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Columna Invitada

¿Cuánto cuesta la violencia de género?

Sin estudios de caso es difícil saber impacto real que la agresión de género produce en el país

Jorge Francomárquez

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Ciudad de México.- La violencia contra las mujeres, consecuencia de la desvalorización social y cultural, tiene repercusiones en muchos ámbitos de nuestra vida colectiva. 

Sin estudios de caso, es difícil como sociedad representar el impacto real que la agresión de género produce en la economía familiar, la productividad de una empresa y el país en general.

A ello hay que sumar el retroceso de más de una década en el nivel de participación de la mujer, que en América Latina y el Caribe durante el 2020 sumó a la pobreza a 23 millones de mujeres por el desempleo, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Estas cifras agravan la desigualdad y afectan el ingreso familiar al que valiosamente aporta la mujer en muchos casos como sostén de la casa. 

Desde el punto de vista social, la defensa de género tiene mucho por avanzar además del cuidado indispensable de la integridad física de la mujer. 

El problema es persistente a pesar de los esfuerzos institucionales. En un contexto en que disminuyó la generalidad de los delitos de alto impacto en el país, los feminicidios aumentaron 0.1%, mientras en la Ciudad de México la violación creció 4% en 2020, este último delito cometido por familiares o personas cercanas.

Una manera distinta de trabajar para erradicar la violencia de género es destinar presupuesto a investigaciones por rubro -social, económico, familiar, entre otros-, que aporten datos para identificar con claridad en dónde se requiere mayor inversión, énfasis y trabajo.

En forma general y en mi caso en contacto con mujeres e historias de diversos estratos socioeconómicos, es posible establecer que las agresiones de género propician pérdidas económicas por ausencia laboral, despidos, ruptura del tejido familiar con hijos incluidos, gastos para trascender la situación, tratamientos médicos, entre otros que configuran micro costos y un gran desajuste emocional.

No hay cifras exactas, ni diferenciadas por zonas urbanas y rurales. Pero lo que sí hay es el drama cotidiano de estos casos y sus consecuencias. La afectación económica -muchas veces en precario equilibrio- sin duda es otra de las secuelas de la irracional violencia de género. 

Si se contara con estudios y cifras actualizadas del impacto económico, el gobierno podría identificar la dimensión y trabajar aspectos específicos. No debe faltar la responsabilidad social de empresarios, para implementar juntos, una red de apoyo, talleres y cursos, útiles para la manutención de la mujer violentada, su famila, la empresa e incluso la institución en que labora.

La fuerza laboral de las mujeres debe preservarse porque es un valor de equidad, espacio de desarrollo y el natural aporte a proyectos, empresas y gobiernos. En una democracia las instituciones también pueden dotar de herramientas para lidiar con la vida cotidiana y el trabajo.

La afectación económica provocada por la violencia de género golpea en primer lugar a la víctima, pero el daño no para ahí. Hay resonancia en diferentes esferas que necesitamos integrar al análisis. 

Si lo vemos con cuidado, este planteamiento trata de no revictimizar a la mujer, sino frenar la violencia y su apuro económico.



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Columna Invitada

Experiencia legislativa con rostro ciudadano

Detrás de cada Legislador, de cada Gobernador y del propio Presidente, hay un equipo de especialistas que perfila y acota sus propuestas.

Brenda Calderón

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Ciudad de México.- Soy una mujer que ha trabajado por más de 14 años en el Senado de la República. Por convicción he estado siempre en la izquierda y me han correspondido periodos desde la oposición y ahora con Morena como mayoría en el Senado.

Estoy orgullosa de mi desempeño y quiero construir nuevas metas profesionales y sociales.

Como asesora he tenido el espacio para aportar mi enfoque como mujer en la manera de enfrentar y resolver problemas, y emprender iniciativas.

He sido asesora y/o secretaria técnica de senadores en lo individual, de grupos parlamentarios y del presidente de la Mesa Directiva. A lo largo de estos 14 años con trabajo he logrado tener la especialidad en Derecho Parlamentario, Diplomacia Parlamentaria, Asuntos Internacionales y Medioambientales.

Todo lo alcanzado me da seguridad para ir por más. ¿Pero qué realizo en el Senado?

Puedo decir que detrás del liderazgo de una senadora, de un senador, hay un equipo que realiza un trabajo especializado y preciso. Un asesor es un observador agudo que debe tener una vista panorámica y profunda a la vez. Que puede crear y acotar.

El Poder Legislativo tiene la representación de la sociedad. Es el sitio en donde está el debate de la nación. Historicámente así ha sido. La Constitución y nuestros avances y derechos surgen ahí, y son resultado del compromiso social, de un concepto ideológico que sea viable, y precisamente corresponde a un asesor cuidar cada uno de esos aspectos, desde el debate parlamentario, la defensa de una iniciativa de ley o la rendición de cuentas en forma accesible para los ciudadanos.

Nunca se puede perder el balance. Sea en una situación ordinaria, de emergencia o de coyuntura. Se tiene que asesorar con principios y con credibilidad.

Un asesor destaca y se mantiene del crédito y resultados de su trabajo. De ahí la importancia de su especialidad para entender y aportar.

Como asesora se tiene que estar sensible, atenta a proponer y elaborar estrategias. Eres parte o contribuyes a las decisiones más importantes del país. Sin exagerar, se tiene que estar muy centrada, por la gran responsabilidad del manejo de la información y de la prospectiva en la tarea del legislador.

En mi consideración, el diputado juega un papel positivo en diversos sentidos. Menciono dos de ellos: por una parte, dentro del Congreso es un servidor público, pero también suele ser un líder de su región o representante de algún sector, y en ambos casos, tiene compromisos y acuerdos que desempeñar.

Como representante, requiere sin duda de un equipo profesional. Una asesora posee una competencia concreta y especializada, para aconsejar, estudiar, analizar, proporcionar las bases teóricas y técnicas a los legisladores.

El legislador federal realiza la tarea con sus equipos de trabajo, específicamente con secretarios técnicos o asesores legislativos que efectúan el estudio a fondo de los temas, el impacto social, urbano, presupuestal y el impacto legislativo real en la gente.

Siempre, insisto, respetando el balance, porque no es un asunto de partido, sino de un ideario, un programa de trabajo y el rumbo de un país a favor de la gente.

En el Congreso se encuentra la representación de los partidos políticos y la demanda de los ciudadanos. Es un gran espacio para formarse en los grandes temas y las necesidades evidentes de los ciudadanos.

En suma, una asesora legislativa debe analizar las mejores prácticas en el país y en el contexto internacional, los estudios de caso, la literatura sobre el tema, convirtiéndose en un especialista de la técnica parlamentaria para proponer soluciones, cuidando siempre principios que debe manejar con exactitud, trátese de los derechos humanos, la soberanía, competencias de las autoridades en sus diversos niveles de actuación, en preservar los derechos de los particulares, en cuidar las normas y medios de protección que tienen las empresas privadas o particulares en general.

Hoy vivimos un momento de transformación, en que prácticamente existe la plena paridad en la Cámara de Diputados y el Senado de la República. Las mujeres hemos ganado cada vez más espacios. Es el momento de tener una agenda que recoja ambos mundos.

Me siento productiva y en asertividad de que puedo hacer más. Ser asesora en todos estos años es un privilegio y me gusta proveer insumos de certeza para los legisladores y en el resto de las actividades de mi vida.

Los asesores somos creadores de beneficio general, de instrumentos de solución, y hacedores de las construcciones en las decisiones del país.

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¡Feliz Navidad!

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Por Pablo Mier y Terán

Tú decides

La Navidad es la fiesta más importante de la humanidad en ella conmemoramos el acontecimiento más sorprendente de la historia, el Nacimiento del hijo de Dios. Más de dos mil y ochocientos millones de hombres sobre el planeta, casi cuatro de cada diez, creen en Cristo, cuyo nacimiento se celebra en Navidad.

Navidad es la época mágica y mítica del año porque un Dios, el Dios de los Dioses, se hace hombre, no al modo de una serie mágica de Netflix o Hollywood, sino de modo real y permanente.

La primera magia Navidad, es sin duda, como decía Martín Descalzo, la Alegría. Alegría para los niños que acaban de nacer y para los ancianos que en estos días se preguntan si llegarán a las navidades del año que viene. Alegría para los que tienen esperanza y para los que la han perdido.

Alegría para los abandonados por todos. Alegría para las madres de familia que en estos días estarán más cansadas de lo habitual y para esos hombres que a lo mejor en estos días se olvidan un poquito de ganar dinero y descubren que hay cosas mejores en el mundo.

Sobre todo Alegría, porque Dios se ha vuelto loco y ha plantado su tienda en medio de nosotros. Además de la Alegría otras magias se dan en Navidad; la de escuchar cascabeles que no todos escuchan, la de reunir a quienes normalmente no se reúnen, la de perdonar, la magia de dar, la magia de sonreír y la magia del costal de Santa en el que caben todos los regalos de todos los niños de todos los pueblos del planeta.

Pero lo más mágico de la navidad es el corazón de cada hombre en el que pueden caber todos y en el que se puede resolver todo; desde el perdón hasta la paciencia, desde la fe en que Dios ayudará siempre hasta el esfuerzo en el cumplimiento del deber de cada día.

Es el Papa Francisco quien hace días decía de la Navidad “Jesús en Navidad nos trae una energía espiritual, una energía que nos ayuda a no hundirnos en nuestras fatigas, en nuestras desesperaciones, en nuestras tristezas, porque es una energía que caldea y transforma el corazón. El nacimiento de Jesús, en efecto, nos trae la buena noticia de que somos amados inmensamente y singularmente por Dios”.

Finalmente, cómo olvidar -no faltaba más! – la carta de Navidad, en la que todos, especialmente los niños piden al cielo -a Santa o los Reyes Magos- aquello que más desean y no les es fácil tener en días ordinarios. Nos unimos a las Millones de cartas que este año que suplican que se vaya lo que tanto daño nos ha hecho: el coronavirus dirá unos, el morenavirus pensarán otros.

@pablomieryteran

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