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Opinión

De longaniza, butifarra y otros embutidos

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Ciudad de México.— El día 5 de agosto publicó en su Twitter el senador Julem Rentería un mensaje que dice: “¡Esta despensa no la tiene ni Obama!, 1 kg de Jamón de pavo $3,013.56, 1KG de longaniza: $16,789.10…” aclarando que esto viene en las páginas 53, 62, y 66 del Programa anual de adquisiciones de la Presidencia de la República.

Este documento al día de hoy (7 de agosto de 2019), aún lo podemos encontrar en el sitio de la presidencia en: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/434257/PAAAS_2019.pdf

El mismo 5 de agosto, más tarde, el C.P. Jael Hernández Hernández, Director General de Recursos Materiales y Servicios Generales de la Presidencia, firmó una carta que no esta dirigida a nadie, donde aclara que es un presupuesto y que puede ser modificado conforme la ley en cualquier momento y que la información que contiene no es propiamente el presupuesto que se ejerce y justifica.

Por otro lado, el diario Reforma publicó una nota donde afirma que el director de Petróleos Mexicanos (Pemex), Octavio Romero Oropeza y la directora del Centro Nacional de Control de Gas Natural (Cenegas), Elvira Daniel Kabbaz Zaga, omitieron indicar en su declaración patrimonial y de conflicto de intereses -aún cuando la ley los obliga-, la existencia de empresas en las que la funcionaria federal y los hijos de ambos son socios.

Y sin más ni más, en el “show mañanero”, casi al final de este, no vaya a ser que nadie le preguntara al respecto, nuestro querido presidente saca el tema a relucir, no será que “a explicación no pedida culpa manifiesta”, y muy molesto se arrancó diciendo: “yo si les pido por favor, por favor, con todo respeto no nos comparen, ósea es que, este, eso calienta, nos es quieren medir con la misma vara, ahora sacaron de que aquí en presidencia íbamos a comprar chorizos de no sé cuánto dinero, yo no como chorizo se los digo con todo respeto o sea creo que es un alimento muy bueno o sea extraordinario este yo soy más de la butifarra de allá de Jalpa se las recomiendo este …” y concluye “ ayer también en el Reforma he de que una empresa de que las hijas de funcionarios de Pemex este a ver cuál es ahí el problema nosotros no vamos a permitir que nadie haga negocios al amparo del poder público”.

Para empezar nadie lo acusó de nada, simplemente alguien se tomó la molestia de analizar un documento, que por aparecer en el sitio web de las Presidencia es oficial y su título es muy claro “PROGRAMA ANUAL DE ADQUISICIONES, ARRENDAMIENTOS Y SERVICIOS DEL SECTOR PÚBLICO 2019” y mostrar algunos costos fuera de toda realidad.

Y en el caso de Reforma, simplemente hizo énfasis en una omisión por parte de estos funcionarios, no publicó que esto fuera con el objetivo de hacer negocios al amparo de la ley.

No es exagerada su reacción, con explicar que es un documento base para las compras y reconocer que quien lo hizo y quien lo revisó,  se equivocaron. Y en el caso de lo de Reforma agradecer que hace visible la omisión de estos funcionarios y reiterar que no se hará uso del influyentismo para la asignación de contratos bastaría. ¿O tenemos ganso escondido?

Y hoy despuesito de anunciar su programa de “Ciudadanos Alertadores”, dado que se hablaba de corrupción, volvió a tomar el tema diciendo que se dio a conocer una información calumniosa del consumo de longaniza, dice que fue todo un montaje y un escándalo, donde los conservadores mostraron el cobre, periodistas, escritores, integrantes de la sociedad civil, todas finísimas personas, que sin prueba y elementos se lanzaron en su contra y hablo de lo que antes gastaban y hasta pido que le ofrecieran disculpas de una ofensa que no existió.

¿Acaso el propio documento que está en su sitio no son pruebas suficientes de que así está presupuestado el chorizo?

Si revisa bien la información que dio a conocer el senador, el que debería ofrecer las disculpas es usted, por tergiversar lo que se publicó.

Sr. presidente reitero, nadie lo acusó a usted de haber comprado en los precios que dice su presupuesto, si bien el tema se prestaba a “chunga” por tratarse de la longaniza, y ya sabemos que el pueblo bueno es sumamente ingenioso, ¿qué esperaba usted?, no se ponga el saco si no le queda, nadie lo acusó de corrupción.

Mejor vea quién permitió que un documento mal hecho y obviamente sin revisión estuviera en la página oficial de la Presidencia, ese es el problema, cómo podemos tener confianza en usted y en la transparencia de sus programas, si en algo tan sencillo como un presupuesto como el del documento está hecho con las patas por personal de su misma oficina, ¿cómo estarán los de otras dependencias?

Como diría mi papá: “Así trabajaba cuando me corrieron”.

Domingo Días
domingo.dias@yahoo.com.mx
@domingodias7
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Felipe Monroy

Mensaje audaz en el infierno

Felipe Monroy

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FELIPE MONROY

Felipe de J. Monroy*

El obispo de Apatzingán, Cristóbal Ascencio, relata que todo comenzó con un simple mensaje del delegado del Papa a través de whatsapp en el que le manifestó su interés por ir a una de las regiones más devastadas por la cultura del crimen y la muerte. Sin embargo, para ser completamente honestos, el enviado pontificio se conmovió por las palabras que el propio Ascencio compartió durante la reunión de obispos católicos.

Su testimonio fue desgarrador pues, aunque puso la mirada en la esperanza cristiana, el pueblo al que debe servir y pastorear sobrevive en condiciones semejantes a los de una guerra: desplazamiento forzoso de cientos de familias; localidades enteras sitiadas e incomunicadas por carreteras devastadas; continuos asaltos de provisiones y víveres; grupos criminales y paramilitares que imponen leyes y juicios sumarios contra miles de habitantes; y una buena dosis de corrupción política mezclada con comprensible temor por el salvaje narco-capitalismo. En fin, un cóctel amargo de heridas y dolor en el que la Iglesia aún desea servir.

Con insistencia, desde su llegada a México, el nuncio apostólico Franco Coppola ha sido categórico con los pastores católicos: ‘Debemos estar cerca de las personas que sufren en nuestras comunidades’. Y, para incluirse en esa primera persona del plural, el mensaje enviado al obispo Ascencio es ya en sí una audacia: “Si lo cree prudente, quiero ir a su diócesis… y a estar en alguna comunidad de las más golpeadas por la violencia”.
El obispo Ascencio dice que de inmediato pensó en Aguililla, como la localidad más afectada de su diócesis. No es para menos, en las últimas semanas supimos que grupos criminales utilizaron drones explosivos para atacar policías; la delincuencia organizada cava zanjas en las carreteras para sitiar comunidades enteras; la población ha emprendido verdaderos éxodos masivos para huir de reinado del crimen y confusión que los amenaza, extorsiona, secuestra, recluta o asesina; en fin, los estragos de una guerra encarnizada y sin cuartel entre cárteles antagónicos y agentes del orden que se disputan el control de una plaza indispensable para el trasiego de drogas, armas y otros bienes a través del paso sierra-costa y la Tierra Caliente.


El representante del papa Francisco en México sabe que su visita no es sencilla, que guarda serias complicaciones de seguridad, pero Coppola no es un improvisado. Durante dos años fue nuncio en República Centroafricana donde representó a la Santa Sede cuando la tensión entre grupos antagónicos (seleka y anti-balaka) se disputaban palmo a palmo un territorio erosionado por la segunda guerra civil y el golpe de estado. Allí, el diplomático testificó el difícil proceso de reconstrucción social con una crisis humanitaria dramática que incluía serios focos de conflicto político, religioso y paramilitar que provocaba decenas de miles de desplazados y muertos.
En contraste, Coppola ahora emprenderá un descenso a las regiones del infierno del narco-capitalismo corruptor. Dicen que, tras su celebración en la Basílica de Guadalupe para pedir su cobijo y amparo en su viaje, nunca habían visto a un jerarca ir con pasos tan firmes para contemplar la catástrofe y dar un mensaje con su presencia, o con su voz si es que no se le hace un nudo en la garganta.

San Óscar Arnulfo Romero, obispo mártir patrono de América, dijo una vez: “Unos periodistas me preguntaron: ‘¿Usted que predica el amor, cree que el amor puede resolver esto? ¿No cree que no haya más camino que la violencia, si en la historia sólo la violencia es la que ha logrado los cambios?’ Les digo: Sí, de hecho, ha sido así. Es un hecho que el hombre no ha usado todavía la fuerza que lo caracteriza. El hombre no se caracteriza por la fuerza bruta, no es animal. El hombre se caracteriza por la razón y por el amor”.

Eso está detrás de la visita de Coppola a Apatzingán, Aguililla y El Aguaje: Un mensaje de amor y desde la razón para un pequeño infiernillo que parece ya no comprender otra cosa que la brutalidad de la violencia como respuesta. Allí radica la verdadera audacia del gesto.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

El mundo organizacional tiene miedo

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

El miedo es parte inherente del ser humano. Todos tenemos miedos y son ellos los que en ocasiones nos permiten salir adelante en nuestras vidas. A nivel organizacional por supuesto que no es la excepción: como individuos organizacionales, y sin importar el nivel que tengamos en nuestra empresa o el tiempo que llevemos trabajando en la misma, todos generamos miedos con los que convivimos día con día.

Todos en algún momento hemos sentido miedo a fallar en nuestras funciones o a no alcanzar los resultados que se esperan de nosotros y, por consecuencia, correr el riesgo de ser despedidos. Algunos viven con el temor de estancarse en su crecimiento y desarrollo, o a terminar acostumbrándose a un trabajo rutinario disfrutando de su zona de confort. También podemos vivir con temores más profundos, por ejemplo, a sentirnos poco incluidos en un equipo de trabajo o a descubrir que no somos tan competentes como pensábamos para desempeñar determinada actividad.

Estoy seguro de que en este momento podrías hacer un honesto y profundo ejercicio de reflexión y encontrar aquellos miedos que te han acompañado a lo largo de tu carrera profesional; también estoy seguro que nunca te imaginaste tener el temor que hoy se ha generado y propagado con mucho mayor agresividad, velocidad y efectividad que el mismo virus del COVID-19: el miedo a interactuar físicamente con la gente.

Por más ganas que una persona tenga de regresar al lugar de trabajo que tenía antes de la pandemia, estoy seguro de que lo hará con algo que no tenía cuando se fue: miedo por la convivencia con los demás.

Hoy en día nos asusta tener contacto físico con la gente que saludamos, aun y cuando sean nuestros más entrañables compañeros. Percibir a una persona ligeramente cerca de nosotros al caminar nos genera inquietud. Esperar un elevador y ver que hay más personas en su interior cuando se abren las puertas, también nos provoca temor.

Entrar o participar en una sala de juntas concurrida ya no resulta agradable y, por más cuidados y cubrebocas que utilicemos, nos sentimos inseguros. Recibir un documento físico, compartir y prestar una carpeta o una pluma a un compañero nos resulta estresante y ni se diga cuando tenemos que utilizar los baños de las mismas oficinas.

Las estaciones de café en las que seguramente más de una vez nos equivocamos de taza sin saberlo, hoy se clasifican como zonas de alto riesgo para todos. De hecho, en la gran mayoría de las oficinas que han comenzado a abrir sus puertas, este tipo de estaciones ha desaparecido.
Calentar la comida en el microondas de la compañía y sentarme a comer con los compañeros puede resultar para muchos un momento de mucha tensión por todos los miedos que nos han marcado a lo largo de más de un año.

El mundo definitivamente cambió y hoy tiene más miedo que antes. Me pregunto, ¿qué resulta más dañino para la humanidad? El virus, que en más de un año ha cobrado la vida del 0.04% de la población mundial, o este miedo que ha provocado la muerte de un porcentaje mucho mayor de fuentes de empleo.

Por este miedo al contacto físico, muchos proyectos de innovación, planes de desarrollo e investigaciones sobre nuevos productos y servicios han muerto. Muchas empresas de reciente creación o industrias completas han desaparecido o están desahuciadas.

Muchas carreras de ejecutivos que prometían llegar muy lejos se han visto truncadas por el miedo que todo esto ha generado.

Con profundo respeto a todos los que han tenido que sufrir la pérdida de un ser querido por esta enfermedad, les extiendo mis condolencias; sin embargo, quisiera exhortarlos a no dejarnos paralizar más por el miedo que ya en este extremo puede resultar todavía más perjudicial.

La vida no la tenemos comprada y no sabemos si tenemos poco o mucho tiempo para vivirla, pero me parece que merecemos hacerlo motivados por nuestros sueños y nuestros proyectos profesionales y no frenada por el miedo, que pudiera resultar mucho más mortal que cualquier virus en la historia.

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