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AMLO, 1 de julio AMLO, 1 de julio

Opinión

El 1 de julio del 2018 no lo debemos olvidar

Julio Alberto Hortiales

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Hace exactamente un año se realizó una jornada electoral donde votaron 2 de 3 electores posibles. Aunque no es la más concurrida, sí fue la victoria mas holgada por parte de candidato alguno. Andrés Manuel obtuvo un 30% más que su competidor más próximo y ni sumando la votación de todos los oponentes le hubiesen ganado.

Ante resultados tan abrumadores no cabía la menor duda: el presidente electo de México era Andrés Manuel López Obrador y el gobernará por 5 años 10 meses, ya que por cambios publicados en el diario oficial el próximo presidente el 1 de octubre del 2024.

¿Qué fue lo que hizo ganar a Andres Manuel con tanta holgura? Si bien recordamos Andrés, ya había perdido 2 elecciones anteriores. De la que perdió ante Felipe Calderón se puedan decir muchas cosas, que siempre se quedaron ahí. En teorías de conspiración, ya que nunca se demostró nada y ante Peña Nieto sí quedo muy claro el resultado. Se dirá que con triquiñuelas y tienen razón, pero esas todos los partidos las hacen, incluido Morena.

Volviendo a nuestra pregunta, Andrés Manuel no sólo ganó por él. Triunfó por el hartazgo del pueblo, se ilusionó con un cambio con la victoria de Vicente Fox en el año 2000, pero para ellos todo siguió igual.

En 2012 llegó Peña y de plano resultó ser que el nuevo PRI era igual de tranza que el anterior pero renovado, con más ambición, más desfachatez y menos pudor y el supo venderle al pueblo las promesas de un cambio verdadero, lo llamo “transformación”.

Independientemente de las promesas realizadas por los candidatos en esas elecciones del 2018, que son muchas, algunas incumplibles ya que no depende de ellos sino de otros poderes de la nación, como lo es asegurar el echar para atrás cualquier reforma legislativa; una gran mayoría sin parámetros para medir su cumplimiento.

Recuerdo aquel gobernador que puso espectaculares en la ciudad con comparativos tan sutiles como “en el sexenio pasado los libros de texto eran insuficientes, nosotros repartimos 324 mil 523”; otras tantas totalmente de forma, pero no de fondo. ¿Acaso México ganó algo teniendo ahora un nuevo museo bastante mal puesto y que algo debe de costar llamado Los Pinos a cambio de mover de instalaciones a más de 2 mil empleados de Palacio Nacional?

Y así un sinfín de promesas que ya el pueblo reclamará o no, al ganador con el paso del tiempo.

Los mexicanos llegamos a las urnas hace un año, independientemente del candidato de nuestra elección con una gran esperanza de cambio y tan fue así que en las redes circulaban infinidad de memes donde como mexicanos nos comprometimos con ayudar al ganador para tener el México que todos deseamos.

A un año tenemos un presidente que a pasos agigantados se está dando cuenta que no es lo mismo ser oposición que gobierno. Que poco ha logrado, que gobierna con una gran incongruencia, ensimismado en el poder, no oye y no ve.

Lo ha dicho innumerables veces “Al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”, y sin embargo él sí lo está. Adiós las esperanzas de muchos mexicanos que creíamos que nuestras instituciones eran más sólidas de lo que han demostrado hasta hoy y han sucumbido a los caprichos de nuestro Presidictardor.

Sin embargo, recordemos esta esperanza y hagamos lo prometido. Desde no tirar basura, decir no a la corrupción, cuidar nuestra ciudad, portarnos como ciudadanos ejemplares, pagar impuestos y una gran cantidad de promesas que hicimos a cambio de que nuestro gobierno hiciera bien las cosas, demostrémosle al gobierno que nosotros si sabemos cumplir.

Este 1 de julio no hay nada que festejar, pero debe ser una fecha que nunca se ha de olvidar, no debemos olvidar estas esperanzas en un México mejor que nos llevaron a las urnas ese 1 de julio y como ciudadanos hacer nuestra parte: “trabajar por un país mejor para todos y exigir que nuestros gobernantes así lo hagan”.

Domingo Días
domingo.dias@yahoo.com.mx



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Análisis y Opinión

¿Pasaremos al naranja?

José Luis Arévalo

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Terminó la campaña de “Su Sana Distancia” y estamos como al principio, bueno, peor que en marzo ya que ahora tenemos decenas de miles de contagiados, cerca de 10 mil muertos y una crisis económica y laboral sin precedentes en la era moderna de nuestro país.

Y lo que mucha gente se pregunta es entonces ¿porqué poner fin a una fase si las cosas no han mejorado? Según algunos expertos, en una epidemia solamente se puede pasar a una nueva fase cuando disminuye el número de enfermos hospitalizados y el número de fallecimientos de manera clara en por lo menos 15 días. Lo que en México no ha sucedido; es más, en tan sólo 7 días superamos los 2 mil muertos. Entonces, ¿porqué la urgencia?, quizás aquí haya algunas respuestas:

El presidente Andrés Manuel López Obrador sólo esperó -o presionó-, el “banderazo de salida” y se fue de gira hacia el sureste de la República. Primero a Quintana Roo, donde hay una notoria mejoría en el tema, pero luego irá a Tabasco y Campeche donde la situación es cada vez peor.

¿Qué le urgía al presidente? Demostrar una vez más que sus amuletos le acompañan, que necesita recuperar lo antes posible los puntos de popularidad que ha perdido en mayo o demostrar que sus proyectos requieren de su presencia para dar certeza. En ninguno de los casos se justifica ir en contra de lo que indican sus expertos como tampoco da un buen ejemplo a un país que ahora más que nunca necesita de un líder que componga el andar de una nación que registrará 12 millones de pobres más a causa del Covid-19, cerca de 2 millones de desempleados y una crisis sanitaria que sabrá Dios si los hospitales lograrán aguantar la presión.

Al tiempo de esto está la parte social. ¿Qué tanto los mexicanos sabremos respetar las medidas sanitarias si la necesidad económica les rebasa? Simplemente, todavía no daban el “banderazo de salida” y las calles de muchas ciudades, como Toluca y la CDMX, se encontraban ya con mayor movimiento, disminuido gracias al programa Hoy No Circula, pero es notoria la reactivación de la ciudadanía.

Es cierto, y aquí lo escribimos anteriormente, que este país no aguantaría una cuarentena mayor a este periodo y aquí está la muestra. El confinamiento no solamente ha traído una difícil crisis económica y laboral que tardará mucho, pero mucho tiempo en mejorar, sino también de tipo social. La violencia intrafamiliar, las crisis nerviosas y la depresión, las fracturas en el seno de varias familias mexicanas se han acentuado aunque desde Palacio Nacional se empeñen en decir que esto es falso. Así que, tratando de verle algún lado positivo, esta reactivación, por pequeña que vaya a ser en estos primeros días, podría ayudar a sanar estas heridas.

Sin embargo, el riesgo de contagio está ahí. Salimos de la pandemia o más bien salimos hacia la pandemia. Eso lo iremos viendo con el paso de los próximos días. La responsabilidad ya está en cada uno de nosotros, en cuidarnos, en usar el cubrebocas, lavarnos las manos y por supuesto utilizar el famoso gel antibacterial. El gobierno ya no pudo con nosotros y menos cuando su titular no ha puesto el ejemplo, sumándose a miles que ya tienen la urgente necesidad de salir y de generar dinero para sus hogares.

La respuesta sin duda la tendremos en 15 días, tiempo que necesita el virus para incubarse y que será cuando en teoría terminará el color rojo del semáforo para gran parte de nuestro país. ¿Pasaremos al naranja?

José Luis Arévalo
Periodista
@jarevalop
@jlanoticias

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Laboratorio de Ideas

El futbol, como la Patria

Héctor Sotero Mata Álvarez

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Siempre me han gustado los deportes, prácticamente todos, ya sean individuales o colectivos. Tengo la firme creencia que ayudan al desarrollo del ser humano en el aspecto físico, anímico, material y espiritual.

Los deportes en conjunto sirven de ejemplo para el trabajo en equipo, ya sea como familia, como gremio, como escuela, sociedad o país. En esta ocasión, he escogido hablar del futbol soccer como unidad colectiva en pro de un objetivo común que evidentemente es GANAR.

Quiero suponer, como analogía de Nación, que el Portero representa la seguridad de la sociedad en su conjunto; los Defensas son todos aquellos que velan por nuestros servicios básicos como médicos, policías, militares, bomberos o maestros.

Los Medios son quienes coordinan el equipo para avanzar o contener, como todos los servidores públicos y la prensa; y los Delanteros son aquellos que, por su posición estratégica están obligados a lograr metas como los empresarios, científicos e investigadores y deben ver por la creación de empleos, tecnología y nuevos descubrimientos.

El director técnico es el Presidente del país y como reserva, en la banca están todos nuestros jóvenes que esperan una oportunidad para salir al campo y demostrar para lo que están hechos y preparados.

Finalmente están los fanáticos, el público que sigue a su equipo, conformado por todos los ancianos, niños, enfermos y demás personas que no pueden participar directamente en el juego, pero que aman a su equipo, lo apoyan con sus vítores y que su mayor anhelo es, al igual que el de todos, ¡GANAR! 

Todos y cada uno de los integrantes de este equipo valen lo mismo, aunque su posición sea diferente. Lo importante es jugar en equipo para lograr el objetivo común: ser felices.

Imaginemos ahora que dentro del equipo existe la rivalidad, la envidia, la avaricia, falta de trabajo y peor aún, que hay un Director Técnico que actúa injustamente, no apoya a parte del equipo por razones de su posición, raza o credo.

¿Cómo es posible que se consiga el objetivo final que es ganar y ser felices? ¿Cómo puede trabajar correctamente una colectividad si le falta dirección? ¿Qué pasa si el pueblo, el público que no puede participar directamente en el juego, está dividido?

¿Qué pasa si pierde de vista el triunfo y en su lugar pone intereses propios como tener un mejor asiento, sin importar quién gane o pierda? ¿Qué sucede si conseguir un mejor lugar, independientemente de lo que pase con su equipo en la cancha, es su principal objetivo?

No debemos olvidar que todos somos mexicanos, que cada quien juega su posición y que todas las posiciones son dignas.

Lo relevante es buscar el triunfo para todo nuestro equipo. No debe importar el protagonismo, ni se debe hacer caso de individualismos, de protagonismos o de estrellatos. El éxito es y debe ser para todos.

El juego no lo gana el portero o los delanteros, el Director Técnico o sólo pueblo –la población en general, no únicamente los más desfavorecidos–.

Lo debe ganar el equipo completo, toda la nación, nunca una parte de ella o un solo individuo, quien quiera que sea. El éxito, o el fracaso, será de MÉXICO en su conjunto.

Empresario y escritor

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