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Laboratorio de Ideas

Aprender a cambiar

Gerardo Medina Romero

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Mi nombre es Gerardo Medina Romero y llevo más de 25 años trabajando como Consultor y Asesor para diferentes empresas de distintos tamaños e industrias.

El día de hoy Siete24.mx me da la oportunidad de abrir este espacio para platicar semanalmente sobre el mundo interno de las organizaciones. Ya sea que trabajes para una empresa, tengas una propia o trabajes por tu cuenta, confío que los temas que estaremos abordando te servirán para comprender lo que está pasando en tu empresa y sepas cómo debes actuar o participar y dar mejores resultados para lograr tus objetivos profesionales.

Estamos viviendo en un mundo que cambia cada vez más rápido, los avances tecnológicos han roto las fronteras y esto permite a la gente saber lo que sucede en cualquier parte del mundo en tiempo real. La información y el conocimiento está disponible para todos y eso hace que las decisiones para comprar un producto o contratar un servicio tengan muchas más opciones.

Todos los días se generan nuevas necesidades que se propagan rápidamente por todo el mundo, por ello las empresas deben buscar adaptar su oferta, mejorar constantemente sus productos y servicios o inventar nuevos para diferenciarse de su competencia y ser más atractivos para sus consumidores. Crear nuevos productos, modificar los que se producen o comercializan, entrar a nuevos mercados, buscar reducir los costos para bajar los precios, mejorar la calidad de los servicios u ofrecer nuevos, en fin, todo esto genera inevitablemente cambios al interior de las organizaciones y en la manera en que se realiza el trabajo.

Nuestros abuelos podían durar toda su vida trabajando para la misma empresa y haciendo lo mismo de la misma manera por muchos años, porque las empresas no tenían la necesidad de cambiar y podían pasar generaciones antes de implementar un cambio interno. Ya para finales del siglo pasado, nuestros padres tuvieron que aprender a cambiar su manera de trabajar cada determinado número de años, pues el desarrollo de los medios de comunicación comenzó a conectar al mundo y las empresas tuvieron que comenzar a cambiar al ritmo del entorno, nuestros padres también aprendieron a trabajar para distintas empresas.

Estamos al final de la segunda década del siglo XXI y hemos aprendido a cambiar la manera en que hacemos nuestro trabajo prácticamente cada año o incluso varias veces al año y también a cambiar de empresas de manera constante.  Es por esta razón, que los que trabajamos en una empresa o nos relacionamos con ellas, escuchamos al interior de las mismas cada vez con mayor frecuencia términos como “transformación”, “iniciativas de cambio”, “proyectos estratégicos “, etc. En este sentido, es importante que conozcamos y entendamos más de todos estos temas y así poder adaptarnos mejor a los cambios y participar desde cualquiera que sea mi posición o nivel en la empresa.

Las empresas que no cambian lo que deben, y a la velocidad en que cambia el mercado, mueren. Tenemos muchos ejemplos: los fabricantes de máquinas de escribir murieron por no cambiar cuando aparecieron las computadoras personales; las empresas de renta de películas murieron por no cambiar cuando apareció el streaming; Las empresas de productos fotográficos murieron por no cambiar cuando apareció la fotografía digital.

Las empresas que aprenden a cambiar lo que deben y lo hacen rápidamente, se convierten en líderes de sus respectivas industrias. El tema aquí es que las empresas no son los edificios, las plantas, las instalaciones, los equipos o maquinarias, el mobiliario o los accionistas. Quiénes deben cambiar primero son las personas que trabajan en esas empresas comenzando por modificar sus paradigmas sobre la manera de operar, es decir, lo que ellos piensan sobre lo que se debe hacer, cómo se debe hacer, quién lo debe hacer y con qué lo debe hacer.

Hoy en día el problema no es cambiar o querer cambiar, todos están cambiando. En todas las organizaciones se manejan diferentes proyectos o iniciativas de cambio corriendo al mismo tiempo, el problema en mi opinión, está en saber cambiar y saberlo hacer de la manera adecuada. Si las personas no sabemos lo que debemos cambiar y cómo cambiarlo podemos condenar a nuestra empresa a morir y perder nuestro trabajo.

Debemos aprender a cambiar y a hacerlo rápido, por eso además de nuestra especialidad, ahora debemos conocer o al menos entender temas de procesos de negocio, tecnologías de la información, administración de proyectos y gestión del cambio entre otras.  Incluso es importante conocer y entender las modas y tendencias de la administración de empresas, desde la calidad total y reingeniería de los ochenta hasta los temas de transformación digital o Agile de hoy en día.

No importa tu posición en la organización, no puedes quedarte sin investigar, leer e informarte sobre la manera de participar en los proyectos internos de cambio de una manera más efectiva, el presupuesto para asesores externos es cada vez mas limitado y las empresas deben voltear a ver en su personal a quiénes los podrán llevar por el camino de los cambios que requieren con éxito, así que adelante, comienza ahora y felicidades por comenzar por leer este espacio. Aquí nos vemos cada semana.

Sugerencias y comentarios a Twitter: @gemedinaro



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¿Parar y retraerse, o reinventarse?

Gerardo Medina Romero

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¿Hasta dónde debemos frenar los proyectos y estrategias internas en las organizaciones ante esta crisis? Esta pregunta me la han hecho muchas personas y mi respuesta ha sido que no hay mejor momento de transformar a las empresas que este.

En estos días he visto a algunas empresas bajar el ritmo de sus proyectos de transformación y de los planes que venían implementando por miedo, otras por el contrario, están aprovechando esta situación para reforzar esos planes e incluso iniciar con proyectos que tenían en pausa.

 ¿Quién está en lo correcto?

En las últimas semanas, la mayoría de las personas hemos experimentado un cambio importante en nuestra rutina laboral, sin duda una situación sin precedentes en nuestras vidas profesionales para muchos. Algunos han tenido que dejar de trabajar e irse a casa con la tranquilidad de mantener sus ingresos, otros han tenido que dejar de trabajar e irse a casa sin ingresos y otros han tenido que irse a casa y seguir trabajando desde ahí. Cualquiera que sea la modalidad, este cambio ha generado un espacio de reflexión para analizar y cuestionar muchos aspectos de la vida hasta antes de la crisis, y sin duda la escala de valores de mucha gente se ha modificado. Muchos están iniciando transformaciones internas como seres humanos, la convivencia con sus seres queridos de pronto les ha abierto los ojos a cosas tan sencillas pero tan maravillosas que por alguna razón habían dejado de observar y disfrutar. En pocas palabras, la gente está mucho más sensible y dispuesta a implementar cambios importantes en sus vidas y por ende en su trabajo.

Bueno, pues de la misma manera, estos tiempos deben permitir a las empresas reflexionar y reinventarse para transformar finalmente aquellas cosas que venían acarreando, quitar vicios de años, romper viejos paradigmas, modificar las prácticas nocivas y refrescar los modelos de trabajo en todos los sentidos. Los colaboradores están ahora más sensibles que nunca y abiertos a la transformación y a adoptar nuevas maneras de trabajo y de interactuar unos con otros. No hay mejor momento para impulsar proyectos de transformación internos que ahora.

Yo sé que el reto inmediato en todas las organizaciones es el impacto económico que tendrá para la organización está crisis, y seamos honestos, mucha gente tendrá que salir de la empresa, lamentablemente así será. Pero justo por eso, las empresas tendrán que aprender a hacer más con menos, deberán mantener los niveles de productividad e incluso mejorarlos, utilizando formas más eficientes y creativas de hacer el trabajo. Sí, muchos tendrán que salir, pero los que se queden deberán cerrar filas con sus patrones y hacer lo necesario para recuperar lo antes posible a esos compañeros que hoy se van. Dependerá de esa unión entre patrones y empleados, que pronto los tengan de regreso.

En este mismo espacio hace tan solo dos semanas, mencionaba lo que para mí era lo más importante para poder salir de lo que parece será una de las peores crisis que vayamos a tener en este país. Hablaba de la metáfora de la cubeta de cangrejos mexicanos y de cómo me gustaría que ante esta crisis la desmintiéramos de una vez por todas, haciendo equipo en todos los frentes. Lamentablemente también escribía que el primero que pensaba se bajaría del barco iba a ser el Gobierno y lamentablemente así nos quedó claro el Domingo pasado.

“El Gobierno nos ha dejado solos”, decía la carta de un empresario a sus empleados, ahora solo nos queda ver si los dueños y empleados pueden hacer equipo o cada quién verá por sus intereses para que al final del camino, todos perdamos.  Está clara la estrategia del Gobierno de aprovechar esta crisis para consolidar su proyecto socialista, dejar que la iniciativa privada sucumba lo más posible para que el pueblo no tenga otra opción que depender de papá gobierno, quién terminará de tomar el control, ahora no solo a través de la ignorancia del pueblo, sino ahora a través del hambre.

Sigo confiando que la metáfora de los cangrejos ya no aplica a los Mexicanos, estoy seguro de que las empresas y sus empleados harán equipo para buscar formas creativas de activar la economía. Pero lo primero que debemos hacer es cambiar, buscar eficiencias, reinventar la manera de hacer el trabajo y buscar obtener mejores resultados con menos. Hoy más que nunca debes arrancar los proyectos de innovación, de reingeniería, de optimización y sobre todo de transformación cultural.

Si crees que la manera de enfrentar la crisis económica es frenar los proyectos, frenar las iniciativas, dejar de gastar en los apoyos externos que venias utilizando y pensar que todo pasará pronto sin cambiar nada, lo más probable es que no haya un mañana para tu empresa. Por el contrario, si impulsas los proyectos de transformación y continuas con ellos para reinventar la manera en que trabajas, entonces serás de los que podrán contar en el futuro, cómo esta crisis nos fortaleció como empresas y como país.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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Aportar para crecer juntos

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Cada quien ve el mundo de una manera diferente, desde el ángulo que nos toca. Por lo tanto al momento de ejercer una opinión, una idea, juicio o concepto sobre algún tema, es imposible que todos vayamos a coincidir. 

Esto es la belleza de la diversidad y de la oportunidad de compartir y escuchar diferentes opiniones. 

Las redes sociales nos han dado la oportunidad de escuchar no solo a la gente que tenemos cerca, sino de comprender diferentes puntos de vista de la gente que vive en una situación completamente diferente a la nuestra. 

Es así que, al formar parte del equipo de colaboradores de este medio, creo indispensable contestar cuatro preguntas clave: ¿Quién soy? ¿En qué creo? ¿Qué aporto social y profesionalmente? y ¿Qué puedes esperar de mí con mis textos?

Soy Ana Lucía Herrera Navarro, tengo 29 años y soy originaria del norte de Coahuila. Soy comunicóloga de profesión, o de título porque en la vida uno aprende a ser de todo. Actualmente tengo una agencia de comunicación digital, soy emprendedora. 

Los que han estado en esta posición entienden que para cuando acuerdas, ya cubriste el puesto de contador, recursos humanos, psicólogo, diseñador, community Manager, vendedor, entre otros. Previo a dedicarme a esto fui ‘godín’ y freelance, y he trabajado en lo público y en lo privado. 

No tengo preferencia por algún perfil mientras haga lo que me apasiona, pero admito que amo la libertad de trabajar desde donde yo quiera. 

Soy católica activa, si algún nombre debo ponerle. No juego con la religión a lo que me convenga, tengo muy claro en lo que creo: en una relación personal y fortalecida con Dios en donde puedo discernir entre el bien y el mal bajo una base moral y ética, con una consciencia limpia y siempre a través de una genuina guía espiritual que alimento todos los días.

Mi ideología política es la que no quisiera encasillar. Creo que para ser un buen gobernante debes ser una buena persona, justa, pensante, con una real vocación para servir, informada, crítica, humilde, persistente y con capacidad de tomar decisiones bajo presión. 

Podré ser tachada de ingenua pero una línea ideológica estricta jamás va a definir a una persona.

Llegué a pensar, como muchos, que las opiniones se dividen, que siempre hay un sí y un no, que estás de un lado o de otro, que todo debe ser o blanco o negro. 

Hoy sé que durante muchos años somos programados para actuar sin pensar, y que a partir de cierta edad es necesario tomar decisiones en donde es difícil mezclar lo que nos inculcan con lo que realmente creemos.

Y entre más decidimos, entre más experimentamos, entre más vemos, entre más vivimos, entre más leemos, hacemos un criterio propio que se construye y se modifica constantemente desde el punto personal, profesional, espiritual, ideológico y que al compartirlo con los demás no es necesario esperar aceptación o respaldo, si no tener la satisfacción de presentar nuestra perspectiva que ayude a otras perspectivas en construcción. 

Y así, a partir de hoy les estaré compartiendo mi perspectiva, desde mi situación actual y en constante optimización, con todo lo que sé, creo y he vivido pero ante todo, a partir de hoy les comparto mi opinión con responsabilidad y respeto. Bienvenidos.

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