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Análisis y Opinión

La oposición al encierro

José Luis Arévalo

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¿Con qué país nos vamos a encontrar el 1o de junio? Tenga por seguro que uno muy distinto al que dejamos aquel viernes 20 de marzo cuando se decretó el cierre de actividades por la llegada al país del Coronavirus. Y muy distinto, no precisamente para bien, sino todo lo contrario.

Si nos quejábamos de los plantones, las marchas, las manifestaciones -cada vez más violentas-, y el cierre de calles y avenidas, prepárese porque, sin tener una bola de cristal, habrá más y más conflictivas, con más personas en el desempleo, micro y pequeños empresarios con su negocio cerrado y cientos de médicos y enfermeros molestos por las condiciones en las que han trabajado por frenar la pandemia. Pandemia que por cierto, no terminará ese primer día de junio; ya que se nos anunció que será hasta el día 25 cuando se espera el fin definitivo, siempre y cuando no haya un rebrote de la enfermedad.

Este 21 de abril, se anunció la llegada de la ya tan deseada fase 3 de esta contingencia. Y digo tan deseada, porque es de suponerse que con el reforzamiento de las medidas de sanidad a causa de esta nueva etapa del contagio comunitario, más pronto terminaremos con esta terrible pesadilla. La vida regresará paulatinamente, los negocios reabrirán sus puertas -los que lo puedan hacer-, las escuelas reiniciarán el curso de manera presencial y, como muchos han dicho de manera optimista: “nos volveremos a abrazar”; ojalá que así sea.

Sin embargo, no habían pasado ni 24 horas del anuncio por parte de la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, y del Gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, de las nuevas medidas que entran en vigor, y ya el primer cuadro de la capital recibía a sus primeros manifestantes, las casetas de algunas autopistas estaban tomadas por encapuchados y cientos de personas, sino es que miles, seguían haciendo hasta lo imposible por vender algo antes de que les impusieran el cierre definitivo de su negocio.

Y no sólo eso, ante un confuso mensaje sobre el programa “Hoy No Circula” por parte de la Doctora Sheinbaum (quien tuvo que hacer uso de Twitter para explicar lo que no pudo en su mensaje en video), los capitalinos buscaban hasta el más mínimo detalle para tratar de entender si la prohibición era para no circular ningún día de la semana o si “los coches eléctricos podrían hacerlo”; sin darnos cuenta que el tema no tiene que ver con un asunto medioambiental (por aquello de la contaminación), sino más bien, es la lucha entre la autoridad y el ciudadano para convencerlo de que hay que mantenerse en casa para evitar más contagios y con esto cumplir con la fecha deseada, 30 de mayo, para terminar con la pandemia. La oposición al encierro no cesa a pesar del llamado constante del gobierno federal y de los medios de comunicación a quedarse en casa.

Pero no todos pueden quedarse en casa. Entre la necesidad de trabajar y la necedad de salir, no se ha logrado el objetivo en su totalidad. Esta olla express llamada México, sin duda explotará si no se da tranquilidad a los ciudadanos de que la recuperación será rápida. Los 25 mil pesos ofrecidos por el Presidente de la República, serán exigidos tanto por los que no los reciban pronto, como por aquellos que también los vayan a necesitar y se haya ignorado su petición. De ahí la importancia de que el gobierno entienda de una buena vez que es necesario dar facilidades a empresarios y empleados, “enseñar a pescar y no dar el pescado”, porque de seguir así, le reitero, el México que tendremos el primero de junio, será muy distinto al que dejamos el pasado 20 de marzo.

José Luis Arévalo Periodista

www.siete24.mx

@jlanoticias

@jlarevalop



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Análisis y Opinión

Renovada relación iglesias-Estado 30 años después

Felipe Monroy

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La reciente visita a México del secretario del Estado Vaticano, cardenal Pietro Parolin, concluyó con una simbólica recepción en la nunciatura apostólica donde el “número dos de la Santa Sede” declaró sin ambages que, tras treinta años de un modelo legal de relaciones iglesias-Estado, “ha llegado el momento de un renovado pacto de mutua colaboración”.

La declaración del enviado pontificio llega en un momento de clara tensión entre las asociaciones religiosas y la presidencia de la República; especialmente por los comentarios de López Obrador sobre lo que él considera son rasgos de hipocresía compartidos entre los adversarios a su régimen y los fieles católicos, así como la cuestionable relación de interés entre grupos evangélicos hiper-politizados y las políticas públicas aderezadas con moralismos para-religiosos. La actualización de esta relación parece imprescindible.

Hace treinta años, Carlos Salinas de Gortari fue configurando lentamente la concreción de la reforma constitucional hacia el reconocimiento de la personalidad jurídica de las iglesias, uno de los compromisos adquiridos especialmente con la Iglesia católica tras el apoyo recibido en la controversial elección de 1988.

Salinas, desde su discurso inaugural en la presidencia había sentenciado su deseo de un Estado que modernizara sus relaciones con la Iglesia; entre 1989 y 1990 hubo permanente acercamiento entre funcionarios de gobierno y representantes eclesiásticos que lograron la segunda visita del papa Juan Pablo II, la más prolongada y extensa de las cinco que hiciera. El 1º de diciembre de 1991, Salinas dijo en su tercer informe de gobierno que promovería una “nueva situación jurídica de las iglesias”; nueve días más tarde se presentaron las iniciativas de reformas a cinco artículos constitucionales aparentemente ‘inamovibles’; otros nueve días tardó su aprobación en el Congreso y un mes más para su confirmación en los congresos estatales.

Las reformas de entonces crearon una personalidad jurídica para asociaciones religiosas, especialmente para poner claridad en actividades educativas, económicas y administrativas; proscritas en papel, pero realizadas bajo diversas maniobras oficiosas o de simulación. Lo que permaneció con carácter prohibitivo fue la participación política de los ministros de culto, tanto en la expresión de sus opiniones como su intervención o colaboración directa e indirecta en acciones partidistas o contra las políticas públicas del Estado.

En aquellos años, el delegado pontificio para México fue el arzobispo Girolamo Prigione y como colaborador cercanísimo en la representación de la Santa Sede en México estaba un joven diplomático italiano que acumulaba experiencia: Pietro Parolin. El actual brazo derecho del papa Francisco fue operador y testigo de los avances legales en la relación del Estado mexicano con las asociaciones religiosas detenidas por décadas tras la persecución religiosa y la guerra Cristera.

El cardenal Parolin, por tanto, conoce quizá aún mejor que muchos políticos mexicanos de hoy, las fibras de operación política en el proceso de colaboración para los acuerdos entre las iglesias y el gobierno. Y si, frente a los que quizá se dibujan como personajes centrales en el próximo proceso presidencial rumbo al 2024, ha afirmado la necesidad de un ‘renovado pacto’, es bajo conocimiento de causa.

Quienes escucharon de viva voz este planteamiento del Secretario de Estado Vaticano fueron ni más ni menos: Marcelo Ebrard, canciller secretario de Relaciones Exteriores quien ha hecho de las vacunas anti-COVID su carta fuerte; Santiago Nieto, el temido fiscal anticorrupción de la Unidad de Inteligencia Financiera; Miguel Torruco, secretario de Turismo; José Antonio Meade, excandidato presidencial de extensa trayectoria federal; Margarita Zavala, excandidata presidencial y diputada federal electa; Luis Felipe Bravo, exembajador de México ante la Santa Sede; entre otros.

Desde hace años, la participación de los ministros de culto en la esfera política ha sido evidente, no sólo cuando manifiestan su opinión sobre política pública o partidista sino también en la construcción de relaciones entre el Estado y la sociedad civil, algunas veces en orden a atender dramas sociales concretos (migración, pobreza, discriminación) y otras para vincular grupos religiosos con fuerzas partidistas específicas. Es decir, el “renovado pacto” sin duda deberá atender este tema largamente simulado tanto por ministros como por políticos.

Sobre esto hay que aprender que, por lo menos dos años antes de las históricas reformas constitucionales en materia religiosa de 1992, los engranajes políticos en México ya habían puesto velocidad de crucero rumbo a una actualización legal y actitudinal entre las instituciones públicas y las muy diversas organizaciones religiosas. Hoy, sin embargo, esta actualización denominada ‘laicidad positiva y constructiva’ parece no tener ni barcaza ni corriente en la cual fluir. Sólo quizá haya una carta fuerte en toda esta ecuación y es el anhelo que el presidente López Obrador expresó desde el inicio de su mandato: la visita del papa Francisco en medio de la 4T. Carta que tampoco parece vislumbrarse en el horizonte.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Escarnio religioso con fines políticos

Felipe Monroy

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Justo quince horas después de que líderes de una docena de diferentes religiones en México se reunieran para orar por la paz; el presidente de la República -desde el púlpito moral de su individual certeza- volvió a arremeter contra las prácticas religiosas, particularmente contra la grey católica y sus actos de fe. No ha sido la primera vez; de manera sistemática mezcla, confunde y politiza a propósito la dimensión espiritual de millones de personas.

Algo ha pasado en el fuero interno del presidente. A partir del 2020, sus críticas a lo que él identifica como ‘hipocresía católica’ se han tornado recurrentes y socarronas. Hasta antes de la campaña presidencial y en los primeros meses de gobierno, López Obrador siempre había aderezado con conceptos religiosos su ideario político; pero -quizá la pandemia, quizá la incertidumbre- ha revelado en el presidente ese discurso anticatólico moralizante de un rancio protestantismo para-cristiano que fue sumamente popular a finales de los setenta y hasta los años noventa en México.

A diferencia del anticlericalismo secular (que se enfoca en una crítica a la institución católica), el anticatolicismo cristiano contemporáneo es un estilo discursivo, especialmente utilizado por distintas ramas de protestantismo, que a través de estereotipos negativos y lenguaje peyorativo critican a los católicos, a sus prácticas religiosas y a las fallas de sus miembros que aseguran son una ‘hipocresía moral’ intrínseca a la religión católica. La reacción católica a esta discriminación indirecta ha sido también una desvaloración de la identidad cristiana de evangélicos, protestantes y otras comunidades religiosas.

Sin embargo, el acercamiento entre líderes cristianos, el diálogo interreligioso, el ecumenismo y la vasta producción de fraternas reflexiones espirituales han favorecido el respeto, la tolerancia y hasta la amistad entre referentes y miembros de religiones otrora enemistadas. El encuentro interreligioso de oración por la paz, el pasado 10 de junio, es símbolo de este esfuerzo de entendimiento y madurez entre creyentes.

Pero el presidente no abandona el discurso moralizante: “mi cristianismo, lo que yo practico… si todos fuésemos así viviríamos en una sociedad mejor”. Y, con frecuencia -especialmente para eludir algún tema álgido- utiliza la fórmula que su inmejorable cristianismo es superior por no parecerse al cristianismo hipócrita del prójimo.

En la primera conferencia presidencial del 2020, López Obrador espetó la fraseología que ya ha hecho leitmotiv recurrente: “Los conservadores van a misa y olvidan los mandamientos; van a la iglesia, comulgan, confiesan, van a dejar en cero el marcador y el domingo vuelven a lo mismo”.

Al inicio de la pandemia, el presidente mostró un par de imágenes del Sagrado Corazón de Jesús (sumamente veneradas por católicos) y las comparó con un trébol de cuatro hojas y un billete de un dólar como amuletos de buena suerte. En julio 2020, durante la presión por el famoso ‘aplanamiento de la curva’ de contagios por COVID-19 en México, el presidente volvió a calificar a los creyentes: “Son sectores reducidos, pero con mucha pasión. Es obvio, amenazas y al mismo tiempo por eso es irracional, muchos de ellos van a los templos, confiesan y comulgan, pero olvidan los mandamientos”.

El 8 de marzo, con motivo de las movilizaciones feministas; y el 5 de mayo, como respuesta a la tragedia del metro capitalino donde fallecieron 26 personas, López Obrador aplicó el mismo epíteto a los que identifica como adversarios, pero los ejemplifica como católicos: “Son clasistas, son racistas, son partidarios de la discriminación. Pueden ir a los templos los domingos y confiesan y comulgan, y dejan el cero marcador, eso es hipocresía”, dijo el día de la Mujer y en el aniversario de la Batalla de Puebla insistió: “Son muy perversos y estos conservadores son también muy hipócritas. Porque estoy seguro de que hasta van a misa los domingos y confiesan y comulgan”.

¿Por qué el presidente ridiculiza y adhiere sistemáticamente la imagen de sus enemigos a las prácticas religiosas sacramentales de la Confesión y la Comunión, de la asistencia a Misa y el estudio de los Mandamientos?

Es una verdadera pena que el mandatario de una República laica no sólo no valore ni respete las identidades religiosas de todos los ciudadanos, sino que las politice e identifique a algunos perfiles religiosos como potencialmente adversos a su movimiento político. López Obrador, no hay que olvidarlo, ganó con un margen amplísimo las elecciones del 2018 y su personalidad política aún convoca a millones de partidarios de su ideología. Con certeza, el 95% de todos sus apoyos sociales profesa alguna fe o es miembro de alguna institución religiosa; lo mismo se puede decir de la clase media que lo ha llevado al poder.

¿Por qué continúa denostándolos? ¿Qué es lo que en el fondo busca reclamar a esa dimensión espiritual de una vasta porción de la sociedad mexicana que, en principio, no sólo goza de la libertad de culto, sino que también está llamada a participar desde su identidad espiritual, personal, familiar y comunitaria en la transformación necesaria del país?

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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