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Análisis y Opinión

La imagen se construye desde los detalles

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Cada vez es más común ver en redes sociales a profesionales o empresas que hacen publicaciones sobre distintos temas relacionados a sus servicios o productos tratando de llamar la atención de posibles clientes. Es importante destacar que en ocasiones la forma resulta mucho más relevante para captar la atención de un posible cliente que el fondo del contenido.

El fondo es el contenido y mensaje que se intenta transmitir, incluye el enfoque y el manejo del tema. El fondo nos permitirá hacer juicios sobre el nivel de experiencia que tiene el profesional y la empresa, dominio del tema, punto de vista con el que hace la observación, enfoque práctico que le da, y muchas cosas más.

Por su parte, la forma incluye tanto la redacción y ortografía utilizada, así como el diseño, las imágenes y el medio seleccionado para comunicarlo. La forma nos permitirá hacer juicios sobre la importancia que tiene para la empresa o persona que lo publica hacer o entregar cosas con calidad, su nivel de profesionalismo y la atención que le da a los detalles.

Todo comunica y todo lo que una empresa o un profesional hace, de manera consciente o inconsciente, contribuye a que el público con el que tiene contacto genere una determinada imagen de ellos que influirá en la toma de decisiones con relación a la compra del producto o servicio que ofrece.

La imagen es la suma de los juicios que un determinado público hace sobre una organización o un profesional a través de la acumulación de todos los mensajes que haya recibido, directa o indirectamente.

Una publicación con errores ortográficos o de redacción genera juicios tan negativos como una publicación donde el manejo del tema es confuso, erróneo o sin ofrecer valor alguno. Un profesional que no cuida el manejo de sus redes sociales y el tipo de publicaciones o fotos que comparte puede contribuir de manera negativa a su imagen profesional, tanto como un conflicto laboral.

Desde mi punto de vista, si una empresa no tiene algo verdaderamente relevante que aportar que sea distinto o nuevo a lo que se ha dicho, o si no domina un tema en particular, es mejor no escribir nada, ya que eso solo pondrá en evidencia su incapacidad ante sus potenciales clientes. Si una empresa no es capaz de revisar la puntuación, la redacción y la ortografía de una publicación, seguramente tampoco pondrá atención al hacer las cosas con calidad y profesionalismo para sus clientes.

La calidad de los productos y servicios de una organización o de un profesional son tan importantes para construir su imagen como lo son la actitud y comportamiento fuera y dentro de la empresa, al igual que la calidad de sus publicaciones y mensajes que emite a través de los distintos medios de comunicación.

El incremento en el uso de los chats a través de dispositivos móviles ha atrofiado tanto nuestra capacidad de escribir como la de leer, y nos hemos llenado de una serie de vicios y malos hábitos que pueden verse reflejados en las publicaciones que elaboramos y publicamos. De pronto ya no sabemos usar la puntuación correctamente y al revisarla no somos capaces de detectar errores tan graves como la falta de un signo de interrogación al inicio de una pregunta, o el uso indiscriminado de mayúsculas por ejemplo. Es por ello que debemos darle el doble de importancia a la revisión de los textos.

Si queremos fortalecer nuestra imagen como empresa o profesionales independientes, debemos comenzar por cuidar todos los mensajes que enviamos, al menos los que hacemos de manera consciente. Hay que reconocer que para hablar de un tema hay que dominarlo y tener algo nuevo que aportar o, de lo contrario, será mejor no escribir a menos que se trate de una simple opinión sobre el tema.

Y si ya decidiste publicar un artículo, un aviso o un simple comentario de cualquier índole, asegúrate de hacerlo con buena redacción, verifica el significado real de las palabras que utilizas, revisa que tiene la puntuación adecuada y asegúrate que esa publicación realmente refleja la imagen que quieres proyectar.

Recuerda, la imagen pública de una empresa puede ser su principal aliado o su peor enemigo para lograr sus objetivos de negocio y su construcción comienza desde los detalles.



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Análisis y Opinión

Niza, la terrible muerte acecha la paz ilustrada

Felipe Monroy

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Una dolorosa narración de miedo y desconfianza se despliega funestamente sobre Francia. Hace tiempo que los crímenes raciales, religiosos o culturales han dejado de ser casos aislados; se trata de una profunda y prolongada herida sobre una nación que una vez quiso mostrar al mundo el camino de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

El terrible acto criminal e inhumano perpetrado este 29 de octubre en la catedral de Nuestra Señora de Niza por un desequilibrado que decapitó a una mujer antes de asesinar a otras dos personas que se cruzaron en su camino, está peligrosamente relacionado con el reciente crimen contra el profesor Samuel Paty, también degollado por un joven radicalizado, y con los 259 asesinatos vinculados al extremismo pararreligioso en la nación gala.

La compleja descomposición del tejido social en Europa (especialmente en Francia) no puede ser explicada parcialmente o adjudicando los horrores a un solo fenómeno. Es claro que los sectores del conservadurismo xenófobo achacan a la migración los crímenes; y los sectores del progresismo antirreligioso afirman que los problemas crecen por la naturaleza irracional de las expresiones religiosas.

En ambos extremos, ni la migración ni la dimensión religiosa son culpables por sí mismas de la terrible polarización. Sin menospreciar las tensiones que sí pueden generar en las comunidades estos fenómenos, la movilidad humana y la espiritualidad trascendente pueden ser percutores de pluralidad, tolerancia, integración, corresponsabilidad y participación. Lo han demostrado en otros tiempos y otras latitudes. Sin embargo, la migración y la religión aderezadas de miedo, intolerancia, desprecio al prójimo, violencia y desesperanza generalizadas se integran con facilidad a una cultura de muerte, odio, autopreservación y descarte.

Resulta revelador -y al mismo tiempo escalofriante- que la nación materna de la Ilustración sea la que más expresiones de terrorismo integrista nos presenta en este siglo XXI: desde las balaceras por las publicaciones de Charlie Hebdo, hasta las detonaciones y múltiples atentados suicidas en Paris en noviembre del 2015 pasando por las trágicamente recurrentes noticias de agresiones con cuchillo y atropellamientos en Niza; Francia vive una ruptura cultural sumamente dolorosa.

La Ilustración francesa parecía buscar -no sin sacrificios- que las diferentes fuentes y tradiciones culturales pudieran convivir bajo un marco de respeto, tolerancia y diálogo. Una propuesta que, a todas luces ha sido difícil de asimilar especialmente entre las religiones monoteístas o los integrismos políticos nacionalistas pues, desde sus criterios, su experiencia es un absoluto que no reserva espacio para ninguna otra expresión.

En el ámbito religioso, la Iglesia católica ha sido la institución que mejor ha comprendido los cambios culturales y, sin traicionar su misión de conversión y evangelización, ha apostado por la figura del Estado democrático y la pluralidad. Incluso en casos que generan tensión dentro de la misma institución, los pastores han comenzado a ceder y compartir marcos referenciales de moral laica útiles para la convivencia.

Algo así expresó el papa Francisco en la carta que conmemoró los 50 años de relaciones entre la Santa Sede y la Unión Europea: “Sueño con una Europa sanamente laica, donde Dios y el César sean distintos, pero no contrapuestos”. El pontífice reconoce el fin de los Estados confesionales, pero reclama también que el laicismo antirreligioso no excluya a los creyentes en su participación cultural y concreta por el bien común. Ya en su encíclica Fratelli tutti, el Papa había confirmado: “En una sociedad pluralista, el diálogo es el camino más adecuado para llegar a reconocer aquello que debe ser siempre afirmado y respetado, y que está más allá del consenso circunstancial.

Hablamos de un diálogo que necesita ser enriquecido e iluminado por razones, por argumentos racionales, por variedad de perspectivas, por aportes de diversos saberes y puntos de vista, y que no excluye la convicción de que es posible llegar a algunas verdades elementales que deben y deberán ser siempre sostenidas”.

A pesar de que aún hay grupúsculos católicos que no aceptan esta realidad, la Iglesia católica demuestra que no es un monolito incólume al vaivén del tiempo, que se actualiza en la sentencia de san Pablo: ‘El que ama a su prójimo ha cumplido la Ley’. Y al mismo tiempo se torna en un ejemplo de tolerancia para otros grupos religiosos, especialmente a los fieles del islam; pues será una responsabilidad que deberán asumir el resto del siglo XXI.

Al final, como pronostica el PewCenter Research, antes de que concluya esta centuria, habrá más musulmanes que cristianos en el mundo y, aunque la civilidad contemporánea no les reclama ninguno de sus derechos, sí les habrá de exigir la humildad para facilitar la convivencia plural. Lo dice el profeta Mahoma: “No vuelvas tu rostro a la gente con desprecio y no andes la Tierra con arrogancia”.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

¿Tu objetivo es hacer o lograr?

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Sin duda alguna los cambios internos siguen a la orden del día en cualquier organización que está tratando de adaptarse a esta nueva realidad. Muchas iniciativas, proyectos y esfuerzos internos nacen todos los días listos para consumir gran parte de nuestro tiempo y energía mental. Algunos de estos proyectos son impuestos por nuestros jefes y otros propuestos por nosotros mismos, siempre con una voluntad genuina de buscar algún beneficio para nuestras organizaciones; sin embargo, cada vez más nos encontramos con la falta de claridad sobre lo que se quiere lograr con estos proyectos.

Estoy seguro de que si en este momento haces una pausa a esta lectura y revisas la última presentación que tengas de cualquier proyecto en el que estés o hayas participado recientemente, te darás cuenta que los objetivos están redactados en función de lo que se va a hacer y no de lo que se va a lograr. Es por ello que leerás cosas como: “Desarrollar un modelo…” en lugar de cosas como: “Contar con un modelo…”

Pareciera un detalle irrelevante; sin embargo, a lo largo de mi carrera he podido darme cuenta del impacto tan poderoso que puede tener en la mente de las personas de un equipo de trabajo la manera en que se redacta el objetivo. Programamos a nuestra mente para trabajar y hacer un gran esfuerzo, pero no para conseguir logros.

En mi opinión, redactamos así los objetivos por un miedo inconsciente a asumir el compromiso por el resultado sin tener control de todas las variables asociadas y preferimos comprometernos tan solo a esforzarnos.

“Definir e implementar acciones de mitigación…” (que pueden o no funcionar), no tiene el mismo grado de responsabilidad que “Mitigar…”. Es muy fácil comprometerse a tratar, a trabajar y a echarle muchas ganas sin sentir el compromiso de lograrlo porque cuando vemos una redacción contundente que plantea un objetivo a manera de logro, sentimos de pronto un escalofrío que nos recorre todo el cuerpo por el peso tan grande que se siente la responsabilidad de cumplirlo.

El objetivo debe ser un destino y no un camino. El camino es la estrategia, el plan de trabajo y las actividades a desarrollar mientras que el objetivo es el premio, el producto final, el entregable, el resultado, el logro. Es una condición final del estado en que deseamos o necesitamos ver a la organización después de haber realizado el esfuerzo.

Debemos acostumbrarnos a definir nuestros objetivos a partir de lo que necesitamos lograr y dejar de utilizar verbos que describan tan solo el esfuerzo que vamos a realizar. Mentalmente nos programamos para conformarnos con el esfuerzo de “rediseñar procesos”, sin exigirnos a que ese mismo esfuerzo dé como resultado procesos eficientes que logren los objetivos del negocio.

Seguramente algunos de ustedes estarán pensando en la metodología SMART, cuyas siglas en inglés define las características que debe reunir un objetivo bien formulado (específico, medible, alcanzable, relevante y con tiempos definidos). Sin embargo, en mi opinión una acción puede cumplir con estas características y aun así no sería un objetivo.

México es considerado uno de los países en el mundo donde más se trabaja, pero donde somos menos productivos. Nos encanta presumir todo lo que hacemos sin importar si logramos con ello algo o no. Pareciera que culturalmente nos da miedo comprometernos al logro.

Debemos cambiar de una vez nuestra mentalidad enfocada al esfuerzo y asumir que si queremos tener éxito en lo que hagamos a nivel profesional, debemos comenzar desde el momento en que planteamos los objetivos de nuestro trabajo y de nuestros proyectos, para enfocarlos al resultado y al logro.

Comienza por modificar la redacción de los objetivos de los documentos y presentaciones de proyectos que tienes, elimina los verbos y redáctalos nuevamente enfocándote solo en los resultados. Léelos nuevamente y acostúmbrate a sentir la adrenalina del compromiso que ello implica. Ahora simplemente lógralos.

LEE ¿Sabemos realmente hacer un análisis FODA?

ebv

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