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Análisis y Opinión

¿Estamos los padres preparados para la separación?

Javier Chávez de Icaza

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Cada padre tendrá una respuesta para esta pregunta, porque el separarnos de nuestra pareja no solo implica eso, sino también el modificar la relación que se tenía hasta ese momento con cada uno de los hijos(as) que se tengan, por lo que la situación se tiene que abordar desde esas dos perspectivas.

Generalmente cuando te casas o inicias una familia, tienes la idea de que sea para siempre, pero cada vez es más común que esto no suceda así y por esa razón, no es suficiente con que tengas relaciones de familia, sino que debemos de crear las relaciones individuales con los diferentes integrantes de la familia, para que sin importar si la familia siga unida para siempre o se separe en el trascurso de la vida, las relaciones se puedan seguir manteniendo y creciendo, conforme vamos creciendo todos.

Entonces, ¿Cuándo debemos de empezar a crear relaciones individuales con nuestros hijos? La respuesta correcta es desde el momento en que nacen y debemos de ir creando nuevas conforme vayan creciendo, porque las cosas que les gustan de bebes, no siempre son las que les gustan en la infancia, seguramente serán muy diferentes las que les gusten en la adolescencia y en la edad adulta.

Ahora que si no creamos estas situaciones de padre-hijo(a) desde las primeras etapas de la vida de cada uno de nuestros hijos(as), la respuesta correcta a la interrogante del punto anterior, es a partir de este momento. Porque no importa si seguimos como familia completa o si ya nos hemos separado de la pareja, si queremos ser parte importante de la vida de nuestros hijos(as) por mucho tiempo o por todo el tiempo que nos quede, tenemos que establecer relaciones y situaciones que sean solo de dos (padre-hijo(a)) con cada uno que tengamos.

Retomando la pregunta del título del presente artículo ¿Estamos los padres preparados para la separación? Que tal vez tendríamos que redactar de otra manera e incluir algunas otras, como  ¿Por qué tenemos que prepararnos para la separación? ¿Qué pasa si nos preparamos para la separación y no se da? ¿El prepararnos para la separación no condicionaría nuestra relación de pareja orientándola a que se disuelva por el solo hecho de prepararnos? Y un sin número de preguntas más.

La realidad es que el principal sufrimiento de los padres después de una separación es que la relación con los hijos queda muy segmentada, en la mayoría de los casos a poder verlos un par de días cada dos semanas y con tan poco tiempo, las posibilidades de crear estos vínculos individuales son más complicadas, sobre todo cuando son 2 hijos o más, porque tenemos que aprovechar al máximo el tiempo que convivimos con ellos y si este tiempo lo tenemos que partir en dos o más, pues se complica aún más.

Pero en este artículo no pretendo afirmar que todas las relaciones de parejas acabarán disolviéndose, ni siquiera que la mayoría de estas, pero lo que sí quiero puntualizar es que si nosotros como papás, somos capaces de tener actividades en común, individuales con cada uno de nuestros hijos(as), no importará si la pareja de padres sigue o se separa, siempre tendremos nuestros “momentos de gloria” que nos permitirán ser parte importante en la vida de nuestros hijos.

Entonces, no se trata de “prepararnos para la separación” sino de estar preparados por si sucede y que esto no limite la interacción con nuestros hijos, en cualquier etapa de la vida en la que ellos y nosotros nos encontremos. Porque además, si creamos las condiciones que nos sean favorables en la eventual separación de la pareja, estas condiciones serán favorables incluso si la pareja permanece junta durante toda la vida.

Yo soy miembro de varios grupos de padres en Facebook y participo en otros foros de padres y en los pocos en los que si se habla de paternidad y no de intercambio de memes e imágenes, el común denominador es que los papás se quejan de que ven poco a sus hijos, que no interactúan con ellos igual que con sus madres, que se limitan a tratarlos como proveedor y que los hijos pareciera que solo desean pasar ese fin de semana lo más rápido posible, para regresar a “su casa” y retomar su “vida normal”.

Justo en estas últimas palabras esta la importancia en “estar preparados” por si la separación sucede y justo son esas palabras las que más duelen a un padre, el no estar incluido en los conceptos de “su casa” y “su vida normal”. Porque si bien relaciones de parejas podemos tener muchas en nuestra vida, desde que somos jóvenes y cada una de ellas nos deja enseñanzas que podemos aplicar en las relaciones que siguen, la relación con cada hijo es puntual y diferente y aunque también podemos aprender un poco de la que tenemos con el primer hijo, no siempre podemos aplicarla en las relaciones con los demás hijos.

Pensemos que si logramos desarrollar, por llamarle de alguna forma, conexiones puntuales con cada hijo, ya no dependeremos de que la familia está toda junta para poder enriquecerlas, incluso tampoco dependeremos al 100% de que tengamos mucho tiempo para estar presente con nuestros hijos, sino que con el tiempo que tengamos (poco o mucho) podremos disfrutar en lugar de padecer nuestra Paternidad.

Y si somos muy prácticos, tendremos que reconocer que incluso cuando la pareja sigue estando unida, el tiempo que le dedicamos a vivir estas “conexiones puntuales” generalmente es menor al que quisiéramos. Así que nuevamente, no se trata de pensar en o fomentar la separación, sino se trata de optimizar el tiempo que tengamos para conectarnos con cada hijo y que este sea un tiempo muy disfrutable. Por supuesto que tendremos desencuentros y diferencias con nuestros hijos, actitudes que nos molesten, incluso que nos saquen de quicio, pero en la medida que tengamos también buenos momentos, es en la medida que nuestra paternidad será un verdadero gozo.

Como ya les he comentado en anteriores escritos, tengo dos hijos, la mayor es mujer y el menor con casi siete años de diferencia es hombre, por lo que durante más de 6 años mi hija fue hija única y si bien, al principio para mí, era muy complicado desarrollar vínculos individuales con ella, porque desconocía todo lo que significa ser “niña” fui encontrando situaciones en las cuales, pudiéramos ser “solo ella y yo” y esto no afectara a la integración de la familia y si me fueron ocurriendo (porque como también he comentado no hay reglas que funcionen para todos los padres, ni siquiera para todos los hijos) y que me permitieran ser considerado por mi hija, fundamental en ciertos temas y en otras le dieran a ella recuerdos imborrables.

Con mi hija, empecé un poco por casualidad y otro seguramente por crear un diferenciador, el cantarle una canción de cuna. La verdad es que ni se de música, ni tengo ningún talento para cantar, pero en esta etapa, eso no es relevante, lo relevante es el vínculo que se forma, así que escogí “Hacer el amor con otro” de Alejandra Guzmán.

Podrán pensar que no es una tema adecuado para una canción de cuna, pero mi hija ni se enteraba del significado de la letra y cuando más grande le contaron a ella eso, sirvió para establecer un recuerdo curioso entre nosotros.

Conforme fue creciendo, seguía siendo difícil para mí, el entender que pensaba una niña a esa edad, así que me enfoque en ser el referente para temas escolares e inquietudes particulares, fue algo aventurado de mi parte, porque mi hija, era (y aún lo sigue siendo) extremadamente inquisitiva y tuve que estar ahí para ella para responder una gran cantidad de dudas que planteaba que no necesariamente eran con respecto a su vida o su realidad, pero si todas las dudas que tenía o que encontraba en el camino.

Al día de hoy, sigue siendo un reto poder responder la gran cantidad de interrogantes que ella se plantea, aunque afortunadamente, ya me llegan a mi pocas porque la mayoría las resuelve ella investigando y solo aporto mi opinión en algunas ocasiones, pero ahora, las opiniones que les damos a los hijos, también tienen que estar fundamentadas, porque el internet se encarga de confirmar si son valiosas o no.

Pero incluso dentro de ese periodo de infancia, también desarrollé actividades uno a uno con ella, como salidas solo nosotros dos, desde salidas para comprar el desayuno de los domingos, hasta recogerla por la tarde de casa de amigas con la que había estado haciendo trabajos en la escuela.

Cuando nació mi hijo, yo me sentí muy confiado, con el si conocía la evolución, ya que yo también fui niño antes y si bien, hoy el mundo es muy diferente a cuando yo era niño, la evolución,  es más temprana que en “mis tiempo”, se desarrolla de forma similar.

Como decía, con 6 años de experiencia como padre, con un hijo de mí mismo sexo, creía que podía tener todo su proceso de desarrollo controlado y sin temores. Yo pensé a mí me gustan los deportes, lo oriento a los deportes, voy con él a sus juegos y con eso tenemos tema de conversación y conexiones puntuales, sin que me signifique un gran esfuerzo.

Sin embargo, la confianza no me duró mucho, porque en cuanto empezó a ser un poco consiente de su realidad, descubrió que su pasión era la música, el tema en el que yo estaba menos preparado y entonces, tuve que prácticamente tirar a la basura toda mi experiencia de género y de padre para convertirme para él, en un padre que entendiera y fomentara su pasión.

Como mis conocimientos musicales eran prácticamente nulos y mi aportación no podía ser grande, me convertí en una especie de cómplice o promotor de su pasión, para que pudiera irse desarrollando en esa faceta, que para él, era mucho más relevante, incluso que la escuela. En el camino, surgió su afición por el yo-yo que le duró un par de años y que al apoyarlo y acompañarlo en esta faceta, nos dio otra oportunidad de tener un vínculo de solo dos.

Como verán, la idea central del artículo no es la separación de la pareja en sí, sino la ventaja de tener vínculos con cada hijo, que siempre serán más fáciles de desarrollar cuando los hijos son pequeños y cuando la familia esta junta que cuando ya está separada, por eso el prepararnos para la separación, nos preparará también y que es mucho más importante a ser un padre de verdad para nuestros hijos(as) en todas las etapas de su vida y llegar a ser una parte fundamental de “su vida normal” y que tu casa, también sea, al menos, una de “sus casas”

Sigue mis artículos en mi blog: https://www.padredeverdad.com

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Análisis y Opinión

La perspectiva religiosa en la elección de EU

Felipe Monroy

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Nunca como antes, la perspectiva religiosa de los votantes será decisiva en el proceso electoral en los Estados Unidos. No me refiero al credo en sí (católico, cristiano, evangélico, pentecostal, etcétera); sino a la perspectiva que cada creyente tenga sobre la responsabilidad moral que le imprime su religión a la hora de elegir un candidato a la máxima magistratura.

En un escenario menos polarizado, los procesos electorales en las naciones democráticas suelen enfocarse en áreas de discusión muy generales; básicamente los electores esperan que los contendientes contrasten sus modelos de gobernanza y las propuestas económicas de su prioridad: seguridad pública, promoción del empleo, atención de sectores marginados, política exterior y conservación de la estabilidad en el clima social.

Por desgracia, no estamos en aquellos escenarios y la polarización social obliga tanto a candidatos como a electores a llevar más profundamente sus preocupaciones sobre sus certezas y sus prejuicios. Tomemos el caso de los Estados Unidos, aunque buena parte de Europa y América Latina viven procesos semejantes. Independientemente del credo al que pertenezcan, los norteamericanos viven un cuestionamiento sobre qué tanto sus convicciones morales deben reflejarse en su voto y, por tanto, en las políticas públicas promovidas por sus candidatos preferidos.

Quizá como expresión, la ‘polarización’ muestra sólo los negativos del distanciamiento irracional incapaz de diálogo, pero también revela -a la mala- las ideas que se asientan en el fondo de la conciencia social, las acalladas por la prudencia o por la corrección política. Quizá no nos guste, pero la polarización conduce indefectiblemente a un estrato más profundo del razonamiento que no debemos minimizar.

Los electores polarizados ya no quieren escuchar propuestas de la ‘mejora en la educación’ sino de la ‘naturaleza de la educación’; no quieren ideas sobre el ‘bienestar económico’ sino del ‘tipo de justicia en la distribución de los bienes’; no les bastan propuestas de ‘seguridad pública’ sino sobre la ‘identidad de la justicia’. Es decir, las campañas tradicionales que se mantenían en el margen de lo políticamente correcto son trágicamente superficiales para un votante que busca, como nunca, que los políticos se comprometan más allá de su función pública, que hundan sus pies en el mismo fango de su existencia.

Y allí es donde no sólo las instituciones religiosas sino la apropiación individual del credo tiene mucho que ver en los procesos electorales. En las actuales elecciones presidenciales de los Estados Unidos, tanto el partido Demócrata como el Republicano han querido utilizar esta dimensión específica en los votantes que -independientemente de su identidad partidista- podrían decantarse por un candidato en las antípodas de su opción política pero tolerable respecto a su apropiación religiosa.

Hay que mencionar que apenas un puñado de católicos han sido candidatos a la presidencia de los Estados Unidos; por ello, se hace evidente que Joe Biden (Demócrata) no sea afecto a usar esa carta de presentación con regularidad. Sin embargo, cuando los temas polarizantes para los norteamericanos salen a flote (migración, aborto, justicia social), Biden apela a la tradición institucional católica para tratar de convencer a ese 59% de católicos blancos que apoyan a Trump. Quizá por eso, entre los católicos hispanos, a Biden le vaya mejor: 65% de católicos latinos se decanta por el demócrata.

Biden parece tener segura la elección en el sector de protestantes afroamericanos (92% de las preferencias) y, aunque también tiene una alta aceptación entre los evangélicos blancos, un gran porcentaje de ambos grupos parece que no le dará su voto principalmente por la política proabortista del Partido Demócrata. En un estudio del Pew Research Center se asegura que más del 61% de los ciudadanos identificados en alguna denominación cristiana no católica definirán su voto por aquel que defienda la vida de los no nacidos; mientras que un promedio del 40% de los católicos les costaría votar por su correligionario Biden precisamente por la cercanía de su partido con las empresas y organizaciones promotoras de abortos.

Esto lo sabe muy bien el equipo de Donald Trump quien, más allá de la campaña, durante su gestión presidencial no ha traicionado al sector antiaborto pues ha facilitado los recortes presupuestales a empresas dedicadas a la promoción y realización de abortos; aunque, a todas luces, su identidad anticristiana con el prójimo (migrantes, mujeres, descartados, pobres, etcétera) también le resta apoyos de muchas instituciones religiosas, de los católicos, de los cristianos con perspectiva social y, principalmente, por los afectos al humanismo agnóstico o no religioso.

El voto religioso contra Trump puede emerger de otras preocupaciones morales de los creyentes: el racismo, la crisis ambiental, la pobreza, la pena de muerte y las amenazas a la dignidad humana. Temas en los que a Trump se le califica como ‘u mal cristiano’. Y por ello no es coincidencia que el mismo mandatario critique Joe Biden (‘Quizá sea católico, pero no es cristiano’) por apoyar el aborto.

En conclusión, la polarización muestra descarnadas las fibras morales de los votantes; pero, más que la pertenencia a una institución religiosa, su decisión electoral se fundamentará en cómo interpretan su identidad religiosa en las coincidencias identitarias con el candidato más afín a sus certezas y a sus prejuicios.

Lo explican en un párrafo los obispos católicos norteamericanos en su subsidio de ‘Formación de Conciencias para una Ciudadanía Creyente’ del 2015: “Puede haber ocasiones en las que un católico que rechaza por principio las inaceptables posiciones de un candidato, incluso en políticas que promueven un acto intrínsecamente maligno, pueda razonablemente votar por ese candidato debido a otras razones moralmente graves. Votar de esta manera sería permisible sólo por razones morales verdaderamente graves, no para avanzar intereses mezquinos, preferencias partidistas o ignorar un mal moral fundamental”. La verdadera elección hoy en Estados Unidos reside en ese profundo sustrato que no veríamos sin polarización: ¿Cuál de los candidatos representa el mal moral fundamental?

LEE Felipe Arizmendi, el cardenal constructor de puentes

*Analista y consultor de información religiosa. Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Interpretaciones políticas al Papa

Felipe Monroy

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Debemos recordar que bastaron los dos primeros segundos del pontificado de Francisco para demostrar que su estilo y su particular método de transmitir las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia católica iban a provocar todo tipo de lecturas en el mundo menos una: la indiferente.

Sólo con esta certeza en mente es que se puede entender lo que sucede con su tercera y más provocadora encíclica papal ‘Fratelli tutti’ (Hermanos todos). En el texto, el Papa hace una feroz crítica a diferentes sistemas sociales, culturales, económicos y, principalmente, políticos contemporáneos que agreden y atentan permanentemente contra el ser humano, contra su naturaleza, su esencia, su dignidad y, sobre todo, contra su horizonte trascendente.

La dureza de sus palabras contra “el dogma de fe neoliberal” o el “insano populismo”, ha provocado airados comentarios de quienes justamente defienden o usufructúan algunos beneficios de ambos espectros. En algunos círculos, por ejemplo, se ha llamado ‘comunista’ al texto del Papa por insistir en el destino común de los bienes expresado con radicalidad por san Juan Cristóstomo (“No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”) o san Gregorio Magno (“Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo”).

A quienes defienden el neoliberalismo como dogma, el Papa les reclama: “Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico derrame o goteo -sin nombrarlo- como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social”.

Y, del lado de los liderazgos populistas cerrados -como los llama Francisco-, su vergonzoso silencio ante las reflexiones del Papa refleja justo la cerrazón, el endiosamiento, la arrogancia y la vanidad en la que viven los caudillos del populismo: “Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo… el servicio que prestan puede ser la base para un proyecto duradero de transformación… pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población”.

Esta tensión expresada con claridad por Francisco pudo corroborarse gracias al panel de reflexión sobre ‘Fratelli tutti’ organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano el 14 de octubre. En el panel participaron políticos aparentemente ubicados en las antípodas del espectro ideológico pero cuyas reflexiones revelan con claridad la defensa a ultranza de sus visiones sin la capacidad de escuchar al otro, que es por cierto el centro de toda la encíclica del pontífice.

Para unos, la incapacidad de reconocer la terrible apuesta hecha por un neoliberalismo dogmático y radical que profundiza las brechas sociales a niveles ignominiosos; para otros, la inexplicable adoración a un estilo político cuyos gestos se acercan riesgosamente al populismo insano.
Sin embargo, la encíclica no se queda en un lamento ni en una mera provocación; Francisco propone la fraternidad como un primer e indispensable paso de mutuo reconocimiento para emprender caminos de perdón, reconciliación, desarrollo y bien común. La propuesta está conectada con su primera encíclica ‘Lumen fidei’ (en donde también se reconoce mucho del pensamiento del papa emérito Benedicto XVI): La búsqueda de “la verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto” es la expresión de la fe que ilumina la historia, la realidad y el futuro.

Y esa verdad es el amor. Mencionada 65 ocasiones en la encíclica, Francisco aporta esta lectura: “El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos”.

El amor para francisco es origen y destino, pero también camino y programa. Y sin esa mirada, todas las interpretaciones políticas sobre la encíclica del pontífice pecan de parcialidad. ‘Fratelli tutti’ es una encíclica orientada radicalmente hacia una conversión política (el Papa enuncia 110 veces la palabra ‘política’) iluminada por el Evangelio. Una conversión para evitar la indiferencia y para recordar que se puede dar buen ejemplo como actor político en un mundo que demanda más fraternidad que ideologías.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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