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Laboratorio de Ideas

Dueños y empleados unidos

Gerardo Medina Romero

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Es inevitable hablar de la crisis a nivel mundial resultado de la pandemia del Covid 19, y más allá de los riesgos de salud que esto representa, no podemos dejar de analizar las implicaciones que esto está teniendo en el mundo interno de las organizaciones. Durante estas últimas semanas he visto como en redes sociales se han criticado o alabado las distintas acciones que algunas empresas están tomando ante esta situación, muchas de ellas difundidas por ellas mismas de manera intencional y muchas otras que se han filtrado o incluso inventado a través de las redes sociales.

El día de hoy quiero referirme a los empresarios, pero de las pequeñas y medianas empresas en México. En primer lugar quisiera reconocer a todos los que en algún momento de sus vidas han decidido independizarse y generar empleos en lugar de pelear por ellos, incluso a los que tuvieron la fortuna de nacer en una familia dueña de alguna empresa y decidieron seguir con el negocio. Lo digo porque no es fácil ser empresario y mucho menos en México, donde existen las peores condiciones para hacerlo. Los gobiernos se cuelgan del esfuerzo de los empresarios para presumir que son ellos los que crean empleos, cuando la realidad es que en los últimos 40 años lo único que han hecho es poner el pie en el cuello de los que intentan salir adelante con su empresa, aún y cuando la obligación de un gobierno es la de mejorar las condiciones para que más gente decidiera poner su negocio y de esta manera crear más empleos mejor remunerados. 

Lamentablemente los gobiernos de impulsar la creencia generalizada en la sociedad Mexicana que el que es dueño de su negocio es rico y por lo mismo le sobra el dinero, sin embargo en la gran mayoría de las veces esto no es cierto y desafortunadamente nunca llega a serlo.

La mayoría de las personas que tienen sus empresas y repito, no estoy hablando de los grandes corporativos, batallan todos los días para salir adelante y tratar de cumplir con todas las regulaciones impuestas por el gobierno para que además sean vistos por sus empleados, como los tiranos del juego que se hacen ricos explotando a sus trabajadores. No dudo que hay muchos casos en que así es, pero son la minoría. La gran mayoría de las veces, el emprendedor o dueño del negocio, lo más que logra es no tener un jefe arriba de él y eso le da libertad de acción y decisión. Puede ser que pueda llegar a tener ganancias equivalentes a tener una buena posición en algún corporativo, en algunos casos puede ser que logre algunos excedentes y un poco más, pero en la gran mayoría de las veces sus ganancias son iguales o incluso menores, pero el hecho de ser independientes y ser el dueño de su propio tiempo lo compensa.

El problema es que cuando se presentan una crisis como la que estamos viviendo hoy en día con esta pandemia, inmediatamente los empleados se voltean a exigir al dueño de la empresa no solo que apoye, sino le exigen que se haga cargo de las repercusiones y costos que afecte a sus empleados como si tuviera la solvencia que tienen un gran corporativo o una empresa internacional.

Lamentablemente, está pandemia traerá fuertes repercusiones en la economía de cada país y en México en particular más, donde la gran mayoría de las empresas son pequeñas y medianas y donde existe una gran cantidad de economía informal. La crisis económica es inminente por las fuertes pérdidas que esta pandemia traerá y dependerá de la posición que cada uno adoptemos, la rapidez con la que salgamos de ella.

Tenemos la opción de hacer honor a la fama que tenemos los mexicanos de actuar como cangrejos en una cubeta en la que los demás impiden que uno salga en lugar de entre todos apoyarse para escapar. Es decir, el Gobierno buscando cómo recaudar más dinero para sus fines particulares y exprimir a los contribuyentes cautivos; los políticos aprovechándose de las necesidades y carencias del pueblo para captar más votos y mantenerse en el poder; los funcionarios corruptos favoreciendo a sus conocidos o familiares para hacerse ricos en lugar de apoyar a las empresas que ofrezcan las mejores condiciones; los dueños de las empresas incrementando sus precios, especulando con los productos o corriendo personal para mantener sus ganancias;  las instituciones financieras ofreciendo créditos solo a los que tienen dinero y no a los que realmente lo necesitan; los empleados exigiendo a sus empresas que se hagan cargo de sus pérdidas y exigiendo pagos o aumentos sin importar el estado financiero de la empresa.  Es decir, cada uno viendo para su beneficio, pero todos perdiendo en el fondo.

Por otro lado, tenemos la gran oportunidad de entre todos hacer equipo, y que el Gobierno active la economía con gasto público en lugar de seguir acumulando recursos para sus fines políticos, también reduciendo impuestos y mejorando las condiciones para que los empresarios puedan salir adelante con sus empresas. Las instituciones financieras sacrificando ganancias y corriendo riesgo para ofrecer mejores condiciones de financiamiento, los empresarios invirtiendo y sacrificando utilidades para tratar de reducir o al menos mantener sus precios y salvar la mayor cantidad de empleos posibles y por su parte, los trabajadores sacrificando aumentos y parte de su sueldo incluso, pero redoblando el esfuerzo para ser más productivos.  De esta manera, muchos mantendrán un sueldo que les permitirá comprar, las compras activan la economía y las empresas producen, las instituciones financieras poco a poco recuperan sus recursos y el gobierno al final gana estabilidad y a la larga recauda mayores recursos.

Ahora más que nunca, debemos hacer equipo y unirnos o la pagaremos muy caro, al menos dueños y empleados, porque el gobierno…

 Y tú, desde tu rol, ¿qué posición asumirás?



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¿Parar y retraerse, o reinventarse?

Gerardo Medina Romero

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¿Hasta dónde debemos frenar los proyectos y estrategias internas en las organizaciones ante esta crisis? Esta pregunta me la han hecho muchas personas y mi respuesta ha sido que no hay mejor momento de transformar a las empresas que este.

En estos días he visto a algunas empresas bajar el ritmo de sus proyectos de transformación y de los planes que venían implementando por miedo, otras por el contrario, están aprovechando esta situación para reforzar esos planes e incluso iniciar con proyectos que tenían en pausa.

 ¿Quién está en lo correcto?

En las últimas semanas, la mayoría de las personas hemos experimentado un cambio importante en nuestra rutina laboral, sin duda una situación sin precedentes en nuestras vidas profesionales para muchos. Algunos han tenido que dejar de trabajar e irse a casa con la tranquilidad de mantener sus ingresos, otros han tenido que dejar de trabajar e irse a casa sin ingresos y otros han tenido que irse a casa y seguir trabajando desde ahí. Cualquiera que sea la modalidad, este cambio ha generado un espacio de reflexión para analizar y cuestionar muchos aspectos de la vida hasta antes de la crisis, y sin duda la escala de valores de mucha gente se ha modificado. Muchos están iniciando transformaciones internas como seres humanos, la convivencia con sus seres queridos de pronto les ha abierto los ojos a cosas tan sencillas pero tan maravillosas que por alguna razón habían dejado de observar y disfrutar. En pocas palabras, la gente está mucho más sensible y dispuesta a implementar cambios importantes en sus vidas y por ende en su trabajo.

Bueno, pues de la misma manera, estos tiempos deben permitir a las empresas reflexionar y reinventarse para transformar finalmente aquellas cosas que venían acarreando, quitar vicios de años, romper viejos paradigmas, modificar las prácticas nocivas y refrescar los modelos de trabajo en todos los sentidos. Los colaboradores están ahora más sensibles que nunca y abiertos a la transformación y a adoptar nuevas maneras de trabajo y de interactuar unos con otros. No hay mejor momento para impulsar proyectos de transformación internos que ahora.

Yo sé que el reto inmediato en todas las organizaciones es el impacto económico que tendrá para la organización está crisis, y seamos honestos, mucha gente tendrá que salir de la empresa, lamentablemente así será. Pero justo por eso, las empresas tendrán que aprender a hacer más con menos, deberán mantener los niveles de productividad e incluso mejorarlos, utilizando formas más eficientes y creativas de hacer el trabajo. Sí, muchos tendrán que salir, pero los que se queden deberán cerrar filas con sus patrones y hacer lo necesario para recuperar lo antes posible a esos compañeros que hoy se van. Dependerá de esa unión entre patrones y empleados, que pronto los tengan de regreso.

En este mismo espacio hace tan solo dos semanas, mencionaba lo que para mí era lo más importante para poder salir de lo que parece será una de las peores crisis que vayamos a tener en este país. Hablaba de la metáfora de la cubeta de cangrejos mexicanos y de cómo me gustaría que ante esta crisis la desmintiéramos de una vez por todas, haciendo equipo en todos los frentes. Lamentablemente también escribía que el primero que pensaba se bajaría del barco iba a ser el Gobierno y lamentablemente así nos quedó claro el Domingo pasado.

“El Gobierno nos ha dejado solos”, decía la carta de un empresario a sus empleados, ahora solo nos queda ver si los dueños y empleados pueden hacer equipo o cada quién verá por sus intereses para que al final del camino, todos perdamos.  Está clara la estrategia del Gobierno de aprovechar esta crisis para consolidar su proyecto socialista, dejar que la iniciativa privada sucumba lo más posible para que el pueblo no tenga otra opción que depender de papá gobierno, quién terminará de tomar el control, ahora no solo a través de la ignorancia del pueblo, sino ahora a través del hambre.

Sigo confiando que la metáfora de los cangrejos ya no aplica a los Mexicanos, estoy seguro de que las empresas y sus empleados harán equipo para buscar formas creativas de activar la economía. Pero lo primero que debemos hacer es cambiar, buscar eficiencias, reinventar la manera de hacer el trabajo y buscar obtener mejores resultados con menos. Hoy más que nunca debes arrancar los proyectos de innovación, de reingeniería, de optimización y sobre todo de transformación cultural.

Si crees que la manera de enfrentar la crisis económica es frenar los proyectos, frenar las iniciativas, dejar de gastar en los apoyos externos que venias utilizando y pensar que todo pasará pronto sin cambiar nada, lo más probable es que no haya un mañana para tu empresa. Por el contrario, si impulsas los proyectos de transformación y continuas con ellos para reinventar la manera en que trabajas, entonces serás de los que podrán contar en el futuro, cómo esta crisis nos fortaleció como empresas y como país.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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Aportar para crecer juntos

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Cada quien ve el mundo de una manera diferente, desde el ángulo que nos toca. Por lo tanto al momento de ejercer una opinión, una idea, juicio o concepto sobre algún tema, es imposible que todos vayamos a coincidir. 

Esto es la belleza de la diversidad y de la oportunidad de compartir y escuchar diferentes opiniones. 

Las redes sociales nos han dado la oportunidad de escuchar no solo a la gente que tenemos cerca, sino de comprender diferentes puntos de vista de la gente que vive en una situación completamente diferente a la nuestra. 

Es así que, al formar parte del equipo de colaboradores de este medio, creo indispensable contestar cuatro preguntas clave: ¿Quién soy? ¿En qué creo? ¿Qué aporto social y profesionalmente? y ¿Qué puedes esperar de mí con mis textos?

Soy Ana Lucía Herrera Navarro, tengo 29 años y soy originaria del norte de Coahuila. Soy comunicóloga de profesión, o de título porque en la vida uno aprende a ser de todo. Actualmente tengo una agencia de comunicación digital, soy emprendedora. 

Los que han estado en esta posición entienden que para cuando acuerdas, ya cubriste el puesto de contador, recursos humanos, psicólogo, diseñador, community Manager, vendedor, entre otros. Previo a dedicarme a esto fui ‘godín’ y freelance, y he trabajado en lo público y en lo privado. 

No tengo preferencia por algún perfil mientras haga lo que me apasiona, pero admito que amo la libertad de trabajar desde donde yo quiera. 

Soy católica activa, si algún nombre debo ponerle. No juego con la religión a lo que me convenga, tengo muy claro en lo que creo: en una relación personal y fortalecida con Dios en donde puedo discernir entre el bien y el mal bajo una base moral y ética, con una consciencia limpia y siempre a través de una genuina guía espiritual que alimento todos los días.

Mi ideología política es la que no quisiera encasillar. Creo que para ser un buen gobernante debes ser una buena persona, justa, pensante, con una real vocación para servir, informada, crítica, humilde, persistente y con capacidad de tomar decisiones bajo presión. 

Podré ser tachada de ingenua pero una línea ideológica estricta jamás va a definir a una persona.

Llegué a pensar, como muchos, que las opiniones se dividen, que siempre hay un sí y un no, que estás de un lado o de otro, que todo debe ser o blanco o negro. 

Hoy sé que durante muchos años somos programados para actuar sin pensar, y que a partir de cierta edad es necesario tomar decisiones en donde es difícil mezclar lo que nos inculcan con lo que realmente creemos.

Y entre más decidimos, entre más experimentamos, entre más vemos, entre más vivimos, entre más leemos, hacemos un criterio propio que se construye y se modifica constantemente desde el punto personal, profesional, espiritual, ideológico y que al compartirlo con los demás no es necesario esperar aceptación o respaldo, si no tener la satisfacción de presentar nuestra perspectiva que ayude a otras perspectivas en construcción. 

Y así, a partir de hoy les estaré compartiendo mi perspectiva, desde mi situación actual y en constante optimización, con todo lo que sé, creo y he vivido pero ante todo, a partir de hoy les comparto mi opinión con responsabilidad y respeto. Bienvenidos.

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