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Opinión

Imaginemos por favor, qué pasaría si ganare un independiente

Siete24

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La euforia por las candidaturas independientes a la Presidencia de la República está desatada; inunda espacios, todavía ayer, impensables.

Si usted, al igual que yo, es de los que todavía ayer lunes pensaba que había espacios donde la objetividad y la cordura reinaban sin amenaza alguna, permítame decirle que estábamos completamente equivocados: ¡No los hay!

Es más, si también pensó que éste o aquél, siempre objetivos y analíticos jamás caerían en la borrachera independentista, también nos equivocamos. ¡También cayó!

Ahora resulta pues, que la salvación del país y su economía, y de nuestra incipiente e imperfecta democracia y de la todavía casi nula cultura cívica, está cifrada en el éxito de los aspirantes a las mal llamadas candidaturas independientes a la Presidencia de la República.

A lo anterior habría que agregar, obtener el triunfo el 1 de julio del año próximo de uno de los que alcanzaren a ser candidatos por haber cumplido,  a cabalidad, los requisitos establecidos en la legislación vigente y convertirse, así, en el sucesor de Enrique Peña Nieto.

La patria pues y su futuro, en todos aspectos, dependen de la suerte que corra uno de los candidatos independientes que aparecería en la boleta. Si ganare uno de ellos, la patria estaría salvada, y habríamos inaugurado una etapa histórica.

Ahora bien, ¿y si ninguno ganare? ¿Qué males acabarían por arruinar a este sufrido México? ¿Así de importantes son las candidaturas independientes?

Mire usted, antes de cualquier otra cosa, le pido, no que me haga un favor sino que se haga, usted mismo, un grandísimos favor. ¿Cuál es ése? Algo tan sencillo como lo siguiente.

1.- No haga caso de las frases cursilonas y almibaradas que están soltando sin recato y prudencia alguna, los que andan a la caza de ingenuos para que les den su firma de apoyo.

2.- Ninguno de los que posiblemente logren juntar las casi 900 mil firmas, tienen la estructura necesaria para dicha recolección. Por ello, es posible que de los cuatro probables -Ferriz, Ríos, Rodríguez, Zavala- únicamente dos logren ese objetivo.

3.- Fueren dos o tres o los cuatro, ninguno tiene la estructura que les permitiría realizar una campaña por la Presidencia de la República, menos un conjunto de especialistas que los asesorarían en todos aspectos.

En consecuencia, sus posibilidades de triunfar en la elección del 1 de julio del año próximo son, para no andar con eufemismos, nulas.

Ahora veamos un aspecto que, si bien ya lo he comentado aquí, no está de más repetirlo.

a.- Lo peor que podría pasarle a México con estos candidatos independientes, es que uno de ellos ganare la elección para presidente de los Estados Unidos Mexicanos;

b.- ¿Imagina usted la tragedia que enfrentó el hoy Gobernador de Nuevo León, Jaime Rodríguez, en su relación con el Congreso local, repetida en el orden Federal en la relación con el Congreso de la Unión cuya integración, dos Cámaras, 500 diputados y 128 senadores vuelve casi imposible la gobernación para un candidato de partido?

c.- ¿Sería usted capaz de imaginar la inestabilidad política generada por el enfrentamiento constante, entre el Poder Ejecutivo y ambas Cámaras del Congreso de la Unión? ¿Piensa usted que los diputados y senadores respetarían a un Pedro Ferriz y a un Jaime Rodriguez que se han pasado muchos años el primero y poco más de dos el segundo, ofendiendo de múltiples maneras a los políticos, particularmente a los legisladores y a los dirigentes de los partidos políticos?

d.- ¿Piensa usted que a Margarita Zavala la apoyarían los legisladores, si vemos hoy los juicios de su esposo que no cesa de ofender a unos y a otros?

e.- De Ríos, ni caso tiene ocuparse porque, como usted sabe, sus posibilidades son pocas, incluso de conseguir las firmas requeridas para ser candidato.

Ahora le pregunto: ¿Debería ganar un candidato independiente la elección para ocupar la Presidencia de la República? ¿Estaría el país en condiciones de procesar la inestabilidad económica y política producto de tener un a un presidente de la República sin un diputado y sin un senador amigo en el Congreso de la Unión?

¿Verdad que no? Si lo dudare, le pediría volteare hoy a Nuevo León.

El contenido, comentarios y fuentes de información de los colaboradores y/o columnistas que se difundan en Siete24 y Deportes Siete24, son responsabilidad de cada uno de sus autores.



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Análisis y Opinión

Coaching para mirar feo una pantalla

Felipe Monroy

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Soy pacifista, pero reconozco que disfruto una buena confrontación verbal humana. No por morbo sino porque en cualquier conflicto que busca dominar la razón y el espacio, se comprenden los contextos, los intereses y las habilidades de los interlocutores para utilizar sus argumentos. Sin embargo, la proliferación de videoconferencias y comunicación desde las pantallas parece impedirnos buena parte de esta importantísima práctica social.

Ha sido el caso de la video-comparecencia del subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell con senadores de la República, miembros de la Junta de Coordinación Política, realizada esta semana. Se anticipaba como una gran oportunidad de contrastar y debatir los argumentos que han mantenido en tensión social a gran parte de la población mexicana respecto a la pandemia de coronavirus; pero también, como el espacio natural de la oposición política a promover los perfiles de los liderazgos que cuestionen al régimen en el poder. En todo caso, un encuentro de alto impacto para el interés público.

Quizá parezca curioso que los medios de comunicación se hayan enfocado en apenas diez minutos de entre las cinco horas y media que duró la transmisión de la video-comparecencia del subsecretario, pero es comprensible cuando en casi todo el ejercicio privó la imposibilidad de seguir el diálogo o la construcción de confrontación: el exceso de formalismos y cálculo político aunado a la fría y cómoda distancia de la pantalla impidieron una buena comunicación.

Con honrosas excepciones, los funcionarios públicos no dominan los espacios ni lenguajes tecnológicos y simplemente trasladaron a la pantalla sus secos discursos parlamentarios desde la sala de su casa o de sus oficinas. Incluso los momentos más destacados por la prensa (la intervención de la senadora Reynoso y la respuesta del doctor López-Gatell) sucedieron con tanta distancia anímica y espacial que no ha sido fácil trasladarlo a las narrativas periodísticas.

En concreto, ella le cuestionó sobre si estaba arrepentido por anteponer su función política a su labor profesional y él le respondió que es una lástima que la gente no ponga atención; ella deslizó la idea de que el gobierno ha mentido y él le reviró que hay intereses de agenda política en construir noticias falsas sobre la actuación del gobierno. Esto, dicho así, parece una confrontación interesante; pero en la videoconferencia hay tanta distancia física como temporal y verbal; no hay suficiente intención, no hay manera de sentir los ánimos ni las reacciones de los involucrados en el ejercicio, existe demasiada comodidad en los oponentes. No hay mecanismos de defensa o agresión no verbales que den cauce a las tensiones. Tuvieron que pasar 5 horas de transmisión para que sucediera el quiebre del conflicto, básicamente cerrando los micrófonos de los participantes.

Y es que la comunicación en persona incluye comportamientos, expresiones, contacto visual y el tono de voz; también otro tipo de mensajes más sutiles pero indispensables para nuestra convivencia y supervivencia como la gesticulación, la postura o las dinámicas cinético-espaciales. Aún no hay capacitación para mirar con desprecio a un dispositivo y lograr que el interlocutor se perturbe mientras atiende -o no- su propia pantalla. El pueblo irlandés acuñó la expresión “No hay palabra capaz de tirar dos dientes”. Y es que, para aquellos, la violencia física y la violencia verbal viven en dos esferas absolutamente diferentes; quizá se adelantaban a estas confrontaciones modernas, porque sin los inmensos matices y riquezas de la comunicación no verbal estamos condenados a huir de nuestros problemas, con un clic.

*Director VCNoticias
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

A mí me daría vergüenza

José Luis Arévalo

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Sería para que les diera vergüenza a nuestras autoridades, si es que la conocen, el hecho de que los padres de niños con cáncer se encuentren a las afueras de la Secretaría de Salud Federal en huelga de hambre.

Y digo esto, porque no es posible que haya pasado mes y medio, poco menos del tiempo de la llegada del Coronavirus a nuestro país, y los niños con cáncer no tengan el medicamento que necesitan para continuar con su tratamiento. Pero mire, es probable que sí les da algo de vergüenza ya que ni siquiera los reciben.

Los padres de estos pequeños aseguran que esta vez harán más presión luego de que según comentan, los medicamentos “aparecen como por arte de magia” cada vez que se manifiestan, pero al pasar tres o cuatro días, se vuelve a terminar. Habría que estar en el lugar de estos padres para sentir esta impotencia.

El articulo 24, Fracción 1 de la Convención de los Derechos del Niño de la UNICEF, establece textualmente que “Los Estados Partes reconocen el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud. Los Estados Partes se esforzarán por asegurar que ningún niño sea privado de su derecho al disfrute de esos servicios sanitarios”. Y En la Fracción 2 inciso b se establece que hay que “Asegurar la prestación de la asistencia médica y la atención sanitaria que sean necesarias a todos los niños, haciendo hincapié en el desarrollo de la atención primaria de salud”.

En base a lo anterior y viendo la situación de los niños con cáncer, el gobierno mexicano no está cumpliendo con esta Convención, a pesar de que México es uno de los Estados firmantes de la misma.

Ahora bien, si el simple acto de no hacer todo lo posible por brindar esta atención a los niños con cáncer es por demás inadmisible, lo es todavía más si en estos dos meses se olvidaron de ellos debido al Coronavirus; ya que, simple y sencillamente los hospitales no han contado con los medicamentos. Digo esto para evitar que se culpe a los Directores de los nosocomios infantiles que dependen de que se les surtan los medicamentos necesarios para dar la atención. Y a esto súmele el hecho de que los padres no hayan tenido otro remedio más que plantarse a las afueras de la Secretaría de Salud a hacer una huelga de hambre y esperar a que la “apretada agenda” de los titulares de esta dependencia tenga un espacio para recibirlos. El resultado, más de 48 horas en huelga de hambre, dos madres con problemas de presión arterial y la negativa de recibirlos a la hora de escribir estas líneas. Insisto, a mí me daría vergüenza.

Es de entender que la austeridad republicana evite a toda costa el despilfarro en el presupuesto federal, pero hay temas en los que no se puede actuar así. La salud infantil es y deberá ser siempre la prioridad en todo gobierno, como lo es en una familia, y si se trata de investigar si en la compra de estos medicamentos se han cometido actos de corrupción, pues entonces a investigar pero sin dejar de surtir lo necesario y siempre comprar al mejor costo, no al más barato, por aquello del ahorro.

No sé a usted, pero a un servidor le indigna que por encima de la salud de los niños, con cáncer o sin cáncer, estén otras prioridades por parte de los que dicen manejar este país y que si bien es cierto que el Coronavirus ha ocupado la mayor atención en estos días, es impensable que por lo menos no hayan designado a una persona que se ocupe directamente de este problema, que además de llevar muchos meses más sin solución, tiene al filo de la muerte a decenas de niños inocentes.

José Luis Arévalo
Periodista
www.siete24.mx
@jlanoticias
@jarevalo
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