajos salarios y no dejarán de denunciar las arbitrariedades. Los medios no dejarán de mostrar la realidad como es.

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