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Análisis y Opinión

Conociendo a los amigos de tu hijo(a)

Javier Chávez de Icaza

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Todos los padres queremos conocer a los amigos de nuestros hijos, porque sentimos que cuando los conocemos sabremos quienes pueden ser “buenos amigos” y quienes merecen ser llamados “malas influencias, justo como nuestros padres juzgaban a nuestros amigos. Sin embargo y como lo comenté en el artículo “La mejor defensa…el autoestima” es que si logramos desarrollar un autoestima alto en nuestros hijos, no habrá que preocuparnos tanto por quienes son los amigos de nuestros hijos y como también mencioné en ese artículo, ya haré uno en el que comenté a detalle a las “malas influencias”.

La intención de este artículo, es comentar las ventajas de poder conocer más de cerca a los principales amigos(as) de cada uno de nuestros hijos(as) sin ser demasiado intrusivo en su relación pero entendiendo tanta de la dinámica de relación como los puntos importantes de cada quien en su relación con nuestro hijo(a). Al final, lo que se logra con esto, es la idea central del blog, el poder establecer una relación individual con cada hijo(a) que nos permita, no solo poder ser su guía en su camino hacia su propia vida, sino el convertirnos en parte relevante de su vida, incluso cuando ya son ellos responsables y no dependientes de nosotros.

Aunque sigue teniendo vigencia el que padre sea solo una figura autoritaria, cada vez es más común que ya no sea solo eso, sino que interactúe con sus hijos no solo como integrante de la familia, sino incluso en situaciones solo de 2.

El hecho de conocer bien a los amigos de nuestros hijos(as) es importante desde la infancia, aunque se convierte en relevante entre la adolescencia y la juventud, porque es con esos amigos con quien vivirá experiencias dignas de ser contadas y comentadas y en la medida que nosotros (los padres) tengamos cercanía con ese grupo de amigos, estaremos enterados y podremos aconsejar, comentar y hasta opinar sobre esas experiencias.

Cuando los hijos llegan a adolescencia y de ahí en adelante, empiezan a ser más individuos que miembros de la familia, es decir, empiezan a valorar más el tiempo que pasan solo o en compañía de sus amigos(as) y en esta etapa de su desarrollo es normalmente cuando a los papás se nos complica más el tener interacción con ellos, ya sea en una actividad familiar o en una actividad de padre-hijo(a), pero es también la edad en la que los padres sentimos más apremio en establecer estos vínculos, porque es cuando es más importante para nosotros el poder guiar sus acciones, apoyar sus decisiones y tener su confianza para que nos consulten las dudas que seguramente le llegarán casi en cascada.

En mi caso particular, yo resolví este tema, siendo el papá oficial para llevar y traer a mis hijos y casi siempre uno, dos o tres de sus amigos de las primeras y posteriores salidas de noche. Y la verdad es que es también una gran oportunidad de involucrarse en las situaciones que es van ocurriendo o de las cuales son testigos, siendo el adulto más cercano para dar su opinión en estas anécdotas o vivencias juveniles.

Como ya lo he comentado en escritos anteriores, mis hijos se llevan entre sí, más de 6 años y esto ha hecho que tenga algunas experiencias curiosas porque los hermanos menores hacen muchas cosas que ven que hacen los mayores sin entender que algunas de estas acciones dependen de la edad de cada uno.

Por ejemplo, cuando mi hija iba en segundo de secundaria, mi hijo estaba en segundo de primaria y como el oía que mi hija algunos días me decía, Papá, hoy no pases por mí a la escuela, porque voy a ir a casa de x amiga porque tenemos que hacer un trabajo en equipo y yo te aviso cuando pases por mí en la tarde a su casa, entonces un día mi hijo, me dijo lo mismo y a mí me causo gracias, pero tuve que decirle, mira a tu edad, me tiene que hablar la mamá o el papá de tu amigo para que yo me ponga de acuerdo con ellos, porque ustedes no están en edad de decidir sin la autorización de los adultos. Y como esta, varios comentarios de mi hijo de primaria que pensaba que si su hermana hacía lo que hacía él también podía.

Me acuerdo de una, en la que no seguí mis lineamientos y cuando mi hijo me comentó que el sábado que era el cumpleaños de un amigo suyo, la familia del cumpleañero, nos había pedido que nos viéramos a las 9:00 AM en la escuela porque de ahí se los iban a llevar Six Flags y en la tarde, los regresaban a la escuela y yo pasaba ahí por él.

La verdad era un plan más o menos común, ya lo habían hecho otros papás y no me tomé lo molestia de confirmar con la mamá de ese amigo, a quien por cierto conocía muy bien. Así que el sábado, nos levantamos, desayunamos y me fui a la escuela a esperar que pasaran por él. Después de esperar como media hora y habiéndole preguntado a mi hijo 3 veces si era seguro que era ese día y el confirmármelo, pues decidí, para no presionar a la mamá del festejado, llamarle al papá de otro de los invitados para ver porque no había llegado y cuando me dice que ellos estaba en un bautizo en Toluca y que no tenía idea de la invitación a Six Flags que yo le comentaba, pues decidí hablarle a la organizadora.

Ella, por supuesto, me dice que ese plan nunca lo organizó ella, que si le había comentado a sus hijo que lo podrían hacer algún día, pero que no habían puesto fecha, pero que su hijo si le había comentado que entre ellos (El grupo de amigos que se llevaban) habían decidido que fuera ese sábado pero que pensó, que solo era algo que habían planeado ellos y ya. Hasta ese momento fue que le pregunté a mi hijo, que me contara a detalle el plan y descubrí mi gran error, no hice lo que yo siempre decía que se debía hacer, no confirmé con ningún adulto y nos quedamos casi 45 en el coche afuera de la escuela esperando por algo que nunca iba a pasar.

Yo no podría decir si antes sucedía con frecuencia o si ahora es muy común pero mis dos hijos tienen amigos desde primaria con los cuales fueron creciendo y desde entonces han mantenido una amistad muy entrañable y claro, eso hacía para mí, que al haber estado presente en la vida de cada uno de mis hijos desde la infancia, en la adolescencia y juventud, hasta sus amigos los veía como extensiones de mis hijos y el que pudiera participar de sus conversaciones no solo no era intrusivo sino que era motivado por ellos mismos. Sin embrago el grupo de amigos de cada uno también fue creciendo mientras ellos crecían y no sé si fue por mi o por mis hijos pero incluso los nuevos amigos que se iban incorporando a la vida de mis hijos, no me veían como un adulto intrusivo del que había que desconfiar, sino que me involucraban en preguntas, comentarios e incluso consejos.

Cada hijo es particular, esto es algo que he repetido en muchos escritos, pero que es muy cierto. Por ejemplo, una de mis sorpresas fue cuando mi hija me explicó sus teoría de los amigos y es que para ella, los grupos de amigos eran mutuamente excluyentes, entonces no debía mezclarse. Estaban los amigos de la escuela y los amigos con los que sales y aunque podía tener grandes amigos en ambos grupos, se deberían mantener separados, incluso cuando había amigos que de la escuela pero que pertenecían al grupo de los que salen, entonces la relación importante con ellos no era en la escuela sino cuando salían. Mi hijos en ese sentido era más práctico, el sí mezclaba todos sus grupos de amigos y no le ocasionaba ningún conflicto.

Retomando el tema de como poder conocer más a detalle a los amigos de nuestros hijos, comentaba renglones más arriba, que la forma en la que yo logré eso, fue siendo el “Papá designado” para llevar y traer a mis hijos y amigos de sus salidas de noche y lo que si les puedo decir es que son unos minutos muy valiosos para conocer no solo a las personas sino las dinámicas de los grupos de personas y entonces se tienen mucho elementos valiosos a la hora de aportar comentarios o consejos para nuestros hijos e incluso para sus amigos(as). Lo que sí es muy importante aquí y lo platicaba en el artículo titulado Ser y dejar ser es que hay que tener una mente amplia porque se escuchan cosas que a lo mejor preferiríamos no escuchar pero que cuando las escuchamos y no imponemos nuestra postura por ser “los que tenemos la experiencia” te ganas la confianza y hasta la admiración del clan y ya no te ven ni te verán con un ajeno a su grupo, sino como un guía del mismo y de esa manera, ganas puntos valiosos en el desarrollo de tu relación individual con cada hijo(a).

Al día de hoy, yo nunca le he mandado solicitud de amistad en FB a ningún amigo ni mi hija ni de mi hijo, sin embargo nunca me negaría a aceptar la solicitad de amistad de alguno de sus amigos y cuento con varios de ellos dentro de mi FB y para mí es un gusto poder seguir comentando en sus posteos pero sobre todo que ellos comenten en los míos.

Todos los amigos de mis hijos que tengo en FB e incluso los que no tengo son seguidores de mi blog y tengo que decirlo, son los que obligan a ser honesto en lo que escribo, porque conocen todas las anécdotas que describo en los escritos. Así que no puedo ni mentir ni exagerar, pero si logro causar empatía en ellos, creo que les podrá servir para cuando ellos estén en la situación de ser padres, podrán tomar estas experiencias para decidir cómo quieren ser como padres.

Y para aquellos que no me conocen, podrán descubrir más formas y oportunidades de crear vínculos individuales con cada hijo(a) que les permita, lo que siempre digo, ser una parte importante de la vida de sus hijos, en todas las etapas de su vida.

Este escrito es en honor y agradecimiento a los amigos de mis hijos, los que fueron y los que aún los son, gracias por permitirme ser parte de su clan, gracias por sus enseñanzas, pero sobre todo, gracias por su amistad!

Conoce más artículos de paternidad en:

blog: ¡Padre de verdad! https://www.padredeverdad.com
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LEE Papá… te presento a mi novio(a)

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Análisis y Opinión

La perspectiva religiosa en la elección de EU

Felipe Monroy

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Nunca como antes, la perspectiva religiosa de los votantes será decisiva en el proceso electoral en los Estados Unidos. No me refiero al credo en sí (católico, cristiano, evangélico, pentecostal, etcétera); sino a la perspectiva que cada creyente tenga sobre la responsabilidad moral que le imprime su religión a la hora de elegir un candidato a la máxima magistratura.

En un escenario menos polarizado, los procesos electorales en las naciones democráticas suelen enfocarse en áreas de discusión muy generales; básicamente los electores esperan que los contendientes contrasten sus modelos de gobernanza y las propuestas económicas de su prioridad: seguridad pública, promoción del empleo, atención de sectores marginados, política exterior y conservación de la estabilidad en el clima social.

Por desgracia, no estamos en aquellos escenarios y la polarización social obliga tanto a candidatos como a electores a llevar más profundamente sus preocupaciones sobre sus certezas y sus prejuicios. Tomemos el caso de los Estados Unidos, aunque buena parte de Europa y América Latina viven procesos semejantes. Independientemente del credo al que pertenezcan, los norteamericanos viven un cuestionamiento sobre qué tanto sus convicciones morales deben reflejarse en su voto y, por tanto, en las políticas públicas promovidas por sus candidatos preferidos.

Quizá como expresión, la ‘polarización’ muestra sólo los negativos del distanciamiento irracional incapaz de diálogo, pero también revela -a la mala- las ideas que se asientan en el fondo de la conciencia social, las acalladas por la prudencia o por la corrección política. Quizá no nos guste, pero la polarización conduce indefectiblemente a un estrato más profundo del razonamiento que no debemos minimizar.

Los electores polarizados ya no quieren escuchar propuestas de la ‘mejora en la educación’ sino de la ‘naturaleza de la educación’; no quieren ideas sobre el ‘bienestar económico’ sino del ‘tipo de justicia en la distribución de los bienes’; no les bastan propuestas de ‘seguridad pública’ sino sobre la ‘identidad de la justicia’. Es decir, las campañas tradicionales que se mantenían en el margen de lo políticamente correcto son trágicamente superficiales para un votante que busca, como nunca, que los políticos se comprometan más allá de su función pública, que hundan sus pies en el mismo fango de su existencia.

Y allí es donde no sólo las instituciones religiosas sino la apropiación individual del credo tiene mucho que ver en los procesos electorales. En las actuales elecciones presidenciales de los Estados Unidos, tanto el partido Demócrata como el Republicano han querido utilizar esta dimensión específica en los votantes que -independientemente de su identidad partidista- podrían decantarse por un candidato en las antípodas de su opción política pero tolerable respecto a su apropiación religiosa.

Hay que mencionar que apenas un puñado de católicos han sido candidatos a la presidencia de los Estados Unidos; por ello, se hace evidente que Joe Biden (Demócrata) no sea afecto a usar esa carta de presentación con regularidad. Sin embargo, cuando los temas polarizantes para los norteamericanos salen a flote (migración, aborto, justicia social), Biden apela a la tradición institucional católica para tratar de convencer a ese 59% de católicos blancos que apoyan a Trump. Quizá por eso, entre los católicos hispanos, a Biden le vaya mejor: 65% de católicos latinos se decanta por el demócrata.

Biden parece tener segura la elección en el sector de protestantes afroamericanos (92% de las preferencias) y, aunque también tiene una alta aceptación entre los evangélicos blancos, un gran porcentaje de ambos grupos parece que no le dará su voto principalmente por la política proabortista del Partido Demócrata. En un estudio del Pew Research Center se asegura que más del 61% de los ciudadanos identificados en alguna denominación cristiana no católica definirán su voto por aquel que defienda la vida de los no nacidos; mientras que un promedio del 40% de los católicos les costaría votar por su correligionario Biden precisamente por la cercanía de su partido con las empresas y organizaciones promotoras de abortos.

Esto lo sabe muy bien el equipo de Donald Trump quien, más allá de la campaña, durante su gestión presidencial no ha traicionado al sector antiaborto pues ha facilitado los recortes presupuestales a empresas dedicadas a la promoción y realización de abortos; aunque, a todas luces, su identidad anticristiana con el prójimo (migrantes, mujeres, descartados, pobres, etcétera) también le resta apoyos de muchas instituciones religiosas, de los católicos, de los cristianos con perspectiva social y, principalmente, por los afectos al humanismo agnóstico o no religioso.

El voto religioso contra Trump puede emerger de otras preocupaciones morales de los creyentes: el racismo, la crisis ambiental, la pobreza, la pena de muerte y las amenazas a la dignidad humana. Temas en los que a Trump se le califica como ‘u mal cristiano’. Y por ello no es coincidencia que el mismo mandatario critique Joe Biden (‘Quizá sea católico, pero no es cristiano’) por apoyar el aborto.

En conclusión, la polarización muestra descarnadas las fibras morales de los votantes; pero, más que la pertenencia a una institución religiosa, su decisión electoral se fundamentará en cómo interpretan su identidad religiosa en las coincidencias identitarias con el candidato más afín a sus certezas y a sus prejuicios.

Lo explican en un párrafo los obispos católicos norteamericanos en su subsidio de ‘Formación de Conciencias para una Ciudadanía Creyente’ del 2015: “Puede haber ocasiones en las que un católico que rechaza por principio las inaceptables posiciones de un candidato, incluso en políticas que promueven un acto intrínsecamente maligno, pueda razonablemente votar por ese candidato debido a otras razones moralmente graves. Votar de esta manera sería permisible sólo por razones morales verdaderamente graves, no para avanzar intereses mezquinos, preferencias partidistas o ignorar un mal moral fundamental”. La verdadera elección hoy en Estados Unidos reside en ese profundo sustrato que no veríamos sin polarización: ¿Cuál de los candidatos representa el mal moral fundamental?

LEE Felipe Arizmendi, el cardenal constructor de puentes

*Analista y consultor de información religiosa. Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Interpretaciones políticas al Papa

Felipe Monroy

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Debemos recordar que bastaron los dos primeros segundos del pontificado de Francisco para demostrar que su estilo y su particular método de transmitir las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia católica iban a provocar todo tipo de lecturas en el mundo menos una: la indiferente.

Sólo con esta certeza en mente es que se puede entender lo que sucede con su tercera y más provocadora encíclica papal ‘Fratelli tutti’ (Hermanos todos). En el texto, el Papa hace una feroz crítica a diferentes sistemas sociales, culturales, económicos y, principalmente, políticos contemporáneos que agreden y atentan permanentemente contra el ser humano, contra su naturaleza, su esencia, su dignidad y, sobre todo, contra su horizonte trascendente.

La dureza de sus palabras contra “el dogma de fe neoliberal” o el “insano populismo”, ha provocado airados comentarios de quienes justamente defienden o usufructúan algunos beneficios de ambos espectros. En algunos círculos, por ejemplo, se ha llamado ‘comunista’ al texto del Papa por insistir en el destino común de los bienes expresado con radicalidad por san Juan Cristóstomo (“No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”) o san Gregorio Magno (“Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo”).

A quienes defienden el neoliberalismo como dogma, el Papa les reclama: “Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico derrame o goteo -sin nombrarlo- como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social”.

Y, del lado de los liderazgos populistas cerrados -como los llama Francisco-, su vergonzoso silencio ante las reflexiones del Papa refleja justo la cerrazón, el endiosamiento, la arrogancia y la vanidad en la que viven los caudillos del populismo: “Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo… el servicio que prestan puede ser la base para un proyecto duradero de transformación… pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población”.

Esta tensión expresada con claridad por Francisco pudo corroborarse gracias al panel de reflexión sobre ‘Fratelli tutti’ organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano el 14 de octubre. En el panel participaron políticos aparentemente ubicados en las antípodas del espectro ideológico pero cuyas reflexiones revelan con claridad la defensa a ultranza de sus visiones sin la capacidad de escuchar al otro, que es por cierto el centro de toda la encíclica del pontífice.

Para unos, la incapacidad de reconocer la terrible apuesta hecha por un neoliberalismo dogmático y radical que profundiza las brechas sociales a niveles ignominiosos; para otros, la inexplicable adoración a un estilo político cuyos gestos se acercan riesgosamente al populismo insano.
Sin embargo, la encíclica no se queda en un lamento ni en una mera provocación; Francisco propone la fraternidad como un primer e indispensable paso de mutuo reconocimiento para emprender caminos de perdón, reconciliación, desarrollo y bien común. La propuesta está conectada con su primera encíclica ‘Lumen fidei’ (en donde también se reconoce mucho del pensamiento del papa emérito Benedicto XVI): La búsqueda de “la verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto” es la expresión de la fe que ilumina la historia, la realidad y el futuro.

Y esa verdad es el amor. Mencionada 65 ocasiones en la encíclica, Francisco aporta esta lectura: “El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos”.

El amor para francisco es origen y destino, pero también camino y programa. Y sin esa mirada, todas las interpretaciones políticas sobre la encíclica del pontífice pecan de parcialidad. ‘Fratelli tutti’ es una encíclica orientada radicalmente hacia una conversión política (el Papa enuncia 110 veces la palabra ‘política’) iluminada por el Evangelio. Una conversión para evitar la indiferencia y para recordar que se puede dar buen ejemplo como actor político en un mundo que demanda más fraternidad que ideologías.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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