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Opinión

¿Ha pensado en la importancia que tienen las pequeñas cosas?

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En días anteriores, tanto en este espacio como en Excélsior e IMAGEN Radio, he comentado la importancia, en los tiempos que corren en México, de valorar correctamente las pequeñas cosas.

¿Por qué el uso e importancia que doy al adjetivo pequeñas? Si bien es algo que he entendido desde fines de los años sesenta cuando participé en el Movimiento Estudiantil de 1968, y en los cuatro años posteriores trabajando con grupos campesinos en el norte del país -antes de ser capturado y pasar casi cuatro años (Tres años, diez meses y cuatro días) en Lecumberri -El Palacio Negro-, lo que he encontrado es un claro rechazo -entre quienes participan desde una u otra trinchera y con fines diversos en la lucha política-, a tomar en serio el papel de las cosas pequeñas.

El tema lo dejé desde hace años por simples razones profesionales; a la salida de Lecumberri debí dedicarme a trabajar en actividades alejadas de la lucha política; si bien de cuando en cuando, al analizar la política mexicana y el desempeño de algunos grupos de quienes dicen quieren implantar el socialismo en México y, más recientemente, el trabajo de grupos de intelectuales quienes, por razones que ignoro, han tomado como catapulta el cubículo de investigador o el gis frente al pizarrón para, en pocas palabras, salvar al país de la corrupción.

A partir de ahí volví a ocuparme de las cosas pequeñas frente a las propuestas de dimensiones proteicas de quienes, sin la menor modestia, dicen que su único objetivo es servir al pueblo de México mediante la erradicación de ese cáncer y flagelo casi similar a uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis: la corrupción.

En ésa andaba y ando, cuando tuve la fortuna de que una persona a la que sigo desde hace casi 30 años, y respeto profundamente por su capacidad analítica, seriedad profesional y honradez intelectual, el Dr. Luis Rubio, escribió en su colaboración dominical en el periódico Reforma, bajo el sugerente título de Las pequeñas cosas, toda una sólida argumentación en favor de eso que a veces tenía claro y a veces sólo intuía: El valor en una sociedad que quiere avanzar en la solución de sus grandes problemas, de eso que las más de las veces ninguneamos: Las pequeñas cosas.

A esa colaboración siguieron cinco del Dr. Héctor Aguilar Camín en Milenio Diario, una más en ese mismo medio de Román Revueltas y ayer domingo, en Reforma, Gabriel Zaid, con la profundidad y contundencia acostumbrada, nos regala otro texto en el mismo sentido: la importancia de las pequeñas cosas.

Antes de continuar, doy a usted las ligas de la colaboración del Dr. Luis Rubio, la serie de cinco del Dr. Aguilar y una más donde trata el tema desde una óptica diferente, la de Román Revueltas y la de ayer domingo de Gabriel Zaid:

1.- http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=116831&po=3

2.- http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con-dia/desgobierno-pequenas-cosas-cuatro-token-bloqueado-cuenta-banco-milenio_18_1000879904.html

3.- http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con-dia/desgobierno-dinero_publico-consumidores-trabajadores-salarios-pensiones_18_1000280007.html

4.- http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con-dia/gobernantes-inseguridad-narcotrafico-democracia_18_999680051.html

5.- http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con-dia/desgobierno-luis_rubio-cdmx-zapopan-profeco_18_999080118.htm

6.- http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con-dia/desgobierno-pequenas_cosas-cobro_de_honorarios-requisitos-milenio_18_1001479875.htm

7.- http://www.milenio.com/firmas/hector_aguilar_camin_dia-con-dia/extorsion-derecho_piso-empresas_18_996080421.htm

8.- http://www.milenio.com/firmas/roman_revueltas_retes/servicios_aceptables-recoleccion_de_basura-red_electrica-agua-vigilancia-milenio_18_1000280030.htm

9.- http://www.reforma.com/aplicaciones/editoriales/editorial.aspx?id=117238

La suplico de manera encarecida, leer cada una de ellas con detenimiento y lo que ahí dice cada uno de los autores, confrontarlo con la realidad cotidiana y sobre todo, con lo que somos y cómo somos.

Mañana, para no cansarlo más -particularmente cuando le estoy dejando la tarea de leer estas nueve colaboraciones-, concluiré mi largo comentario con algo que le aclarará el panorama -eso espero-: ¿Quiénes son los que, por el contrario, no sólo no se ocupan de las pequeñas cosas sino que plantean Las muy grandes cosas las cuales, hoy, de tan grandes, son inalcanzables?. 

Aquí lo espero mañana.



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Análisis y Opinión

Hacer lo correcto de manera correcta

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Sentimos incertidumbre con relación a lo que vendrá para el 2021. Para muchos, puede ser el posible y añorado regreso a la normalidad; para otros, una nueva normalidad ajustada y para algunos más, una realidad nueva y muy distinta. ¿Qué pasará cuando la mayoría de la población se haya vacunado? ¿Dejaremos de utilizar cubrebocas? ¿Regresaremos a nuestros lugares de trabajo? ¿Volveremos a tener interacciones con nuestros compañeros? ¿Otra vez a las reuniones de trabajo en salas de juntas?

Sin duda muchas preguntas así como posibles respuestas. Cada empresa ha vislumbrado al menos un par de escenarios para ello. En algunas, estos escenarios han sido compartidos con los colaboradores y en otras no; sin embargo, en ambos casos la incertidumbre sigue siendo el factor común ya que, por más que se diga lo contrario, todos sabemos que lo que hoy estamos viviendo es realmente un modelo temporal y que el definitivo se adoptará en cada empresa una vez que la población se haya vacunado y la pandemia se convierta finalmente en endemia.

¿Qué nos toca hacer ante esta situación? En mi opinión, así como las empresas deben planear cómo será su realidad una vez completada la etapa de vacunación mundial, cada uno de nosotros debe planear cómo será nuestra realidad laboral particular, específicamente en la manera en que tendremos que desempeñar nuestra función al interior de nuestra organización.

Por un momento, tratemos de olvidar lo que hacemos y cómo lo hacemos. Pensemos nuevamente el “para qué” lo hacemos y lo que la organización realmente debería recibir de nuestra función en particular. Es a partir de recordar el objetivo de nuestro rol (o, en algunos casos, de tenerlo claro por primera vez), de donde deberemos partir para redefinir lo que debemos hacer y cómo hacerlo en la nueva realidad, aprovechando al máximo los recursos que estarán disponibles.

Hoy más que nunca tenemos que buscar ser efectivos y eficientes en nuestra función.

Ser efectivos significa hacer lo correcto y dejar de hacer todo lo que no contribuye realmente al cumplimiento de nuestras responsabilidades. Quizá cuando llegamos a la organización o al puesto que hoy desempeñamos comenzamos a hacer cosas que nuestro antecesor hacía sin cuestionarnos si realmente aportaban y eran necesarias. Quizá otras más las hicimos porque algún jefe nos lo pidió, pero en realidad no tenían una razón de ser; muchas otras tal vez las incorporamos como parte de nuestro proceso de madurez individual y las mantuvimos simplemente por inercia. Cualquiera que haya sido la razón, seguramente encontraremos cosas que hoy hacemos y que en realidad deberíamos dejar de hacer con el fin de ser realmente efectivos.

Una vez que definimos lo correcto, viene el momento de analizar si lo estamos haciendo correctamente. Ser eficientes significa optimizar al máximo los recursos utilizados para hacer el trabajo; es decir, con el menor nivel de desperdicio de recursos posible. Si una cosa nos ha dejado claro el modelo de trabajo virtual que hemos adoptado en la gran mayoría de las empresas para sobrellevar la pandemia, es la gran cantidad de recursos que se desperdiciaba anteriormente para hacer el trabajo: tiempo, dinero y esfuerzo. Pues bien, a nivel individual debemos hacer ese análisis para encontrar la manera más eficiente de hacer nuestro trabajo y cumplir con nuestras responsabilidades. Evaluar en dónde cometemos más equivocaciones e implementar acciones para corregir esto, identificar redundancia de esfuerzos y crear formas de optimizar al máximo los recursos que utilizamos.

Haciendo lo correcto y de manera correcta, es decir, siendo efectivos y eficientes en nuestra responsabilidad individual, podremos completar el rompecabezas que hoy los líderes de las empresas tienen ante la incertidumbre que representa la nueva realidad que viviremos el próximo año.

No esperes a que sea la organización la que te diga cómo debes trabajar bajo la nueva realidad que, esperemos, llegue para el 2021. anticípate y dile a tu organización cómo tú y tu equipo de trabajo trabajarán.

Haz las cosas correctas y de manera correcta. Contribuye a diseñar el modelo de trabajo que tu organización tendrá no solo para trabajar durante la pandemia sino para el siguiente cuarto del siglo XXI.

LEE Reactiva tu capacidad de aprender en equipo

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Análisis y Opinión

Lamentos de un país roto: a dos años del gobierno de AMLO

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Abunda en la conversación política un dejo de superioridad moral por no haber votado por el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador. “¿Ven cómo sí está destruyendo al país?”, dicen unos. “¿Cuándo nos van a pedir perdón por votar por AMLO?”, preguntan otros.

Esta superioridad moral es, en realidad, un recurso fácil para no analizar la cuestión de fondo: ¿por qué el presidente actúa como actúa? Y sobre todo, ¿por qué tiene todavía el apoyo popular del que goza?

Ahí está la clave del éxito de AMLO y del fracaso de la oposición, tanto a nivel político como comunicacional.

Dicha superioridad moral funciona, asimismo, como una banda en los ojos ante un hecho contundente que no se quiere ver ni confrontar: el país está roto desde sus cimientos.

Desde hace décadas hay un país roto, empobrecido, envuelto en ciclos de crisis económicas que no han dado oportunidades a todos y que han destruido el patrimonio de muchos.

Es el país al que no llega la ley ni las promesas de la democracia. Son zonas en las que los gobiernos los toman los más fuertes, los más violentos, los más gandallas.

Ese país quebrado es dirigido en muchas regiones por el crimen organizado en abierta complicidad de las autoridades formales; es el mismo país ensangrentado por una política anti narco que pocos resultados ha dado.

Hay millones de mexicanos que siguen esperando que alguien les cumpla las promesas que alguna vez le hicieron el PRI todopoderoso, el PAN de la alternancia y el PRD combativo. Y el único capaz de abanderar todos esos reclamos en las últimas décadas fue el presidente López Obrador.

¿Que el presidente juega con esa representación? Claro. ¿Que hace propaganda para mantenerse impoluto frente a esos votantes? También. ¿Que busca utilizar a esos dolientes para hacerlos clientelas electorales? No hay duda.

Al final, se trata de un pacto de mutua conveniencia: unos reciben un dinero extra que antes no tenían, el otro obtiene buena imagen y votos potenciales para las siguientes elecciones. Nadie pierde en esta ecuación.

Pero el fondo no está resuelto. El país continúa roto por tres razones básicas: porque los votantes del presidente se dejan utilizar, porque las alternativas de poder se niegan a mirar a los distintos Méxicos y porque el presidente fusilará en la plaza pública cualquier intento de oposición a su gobierno.

El país está roto porque esa realidad lacerante de pobreza, crisis e inseguridad no se resolverá con el reparto de dinero, aun cuando sus beneficiarios sean fieles votantes del proyecto de AMLO.

Por otro lado, el país sigue roto porque quienes piden disculpas a quienes votaron por el presidente no quieren ver esa realidad dolorosa de sus hermanos mexicanos y desprecian visceralmente cualquier cosa que se relacione con AMLO, sin entender que éste vive y medra de la división social.

Finalmente, el país permanece roto porque desde el poder se impide que nadie más hable en nombre del pueblo, y todo aquel que se oponga al régimen será traidor, por mucho que el proyecto sean costosísimos elefantes blancos o el reparto de dinero a mansalva.

Para rearmar a este país es necesario ir más allá de las diferencias políticas y partidistas.

Tenemos que ser capaces de trascender las divisiones impuestas desde el poder y construir desde lo que nos importa a todos: el bienestar y oportunidades para tantos mexicanos como sea posible, así como darnos instituciones que nos garanticen el ejercicio de nuestros derechos.

Para ello tenemos que ser capaces de entender, en sentido amplio, las distintas realidades de nuestro país; hay que escuchar esos lamentos del México oculto que llevan décadas y hasta siglos, y que exige justamente ser atendido -no manipulado- desde el poder.

Tarde o temprano esto tendrá que suceder, sólo espero que no nos tardemos tanto en comprenderlo y actuar en consecuencia.

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