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Laboratorio de Ideas

Cambiar el control por la confianza

Gerardo Medina Romero

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Muchas veces he leído por ahí algunos que dicen, “cobro por lo que sé, no por lo que hago”, y siempre me había parecido equivocada esa afirmación porque yo siempre he pensado que, “no importa qué tanto sabes, sino qué tanto haces con lo que sabes”.

Hace un par de años, saliendo de una reunión de trabajo con un cliente en la que presentamos un informe con muchísimas actividades realizadas pero con poco valor real, me puse a pensar en estas frases y llegue a la conclusión de que, “tampoco importa qué tanto haces, sino qué tanto logras con lo que haces”, lo cual me llevó de regreso a la primera frase y me pareció que lo correcto entonces sería decir: “cobro por lo que logro, a partir de lo que sé y de lo que hago”.

Bajo la situación que estamos viviendo, donde la gran mayoría de las empresas se mantienen trabajando a distancia, esta frase toma mucha más relevancia, sobre todo para aquellos jefes y líderes amantes de cuidar lo que se hace y no lo que se logra. 

Empresas cuyos líderes o jefes, desarrollaron una cultura organizacional centrada en supervisar y vigilar a los trabajadores para asegurar que estaban trabajando y no haciendo otras cosas ajenas a su responsabilidad. Empresas en las que se checaba la hora de entrada y la hora de salida e incluso el tiempo de comida.

Empresas en las que se limitaba el acceso del personal a internet abierta por el temor a que perdieran tiempo navegando en sitios que no tenían que ver con su trabajo o que se prohibía el acceso a los sitios de bancos o a cuentas de correo personal. Empresas donde se valoraba a las personas que se iban tarde a sus casas y se criticaba a las que se iban temprano.

Hoy nos hemos dado cuenta de que debemos cambiar el control por la confianza, que los indicadores con los que algunos pensaban que estaban midiendo el nivel de productividad de la gente, ya no puede ser la hora de llegada y la hora de salida.

Líderes que vigilaban y medían cuántas veces se levantaba al baño la gente o cuánto tardaba en llegar a su lugar después de una junta de trabajo, o que medían cuánto tiempo se tardaba su gente en responder a un correo o a un mensaje de texto, o que medían cuántas llamadas se hacían al día, a cuantos clientes visitaba en un día un vendedor o cuántos expedientes revisaba una persona en una jornada. 

Todos estos comportamientos parten de la premisa de pensar que las personas no trabajan solas y por lo tanto hay que obligarlas y supervisarlas para que trabajen, de asumir que, “las personas son flojas e irresponsable por naturaleza”, es decir, parten de la desconfianza. 

Hoy, bajo las circunstancias actuales, a esos líderes no les ha quedado de otra más que aprender a confiar y a basar su liderazgo en la premisa de que las personas son capaces de trabajar solas y que harán lo que esté de su parte para lograr los resultados. Por lo tanto su rol pasará de vigilar “qué tanto hacen”, a impulsar el, “qué tanto logran”.

Las instrucciones de los jefes no deberán estar enfocadas a decirle a la gente lo que hay que hacer, sino decirle lo que hay que lograr y confiar en que ellos lo harán. Los indicadores de desempeño no deben estar centrados en cuántas horas trabajó, sino en qué fue lo que logró con el trabajo que realizó. 

Los jefes deben asegurarse de dar claridad a su equipo del resultado esperado y deben establecer metas, si las metas se cumplen, ya no importará a qué hora comenzó a trabajar y cuántas horas fue al baño, o si utilizó parte del horario laboral para hacer un pago pendiente o para ayudar a su hijo a hacer una tarea. 

Cada persona deberá encontrar en su estilo y preferencias, la manera de ser más productivo. 

Algunos trabajan mejor temprano e incluso prefieren levantarse de madrugada para trabajar porque son más productivos, otros prefieren trabajar de noche después de terminar con las labores de casa y con mayor tranquilidad sentarse a terminar el trabajo pendiente.

Algunos se sienten mejor trabajando con música, otros en un ambiente de completo silencio, algunos prefieren trabajar después de hacer ejercicio, otros prefieren el ejercicio al final del día, en fin, cada rutina es distinta y los jefes ya no pueden, ni deben querer controlar todo lo que su gente hace, cómo lo hace, a qué hora lo hace, con quién lo hace y con qué lo hace, más cuando el modelo de trabajo a distancia les impide estar vigilando a cada persona.

Asimismo, cada colaborador que trabaje desde casa deberá demostrar su compromiso y responsabilidad para corresponder a la confianza que la organización le deposita, y reconocer si requiere solicitar ayuda a su organización para desarrollar o fortalecer las competencias para lograrlo. La gente deberá aprender a autogestionarse, a organizar mejor su tiempo, a ser disciplinado y a balancear sus actividades para ser efectivo y productivo. 

Recuerden, para lograr más, no solo hay que hacer, sino que hay que saberlo hacer.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro



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Laboratorio de Ideas

¿Y la activación física contra la obesidad?

Columna Invitada

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Por Agustín A. Herrera Fragoso

¿Qué le pasó a Poncho?, se cuestionó la familia del niño en un video subido a la red social Youtube, el cual narra la historia del estudiante de secundaria que falleció el 2 de diciembre de 2013 por la misma causa que tiene sumida a una buena cantidad de niños mexicanos en una regular o mala calidad de vida y con riesgo a contraer enfermedades como diabetes e hipertensión: la obesidad.

“Ves a tus hijos crecer y piensas que están sanos. Desafortunadamente no te das cuenta y pasas por muchas situaciones, que en el caso de Poncho fue lo que me pasó. No me di cuenta de que su alimentación, el que no hiciera ejercicio, su sobrepeso le causara la muerte”, señala el padre de Poncho en la grabación.

Con el video, los padres del joven pretenden crear conciencia sobre el problema de la obesidad en México que, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2018, en el país se registró 18.1 por ciento de sobrepeso en infantes de 5 a 11 años de edad y 17.5 por ciento de éstos con obesidad.

El sobrepeso y la obesidad constituyen ya, en conjunto el principal problema de salud pública en México. Para enfrentar el problema se limitan a prohibir los alimentos denominados Chatarra por su alto índice calórico y de azúcar, sin hacer un abordaje de manera integral y desarrollar políticas públicas que involucren a los diversos sectores de la sociedad mexicana en conjunto con los padres y la sociedad.

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. El problema es mundial y está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. Se calcula que en 2016, más de 41 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo tenían sobrepeso o eran obesos.[1]

Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Mismas que son prevenibles.

La obesidad entre los niños y los adolescentes se ha multiplicado por 10 en los cuatro últimos decenios[2]. El número de niños y adolescentes de edades comprendidas entre los cinco y los 19 años que presentan obesidad se ha multiplicado por 10 en el mundo en los cuatro últimos decenios.

Las conclusiones de un nuevo estudio dirigido por el Imperial College de Londres y la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que, si se mantienen las tendencias actuales, en 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que con insuficiencia ponderal moderada o grave.[3]

La Dra. Fiona Bull, coordinadora del programa de la OMS de vigilancia y prevención poblacionales de las enfermedades no transmisibles señala: “La OMS alienta a los países a esforzarse por modificar los factores del entorno que aumentan el riesgo de obesidad en nuestros hijos. Más concretamente, es preciso reducir el consumo de alimentos muy elaborados baratos, con alto contenido calórico y bajo valor nutricional. Además, conviene que los niños dediquen menos tiempo de ocio a actividades sedentarias y que incluyen el uso de pantallas. Para ello, es necesario fomentar la actividad física mediante el deporte y la recreación activa”.

Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

La causa fundamental del sobrepeso y la obesidad infantiles es el desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto calórico. El aumento mundial del sobrepeso y la obesidad infantiles es atribuible a varios factores, tales como:

  • El cambio dietético mundial hacia un aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos con abundantes grasas y azúcares, pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes saludables.
  • La tendencia a la disminución de la actividad física debido al aumento de la naturaleza sedentaria de muchas actividades recreativas, el cambio de los modos de transporte y la creciente urbanización.

Se acepta que la prevención es la opción más viable para poner freno a la epidemia de obesidad infantil, dado que las prácticas terapéuticas actuales se destinan en gran medida a controlar el problema, más que a la curación. El objetivo de la lucha contra la epidemia de obesidad infantil consiste en lograr un equilibrio calórico que se mantenga a lo largo de toda la vida.

Equilibrio que se vivía y que forjábamos principalmente en los 70s, 80s y 90s, cuando la alineación tecnológica no destituía el juego y la diversión en los parques, la delincuencia organizada no invadía las calles y espacios de recreación infantil; donde se podía mantener un equilibrio calórico con el ejercicio, por lo que falta:

  • Mantener la actividad física: un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada o vigorosa que sea adecuada para la fase de desarrollo y conste de actividades diversas.

Elemento fundamental que la OMS lo señala para complementar el régimen alimentario y saludable.

Situación que también va de la mano de la seguridad, el contar con los espacios adecuados, donde podemos cambiar una cultura virtuosa del ejercicio y el juego sumando a la familia, amistades y la sociedad.

Por lo que se recomienda que se den las condiciones legales y de política pública para que:

  • Los niños y jóvenes de 5 a 17 años inviertan como mínimo 60 minutos diarios en actividades físicas de intensidad moderada a vigorosa.
  • La actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios reportará un beneficio aún mayor para la salud.
  • La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica. Convendría incorporar, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen, en particular, los músculos y huesos.

Donde la realización de una actividad física adecuada ayuda a los jóvenes a:

  • Desarrollar un aparato locomotor (huesos, músculos y articulaciones) sano;
  • Desarrollar un sistema cardiovascular (corazón y pulmones) sano;
  • Aprender a controlar el sistema neuromuscular (coordinación y control de los movimientos);
  • Mantener un peso corporal saludable.

La actividad física se ha asociado también a efectos psicológicos beneficiosos en los jóvenes, gracias a un mejor control de la ansiedad y la depresión. Asimismo, la actividad física puede contribuir al desarrollo social de los jóvenes, dándoles la oportunidad de expresarse y fomentando la autoconfianza, la interacción social y la integración. También se ha sugerido que los jóvenes activos pueden adoptar con más facilidad otros comportamientos saludables, como evitar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, y tienen mejor rendimiento escolar.


[1] Ver: https://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood/es/

[2] Ver: http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2017/increase-childhood-obesity/es/

[3] 11 de octubre de 2017, LONDRES

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Análisis y Opinión

La imagen se construye desde los detalles

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Cada vez es más común ver en redes sociales a profesionales o empresas que hacen publicaciones sobre distintos temas relacionados a sus servicios o productos tratando de llamar la atención de posibles clientes. Es importante destacar que en ocasiones la forma resulta mucho más relevante para captar la atención de un posible cliente que el fondo del contenido.

El fondo es el contenido y mensaje que se intenta transmitir, incluye el enfoque y el manejo del tema. El fondo nos permitirá hacer juicios sobre el nivel de experiencia que tiene el profesional y la empresa, dominio del tema, punto de vista con el que hace la observación, enfoque práctico que le da, y muchas cosas más.

Por su parte, la forma incluye tanto la redacción y ortografía utilizada, así como el diseño, las imágenes y el medio seleccionado para comunicarlo. La forma nos permitirá hacer juicios sobre la importancia que tiene para la empresa o persona que lo publica hacer o entregar cosas con calidad, su nivel de profesionalismo y la atención que le da a los detalles.

Todo comunica y todo lo que una empresa o un profesional hace, de manera consciente o inconsciente, contribuye a que el público con el que tiene contacto genere una determinada imagen de ellos que influirá en la toma de decisiones con relación a la compra del producto o servicio que ofrece.

La imagen es la suma de los juicios que un determinado público hace sobre una organización o un profesional a través de la acumulación de todos los mensajes que haya recibido, directa o indirectamente.

Una publicación con errores ortográficos o de redacción genera juicios tan negativos como una publicación donde el manejo del tema es confuso, erróneo o sin ofrecer valor alguno. Un profesional que no cuida el manejo de sus redes sociales y el tipo de publicaciones o fotos que comparte puede contribuir de manera negativa a su imagen profesional, tanto como un conflicto laboral.

Desde mi punto de vista, si una empresa no tiene algo verdaderamente relevante que aportar que sea distinto o nuevo a lo que se ha dicho, o si no domina un tema en particular, es mejor no escribir nada, ya que eso solo pondrá en evidencia su incapacidad ante sus potenciales clientes. Si una empresa no es capaz de revisar la puntuación, la redacción y la ortografía de una publicación, seguramente tampoco pondrá atención al hacer las cosas con calidad y profesionalismo para sus clientes.

La calidad de los productos y servicios de una organización o de un profesional son tan importantes para construir su imagen como lo son la actitud y comportamiento fuera y dentro de la empresa, al igual que la calidad de sus publicaciones y mensajes que emite a través de los distintos medios de comunicación.

El incremento en el uso de los chats a través de dispositivos móviles ha atrofiado tanto nuestra capacidad de escribir como la de leer, y nos hemos llenado de una serie de vicios y malos hábitos que pueden verse reflejados en las publicaciones que elaboramos y publicamos. De pronto ya no sabemos usar la puntuación correctamente y al revisarla no somos capaces de detectar errores tan graves como la falta de un signo de interrogación al inicio de una pregunta, o el uso indiscriminado de mayúsculas por ejemplo. Es por ello que debemos darle el doble de importancia a la revisión de los textos.

Si queremos fortalecer nuestra imagen como empresa o profesionales independientes, debemos comenzar por cuidar todos los mensajes que enviamos, al menos los que hacemos de manera consciente. Hay que reconocer que para hablar de un tema hay que dominarlo y tener algo nuevo que aportar o, de lo contrario, será mejor no escribir a menos que se trate de una simple opinión sobre el tema.

Y si ya decidiste publicar un artículo, un aviso o un simple comentario de cualquier índole, asegúrate de hacerlo con buena redacción, verifica el significado real de las palabras que utilizas, revisa que tiene la puntuación adecuada y asegúrate que esa publicación realmente refleja la imagen que quieres proyectar.

Recuerda, la imagen pública de una empresa puede ser su principal aliado o su peor enemigo para lograr sus objetivos de negocio y su construcción comienza desde los detalles.

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