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Análisis y Opinión

La intención cuenta… pero no es suficiente

Javier Chávez de Icaza

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Padre de verdad

A lo largo de nuestra vida como padres, tenemos que ir tomando decisiones en cuanto a la educación y formación que queremos para nuestros hijos y siempre tratamos de hacerlo pensando en que será lo mejor para ellos(as) o para cada de ellos(as), que sería lo más correcto.

Yo estudié Ingeniería en la UNAM y ahí aprendí un concepto matemático que se puede aplicar perfectamente a este tema, el concepto es: Hay condiciones necesarias pero que por sí solas no son suficientes para conseguir resultados y así pasa con la intención, es importante que para la toma de decisiones en cuanto al desarrollo de nuestros hijos, nuestra intención es que sea lo mejor para ellos, pero no por eso, los resultados serán los que esperábamos

Así que en un escrito anterior (¿Hay reglas para ser un buen Padres?) explicaba que, al ser cada ser humano diferente del resto resultaba imposible que pudiéramos tener reglas universales para la relación padre-hijo, de la misma manera, cuando tomamos decisiones acerca del presente o futuro de nuestros hijos, no solo basta con tener una buena intención. Incluso cuando la hemos visto algo que le ha funcionado a otros padres o familias, actuamos con la intención de que a nosotros también nos funcione, pero no siempre conseguimos los mismos buenos resultados.

Cuando estaba definiendo lo que iba a incluir en este artículo, les pregunté a mis hijos, que me contaran anécdotas en las cuales ellos creían que yo había actuado con buena intención, pero que el resultado no había sido el esperado y me llamó la atención, que incluso entre nosotros, las anécdotas que pensábamos, no eran las mismas.

Por ejemplo, mi hija me comentaba que una anécdota que debería incluir bajo este escrito es cuando, por que nos cambiamos de casa a otra zona de la ciudad y que nos quedaba muy lejos su escuela actual y además había terminado la primaria y empezaría secundaria, yo busqué la escuela que desde mi punto de vista mejor se adecuaba a lo que yo quería para ellos, contaba con primaria, secundaria y preparatoria.

Mi hija entraría a primero de secundaria y su hermano a primero de primaria. Como decía, busque de las opciones cercanas al nuevo domicilio y escogí la que, desde mi punto de vista, era la mejor opción. El ambiente de la escuela para ella no era lo que ella esperaba y desde su punto de vista, esos dos años que pasó ahí, fueron muy poco agradables, sin embargo y como ella me lo estuvo comentando durante esos dos años, para tercero de secundaria, la cambié a una escuela que tenía un sistema y ambiente mucho más acorde a sus intereses.

En el caso de mi hijo, la anécdota que él me comentó fue que por tener muy bajas calificaciones, le quité temporalmente las clases de guitarra eléctrica, que era lo que más disfrutaba y que eso no lo motivó a ser mejor en la escuela y además una vez que el castigo había terminado, ya no quiso tomar más clases y que si le hubiera gustado, pero al final, esa fue más su decisión que mía, pero el tema es que no funcionó la estrategia.

Sin embargo, cuando yo pienso en las cosas que hice con una buena intención pero que al final no resultaron como lo esperaba, no incluiría ninguna de esas dos anécdotas, pero para ellos si fueron relevantes y ahora que me lo comentan, les doy la razón. Fueron malas decisiones tomadas con buenas intenciones. Esto muestra de que la interpretación de las cosas no solo depende de quién la hace o dice sino que también depende de quién las recibe.

Como padres siempre actuamos con la mejor intención, pero por más que estudiemos o planeemos los posibles resultados, en muchos casos, no logramos lo que buscamos y esto normalmente nos genera una insatisfacción e incluso frustración, pero no tenemos más remedio que seguir tomando decisiones con la ilusión que las próximas si nos funcionen tal cual las pensamos.

El problema importante está en que vamos desarrollando un sentimiento de culpa que lejos de superarse se va a acumulando y esto hace que la relación con nuestros hijos se vaya condicionando, ocasionándonos, a veces, sobrecompensaciones y el hecho de ir perdiendo nuestra función esencial que es la de ser guía y tendiendo a ser más “amigos” de nuestros hijos, lo que en muchas ocasiones, puede incluso restarnos autoridad ante ellos.

Sin querer caer en la categoría de mártir, si creo que a los padres de hijos que tengan menos de 30 años, nos tocó un etapa muy difícil en la gestión de la educación y formación de nuestros vástagos, porque nos tocó el auge de la información a través del internet y la globalización y las técnicas que usaban nuestros padres no nos funcionaban a nosotros.

Recuerdo que una mirada de mi papá bastaba para que entendiéramos su postura y no hacer más grande el tema y a nosotros esas mirabas no nos daban más que resultados opuestos. Sin embargo creo que los padres que hoy en día tienen hijos menores de 10 años, sufrirán más que nosotros, porque ahora las brechas generacionales son más cortas que en el pasado.

El tema de la intención también va de la mano con el del conocimiento. Hoy en día los hijos tienen tanta información, incluso en algunos casos más información que los padres, pero sin la experiencia de estos, por lo que el tratar de explicar las decisiones que tomamos, incluso cuando lo hacemos al nivel de entendimiento que la edad de cada hijo tenga, no hace más fácil la aceptación de la decisión tomada.

Pero como padres, esa es nuestra función y a pesar de los errores que comentamos, con buena o mala intención, tendremos que seguir tomándolas y esperar que resulten bien.

La sociedad hoy en día, exige de la formación familiar (de la que somos responsables los padres y madres) que sea de criterio muy amplio, de fácil adaptación al cambio, de preservar valores reales y no los impuestos por tradiciones, religiones o costumbres. Esto resulta más complicado cuando nosotros mismos crecimos y apreciamos esos valores que nos impusieron nuestros padres.

Sin embargo, no podemos dejar de reconocer que el que nuestros padres, abuelos y demás antecesores o la sociedad en la que ellos vivían marcara, por ejemplo tantas injustas diferencias en los géneros, nos haya hecho llegar a la violencia de género que hoy estamos viviendo y que ha provocado en la actualidad este movimiento  feminista, que como hombre aunque digamos apoyar, no entendemos del todo, porque como leía en días pasados, los hombres no tenemos que luchar porque se nos reconozca y las mujeres sí.

En fin, que cuando se trata de formar y educar a nuestros hijos, debemos considerar primero que nada, que cada hijo, es un individuo diferente a su(s) hermano(s), es decir que aunque sean del mismo género, no son iguales.

Adicionalmente tenemos que ser conscientes que durante toda la primera etapa de su desarrollo las decisiones serán tomadas por los padres y conforme vayan creciendo los iremos involucrando más en los procesos de la toma de decisión, pero seguirá siendo responsabilidad de nosotros hasta que ellos ya sea capaces de ir tomando algunas decisiones en las cuales deberemos participar, por tener una mayor experiencia en la vida y por seguir tratando de ayudarlos a conseguir cumplir sus sueños y expectativas, las de ellos, no las de nosotros.

Y en todo este periodo, tendremos que ser conscientes que aunque nuestra intención sea la mejor, no siempre será suficiente para conseguir los resultados esperados, pero seguiremos corriendo riesgos en aras de que consigan lo mejor para sus vidas.

Como siempre, agradezco su lectura del blog y agradezco aún más sus comentarios que siempre son enriquecedores

Ya está lista la publicación de esta semana, titulada: LA INTENCIÓN CUENTA PERO NO ES SUFICIENTE, en la que hablo de como los Padres tomamos decisiones con buena intención pero los resultados no siempre son los esperados.

Espero que lo disfruten!

*Del Blog Padre de Verdad
https://www.padredeverdad.com/post/la-intención-cuenta-pero-no-es-suficiente



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Análisis y Opinión

Caso Cienfuegos: El dilema

Felipe Monroy

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Es conocida la anécdota del general villista Pablo Seañez con el periodista norteamericano John Reed mientras iban en un carro para alcanzar al general Urbina allá en 1915. En el automóvil iban el general, un mayor de nombre Vallejo, Reed y una mujer embarazada (la llevaban a la ciudad para ver a un médico); al cruzar un arroyo, el auto se atoró, el general sacó la pistola y sugirió que, para aligerar el sobrecargado vehículo, había que matar al periodista. Vallejo convenció a Seañez de guardar la pistola mientras Reed se bajaba a empujar el carro. El general al final dijo riendo: “Bien, ahora llevamos un caballo más”.

La historia marca varias pautas a considerar: Uno, que las fuerzas militares en ocasiones pueden poner los recursos a su alcance para ayudar al pueblo necesitado (representado en la mujer embarazada). Dos, que ante los problemas, la decisión y la orden son prestas para responder a favor de un ‘bien mayor’, incluso si para ello se debe sacrificar algo o alguien; bien se dice que se rompe la soga por lo más delgado. Y tres, que a pesar de que el forastero o el periodista ponga de su parte la creatividad y el coraje para ayudar a desatorar una marcha detenida por la desavenencia, no será sino un recurso para la satisfacción de los mandos.

Viene todo esto a cuento por el caso del general Salvador Cienfuegos y su peculiar -y fugaz, si lo vemos bien- paso por la justicia norteamericana. La mayoría de los comentaristas de noticias considera que el affaire del general en Estados Unidos es un tema que no se puede minimizar. Desde su aprehensión en Estados Unidos hasta su retorno a México vía un acuerdo bilateral del que se desconocen todos sus matices, el asunto obliga a reflexionar quiénes son los personajes de la historia, cuáles son sus motivaciones y qué se ha sacrificado para intentar desatar ese nudo Gordiano que aún inquieta entre la sociedad.

En resumen, al general Cienfuegos -exsecretario de la Defensa Nacional durante el sexenio de Peña Nieto- lo aprehende la DEA en Los Ángeles el 15 de octubre pasado bajo la acusación de tres delitos de narcotráfico y uno de lavado de dinero; casi un mes más tarde, las autoridades de Estados Unidos entregan a la Fiscalía General de la República los documentos que soportan la investigación contra el general y configuran un acuerdo con el Estado mexicano para la repatriación del militar de 72 años. México tiene enfrente la obligación -legal, moral y hasta diplomática- para realizar todas las diligencias necesarias en el proceso contra Cienfuegos.

Para la Fiscalía no es sino un escollo en el que hay demasiado peso como para continuar avanzando en otros casos de corrupción que también reciben presión especialmente de la ciudadanía. La respuesta: aligerar la carga. Para el general Seañez la respuesta era obvia al aniquilar a una de las partes; el periodista Reed sabe que debe ser él quien apoye antes de que lo hagan ayudar contra su voluntad.

Ningún recurso, en el fondo, es inagotable y la Fiscalía seguro no goza de todos los necesarios para atender los procesos que tanto Presidencia como la ciudadanía le exigen y menos cuando le derivan uno del calibre del Caso Cienfuegos. Alguno de los casos debe poner a enfriar, alguno deberá abandonar en el camino, aniquilarse para salir de escollo en que se encuentra la Cuarta Transformación. ¿Qué casos debería ir soltando? ¿Collado, Serna, Ancira, Calderón, el huachicoleo, Videgaray, Lozoya, Peña, Ayotzinapa, al exsuperdelegado en Chihuahua, al grupo élite de la Marina, a la empresa Iban Wallet?

Para los medios de comunicación, la persecución de ‘los peces gordos’ siempre es un atractivo noticioso, pero tiene sus consecuencias. Las manifestó con claridad meridiana el fiscal de la zona norte en Chihuahua, Jorge Nava a inicios de noviembre: La Fiscalía General de la República no tiene tiempo, ni recursos para investigar ni procurar justicia a los miles de crímenes de índole federal que se cometen todos los días en el territorio mexicano. El resultado: impunidad por encima del 95% en casos donde se requiere la acción de las instancias federales. Eso, sin contar los errores que comienzan a acumularse en la dependencia: La mala integración del caso contra los militares implicados en el Caso Ayotzinapa dan una muestra de ello.

Adivine quién va a bajarse a empujar para salvar el propio pellejo.

LEE Abusos sexuales en la Iglesia, después del Informe McCarrick

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Reactiva tu capacidad de aprender en equipo

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Como lo he mencionado en semanas anteriores, los retos que nos presenta la nueva normalidad demandan sin duda que saquemos nuestra parte creativa y despertemos nuestra intuición, y en conjunto con nuestros compañeros y colegas, descubramos los nuevos paradigmas sobre los que debemos trabajar de ahora en adelante.

Lamentable (o afortunadamente) no hay mejores prácticas sobre la nueva normalidad: todo es a prueba y error. Ya sea para los propios gobiernos locales o federales y los diferentes tipos de empresas y organizaciones. Entonces, ¿cómo puedo aprender y diseñar las nuevas prácticas de trabajo con las que yo y mi equipo trabajaremos?

En mi opinión, la respuesta no es tan compleja y la solución está muy cerca de nosotros. Me refiero a nuestro propio sentido común. Pero claro, el sentido común es el menos común de los sentidos y justo por eso se convierte en un elemento tan poderoso cuando se combina con el sentido común de otras personas.

Hemos estado tan acostumbrados a buscar la respuesta fuera de nosotros y a que alguien externo nos muestre nuevos paradigmas que hasta cierto punto hemos perdido la práctica de generar los propios. Las anteriormente llamadas comunidades de aprendizaje o células de conocimiento hoy resultan fundamentales para generar nuevos paradigmas y obtener respuestas que ningún libro y ninguna consultora nos puede dar, simplemente porque nunca se había vivido algo similar.

Reunirse con compañeros o colegas para compartir experiencias y buscar aprendizajes es una práctica que debemos recuperar y fomentar. Obtener conocimiento tampoco debe requerir un método complejo ya que aprendemos desde que nacemos y no lo dejamos de hacer hasta que morimos. Hacerlo en conjunto con otros amplía nuestro observador y nos genera muchísimas más posibilidades de aprender.

Para lograr un aprendizaje útil el grupo debe comenzar por analizar hechos o experiencias concretas; posteriormente los integrantes deben reflexionar sobre esa situación y a partir de su punto de vista individual, tratar de dar una explicación a lo que pasó y al por qué creen que pasó.

El siguiente paso requiere que el grupo discuta y de entre todas las hipótesis posibles sobre ese tipo de situaciones, seleccione las que a juicio de la mayoría son las más probables de comprobar y aplicar. Una vez que el grupo prueba las hipótesis en situaciones similares podrá comprobar si son erróneas, en cuyo caso deberá generar nuevas hipótesis al respecto. Si son acertadas, traducirlas en teorías y en aprendizajes concretos que compartirán con el resto de sus compañeros.

Así es como aprendemos desde niños. A partir de quemarnos con una vela (experiencia concreta), reflexionar sobre lo que pasó y por qué pasó (al poner la mano en el fuego, el calor de la llama nos lastima), plantear hipótesis y aplicarla (el fuego quema), y al comprobarlo nuevamente hacerlo un aprendizaje concreto (no volver a poner la mano en el fuego).

En este sentido y ante tanta incertidumbre es muy importante fomentar la creación de estos foros o comunidades de aprendizaje, ya sea con miembros de nuestras propias organizaciones o incluso con amigos o colegas de otras empresas. Lo importante es reunirse para compartir hechos o experiencias que puedan analizar y reflexionar sobre ellas en conjunto para tratar de encontrar hipótesis que puedan comprobar y aplicar para, de esta manera, generar y descubrir los nuevos paradigmas que determinarán la manera de trabajar en esta nueva normalidad.

Confía en tu capacidad para analizar una situación y escuchar la percepción que tienen otras personas sobre la misma y encontrar patrones que te permitan, proponer acciones para superar los nuevos retos que está enfrentando en tu organización. Date permiso de aplicarlas y observar el efecto que causan para ver si son efectivas o si deberás plantear nuevas opciones.

Explora, pregunta, observa y comparte tus ideas y propuestas con los demás y en conjunto se darán cuenta que no hay mejor tecnología, libro o consultor que una buena conversación con un grupo de colegas.

LEE Una transformación sin proyectos

ebv

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