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Opinión

¿Cede Iglesia visión de DDHH a Sistema Interamericano?

Felipe Monroy

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Un replanteamiento profundo de principios se asoma entre las líneas del magisterio de la Iglesia católica latinoamericana para las próximas décadas. Si bien la larga construcción del magisterio de la catolicidad resguarda un abundante y no siempre brillante camino hacia la comprensión del reconocimiento de la dignidad humana y sus derechos fundamentales, los principios irrestrictos del valor de la vida humana nunca dependieron de las certezas o instituciones humanas sino del vínculo inquebrantable con el Creador.

Para los católicos, la conciencia del don de la vida humana (y con ella su dignidad y la protección de sus derechos fundamentales) proviene de la relación sagrada con Dios. Los derechos humanos, inscritos en el corazón de los seres humanos, no dependen de agendas ni ideologías. Nunca dependieron, pero quizá eso cambie pronto.

Por lo menos en las últimas dos ediciones de la ‘Guía de la Pastoral de Derechos Humanos’ elaborados por el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), a través de su Equipo Latinoamericano de la Pastoral de los Derechos Humanos, la Iglesia propone “un camino” que requiere que la labor de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Corte Interamericana de Derechos Humanos “sea vinculante para los Estados, a fin que sus resoluciones sean aplicadas en forma expedita para la efectiva salvaguardia de los derechos de las personas afectadas por su violación”.

La Iglesia católica latinoamericana en su guía pastoral “Defiende el derecho, ama la justicia y camina humildemente con tu Dios” de 2011 (bajo la presidencia del arzobispo mexicano, Carlos Aguiar) y en su actualización “Iglesia en salida que ama, custodia y defiende la vida” publicada en 2018 (bajo la presidencia del cardenal colombiano, Rubén Salazar) deja en manos de los cambios culturales el devenir de los derechos humanos. Lejos de su naturaleza, los derechos humanos pueden ser creados, transformados o derogados según el contexto cultural lo vaya definiendo. Al menos eso recomiendan los numerales de ambos documentos, 74 y 171, respectivamente.

Esta convicción, que se replica y hace formativa para todos los católicos del continente, puede significar varios reveses a los principios y valores cristianos en materia de derechos humanos. Es sabido que muchas de las labores y resoluciones del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos responden al cabildeo y presiones de diferentes intereses, al lobbying de ONG’s y coacciones de las naciones o grupos de poder.

Y, sin duda, en el seno de la Iglesia católica continúa haciendo mucha falta la autocrítica para reconocer las inmensas y persistentes fallas institucionales o tradicionales ante las contradicciones de la promoción de la plena dignidad humana con el incumplimiento básico de garantías de las personas. Las no siempre agradables pero certeras críticas que recibe la Iglesia por casos terribles contra los derechos o la dignidad de las personas son fallas humanas, producto de la ignorancia y los contextos, pero no podemos decir que sean una opción de la institución cristiana.

En el ideal, el Sistema Interamericano debe funcionar como un límite y una barrera de contención ante la arbitrariedad estatal, ante los abusos de los gobiernos; pero ¿y si es justo el Sistema Interamericano el que promueve lecturas de cambios ideológicos que afecten los principios de la dignidad humana o del derecho natural?

El riesgo, según algunos especialistas, es que influencias políticas presionen la interpretación de los derechos humanos no desde su origen sino por las circunstancias que convengan a ciertos intereses: derechos no razonables, falsos derechos o falacias antropológicas a partir de criterios ambiguos como “el libre desarrollo de la personalidad”. De hecho, eso ya ha sucedido, como en el caso Artavia Murillo contra Costa Rica, en el 2012, donde la Corte redefinió la naturaleza del embrión humano.

Por el contrario, para los católicos, el Catecismo de la Iglesia Católica, en su numeral 2258 apunta: “La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin”. Para la Iglesia Latinoamericana, en el Documento de Santo Domingo de 1992, dejó en claro que una de las responsabilidades de los católicos pasaba por la promoción de los derechos humanos, “pero siempre desde el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia”.

En vísperas de la realización de la Asamblea Especial para la Región Panamazónica del Sínodo de los Obispos, lo único que queda por preguntar a los pastores latinoamericanos es si continuarán apoyando que las resoluciones del Sistema Interamericano “sean vinculantes” y de “aplicación expedita” aun cuando éstas contravengan la doctrina de la Iglesia universal.

@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

Caso Cienfuegos: El dilema

Felipe Monroy

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Es conocida la anécdota del general villista Pablo Seañez con el periodista norteamericano John Reed mientras iban en un carro para alcanzar al general Urbina allá en 1915. En el automóvil iban el general, un mayor de nombre Vallejo, Reed y una mujer embarazada (la llevaban a la ciudad para ver a un médico); al cruzar un arroyo, el auto se atoró, el general sacó la pistola y sugirió que, para aligerar el sobrecargado vehículo, había que matar al periodista. Vallejo convenció a Seañez de guardar la pistola mientras Reed se bajaba a empujar el carro. El general al final dijo riendo: “Bien, ahora llevamos un caballo más”.

La historia marca varias pautas a considerar: Uno, que las fuerzas militares en ocasiones pueden poner los recursos a su alcance para ayudar al pueblo necesitado (representado en la mujer embarazada). Dos, que ante los problemas, la decisión y la orden son prestas para responder a favor de un ‘bien mayor’, incluso si para ello se debe sacrificar algo o alguien; bien se dice que se rompe la soga por lo más delgado. Y tres, que a pesar de que el forastero o el periodista ponga de su parte la creatividad y el coraje para ayudar a desatorar una marcha detenida por la desavenencia, no será sino un recurso para la satisfacción de los mandos.

Viene todo esto a cuento por el caso del general Salvador Cienfuegos y su peculiar -y fugaz, si lo vemos bien- paso por la justicia norteamericana. La mayoría de los comentaristas de noticias considera que el affaire del general en Estados Unidos es un tema que no se puede minimizar. Desde su aprehensión en Estados Unidos hasta su retorno a México vía un acuerdo bilateral del que se desconocen todos sus matices, el asunto obliga a reflexionar quiénes son los personajes de la historia, cuáles son sus motivaciones y qué se ha sacrificado para intentar desatar ese nudo Gordiano que aún inquieta entre la sociedad.

En resumen, al general Cienfuegos -exsecretario de la Defensa Nacional durante el sexenio de Peña Nieto- lo aprehende la DEA en Los Ángeles el 15 de octubre pasado bajo la acusación de tres delitos de narcotráfico y uno de lavado de dinero; casi un mes más tarde, las autoridades de Estados Unidos entregan a la Fiscalía General de la República los documentos que soportan la investigación contra el general y configuran un acuerdo con el Estado mexicano para la repatriación del militar de 72 años. México tiene enfrente la obligación -legal, moral y hasta diplomática- para realizar todas las diligencias necesarias en el proceso contra Cienfuegos.

Para la Fiscalía no es sino un escollo en el que hay demasiado peso como para continuar avanzando en otros casos de corrupción que también reciben presión especialmente de la ciudadanía. La respuesta: aligerar la carga. Para el general Seañez la respuesta era obvia al aniquilar a una de las partes; el periodista Reed sabe que debe ser él quien apoye antes de que lo hagan ayudar contra su voluntad.

Ningún recurso, en el fondo, es inagotable y la Fiscalía seguro no goza de todos los necesarios para atender los procesos que tanto Presidencia como la ciudadanía le exigen y menos cuando le derivan uno del calibre del Caso Cienfuegos. Alguno de los casos debe poner a enfriar, alguno deberá abandonar en el camino, aniquilarse para salir de escollo en que se encuentra la Cuarta Transformación. ¿Qué casos debería ir soltando? ¿Collado, Serna, Ancira, Calderón, el huachicoleo, Videgaray, Lozoya, Peña, Ayotzinapa, al exsuperdelegado en Chihuahua, al grupo élite de la Marina, a la empresa Iban Wallet?

Para los medios de comunicación, la persecución de ‘los peces gordos’ siempre es un atractivo noticioso, pero tiene sus consecuencias. Las manifestó con claridad meridiana el fiscal de la zona norte en Chihuahua, Jorge Nava a inicios de noviembre: La Fiscalía General de la República no tiene tiempo, ni recursos para investigar ni procurar justicia a los miles de crímenes de índole federal que se cometen todos los días en el territorio mexicano. El resultado: impunidad por encima del 95% en casos donde se requiere la acción de las instancias federales. Eso, sin contar los errores que comienzan a acumularse en la dependencia: La mala integración del caso contra los militares implicados en el Caso Ayotzinapa dan una muestra de ello.

Adivine quién va a bajarse a empujar para salvar el propio pellejo.

LEE Abusos sexuales en la Iglesia, después del Informe McCarrick

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Reactiva tu capacidad de aprender en equipo

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Como lo he mencionado en semanas anteriores, los retos que nos presenta la nueva normalidad demandan sin duda que saquemos nuestra parte creativa y despertemos nuestra intuición, y en conjunto con nuestros compañeros y colegas, descubramos los nuevos paradigmas sobre los que debemos trabajar de ahora en adelante.

Lamentable (o afortunadamente) no hay mejores prácticas sobre la nueva normalidad: todo es a prueba y error. Ya sea para los propios gobiernos locales o federales y los diferentes tipos de empresas y organizaciones. Entonces, ¿cómo puedo aprender y diseñar las nuevas prácticas de trabajo con las que yo y mi equipo trabajaremos?

En mi opinión, la respuesta no es tan compleja y la solución está muy cerca de nosotros. Me refiero a nuestro propio sentido común. Pero claro, el sentido común es el menos común de los sentidos y justo por eso se convierte en un elemento tan poderoso cuando se combina con el sentido común de otras personas.

Hemos estado tan acostumbrados a buscar la respuesta fuera de nosotros y a que alguien externo nos muestre nuevos paradigmas que hasta cierto punto hemos perdido la práctica de generar los propios. Las anteriormente llamadas comunidades de aprendizaje o células de conocimiento hoy resultan fundamentales para generar nuevos paradigmas y obtener respuestas que ningún libro y ninguna consultora nos puede dar, simplemente porque nunca se había vivido algo similar.

Reunirse con compañeros o colegas para compartir experiencias y buscar aprendizajes es una práctica que debemos recuperar y fomentar. Obtener conocimiento tampoco debe requerir un método complejo ya que aprendemos desde que nacemos y no lo dejamos de hacer hasta que morimos. Hacerlo en conjunto con otros amplía nuestro observador y nos genera muchísimas más posibilidades de aprender.

Para lograr un aprendizaje útil el grupo debe comenzar por analizar hechos o experiencias concretas; posteriormente los integrantes deben reflexionar sobre esa situación y a partir de su punto de vista individual, tratar de dar una explicación a lo que pasó y al por qué creen que pasó.

El siguiente paso requiere que el grupo discuta y de entre todas las hipótesis posibles sobre ese tipo de situaciones, seleccione las que a juicio de la mayoría son las más probables de comprobar y aplicar. Una vez que el grupo prueba las hipótesis en situaciones similares podrá comprobar si son erróneas, en cuyo caso deberá generar nuevas hipótesis al respecto. Si son acertadas, traducirlas en teorías y en aprendizajes concretos que compartirán con el resto de sus compañeros.

Así es como aprendemos desde niños. A partir de quemarnos con una vela (experiencia concreta), reflexionar sobre lo que pasó y por qué pasó (al poner la mano en el fuego, el calor de la llama nos lastima), plantear hipótesis y aplicarla (el fuego quema), y al comprobarlo nuevamente hacerlo un aprendizaje concreto (no volver a poner la mano en el fuego).

En este sentido y ante tanta incertidumbre es muy importante fomentar la creación de estos foros o comunidades de aprendizaje, ya sea con miembros de nuestras propias organizaciones o incluso con amigos o colegas de otras empresas. Lo importante es reunirse para compartir hechos o experiencias que puedan analizar y reflexionar sobre ellas en conjunto para tratar de encontrar hipótesis que puedan comprobar y aplicar para, de esta manera, generar y descubrir los nuevos paradigmas que determinarán la manera de trabajar en esta nueva normalidad.

Confía en tu capacidad para analizar una situación y escuchar la percepción que tienen otras personas sobre la misma y encontrar patrones que te permitan, proponer acciones para superar los nuevos retos que está enfrentando en tu organización. Date permiso de aplicarlas y observar el efecto que causan para ver si son efectivas o si deberás plantear nuevas opciones.

Explora, pregunta, observa y comparte tus ideas y propuestas con los demás y en conjunto se darán cuenta que no hay mejor tecnología, libro o consultor que una buena conversación con un grupo de colegas.

LEE Una transformación sin proyectos

ebv

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