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Análisis y Opinión

Hábitat de calidad, e inteligencia artificial

Ricardo Homs

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Por Ricardo Homs

Imaginar la tecnología del futuro para las generaciones nacidas en el siglo XX era dar por sentado un mundo interconectado por cables. Por tanto, todavía hasta los años ochenta se vislumbraba el surgimiento de ciudades donde la interconexión física era el camino que abría la tecnología para ofrecer confort a sus habitantes. En esa época aún no surgía el Internet como un sistema inteligente de uso cotidiano y sólo vivía en la imaginación colectiva como parte de una visión futurista.

Sin embargo, hoy hemos perdido la capacidad de asombro ante lo cotidiano de su presencia. El mundo de hoy está interconectado no por cables, sino por señales imperceptibles para nuestros sentidos. Señales que no se ven ni se sienten. La tecnología informática hoy es como el aire oxigenado para nuestra vida: imprescindible e invisible a la vez.

La tecnología hoy es parte de nuestro hábitat cotidiano y cada vez más se integra, brindándonos confort.

La posibilidad de disfrutar de temperatura autoregulada, iluminación, e incluso la seguridad de los residentes, que hoy pueden estar protegidos por inteligencia artificial, es factible. Incluso se puede ir personalizando el reconocimiento de la identidad de los inquilinos, así como ajustarse el confort a sus gustos y caprichos, lo cual está a la vuelta de la esquina.

Que los edificios inteligentes reciban órdenes a partir del reconocimiento de la voz del residente, es algo cotidiano. Incluso la utilización de energía solar para abatir costos, es parte e esta revolución tecnológica.

Es evidente que la ambientación de los espacios donde las personas desarrollan su vida cotidiana tiene un efecto poco reconocido públicamente, pero fundamental en la salud emocional de los individuos. La iluminación y la temperatura inciden primeramente en el estado de ánimo. Por tanto, el índice de productividad en el ámbito laboral podemos vincularlo al estado de ánimo y ello también se impacta de la calidad del descanso previo.

Por tanto, el hábitat no sólo debemos circunscribirlo al ámbito del hogar, sino también al laboral.

Lo anterior nos lleva a considerar que, en la búsqueda de calidad de vida, en el futuro se tendrá que replantear el crecimiento ordenado de los centros urbanos y las grandes ciudades, para hacer que las distancias entre el hogar y el centro de trabajo sean las mínimas, a fin de ofrecer mayor confort y calidad de vida. Esto se reflejará en la oportunidad de facilitar la convivencia familiar.

Es evidente que para reducir distancias será necesario concentrar grandes grupos de población en pequeños espacios territoriales y la única forma de hacerlo será hacer crecer los espacios habitables hacia arriba, en varios niveles, lo cual invariablemente nos remite a la utilización de edificios, tanto para actividades productivas y empresariales, como para vivienda.

Es evidente que en el futuro sólo las minorías con alto poder adquisitivo podrán vivir en suburbios confortables, en casas tradicionales que abarcan más terreno por cada habitante, lo cual se traduce en baja densidad demográfica.

A mayor distancia entre el centro laboral y el hogar, se vuelve fundamental contar con transporte privado personalizado, o sea auto de uso individual o sistemas de transporte público eficiente, confortable y acorde con el nivel de vida y las comodidades a las que está acostumbrado este perfil socioeconómico. Todo esto repercute en altos costos que sólo serán accesibles para minorías de alto nivel adquisitivo.

Por tanto, los grandes núcleos de población se tendrán que concentrar en grandes edificios, donde se desarrollará su vida familiar, así como en inmuebles verticales donde transcurrirán sus horas laborables.

Si el confort incide en la productividad, el confort también impacta la profundidad del descanso, el cual se vuelve a relacionar con la productividad.

La tecnología hoy existe y ya está disponible para quien pueda pagarla.

El reto futuro de nuestra sociedad será lograr que toda la tecnología esté disponible para el mayor número de personas, para hacer que su hábitat sea confortable. Esto se vincula forzosamente con una reducción del precio de compra de los sistemas de tecnología inteligente, para hacerlos accesibles, lo cual seguramente sucederá a corto plazo, como ha sucedido con los automóviles, que hace cien años eran impagables para el ciudadano común, o recientemente con las computadoras, antes con precio inaccesible para las mayorías, pero que hoy son equipos de uso cotidiano, así como también ha sucedido con los teléfonos celulares.

Los edificios inteligentes serán una realidad cotidiana durante los próximos años. Se estima que el crecimiento de los edificios inteligentes en Estados Unidos fue de 16.6% en 2020 con respecto al 2014, lo cual es un indicador de lo que sucederá en el futuro inmediato en nuestro país.

¿A usted qué le parece?

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Análisis y Opinión

Escarnio religioso con fines políticos

Felipe Monroy

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Justo quince horas después de que líderes de una docena de diferentes religiones en México se reunieran para orar por la paz; el presidente de la República -desde el púlpito moral de su individual certeza- volvió a arremeter contra las prácticas religiosas, particularmente contra la grey católica y sus actos de fe. No ha sido la primera vez; de manera sistemática mezcla, confunde y politiza a propósito la dimensión espiritual de millones de personas.

Algo ha pasado en el fuero interno del presidente. A partir del 2020, sus críticas a lo que él identifica como ‘hipocresía católica’ se han tornado recurrentes y socarronas. Hasta antes de la campaña presidencial y en los primeros meses de gobierno, López Obrador siempre había aderezado con conceptos religiosos su ideario político; pero -quizá la pandemia, quizá la incertidumbre- ha revelado en el presidente ese discurso anticatólico moralizante de un rancio protestantismo para-cristiano que fue sumamente popular a finales de los setenta y hasta los años noventa en México.

A diferencia del anticlericalismo secular (que se enfoca en una crítica a la institución católica), el anticatolicismo cristiano contemporáneo es un estilo discursivo, especialmente utilizado por distintas ramas de protestantismo, que a través de estereotipos negativos y lenguaje peyorativo critican a los católicos, a sus prácticas religiosas y a las fallas de sus miembros que aseguran son una ‘hipocresía moral’ intrínseca a la religión católica. La reacción católica a esta discriminación indirecta ha sido también una desvaloración de la identidad cristiana de evangélicos, protestantes y otras comunidades religiosas.

Sin embargo, el acercamiento entre líderes cristianos, el diálogo interreligioso, el ecumenismo y la vasta producción de fraternas reflexiones espirituales han favorecido el respeto, la tolerancia y hasta la amistad entre referentes y miembros de religiones otrora enemistadas. El encuentro interreligioso de oración por la paz, el pasado 10 de junio, es símbolo de este esfuerzo de entendimiento y madurez entre creyentes.

Pero el presidente no abandona el discurso moralizante: “mi cristianismo, lo que yo practico… si todos fuésemos así viviríamos en una sociedad mejor”. Y, con frecuencia -especialmente para eludir algún tema álgido- utiliza la fórmula que su inmejorable cristianismo es superior por no parecerse al cristianismo hipócrita del prójimo.

En la primera conferencia presidencial del 2020, López Obrador espetó la fraseología que ya ha hecho leitmotiv recurrente: “Los conservadores van a misa y olvidan los mandamientos; van a la iglesia, comulgan, confiesan, van a dejar en cero el marcador y el domingo vuelven a lo mismo”.

Al inicio de la pandemia, el presidente mostró un par de imágenes del Sagrado Corazón de Jesús (sumamente veneradas por católicos) y las comparó con un trébol de cuatro hojas y un billete de un dólar como amuletos de buena suerte. En julio 2020, durante la presión por el famoso ‘aplanamiento de la curva’ de contagios por COVID-19 en México, el presidente volvió a calificar a los creyentes: “Son sectores reducidos, pero con mucha pasión. Es obvio, amenazas y al mismo tiempo por eso es irracional, muchos de ellos van a los templos, confiesan y comulgan, pero olvidan los mandamientos”.

El 8 de marzo, con motivo de las movilizaciones feministas; y el 5 de mayo, como respuesta a la tragedia del metro capitalino donde fallecieron 26 personas, López Obrador aplicó el mismo epíteto a los que identifica como adversarios, pero los ejemplifica como católicos: “Son clasistas, son racistas, son partidarios de la discriminación. Pueden ir a los templos los domingos y confiesan y comulgan, y dejan el cero marcador, eso es hipocresía”, dijo el día de la Mujer y en el aniversario de la Batalla de Puebla insistió: “Son muy perversos y estos conservadores son también muy hipócritas. Porque estoy seguro de que hasta van a misa los domingos y confiesan y comulgan”.

¿Por qué el presidente ridiculiza y adhiere sistemáticamente la imagen de sus enemigos a las prácticas religiosas sacramentales de la Confesión y la Comunión, de la asistencia a Misa y el estudio de los Mandamientos?

Es una verdadera pena que el mandatario de una República laica no sólo no valore ni respete las identidades religiosas de todos los ciudadanos, sino que las politice e identifique a algunos perfiles religiosos como potencialmente adversos a su movimiento político. López Obrador, no hay que olvidarlo, ganó con un margen amplísimo las elecciones del 2018 y su personalidad política aún convoca a millones de partidarios de su ideología. Con certeza, el 95% de todos sus apoyos sociales profesa alguna fe o es miembro de alguna institución religiosa; lo mismo se puede decir de la clase media que lo ha llevado al poder.

¿Por qué continúa denostándolos? ¿Qué es lo que en el fondo busca reclamar a esa dimensión espiritual de una vasta porción de la sociedad mexicana que, en principio, no sólo goza de la libertad de culto, sino que también está llamada a participar desde su identidad espiritual, personal, familiar y comunitaria en la transformación necesaria del país?

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

No naciste líder, pero te crees uno

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Si de algo he visto que se ha escrito más en los últimos 25 años es sobre liderazgo. También podría apostar que es el tema del que más cursos y talleres existen, y sobre el que más libros se han escrito.

La mayoría de los grandes líderes nacieron con las condiciones biológicas necesarias para que sus comportamientos innatos les facilitaran influir en las personas que los rodearon a lo largo de sus vidas. Esas mismas condiciones biológicas determinaron sus emociones y fueron la fuente de sus actitudes y de su capacidad para adquirir los conocimientos y desarrollar las habilidades necesarias para ser líderes. En pocas palabras, nacieron líderes.

No dudo que alguno que otro de los grandes líderes de la historia y del mundo organizacional no haya nacido con esas mismas condiciones biológicas, pero lo lograron gracias a mucho trabajo, preparación y esfuerzo constante a lo largo de muchos años. Es decir, se hicieron líderes aunque estoy seguro de que fueron los menos.

En mi opinión ser un buen líder es un proceso constante que requiere mucha preparación, disciplina y sacrificio, y aun así, nada te garantiza que lo logres. Lamentablemente sigo viendo todos los días a grandes ejecutivos con posiciones estratégicas en compañías muy importantes que carecen de esta competencia lo cual, por supuesto, repercute negativamente en los resultados de negocio de sus organizaciones. El problema es que ni se dan cuenta ni les agobia.

Si no tienes la suerte de nacer líder, lamento decirte que para llegar a serlo no te bastará con leer todos los libros sobre liderazgo que encuentres; tampoco te serán suficientes varios cursos o incluso un diplomado o postgrado sobre liderazgo. Mucho menos te lo dará una promoción o el simple título de tu puesto, por más que diga Gerente, Sub Director o Director. Tampoco te lo dará tu apellido.

No estoy de acuerdo con las instituciones educativas y las empresas de capacitación que siguen vendiendo castillos en el aire, ofreciendo a los ejecutivos cursos, talleres y programas de liderazgo cuando, en realidad, se requiere mucho más que eso para que una persona que no nació líder lo llegue a ser.

El liderazgo requiere, en primer lugar, adquirir una serie de conocimientos de aspectos de negocio, psicológicos y del comportamiento humano. No puedes liderar si no conoces técnicas para mantener una buena comunicación, para ofrecer retroalimentación, para establecer objetivos, para identificar el estilo de trabajo de cada persona a tu cargo. No puedes influir en las personas si no conoces los fundamentos del comportamiento humano, las emociones, las motivaciones y la manera de impulsarlos y gestionarlos.

También necesitarás desarrollar y perfeccionar distintas habilidades para persuadir, influir, convencer o negociar. Recuerda que debemos partir de la idea de que no nacimos con esas habilidades instaladas, por lo tanto, debemos entrenarnos todos los días para lograr los niveles que requerimos para liderar.

Finalmente necesitarás trabajar mucho en el manejo de tus emociones, comenzando por aprender la auto observación y hacerte consciente de tus sentimientos ante determinados estímulos para posteriormente lograr controlar las reacciones y fortalecer tu inteligencia emocional. Solo así podrás asumir las actitudes requeridas para poder ejercer un buen liderazgo.

Adquirir los conocimientos, desarrollar las habilidades y lograr las actitudes adecuadas es un proceso que lleva tiempo, disciplina y mucho trabajo; solo así podrá alguien desempeñar de una manera decorosa una posición de liderazgo en una empresa, sobre todo cuando no nacimos líderes.

El problema es que muchos ejecutivos se creen líderes por el simple puesto que ocupan y se conforman, en el mejor de los casos, con leer un libro o tomar un programa de liderazgo en algunos de los institutos de moda, donde más que a aprender van a socializar y a ampliar su red de contactos.

Las empresas, y en general el país, requieren de mejores líderes, capaces de llevar a sus equipos de trabajo a utilizar al máximo su potencial y lograr mejores resultados de negocio. Líderes que logren y gestionen equipos de alto desempeño conformados por personas con un equilibrio emocional adecuado y con los alicientes necesarios para sacar lo mejor de sí mismos día con día.

Me parece muy soberbio y una falta de respeto que un ejecutivo con el título de Jefe, Supervisor, Gerente, Director o cualquiera de sus variantes, deje de trabajar todos los días en seguir preparándose y fortaleciendo sus conocimientos, habilidades y actitudes para servir como líder a su equipo de trabajo. Pero tranquilo, estoy seguro que no es tu caso.

LEE ¿Por qué no hacemos un Onboarding adecuado?

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