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Análisis y Opinión

Voceros de sí mismos

Felipe Monroy

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Resulta asfixiante una sociedad donde se multiplican los predicadores de moral ajena. Son sencillos de reconocer: Todos tienen su impoluta fe y señalan sin titubear a quienes consideran un demonio. A sus personales y obsesivos intereses les dicen ‘bien común’, a sus miedos les nombran como ‘inminentes desastres’ y a todo lo que ignoran lo catalogan de ‘prescindible’.

En estos días vivimos una de las pruebas más complejas para la sociedad contemporánea; y quizá esta situación nos coloca en una condición de extrema vulnerabilidad en la que nos resulta fácil secundar discursos de ignorancia, miedo u odio. Los escuchamos todo el tiempo, no importa el bando al que digan pertenecer; todos, en el fondo, comparten el mismo objetivo: exigir a los demás compromisos que en sí mismos no están dispuestos a asumir. No pongo ejemplos porque sé que quién lee esto tiene en mente a sus imputados favoritos.

Sin embargo, el problema no reside tanto en la persona como en las ideas. Cuando cunden los predicadores de moral ajena se desbarrancan los valores. “Hacer discursos moralizadores para pedir a los demás que hagan el bien no tiene nada de acción moral, incluso es lo contrario. El hecho de dirigir la exigencia moral a otro en lugar de a uno mismo anula inmediatamente su valor moral”, apunta Todorov.

El remedio para las personas afectadas por el espejismo de la predicación está en la frase de Emmanuel Kant: “He de exigirme una sola cosa, mi propia perfección y la felicidad de los demás”; pero ¿qué sucede con las ideas a las que los predicadores han contaminado? ¿Conservan su valor en sí mismas o requieren de un vehículo para recuperarlo?

La solidaridad, la responsabilidad, la pluralidad, la libertad, la justicia social, la tolerancia, la honestidad o la participación, valores de una democracia, nada significan si sólo aderezan diatribas y argumentos; toman verdadero sentido cuando se ponen en práctica, cuando el ejemplo (esa lección que todo hombre puede comprender aún sin leerla) reivindica su valor moral. Ya lo decía el emperador Marco Aurelio: “No es útil seguir discutiendo sobre el tema de qué debe ser un hombre de bien, sino serlo y ya”.

Dicho así parece sencillo; no obstante, esa idea es justo el alimento de los que superan la figura de meros predicadores y se enfundan en una categoría de ser moral superior: viven lo que predican. Su sentido moral está intacto, son consecuentes, invencibles en el terreno de sus convicciones ¿pero tendrán una concepción correcta del mundo en el que viven o serán simplemente voceros de sí mismos en un mundo que no comprenden?

Nuevamente, para distinguirlos basta con revisar sus argumentos y sus acciones. Llaman ‘bien común’ sólo a lo que está sustentado en su mirada o en el beneficio de sí mismo; apremian más por sus propias inquietudes que por las preocupaciones de los demás; se alarman más por sus miedos que por los dolores de los otros y, finalmente descartan de su vista y de su interés todo lo que ignoran. Están condicionados por la ideología que mejor les sienta, tienen enemigos y adversarios a quienes llaman traidores, ignorantes o perversos. Pueden ser más o menos eficientes, pero sería imposible valorar si guardan virtud.

La única bocanada de aire fresco para esta asfixiante realidad está, para variar, en el espacio íntimo, en la familia, la comunidad inmediata, el prójimo o el vecino; ahí es donde se puede ejercer la acción moral con comodidad, sin pretensiones, pero con heroicidad indiscutible. Servir concretamente a alguien, en algo, para algo.

*Director VCNoticias
@monroyfelipe

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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Análisis y Opinión

Espionaje, entre el servicio y la ignominia

Felipe Monroy

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Aunque el espionaje se ha especializado y tecnificado a niveles infamantes, sus funciones más simples (que nunca honestas) se pueden reducir a las mencionadas por Kautilya hace veintitrés siglos: recolección de noticias, comprobación de lealtades y manejo de propaganda. Desde la perspectiva del gobernante, se entiende su utilidad para lograr lo único que interesa al poder: conservar el que se tiene y aumentarlo en lo posible.

Al contrario de lo que hoy se quiere insistir, el espionaje nunca es aséptico ni impersonal; el espionaje no son sólo datos y programación. Por tanto, ‘Pegasus’ no es sólo un programa, un software o un sistema: son hombres y mujeres que con mayor o menor poder han utilizado recursos técnicos de la forma más innoble. Además, los efectos del espionaje tampoco son inocentes, la historia refleja que aquel va acompañado invariablemente de la mentira política, la persecución de opositores, la desestabilización de pueblos, la inoculación de ideologías de ocasión y, por supuesto, de los crímenes de Estado, las insurrecciones fratricidas y la guerra total.

Lo que se ha ido revelando esta semana sobre la operación del ya famoso software ‘Pegasus’ es alarmante porque no se trata de un ‘sistema de inteligencia para el combate del terrorismo o ciberterrorismo en países democráticos’ sino un verdadero ‘sistema de espionaje israelí vendido por particulares a regímenes autoritarios que desean investigar a periodistas, activistas de derechos humanos y a potenciales opositores políticos’.

Desde hace años se tenía sospecha de que los recursos tecnológicos de estas empresas de ciberseguridad no sólo se adquirían para el combate al crimen, sino para las funciones que los regímenes y los poderes fácticos que buscan controlar a toda costa: tener información de sus adversarios políticos, verificar la lealtad de los ciudadanos y eliminar los potenciales riesgos para la estabilidad de su poder.

Esta es la razón por la cual, cuando se habla de espionaje no puede haber neutralidad. Es una práctica ignominiosa y cruel cuando se está vulnerable a ser espiado; pero es un servicio de seguridad y estabilidad para aquellos que detentan el control. Desde el poder, un mundo sin las intrincadas redes de espionaje básicamente se hundiría en el caos; mientras, desde las estructuras intermedias de la sociedad, el espionaje es una herramienta del autoritarismo.

En el fondo no hay ninguna sorpresa en que las nuevas herramientas digitales hayan hipertecnificado el espionaje al grado en que los clientes de NSO Group puedan ver y escuchar a sus ‘objetivos’ de interés; tampoco es realmente una noticia que diferentes gobiernos o poderes (con diversas problemáticas) hayan echado mano de esta herramienta. Sin embargo, no por ser un mecanismo casi natural de autopreservación del poder no debiera inquietarnos. Especialmente porque, es altamente probable que, derivado del espionaje a ciertos personajes junto a la exposición y vulneración de periodistas, opositores o líderes comunitarios, se haya provocado la muerte de alguno de ellos, la intimidación o el silenciamiento de sus voces. Y todavía peor, al existir la evidente sospecha de que el gobierno israelí de Netanyahu ha espiado a líderes mundiales a través de la herramienta de ciberseguridad, se encienden las alarmas de desastre geopolítico.

Ahora, mientras el mundo redescubre la diplomacia para salir del entuerto en el que lo ha sumido el software ‘Pegasus’, no hay que perder de vista la sospechosa parsimonia y tranquilidad con la que los líderes políticos echar a andar a sus fiscalías y ministerios de defensa contra el espionaje que ellos mismos sufrieron. Quién sabe, quizá no tienen intensión de correr por completo las cortinas del misterio.

LEE Quema de templos y efigies: indignación sin respuesta

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Estrategias pro aborto falaces

Columna Invitada

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Por: Ivette Laviada

Ahora es en Veracruz donde se pretende presionar al gobierno con estrategias pro aborto; tan viejas, tan usadas y tan falaces que resultan un insulto a las personas que con dos dedos de frente ven con claridad todo este asunto.

El viejo truco del aborto espontáneo, un argumento que simplemente no funciona cuando las acciones que siguieron a la muerte del bebé en gestación contradicen todos los dichos de la supuesta víctima.

Quienes pretenden que el aborto se legalice a como de lugar -sean feministas, funcionarias e incluso instituciones- no les importa mentir y manipular los casos para conseguir su afán.

El caso de Oluta, en Veracruz de Diana “N” es un claro ejemplo: la Fiscalía encontró que no sufrió un aborto “espontáneo” la chica cometió infanticidio, su bebé fue alumbrado vivo en un baño público a los 7 meses de gestación y posteriormente lo abandonó en un bote de basura, donde falleció por anoxia por sofocación como consta en el expediente por lo cual se le sigue un proceso.

No es la pretensión de esta reflexión el juicio de Diana (las autoridades lo harán conforme a derecho), sino todo el aparato que se mueve con este pretexto para que se presione a un estado a legalizar la muerte de los bebés en gestación.

El discurso utilizado por la CNDH y por la Comisión de Derechos Humanos de Veracruz es ¡de no creerse! primero atacan a la Fiscalía General del Estado porque no emplearon perspectiva de género en la investigación, añaden que el caso lo han llevado violando gravemente sus derechos sexuales y reproductivos, que ha sido doblemente revictimizada y que le negaron el acceso a la justicia por las condiciones de precariedad económica y social en la que vivía.

Por otro lado, la diputada Mónica Robles aprovecha la coyuntura de manipulación mediática para meter su iniciativa pro aborto y los colectivos feministas celebran estas acciones para empujar con más fuerza esta agenda.

Estrategias que hemos visto en tantos lugares y países que por increíble que parezca siguen sin quitar el dedo del renglón.

¿Acaso los delitos se pueden considerar derechos según cada quién? Las falacias no surten efecto, por ello tanta violencia para imponer estas mentiras, la sociedad no se deja engañar.

No existen derechos sexuales y reproductivos, este es el poderoso antifaz que le han puesto al aborto para que dicho tantas veces y por tanto tiempo se perciba como algo bueno, como lo que su nombre pretende “un derecho”; pero no, la sociedad no compra este cuento, lo que existe es el derecho a la salud que incluye la salud sexual, física, mental, etc. Salud implica vida no muerte, justificar el aborto es totalmente contrario a lo que la salud persigue.

La verdad no se puede ocultar, siempre sale a la luz. Seguiremos trabajando para que chicas como Diana antes de pensar en el aborto puedan tener acceso a instituciones o personas que les ayuden verdaderamente como lo han demostrado La Vida por Delante, VIFAC o AME.

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