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Análisis y Opinión

Integrando tus hijos a tu vida diaria

Javier Chávez de Icaza

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Algo que para las mamás es tan común y podría decir que hasta natural, para los papás no es tan sencillo y es el hecho de integrar a tus hijos(as) dentro de tu vida diaria. Esto nos sucede más por tradición que por convicción y si bien es cierto que cada vez es más común que padres integren a sus hijos(as) dentro de sus actividades diarias, es algo que nos costó mucho llegar a aprender y que aún sigue siendo menos común de lo que debería.

Sin embargo, aunque no sea una característica tan natural en los padres, nosotros podemos ir desarrollando esta actividad desde temprana edad de nuestro hijo(a) a manera de que con el pasar de los años, sea algo que hacemos incluso sin pensarlo.

Algo que me llamaba mucho la atención, desde que mi hija mayor era pequeña es que de sus compañeros de clase pocos sabían exactamente en que trabajaban sus papás. Ella me lo comentó muchas veces, me preguntaba que significaba ser empresario o tener negocios, porque en las pláticas con sus amigos, cuando salía el tema de ¿A qué se dedica tu papá? Es lo que la mayoría contestaba. En cambio, cuando hablaban de a que se dedicaban sus mamás, todos lo tenían más claro.

No estoy seguro, cuál será el motivo de que como padres seamos tan parcos con la información que compartimos con nuestros hijos ni tampoco digo que esto sea en todos los casos, pero si me atrevo a asegurar que hay mucho padres que, al menos en este tema laboral, comparten muy poco con sus hijos.

Tal vez en algunos casos sea el no tener el trabajo tal, que pueda impresionar a nuestros hijos y es mejor darle solo una idea vaga para no perder su admiración. En mi caso, siempre traté de ser muy claro, desde que mis dos hijos eran muy pequeños porque a mí, mi padre me enseño que el trabajo dignifica a la persona y no al revés, por lo tanto, el detallar lo que hacía la empresa para la que yo trabajaba o las funciones que hacía dentro de la empresa, nunca fue algo que causara conflicto.

Adicionalmente algo que hice desde que mis hijos eran pequeños, fue como dice el título de este escrito, incorporarlos a mis actividades diarias, incluyendo por supuesto el llevarlos a mi oficina ocasionalmente para que ellos conocieran no solo mi lugar de trabajo, sino incluso mis compañeros de trabajo. Así cuando yo estuviera platicando en familia alguna actividad de mi trabajo, para ellos no sería un tema aburrido porque conocían no solo las instalaciones sino a las personas de las que hablaba.

No para todos los papás será sencillo llevar a sus hijos a la oficina, porque hay en algunas que incluso se prohíbe llevarlos, pero si se puede encontrar momentos en los cuales hacer convivir a los hijos(as) en las actividades profesionales de los padres y esto, créanme, les da a los hijos, mas motivo de orgullo (el saber qué hace exactamente su papá) que el saber que su papá es el jefe de una oficina o el dueño de un negocio. Porque en la infancia de los niños(as) lo relevante es conocer a su papá más que creerlo superdotado o superpoderoso.

En mi caso personal, yo si tuve la oportunidad de llevar a mis hijos, generalmente por separado, primero por la diferencia de edades y segundo, porque como he insistido en varios escritos anteriores hay que darse el tiempo de pasar convivir de manera individual con cada hijo y no solo con todos juntos.

La gran ventaja de haber tomado esta decisión, la de involucrar a mis hijos en mi trabajo, les permitía a ellos, ser los que sabían de sus padre en las conversaciones y como dije antes, ya no era relevante cual papá era más importante o tenía el mejor trabajo, sino de cual papá se sabía más y eso le daba otra connotación a las pláticas de niños.

Tras un agotador o complicado día de trabajo, lo que menos queremos es llegar a la casa y tener que explicar o contar todo el tema laboral en las pláticas durante la cena y generalmente preferimos hablar de cualquier otra cosas, pero la verdad es que cuando incorporamos algo del tema laboral a las conversaciones familiares, permitimos que nuestros hijos(as) sean parte de nuestra actividad diaria, los hacemos sentir que son parte de la familia y hasta nos sirve para ir viendo cómo reacciona cada uno de ellos antes las historias contadas y en base a esto ir entendiendo mejor el cómo será cada uno cuando crezca.

Son estos pequeños detalles, los que hacen que los hijos establezcan vínculos individuales con sus padres y aunque parecen simples, el impacto en ellos, sobre todo si lo hacemos desde que son pequeños, es muy importante y permanece en el tiempo, aun en la adolescencia que es cuando las relaciones padres-hijos son más complicadas, el SER PARTE de la familia, es algo que se mantiene y que sirve para generar la confianza de la comunicación, tan fundamental, en el desarrollo de nuestros hijos.

Además del tema laboral, hay que ir involucrando a nuestros hijos en nuestras otras relaciones, por ejemplo, platicar de nuestros amigos (Obviamente temas que no sean muy privados) y permitirles convive realmente con ellos.

Nosotros como padres, vamos viendo las tendencias de nuestros hijos y nos parece hasta obvio el involucrarnos en las diferentes partes de su desarrollo para poder ser los guías que les ayuden a encontrar su camino y su lugar en la vida.

Pues así como eso lo vemos tan claro, así de importante es que nuestros hijos estén enterados de nuestra vida diaria, de nuestra “otra vida” en la que no somos padres sino personas con compromisos, problemas, angustias y alegrías que no están 100% ligadas a nuestra característica de padre sino a nuestra personalidad como persona.

Cuando los hijos tienen las misma aficiones que nosotros, es muy fácil convivir con ellos o generar vínculos individuales, pero cuando no, es cuando el hacerlos parte de nuestro día a día y no solo de las ocasiones importantes, hace posible en desarrollar los vínculos que en el futuro, nos permitirá ser una parte importante de su vida.

Es muy probable que lo que platiquemos con ellos, sobre todo en etapas iniciales de su desarrollo no lo entiendan del todo y habrá que hacer un esfuerzo para explicárselos en términos que lo puedan entender, pero si sentará las bases para establecer la confianza padre-hijo que es tan necesaria durante la adolescencia.

Nuestra actividad diaria, puede ser rutinaria y hasta aburrida para nosotros, pero para un pequeño niño(a) significa la conexión con su padre y eso, conforme vayan creciendo, será algo que no solo nos ayudará a poder apoyarlos o guiarlos durante su vida, sino que a ellos les generará un autoestima al ser personas importantes (Para sus padres), desde temprana edad.

Ya está disponible el artículo de semana titulado INTEGRANDO TUS HIJOS A TU VIDA DIARIA y en el platico la importancia de la convivencia diaria con nuestros hijos. Espero que les guste

Lo puedes consultar en esta liga: https://www.padredeverdad.com/post/integrando-tus-hijos-a-tu-vida-diaria

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Análisis y Opinión

Manifestaciones frenasténicas

Felipe Monroy

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Puede que el Frente Nacional Anti-AMLO (FRENAAA) cuente con la legitimidad y el derecho de la manifestación ciudadana contra las autoridades, un valor imprescindible en la búsqueda democrática del país; sin embargo, todo parece indicar que carece de las características imprescindibles para considerarse un movimiento martirial -o siquiera coherente- como lo pretenden vender a la prensa y a sus seguidores.

Por el contrario, la historia mexicana guarda muchos ejemplos -quizá demasiados- de heroicas resistencias contra el abuso del poder. Se trató de pueblos, comunidades o personas en lo individual que, tras un largo y pesado historial de sometimiento, comprenden con pesar la arrogancia y la responsabilidad de sentirse libres y se rebelan contra las reglas que los ha tenido en situaciones infrahumanas.

En cada caso, los detentadores del efímero mando de las fuerzas del orden buscaron reprimirlos, acallar sus voces, minimizar sus luchas y hasta aniquilarlos creyendo sólo haber hecho su trabajo, lo mínimo para mantener la paz y el statu quo. A veces, vaya paradoja, los detentadores del poder confiesan haber sometido o abatido “a los rebeldes” en defensa propia.

La Rebelión de Tomochic a finales del siglo XIX es uno de estos casos. En la historia de este conflicto se nota la ofensiva inicial, constante y permanente del Estado y los poderes fácticos del porfiriato contra la autonomía de los pueblos tarahumaras. Primero hubo una imposición autoritaria de un poder no respaldado por la gente; dicha autoridad promovió la institucional defensa de los privilegios de la oligarquía y los caciques; después se persiguió sistemáticamente a los inconformes; más adelante se reprimió una opción socio-religiosa que congregaba a los disidentes; y, finalmente, se usó el ancho brazo militar para exterminar a todo un pueblo en resistencia.

El autoritarismo no conoce límites ni vergüenza. De la rebelión de Tomochic se dice que el general Rangel mantuvo la ofensiva militar hasta masacrar al último rebelde; aunque también son famosas las palabras del líder de la rebelión, Cruz Chávez, antes de morir malherido por la escaramuza: “Nací para morir y no para rendirme. El culpable puede rendirse y pedir perdón; el inocente no”. Es decir, hay también cierta indignación radical que no encuentra satisfacción sino en la frontera del triunfo total o del martirio renaciente.

No hay nada de esto en la oposición política que proponen estos malquerientes del gobierno federal. No hay padecimientos ni sufrimientos que conmuevan a los humildes ni hay abusos manifiestos por parte del poder en turno; lo evidente es una posición de privilegio que defiende sus propios fueros, un vociferador de absolutos desde un lejano podio virtual y suficientes recursos económicos para emular una manifestación tan vacía de ideas como de adherentes. Hay, además, un elemento pararreligioso que se identifica ‘neocristero’ y que adereza amargamente el escenario del que hablaré en otra oportunidad.

En el fondo, FRENAAA apenas proporciona la excusa perfecta para que las más diversas manifestaciones oligofrénicas encuentren lo único que siempre buscaron: ostentarse.

No están allí, sin embargo, las verdaderas historias de resistencia social y política contra la denominada Cuarta Transformación, contra algunos rasgos de su silenciosa militarización de la vida pública o contra el control partidista hegemónico de la administración gubernamental. Estas historias -nos enseña con tristeza la experiencia- no las conoceremos a detalle sino hasta que el sacrificio sea más sonoro que la voz de todos los voceros del régimen.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Gobernar la incertidumbre

Felipe Monroy

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Vivimos tiempos raros. Hasta antes de la pandemia, no había espacio público en el que no se abordara la crisis ecológica. Las campañas contra los popotes y las bolsas plásticas se globalizaron al punto de que no pocas naciones modificaron sus leyes para evitar la contaminación por proliferación de estos polímeros; las tensiones geopolíticas se enrarecían debido a las responsabilidades que cada nación asumía por las emisiones de carbono de sus actividades industriales. Pero llegó el coronavirus y todo eso pasó a ser secundario.

Hoy hay un exceso de mascarillas y caretas plásticas (por cierto, de los mismos polímeros antes satanizados) que tapizan la piel del planeta sin que ningún colectivo ambientalista comente algo; además, la mayoría de los planes de reactivación económica de las naciones propone acelerar sin ningún miramiento la intensa industria contaminante para salir de la crisis global. Lo inmediato se tornó urgente; lo urgente, indispensable y el resto, prescindible. La política halló, sin buscar, su mejor aliada: la simplificación de lo perentorio; y, en un escenario dominado por la anomalía, una golondrina sí hace verano.

“Basta consolar a los desconsolados, contentar a los descontentos, castigar a los malos y premiar a los buenos. Cualquier gobernante que quiera gozar de la felicidad en la tierra y la gloria de la historia debe procurar tranquilidad y prosperidad a sus ciudadanos”. Palabras más o palabras menos, este es el corazón de la formación política clásica. Sin embargo, con la modernización de los estados, cada una de estas ideas ha logrado desprender algún constructo formal o institucional: leyes, normas, fuerza pública, procuración de justicia, administración de bienes, recaudación de impuestos, condecoraciones, concesiones, prebendas y privilegios. Lo simple se tornó complejo; hasta ahora.

En un contexto anómalo (y la pandemia nos ha confirmado esta realidad), es necesaria la gobernabilidad de las cosas raras, administrar lo inusual, servir entre lo extraño, lo atípico. Lo verdaderamente incierto, producto de contingencia, no es que lo simple se vuelva complejo, sino que lo simple resulte más simple y lo complejo, aún más simple.

La administración de la contingencia plantea que no existe un ‘modo ideal’ de organización, que más bien sólo existen aproximaciones de administración que dependan del tipo de tarea como de las condiciones en las que se desarrolla. La complejidad del escenario traído por la pandemia es que parece haber sólo una tarea, sobrevivir, y una condición, la adversidad. Los gobernantes, con aparatos enormes e hiper especializados de gobernabilidad parecen entonces usar un cañón para matar a una mosca o, peor, diez millones de globos de fiesta para derruir un edificio. No existe manera en que se satisfaga la urgencia ni liderazgo que logre mantener la confianza.

Según la tradición judeocristiana, hay tres categorías de liderazgo para situaciones según la complejidad del escenario. Cuando las cosas están claras, la mejor figura es el rey; porque es un administrador y un gobernante, erige las estructuras, se enfoca en los resultados y en los procesos. Cuando la situación se enturbia, mientras hay incertidumbre y duda, el sacerdote es la figura de comprensión, compasión y servicio que se inclina por entender y atender las relaciones entre las personas. Sin embargo, cuando los tiempos son oscuros, cuando nada parece estar en su lugar, el único liderazgo que descuella es el profeta. Desde el más despreciado de los rincones, el profeta guía bajo una radical certeza: la conversión, el cambio de comportamiento; es la anagnórisis personal la que transformará finalmente el contexto.

La simplificación de lo urgente, de lo indispensable, no lo hace -sin embargo- asequible. De hecho, lo torna casi inasible. En este modo anómalo no se busca ‘reducir cierto porcentaje en el índice de crímenes’ sino ‘obtener la paz’. Y, ‘la paz’ es más simple, pero resulta casi etérea. Así sucede con otras simplificaciones: la honestidad, el bien común, la primacía del necesitado, la salud, el servicio, la justa retribución, el bienestar.

Así que hoy pueden volver todos los popotes y bolsas plásticas; mientras la urgencia pandémica sea prioridad, los líderes buscarán ganar siquiera uno de sus desafíos, porque un triunfo sería todos los triunfos y entonces el mundo contemplaría que se acerca el verano.

LEE Víctimas, próceres de una nueva cultura

Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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