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Opinión

Cine: Huachicolero, autenticidad narrativa

Felipe Monroy

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Ciudad de México.— ¿Dónde están los predilectos de la fortuna? ¿Dónde están sus palacios, los lujos y excesos a los que nos tienen acostumbrados como natural consecuencia las narrativas del crimen organizado? Huachicolero (México, 2019) no opta por el camino fácil: nos presenta el fenómeno del robo de gasolina sin la romantización del dinero ni del poder; su ruta, por más de una razón, es la autenticidad, la entrañable y dolorosa autenticidad.

Huachicolero es el primer largometraje del joven cineasta guanajuatense Edgar Nito quien ha decidido ofrecer una mirada sobre la realidad del sistemático robo de gasolina en los abandonados poblados mexicanos y cuyos efectos son mucho más complejos que el dinero fácil. La historia se desarrolla en el estado de Guanajuato, en precarios poblados asentados sobre las líneas subterráneas de gasolina que pasan por páramos desérticos cuyo horizonte dominan en la lejanía las antorchas de una activa refinería.

En la espesura de la noche y tras el tedio impasible de un soborno repetido mil veces, un primer crimen al pie de una toma clandestina de gasolina impone el tono y la oportunidad para comprender la realidad en la que vive el protagonista Lalo (un debutante Eduardo Bando) y el resto de los pobladores: el negocio de la gasolina robada es parte de la cultura, casi invisible pero cuya sombra se alza en las alegrías y esperanzas de todos los personajes.

Nito nuevamente hace mancuerna con Alfredo Mendoza (Masacre en San José -corto del 2015-) para escribir un guión original inspirado por trazos de acontecimientos reales. Se trata de la historia de Lalo, un adolescente de secundaria con las pequeñas pero heroicas aspiraciones de un muchacho amoroso, gentil, trabajador y obediente de su madre (Myriam Bravo). Lalo nos introduce, con su mirada sencilla y auténtica, a muchos de los perfiles y dinámicas sociales que son capturados por la cultura del huachicol: su trabajo -inocente y legítimo- convive con el negocio del robo de combustible; y sus deseos juveniles compiten con quienes usufructúan sus bienes; es decir: todas sus rutas son la misma ruta.

Nito aprovecha la experiencia actoral de Fernando Becerril (don Gil), Leonardo Alonso (agente Loaeza), Pedro Joaquín (Rulo), Regina Reynoso (Ana) y la propia Bravo para acompañar al novel Eduardo Bando en su idílica travesía y dejarse también acompañar él mismo por los espacios que le son propios y que rezuman autenticidad en este drama social.

Aunque el robo de combustible y las subsecuentes estrategias de los gobiernos mexicanos para intentar erradicarlo han dominado los titulares periodísticos en este 2019, Huachicolero nació como idea mucho tiempo antes de que siquiera fuera una preocupación popular y en el filme se refleja: la historia no fue forzada a posibilidades melodramáticas ni a exageraciones narrativas. En ella sólo vemos el crudo y auténtico escenario sobre el cual los personajes hacen su vida tan cotidiana como maravillosa.

Nito nos ofrece su ópera prima que suponemos trabajosa pero auténtica; una historia a veces terrible y dolorosa, y en otras grácil y risueña, pero incontestable, genuina. Ahí reside la fortaleza de esta propuesta y por ello el filme ha sido extensamente reconocido en los festivales internacionales donde ha sido presentado (Mejor Narrativa a filme internacional en el Festival de Tribeca y el Premio del Público en el Oldenburg Film Festival). No sólo por la pulcritud y creatividad técnica con la que se han aprovechado los pocos recursos que tuvieron el cineasta y el crew sino por la genuina naturalidad de la historia, la honesta mirada sobre aquello que nos enseñan tanto la sentencia del poeta López Velarde en el siglo XIX (“El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo el diablo”) y las silenciosas tragedias representadas todas en la explosión de ductos de gasolina en Tlahuelilpan a inicios de este año con la consecuente muerte de 173 personas que se dedicaban al huachicoleo.

@monroyfelipe

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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Opinión

Los Monstruos de Andrés

Domingo Días

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Los Monstruos de Andrés

Ciudad de México.— Mi Viejito Lindo durante tantos años de campaña, se dedicó a crear íconos de corrupción, y no dudamos que existiera esta, es más estamos ciertos de eso como cualquier mexicano.

Durante años creó estos “Monstruos a la Corrupción” y fue la base de su campaña, y así enarbolando la matanza de estos, convenció a millones de mexicanos que le dieran su voto.

Entre estos monstruos destacan el avión presidencial, Los Pinos, el Estado Mayor Presidencial, el NAIM, la compra a precios inflados de las medicinas, el Ejército en las calles, las Reformas de Peña Nieto, aunque estas sin el apellido dado los acuerdos de inmunidad con este, donde destaca la Educativa y la Energética.

Quién en su sano juicio estaría en contra de las promesas de Mi Viejito Lindo durante su campaña, ¿desea que siga la corrupción?, ¿no quiere mejores servicios de salud?, ¿está en contra de una mejor calidad en la educación para que sus hijos puedan tener un mejor futuro?, ¿vive acaso muy tranquilo y no quiere que la inseguridad se acabe?, reitero, sólo un loco lo haría.

Así fueron de generales las promesas de campaña, nunca dijo el cómo, y el cuándo era inmediato: “entrando baja la gasolina”, “al mes sacó al ejército de las calles”, “los criminales van a dejar las armas en cuanto yo entre”.

Apareció el “Dios Danzante”, con la danza de los millones a repartir, becas para los ninis, para los que estudian y para los que no, para las mamás solteras y para las casadas, para los abuelos y abuelas, prácticamente todos bailarían con este dios danzante.

Y así fue como arrastró a millones de mexicanos a votar por él, hartos de que el monstruo de la corrupción reinara, los convenció de que sin importar nada tenían que fallecer.

Algunos de estos monstros murieron de inmediato sin dar la menor batalla, sólo eran dioses de poca monta, con muy poca relación con el pueblo bueno. Da lo mismo pagar los gastos de manutención en Los Pinos que en Palacio Nacional, da igual si sus elementos de seguridad se llaman EMP o Gacelas y así mató una buena parte de los monstruos que manifestó a su grey hipnotizada.

Inició el proceso de sacar al Ejército de las calles y creó la Guardia Nacional, quien a su vez sacó a los soldados del Ejército y los enlistó en sus huestes. Abrogó la Reforma Educativa y los maestros felices de que ya no se les evalúe, esta tranquilidad les permitirá prepararse mejor y brindar una mejor educación a nuestros niños.

No sabemos porqué el último sexenio esta borrado en su mente, hasta la fecha se ha olvidado de la existencia de Enrique Peña Nieto, lo cual únicamente nos confirma la serie de acuerdos en lo obscurito debe haber, tiene el trato de testigo protegido.

La “Mafia del Poder” se extinguió sin razón alguna, y en su lugar aparece alguien aún más malo que Abaddon “Rey del abismo sin fondo”, emerge Calderón “el destructor” cuyo objetivo es destruir el mundo.

Este ha cumplido la función de ser el responsable de todo aquello que le aqueja al pueblo bueno, durante su sexenio se fraguó la destrucción de México.

Ante los desatinos de su gobierno, creó algunos monstruos emergentes como “Don Huachicol”, que si bien ya existía, era un diablo menor que solo afectaba a PEMEX y nadie le daba importancia, pero ante la falta de previsión en la importación de gasolina, lo enardeció y lo encumbró como uno de los villanos mayores, publicito que estaba llevando a PEMEX a la quiebra total y con eso a los mexicanos.

Gracias a su habilidad de cerrar ductos y con tan sólo con unos cuantos “pipasos” lo sofocó y actualmente cuenta la leyenda transmitida en el “Show Mañanero”, este se encuentra encarcelado y agonizando, aunque las cifras de Pemex digan lo contrario y el arma letal, las pipas, se adquirieran fuera de la ley.

Mandó el avión a vender al extranjero, nunca han aclarado cómo “El Destructor” Calderón, dejó este monstruo, si era rentado o comprado, Mi Viejito Lindo nunca ha aclarado esto en sus más de 300 Shows Mañaneros, sólo nos dice que va a entrar mucho dinero para alimentar al “Dios Danzante”.

Ante el proyecto de venta perfectamente estudiado mandó el avión al extranjero y ahora a un año viene de regreso y nos comenta que ya sabía que era muy difícil concretar la venta.

Entonces orquesta su rifa por medio de la Lotería Nacional, pero los neoliberales enemigos del pueblo bueno se le adelantaron previendo esto y está impedido por el Artículo 2° de la “Ley orgánica de la Lotería Nacional para la Asistencia Pública” del 14 de enero de 1985, que dice: “El objeto del organismo es apoyar económicamente las actividades a cargo del Ejecutivo Federal en el campo de la asistencia pública, destinando a ese fin los recursos que obtenga mediante la celebración de sorteos con premios en efectivo”.

Pero eso no importa, las cosas han cambiado, mientras buscaba el apoyo del pueblo bueno decía: “por encima de la ley nada, porque confían en nosotros”, y ahora dice: “hacemos así las cosas porque somos honrados”, y así podrá hacer su rifa a través de la Lotería sin mayor problema. Las leyes se hicieron para romperse, siempre y seas honrado como Mi Viejito Lindo.

Ya se destruyó el Seguro Popular, que no era seguro ni popular, a nadie servía y creó el INSABI en cumplimiento de la ley que dice que la atención medica y los medicamentos deben ser gratuitos. Y dando cátedra jurídica nos enseño “la obligatoriedad progresiva de las leyes”, diciendo que de aquí a diciembre se cumplirá este precepto de nuestra Carta Magna.

Y mientras Mi Viejito Lindo canta odas a todo pulmón cual juglar medieval de sus triunfos sobre los monstruos, tenemos un caos en el Sector Salud donde hay seres humanos a los que se está deteriorando su calidad de vida, si no es que les esta costando la vida misma.

En su afán de matar estos monstruos, no le importa llevarse al baile a quien sea, incluido al país.

Domingo Días.
domingo.dias@yahoo.com.mx
Twitter: @domingodias7
www.domingodias.com

• “Un año más para que esto cambie por completo”. Que emoción en tan sólo 283 días México será otro.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

ebv

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Affaire editorial, crisis política y guerras pontificias

Felipe Monroy

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Affaire Editorial, Crisis Política Y Guerras Pontificias

Ciudad de México.— Una larga, sutil y hasta elegante tensión en el seno político de la Iglesia católica ha llegado a un quiebre obtuso e irreparable. Las luchas intestinas en la cúspide de la burocracia vaticana dejaron la acuidad y se han lanzado burdamente a crear un conflicto entre dos supuestas ‘Iglesias’, la de Joseph Ratzinger y la de Jorge Mario Bergoglio; han aprovechado el malentendido del libro “Desde el fondo de nuestros corazones” del cardenal guineano Robert Sarah para crear todo un affaire que vertió demasiada tinta en los medios de comunicación.

Los actos polarizantes que parecen enemistar a los católicos entre sí —más atentos a la corte vaticana que a sus prójimos inmediatos— han llegado a tal grado que hubo quienes hablaron de una guerra abierta entre los partidarios de Benedicto XVI y los de Francisco. Una guerra en la que parecen participar todos excepto los propios pontífices. Es un fenómeno que ha alcanzado la cultura popular alimentada de falacias y alarmismos; es un conflicto creado cuyos prosélitos e ideólogos obran bajo el criterio: “Para vaciar aquí es preciso amontonar allá”.

El episodio sobre el libro del cardenal Robert Sarah, prefecto para la Sagrada Congregación para el Culto Divino, ha sido sencillamente alucinante y además es el más claro ejemplo de cómo ha funcionado esta operación de división. La noticia originalmente saltó al plano internacional porque el libro fue aparentemente escrito en coautoría con el papa emérito Benedicto XVI; las pléyades anti-Francisco vendieron el acontecimiento como la declaración abierta de que el emérito Benedicto encontraba la manera de ‘corregir la plana’ al papa Bergoglio y los defensores de éste acusaron al cardenal guineano de manipulación.

Vamos por partes. El adelanto del libro, que sería presentado oficialmente el 15 de enero, fue exquisitamente calculado. En el escenario global católico se encuentra la alta expectativa por el documento post sinodal del papa Francisco respecto al reciente sínodo Panamazónico; el morbo ha crecido por la audacia reformista que el pontífice argentino suele verter en sus documentos. En no pocas ocasiones, Bergoglio ha insistido que prefiere una Iglesia accidentada por arriesgarse a salir que enferma de encierro; y por ello se espera que dé un paso adelante respecto a la votación positiva que dieron los obispos sinodales a la posibilidad de ordenar de manera extraordinaria (y sólo por causas extremas que ameriten en la selva amazónica) a diáconos casados como sacerdotes presbíteros.

Esto por supuesto ha despertado voces de alarma provenientes de cardenales y peritos de la curia romana que defienden la tradición y la disciplina con tanta vehemencia como a los dogmas, advierten que lo extraordinario se hace ordinario y consideran que sin control se pierde el rumbo de la fe en la Iglesia. No han sido pocos y sus títulos son mayúsculos: los cardenales Burke, Brandmüller, Müller y hasta los finados Caffarra y Meisner han incluso perdido las formas diplomáticas para desacreditar el estilo del Papa argentino. Uno de estos ‘guardianes de la ortodoxia’ ha sido justo el cardenal Sarah quien, a pesar de insistir en la fidelidad al pontífice reinante, parece no poder salvarse de ser instrumento de incordio en el corazón de la Santa Sede.

Ahora ya se sabe casi con plena certeza qué fue lo que ocurrió en el affaire del libro. Ha sido el propio Prefecto de la Casa Pontificia y secretario del papa Benedicto XVI, George Gänswein, quien ha esclarecido la historia: El cardenal Sarah visitó al papa emérito y posteriormente le escribió su interés de reflexionar sobre el ministerio sacerdotal católico; más tarde animó a Ratzinger a escribir unas cuantas líneas que éste le compartió también vía epistolar. El cardenal le agradeció personalmente su reflexión y le manifestó su interés de usarlo en un libro; un generoso Ratzinger confió su texto al purpurado. Todo esto aparece en las cartas presentadas por el cardenal Sarah para responder a quienes ya lo acusaban de manipular y mentir con el nombre del pontífice.

El libro fue adelantado con bombo y platillo como escrito ‘a cuatro manos’ entre el cardenal Sarah y Benedicto XVI, en la portada aparecen las fotos de ambos y el título (“Desde el fondo de nuestros corazones”) advertía que el Papa alemán daba certificado a todo el volumen.

Mediáticamente se insistió que era un libro en coautoría del Papa emérito con el cardenal guineano. La caja de Pandora se desató cuando la casa Mater Ecclesiae (donde vive actualmente Benedicto XVI) confió a algunos periodistas que Ratzinger no había aceptado ser coautor del libro; de inmediato se acusó al cardenal Sarah y éste tuvo que salir a defenderse con pruebas; finalmente el propio Prefecto de la Casa Pontificia zanjó la cuestión llamándola ‘malentendido’ de la editorial y recomendando un cambio de portada y estrategia de venta: Benedicto XVI sí escribió siete páginas del libro pero jamás fue consultado como coautor del mismo.

Al final, considero oportunos dos comentarios sobre todo lo acontecido. El filósofo Emerson ya decía que “una dualidad ineludible divide la naturaleza en dos, de suerte que cada cosa no es sino una mitad”. Los prosélitos que azuzan y alimentan estas tensiones entre ratzingerianos y bergoglianos como ubicaciones teológicas y pastorales mutuamente excluyentes no sólo trabajan por la división sino por la disminución de la integralidad de la unidad católica; si su naturaleza se puede expresar en dos partes entonces cada expresión de ‘su catolicismo’ no es sino la mitad de lo que puede ser.

Bien se ha dicho que la cabeza coronada siempre será más vulnerable a los ataques de su propia corte y justo hay que explorar con cautela cuáles son las dinámicas con las que las cortes pontificias socavan justo la autoridad papal. Aunque tampoco hay que ser tan despiadados con este ‘entourage vaticano’, quizá no todos estén enojados o sean ambiciosos o estén alarmados, son instrumentos de los enemigos del Papa porque viven en un momento completamente desconocido para ellos.

Hay que remontarnos a la histórica renuncia de Benedicto XVI en febrero del 2013. A partir de entonces sabíamos que toda la curia romana, cardenales, obispos y sacerdotes andarían sobre territorio completamente nuevo. Ninguna preparación les habría facilitado comprender el delicado momento que se avecinaba y aún a la distancia de los años, la gran mayoría de los pastores sigue experimentando, encontrándose con escenarios inéditos.

En este año 2020, el papa Francisco cumple tantos años en el trono pontificio como los cumplidos por Benedicto XVI. Es decir, por primera vez en toda la historia de la Iglesia, los católicos han gozado de una larga presencia vital de un papa reinante y de un papa emérito, se han tenido que enfrentar a dinámicas vaticanas que diariamente conviven con esta realidad y, sin referencia histórica alguna, parece que sólo pueden voltear al cielo para intentar comprenderla.

El último comentario es sobre el papel de los medios de comunicación (institucionales católicos o no) en este affaire. Cada hora se fue desvelando un fragmento de la historia y cada hora los medios debían recomponer las aparentes certezas que habían esparcido como verdades absolutas. Apostaron por el conflicto, pero no por la resolución; hicieron más eco del descrédito que de las voces prudentes y, en lugar de hacer pausado periodismo profesional, vertieron filias y fobias según su posicionamiento político. Se apasionaron al extremo de confundir sus deseos con la realidad y esto es un enorme peligro contemporáneo pues abre la puerta a la difamación, la calumnia, la parcialidad y el amor al escándalo.

Una vez allí, los medios de comunicación se encuentran en verdadero riesgo de ser utilizados como vehículos de propaganda y esto, en conclusión, ha sido lo peor que ha ocurrido con esta supuesta guerra entre pontífices y tipos Iglesia; porque si estamos en esas, ¿qué idea se han ocupado en verter: un asunto sobre la riqueza de contar con dos personalidades y dos estilos o un conflicto de dos Iglesias que desde las antípodas parecen querer desacreditarse mutuamente?

Ya lo escribió el sabio Kautylia en Artasastra: “Cada reino tiene embajadores cuyo mejor servicio debe ser promover y defender las causas humanas y superiores de la soberanía; y pueden ser brillantes, pero si no guardan modestia ni lealtad, no pueden recibir la confianza plena del rey”.

@monroyfelipe

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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