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Laboratorio de Ideas

El monstruo de los proyectos de tecnología

Gerardo Medina Romero

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Desde la década de los ochenta, las llamadas “tecnologías de la información” han ido devorando el presupuesto, la energía y el alma de cualquier organización que ha decidido o a tenido que entrar a este tipo de proyectos.

Los famosos ERP (por sus siglas en inglés Enterprise Resource Planning), nacieron como sistemas administrativos para automatizar las principales funciones de una organización bajo la promesa de traer “mejores prácticas”. 

Estos sistemas fueron poco a poco integrando y conectando a otros sistemas que a su vez, automatizaban otros procesos de la organización, como los procesos de suministro, operaciones, ventas y hasta recursos humanos.

Hoy por hoy, estos sistemas se conocen como “plataformas tecnológicas” que con el boom digital, resultan cada vez más sofisticadas.

El problema histórico que han sufrido las empresas que han decidido implementar una plataforma tecnológica como estas, no está en el producto en sí, sino en la mala planeación, conceptualización y ejecución del proyecto como tal. 

Para empezar, debemos reconocer que la tecnología per se no va a resolver por arte de magia ningún problema. El modelo de operación de una organización se conforma de 5 elementos que están interconectados entre sí y que dependen uno de otro para funcionar adecuadamente: la estrategia, que define los objetivos a lograr; el modelo de procesos, políticas y procedimientos que definen el qué se hace, cómo se hace; el modelo organizacional que define el quién lo hace y el cómo se organizan para hacerlo; y finalmente el modelo de infraestructura que define el con qué se  hace. 

Los sistemas informáticos forman parte del modelo de infraestructura, y al modificarse este modelo, el resto sufrirá por consecuencia también un impacto por lo que se deberá ajustar también.

Esto suena lógico, el problema es que el costo de las licencias de uno de estos productos, más el costo de los servicios profesionales de los despachos externos que se dedican a implementar estos sistemas es tan alto, que no quedan recursos para trabajar en lo demás. No queda energía, tiempo, personal y mucho menos dinero para trabajar en modificar y alinear el resto de los componentes del modelo de operación de la organización.

Ante esta situación, los despachos de implementación prometen y aseguran a sus clientes que ellos mismos se van a encargar de hacer las adecuaciones al resto de los componentes, pero la realidad es otra.

Para empezar, la mayoría las consultoras no asignan a personas que puedan realmente analizar el impacto que tiene la implementación de este tipo de herramientas en los procesos de toda la organización, para ellos, los procesos son solo las actividades donde se utiliza la herramienta y no se dan cuenta de que entre transacciones existen un sin fin de actividades que se ejecutan y que nadie le ayuda al cliente a identificarlas y ajustarlas.

Tampoco asignan personas con la capacidad de hacer un análisis real del impacto en los roles y responsabilidades e incluso en la estructura organizacional. ¡Y qué decir de los equipos que en ocasiones asigna para coordinar las estrategias de gestión del cambio!, la gran mayoría de las veces asignan personas con pocas distinciones y que solo saben seguir recetas de cocina para hacer “vistosos” los proyectos con coloridas campañas de comunicación, pero que en su mayoría ni si quiera logran comunicar, mucho menos gestionar el cambio.

Pero ¿cuál es la razón principal de que recurrentemente suceda esto? La respuesta es el alto costo de la inversión.  

Las consultoras no asignan al personal con el talento necesario para estas funciones porque el cliente ya no quiere pagar más. La peor inversión en el mundo organizacional es invertir en comprar un sistema y no invertir en preparar a la organización para usarlo.

Yo siempre pregunto a los clientes: “¿Qué es más fácil, cambiar la programación de un sistema informático para que te dé un resultado distinto, (si conoces el lenguaje de programación en el que está hecho) o, cambiar la mentalidad del personal que lo debe utilizar, para que piensen y actúen distinto?  La respuesta siempre es inmediata: es más fácil cambiar el sistema.

Entonces, ¿por qué el porcentaje de inversión destinado a modificar la herramienta tecnológica es tan alto y el destinado a cambiar a la organización y a su gente para usarlo es tan bajo o nulo?     

Esto, sin duda, ha sido impulsado por las mismas empresas que desarrollan y venden tecnología, ha sido aceptado y promovido por las firmas de consultoría que implementan tecnología y ha sido comprado en su totalidad por los responsables de TI de las grandes empresas.

Mientras esto siga así, los empleados y los accionistas deberán seguir sufriendo con el Monstruo de los Proyectos de Tecnología que devorará la mayor parte del presupuesto de inversión en proyectos de mejora y transformación así como la energía, tiempo y calidad de vida del personal involucrado en dichos proyectos.  

Recuerda, para que exista un Go Live exitoso, se requieren dos cosas: La herramienta lista, y la organización lista.

Por lo tanto, es importante que desde cualquiera que sea tu rol en este tipo de proyectos, ya sea como patrocinador, miembro del equipo de proyecto o usuario final, exijas y te asegures que la organización destina un presupuesto adecuado para trabajar en planear adecuadamente estos proyectos.

Es necesario involucrar no solo a la gente de sistemas como líderes del proyecto sino a las áreas de negocio; analizar el impacto real al modelo de operación, hacer un análisis de los procesos que se deben ajustar, no solo en las actividades que son tocados por la herramienta sino también en el resto de las actividades; tener un plan de trabajo para asegurar que la organización está lista y no solo tener un plan para terminar de configurar la herramienta; y lo más importante, invertir en la gente y prepararla para que sea capaz de asumir los cambios en su manera de trabajar y obtener realmente los beneficios que la organización busca al utilizar la nueva plataforma tecnológica.                                

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¿Y la activación física contra la obesidad?

Columna Invitada

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Por Agustín A. Herrera Fragoso

¿Qué le pasó a Poncho?, se cuestionó la familia del niño en un video subido a la red social Youtube, el cual narra la historia del estudiante de secundaria que falleció el 2 de diciembre de 2013 por la misma causa que tiene sumida a una buena cantidad de niños mexicanos en una regular o mala calidad de vida y con riesgo a contraer enfermedades como diabetes e hipertensión: la obesidad.

“Ves a tus hijos crecer y piensas que están sanos. Desafortunadamente no te das cuenta y pasas por muchas situaciones, que en el caso de Poncho fue lo que me pasó. No me di cuenta de que su alimentación, el que no hiciera ejercicio, su sobrepeso le causara la muerte”, señala el padre de Poncho en la grabación.

Con el video, los padres del joven pretenden crear conciencia sobre el problema de la obesidad en México que, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de 2018, en el país se registró 18.1 por ciento de sobrepeso en infantes de 5 a 11 años de edad y 17.5 por ciento de éstos con obesidad.

El sobrepeso y la obesidad constituyen ya, en conjunto el principal problema de salud pública en México. Para enfrentar el problema se limitan a prohibir los alimentos denominados Chatarra por su alto índice calórico y de azúcar, sin hacer un abordaje de manera integral y desarrollar políticas públicas que involucren a los diversos sectores de la sociedad mexicana en conjunto con los padres y la sociedad.

La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. El problema es mundial y está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano. Se calcula que en 2016, más de 41 millones de niños menores de cinco años en todo el mundo tenían sobrepeso o eran obesos.[1]

Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Mismas que son prevenibles.

La obesidad entre los niños y los adolescentes se ha multiplicado por 10 en los cuatro últimos decenios[2]. El número de niños y adolescentes de edades comprendidas entre los cinco y los 19 años que presentan obesidad se ha multiplicado por 10 en el mundo en los cuatro últimos decenios.

Las conclusiones de un nuevo estudio dirigido por el Imperial College de Londres y la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que, si se mantienen las tendencias actuales, en 2022 habrá más población infantil y adolescente con obesidad que con insuficiencia ponderal moderada o grave.[3]

La Dra. Fiona Bull, coordinadora del programa de la OMS de vigilancia y prevención poblacionales de las enfermedades no transmisibles señala: “La OMS alienta a los países a esforzarse por modificar los factores del entorno que aumentan el riesgo de obesidad en nuestros hijos. Más concretamente, es preciso reducir el consumo de alimentos muy elaborados baratos, con alto contenido calórico y bajo valor nutricional. Además, conviene que los niños dediquen menos tiempo de ocio a actividades sedentarias y que incluyen el uso de pantallas. Para ello, es necesario fomentar la actividad física mediante el deporte y la recreación activa”.

Los niños obesos y con sobrepeso tienden a seguir siendo obesos en la edad adulta y tienen más probabilidades de padecer a edades más tempranas enfermedades no transmisibles como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares.

La causa fundamental del sobrepeso y la obesidad infantiles es el desequilibrio entre la ingesta calórica y el gasto calórico. El aumento mundial del sobrepeso y la obesidad infantiles es atribuible a varios factores, tales como:

  • El cambio dietético mundial hacia un aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos con abundantes grasas y azúcares, pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes saludables.
  • La tendencia a la disminución de la actividad física debido al aumento de la naturaleza sedentaria de muchas actividades recreativas, el cambio de los modos de transporte y la creciente urbanización.

Se acepta que la prevención es la opción más viable para poner freno a la epidemia de obesidad infantil, dado que las prácticas terapéuticas actuales se destinan en gran medida a controlar el problema, más que a la curación. El objetivo de la lucha contra la epidemia de obesidad infantil consiste en lograr un equilibrio calórico que se mantenga a lo largo de toda la vida.

Equilibrio que se vivía y que forjábamos principalmente en los 70s, 80s y 90s, cuando la alineación tecnológica no destituía el juego y la diversión en los parques, la delincuencia organizada no invadía las calles y espacios de recreación infantil; donde se podía mantener un equilibrio calórico con el ejercicio, por lo que falta:

  • Mantener la actividad física: un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada o vigorosa que sea adecuada para la fase de desarrollo y conste de actividades diversas.

Elemento fundamental que la OMS lo señala para complementar el régimen alimentario y saludable.

Situación que también va de la mano de la seguridad, el contar con los espacios adecuados, donde podemos cambiar una cultura virtuosa del ejercicio y el juego sumando a la familia, amistades y la sociedad.

Por lo que se recomienda que se den las condiciones legales y de política pública para que:

  • Los niños y jóvenes de 5 a 17 años inviertan como mínimo 60 minutos diarios en actividades físicas de intensidad moderada a vigorosa.
  • La actividad física por un tiempo superior a 60 minutos diarios reportará un beneficio aún mayor para la salud.
  • La actividad física diaria debería ser, en su mayor parte, aeróbica. Convendría incorporar, como mínimo tres veces por semana, actividades vigorosas que refuercen, en particular, los músculos y huesos.

Donde la realización de una actividad física adecuada ayuda a los jóvenes a:

  • Desarrollar un aparato locomotor (huesos, músculos y articulaciones) sano;
  • Desarrollar un sistema cardiovascular (corazón y pulmones) sano;
  • Aprender a controlar el sistema neuromuscular (coordinación y control de los movimientos);
  • Mantener un peso corporal saludable.

La actividad física se ha asociado también a efectos psicológicos beneficiosos en los jóvenes, gracias a un mejor control de la ansiedad y la depresión. Asimismo, la actividad física puede contribuir al desarrollo social de los jóvenes, dándoles la oportunidad de expresarse y fomentando la autoconfianza, la interacción social y la integración. También se ha sugerido que los jóvenes activos pueden adoptar con más facilidad otros comportamientos saludables, como evitar el consumo de tabaco, alcohol y drogas, y tienen mejor rendimiento escolar.


[1] Ver: https://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood/es/

[2] Ver: http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2017/increase-childhood-obesity/es/

[3] 11 de octubre de 2017, LONDRES

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Análisis y Opinión

La imagen se construye desde los detalles

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Cada vez es más común ver en redes sociales a profesionales o empresas que hacen publicaciones sobre distintos temas relacionados a sus servicios o productos tratando de llamar la atención de posibles clientes. Es importante destacar que en ocasiones la forma resulta mucho más relevante para captar la atención de un posible cliente que el fondo del contenido.

El fondo es el contenido y mensaje que se intenta transmitir, incluye el enfoque y el manejo del tema. El fondo nos permitirá hacer juicios sobre el nivel de experiencia que tiene el profesional y la empresa, dominio del tema, punto de vista con el que hace la observación, enfoque práctico que le da, y muchas cosas más.

Por su parte, la forma incluye tanto la redacción y ortografía utilizada, así como el diseño, las imágenes y el medio seleccionado para comunicarlo. La forma nos permitirá hacer juicios sobre la importancia que tiene para la empresa o persona que lo publica hacer o entregar cosas con calidad, su nivel de profesionalismo y la atención que le da a los detalles.

Todo comunica y todo lo que una empresa o un profesional hace, de manera consciente o inconsciente, contribuye a que el público con el que tiene contacto genere una determinada imagen de ellos que influirá en la toma de decisiones con relación a la compra del producto o servicio que ofrece.

La imagen es la suma de los juicios que un determinado público hace sobre una organización o un profesional a través de la acumulación de todos los mensajes que haya recibido, directa o indirectamente.

Una publicación con errores ortográficos o de redacción genera juicios tan negativos como una publicación donde el manejo del tema es confuso, erróneo o sin ofrecer valor alguno. Un profesional que no cuida el manejo de sus redes sociales y el tipo de publicaciones o fotos que comparte puede contribuir de manera negativa a su imagen profesional, tanto como un conflicto laboral.

Desde mi punto de vista, si una empresa no tiene algo verdaderamente relevante que aportar que sea distinto o nuevo a lo que se ha dicho, o si no domina un tema en particular, es mejor no escribir nada, ya que eso solo pondrá en evidencia su incapacidad ante sus potenciales clientes. Si una empresa no es capaz de revisar la puntuación, la redacción y la ortografía de una publicación, seguramente tampoco pondrá atención al hacer las cosas con calidad y profesionalismo para sus clientes.

La calidad de los productos y servicios de una organización o de un profesional son tan importantes para construir su imagen como lo son la actitud y comportamiento fuera y dentro de la empresa, al igual que la calidad de sus publicaciones y mensajes que emite a través de los distintos medios de comunicación.

El incremento en el uso de los chats a través de dispositivos móviles ha atrofiado tanto nuestra capacidad de escribir como la de leer, y nos hemos llenado de una serie de vicios y malos hábitos que pueden verse reflejados en las publicaciones que elaboramos y publicamos. De pronto ya no sabemos usar la puntuación correctamente y al revisarla no somos capaces de detectar errores tan graves como la falta de un signo de interrogación al inicio de una pregunta, o el uso indiscriminado de mayúsculas por ejemplo. Es por ello que debemos darle el doble de importancia a la revisión de los textos.

Si queremos fortalecer nuestra imagen como empresa o profesionales independientes, debemos comenzar por cuidar todos los mensajes que enviamos, al menos los que hacemos de manera consciente. Hay que reconocer que para hablar de un tema hay que dominarlo y tener algo nuevo que aportar o, de lo contrario, será mejor no escribir a menos que se trate de una simple opinión sobre el tema.

Y si ya decidiste publicar un artículo, un aviso o un simple comentario de cualquier índole, asegúrate de hacerlo con buena redacción, verifica el significado real de las palabras que utilizas, revisa que tiene la puntuación adecuada y asegúrate que esa publicación realmente refleja la imagen que quieres proyectar.

Recuerda, la imagen pública de una empresa puede ser su principal aliado o su peor enemigo para lograr sus objetivos de negocio y su construcción comienza desde los detalles.

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