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Laboratorio de Ideas

La participación de los padres en la educación de los hijos: entre los derechos y las responsabilidades

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En estas semanas se ha levantado una gran polémica por el tema educativo. Por un lado, la aprobación una reforma educativa en Puebla y por otro lado, la discusión de una iniciativa en Nuevo León.

Respecto a la iniciativa de Nuevo León, se generó un choque en la opinión pública entre quienes han postulado que existe un movimiento radical de padres de familia que quieren negar la educación sexual a sus hijos y por otro lado quienes sostienen que el estado intenta imponer una educación única sin tomar en cuenta a ningún sector.

Ante esto, quisiera compartir cuatro reflexiones:

Primero. Lamentablemente si existe un ánimo centralista e impositivo en la agenda educativa actual. Hoy se está reformando la política educativa y en muchos casos no se está  escuchando a actores relevantes como instituciones educativas, docentes y padres de familia.

Hoy vemos como esa falta de apertura ha dejado fuera, al menos en la ley de Puebla, temas tan importantes como la prevención del acoso escolar y el reconocimiento de la educación a distancia.

Segundo. En el proceso educativo hay elementos y hay personas fundamentales para lograr una educación de calidad que brinde mejores oportunidades a las nuevas generaciones. Entre los elementos se encuentran la infraestructura, los programas de estudio, el acceso a tecnologías de la información, entre otros. Y, entre las personas se encuentran los docentes y padres y madres de familia.

Fuera de filias y fobias, es innegable la importancia de padres y madres de familia en la educación de sus hijos, sin ellos la ecuación para una educación de calidad siempre estará incompleta

Tercero. La participación de los padres es amplia, tanto en sus responsabilidades como en sus facultades, esto fundamentado en recomendaciones de las Naciones Unidas y la UNICEF.

Es necesario fomentar el involucramiento de padres y madres en el proceso educativo: juntas escolares, consejos de participación, acompañamiento en las tareas, detección de riesgos y un largo etcétera.

Cuarto. Recordemos la máxima de que “todo derecho lleva una obligación” y esto aplica también de forma inversa. No podemos realizar una carga de responsabilidades a padres y madres de familia sin facultarlos para el ejercicio de dicha labor.

Esto puede poner nervioso a ciertos sectores… pero lo que no podemos negar es que el artículo 26 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos señala el derecho que tienen los padres a elegir la educación de sus hijos. Pretender que el Estado tenga una autoridad legal y moral para contravenir la Declaración es irónico y contradictorio.

Por lo antes expuesto, es fundamental construir, impulsar e implementar una política educativa donde participen todos los actores responsables y necesarios en la educación.

Es por eso que ha nacido un movimiento llamado “ Educación con Rumbo” con el fin de impulsar una política educativa donde participemos todos a través de un diálogo abierto y una participación amplia que supere cualquier ánimo de imposición y cualquier riesgo de polarización.

“Educación con Rumbo” que es la suma de distintas organizaciones para impulsar este diálogo que supere las filias y las fobias ideológicas y políticas hacia una política educativa participativa donde cada parte sume su conocimiento y experiencia.

Hoy necesitamos e impulsaremos una política educativa donde participemos todos porque lo que está en juego es el futuro de la infancia de nuestro país.



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Análisis y Opinión

Evolucionar de la ‘familia tradicional’ a la ‘familia contemporánea’

Javier Chávez de Icaza

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La familia tradicional, es la familia compuesta por un padre, una madre e hijos (más de uno). En este tipo de familia, los roles o funciones de cada integrante, están claramente definidos: El padre es el proveedor principal y la figura de autoridad, la madre es la coordinadora de familia y responsable de administrar las relaciones entre los diferentes miembros de la familia y los hijos, tienen como función principal, el ir a la escuela desde primaria hasta universidad, para poder cursar una carrera “decente” (como diría German Dehesa) y respetar las reglas de la casa.

En este tipo de familia, los responsables absolutos de que los hijos se conviertan en “buenas y productivas personas” son el padre, desde su figura de autoridad y tomador de decisiones y la madres desde su figura de coordinadora de relaciones intrafamiliares. Pero básicamente dejamos sin responsabilidad a los hijos, porque a ellos no los dejamos ni tomar ni involucrarse en las decisiones familiares. Los papas deciden qué se hace los fines de semana, donde vacacionar y algunas veces hasta lo que van a estudiar los hijos.

En la actualidad, ya hay muchas mujeres que trabajan de tiempo completo fuera del hogar y que contribuyen al sustento económico de las familias y lo hacen sin menoscabar su habilidad para generar relaciones individuales con cada hijo, sin embargo los padres, seguimos sin ser capaces de aportar nuestro apoyo en la coordinación de la relaciones intrafamiliares y en muchos casos nos limitamos a la función de autoridad, por eso cuando la pareja se disuelva, la relación del padre con los hijos queda muy limitada, casi sin importar el acuerdo de custodia que se tenga.

Ahora bien, en las familias “contemporáneas” las funciones de los integrantes de la familia, no son ni tan rígidas ni tan definidas. Muchas veces porque no se tienen los mismos integrantes en la familia y otras porque se han adaptado a los tiempos actuales.

Estas familias “contemporáneas” tienen que ir ajustando los roles de cada integrante y son mucho más abiertas a modificar o combinar las funciones básicas y específicas de cada uno. En estas familias si están los dos padres presentes, ambos trabajan y contribuyen al ingreso familiar y de la misma manera ambos son responsables de la coordinación de las relaciones intrafamiliares y se le explica o involucra a los hijos en tomas de decisión, obviamente esto último en la medida del desarrollo de cada hijo. También forman parte de las familias contemporáneas, aquellas que resultan después de la disolución de la pareja y dejan a la familia con padre y madre separados e hijos conviviendo por separado con cada uno de ellos.

Ya he comentado en escritos anteriores que mi familia es una familia “contemporánea” y por lo tanto, hemos tenido que responder interrogantes de los demás, en torno a cosas que tradicionalmente serían resultas en el seno familiar y algo curioso es que muchas de estas preguntas son hechas por integrantes de familias contemporáneas pero con características diferentes a la nuestra.

Por ejemplo, hijos de padres divorciados les preguntaban a mis hijos porque en su caso ellos se había quedado conmigo y no con su mamá y mis hijos han tenido que responder estas preguntas. Afortunadamente, como el proceso de separación de sus padres, nosotros los mantuvimos informados e involucrados, para ellos no fue tan difícil, pero en otros casos, estas preguntas generan muchas dudas en los hijos.

Pero lo cierto es que las familias “contenporaneas” sufren el análisis y escrutinio de la sociedad en general, sin entender que justamente muchas de las actitudes “machistas” y que ahora son un foco de atención importante en el acontecer no solo nacional sino mundial, se generan desde el seno de una familia tradicional.

Pero con esto, no quiero decir que todas las familias tradicionales sean malas, como ya lo he dicho muchas veces, al ser integradas por individuos, cada familia es diferente y salvo las normas o leyes, no podemos generar reglas que apliquen a todas las familias.

Pero lo que sí quiero resaltar es que las familias en las que los roles no son tan definidos, sin importar como esté integrada, es una familia “contemporánea” y son estas familias las que podrán sentar las bases para que nuestros hijos aprendan, practiquen y fomenten la equidad de género.

Pero equidad de género, para mí, no es lo mismo que igualdad de género. Equidad es entender y respetar las diferencias entre sexos sin menoscabo de ninguno, mientras que igualdad sería supones que hombres y mujeres son iguales y esto dista mucho de ser cierto.

Retomemos el título del escrito, ¿Cómo evolucionamos de ser una familia tradicional a ser una familia contemporánea? La respuesta es, en teoría, muy sencilla, cuando ambos padres (papá y mamá) están presentes, deben compartir las funciones que realizan, es decir, la participación en las actividades de los hijos y esto permitirá que de acuerdo al interés de la familia, que ambos padre puedan o no participar en el soporte económico.

Con este rol compartido de los padres, se logran dos cosas principalmente, lo primero que lo hijos vean y vivan la equidad de género desde su infancia, con lo cual, será natural para ellos el entenderlo y practicarlo en su vida adulta de manera y natural y segundo, que tanto el papá como la mamá sean capaces de desarrollar vínculos individuales con cada uno de sus hijos. Esto último es fundamental, sobre todo cuando la pareja se disuelve.

De esta manera, sin importar el acuerdo de custodia que se realice, los hijos y los padres, podrán disfrutar del tiempo que pasen juntos y no solo hacerlo por el acuerdo legal o alguna necesidad particular.

Cuando se logra lo mencionado en el punto anterior, al momento de la separación de los padres no se destruye la familia, más bien se agranda, porque con el trascurso del tiempo, la madre y el padre, es probable que tengan una nueva pareja y la familia será capaz de convivir con estos nuevos integrantes, sin que esto afecte los vínculos individuales de cada padre con cada hijo.

Hoy en día, los hijos demandan más atención de ambos padres, ya no es suficiente que uno de los padres este pendiente, se requiere de los dos y si están separados los padres, con más razón es necesaria esta participación, porque los hijos tendrán que ser capaces, si no responder a todas las preguntas que les hagan sobre su familia, si tener la confianza y autoestima suficiente para hacer frente a estos cuestionamientos.

En el artículo de esta semana, platicaré sobre las familias y como cada vez es más común encontrar lo que yo he llamado Familia Contemporánea. Espero que lo disfruten y recuerden, todos sus comentarios son bien recibidos y serán respondidos sin falta.

Sigan mi block aquí: https://www.padredeverdad.com/post/evolucionando-de-la-familia-tradicional-a-la-familia-contempor%C3%A1nea

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Análisis y Opinión

Evita el estrés laboral y disfruta el camino

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Trata de recordar la situación laboral más difícil por la que hayas atravesado: quizá una falla que te haya costado el trabajo o al menos un regaño fuerte; un proyecto súper complicado que no tuvo buenos resultados o que se canceló; un cliente perdido por causas en las que estuviste involucrado; o tu peor etapa de estrés laboral, frustraciones, presiones y largas jornadas de trabajo con fines de semana y noches sin dormir.  Ahora piensa: ¿qué fue lo peor que te pasó?

Recuerda a tus compañeros que vivieron esa situación contigo, incluso recuerda al que en ese momento fue el villano de la película, y valora si lo que vino después para ti en la parte profesional ha sido mejor o no y, sobre todo, recuerda cómo esa experiencia te sirvió y te hizo crecer como profesional y como persona.

La mayoría de las situaciones que nos provocan estrés durante nuestra vida profesional no tienen otra consecuencia peor que perder el trabajo. Algo que pasa con alguna frecuencia y que nos sucede a todos alguna vez, es una situación temporal y que generalmente siempre trae algo mejor, por lo que finalmente, resulta más conveniente haber terminado con esa relación.

A lo largo de nuestra vida laboral podemos llegar a magnificar las situaciones complicadas en las que nos sentimos vulnerables, en las que podemos fallar y equivocarnos. Nos llenamos de estrés y dejamos que nos impacte: no solo a nosotros sino también a nuestros seres queridos. La salud se pierde, nuestras relaciones se pueden afectar e incluso romper, familias se desbaratan. ¿Y todo para qué?, ¿para ganar un reconocimiento o un bono o evitar perder un empleo?, ¿para que nadie se dé cuenta que podemos fallar?

Te tengo una noticia: No hay nada que pueda evitar que nos equivoquemos y fallemos a lo largo de nuestra vida profesional, por la simple razón de que somos seres humanos y nadie es perfecto. Y, ¿qué crees? Tus jefes lo saben: saben que vas a fallar y que te vas a equivocar y tienen medido ese riesgo.

Por el otro lado, piensa en todo lo positivo que esas experiencias te dieron.  Seguramente tiempo después cuando te juntas con tus amigos y ex compañeros con los que recuerdas esas situaciones, hasta se ríen con algunos de esos momentos que en su tiempo les causaron estrés. Se dan cuenta que cada situación ahora forma parte de sus vidas profesionales y que si no fuera por ellas, no estarían hoy donde están, no habrían aprendido lo que aprendieron y tampoco tendrían la visión y madurez profesional y personal que tienen hoy.

De la misma manera en que recuerdas esas experiencias con humor y nostalgia y te das cuenta que quizá no ameritaba sufrir lo que en su momento sufriste, te invito a que de esa misma manera trates de ver tu presente y visualices tu futuro. Tienes una disyuntiva central: O sufrir tu vida profesional, con la esperanza de que todo valdrá la pena una vez que hayas llegado a un alto puesto y/o a ganar mucho dinero, o puedes decidir disfrutar cada etapa del camino y ser feliz.

Pude darme cuenta de que mi realización ha estado en cada momento de duda ante una situación difícil, en cada anécdota, en cada regaño de los jefes o clientes que he tenido, en cada desvelada con mis compañeros de trabajo, en cada estrés tratando de llevar un proyecto a buen puerto o cada vez que trato de reunir el dinero necesario para pagar la nómina.

Recuerdo cada cliente con todos sus defectos y virtudes, porque de todos he aprendido. He aprendido a disfrutar el camino.

Personalmente he tenido muchos fracasos laborales, pero cada uno ha sido necesario para escribir mi historia. También sé que vendrán muchos más si Dios me presta vida. No sé en realidad cuál será mi final en este mundo de las organizaciones y, la verdad, no me importa porque disfruto el viaje a cada segundo, con cada acierto y falla, con cada éxito y fracaso, así que no me estreso de más.

Repito: nadie espera que seas perfecto, que no te equivoques y que no falles. La manera en que reaccionen los demás dependerá de los demás; la manera en que tú reacciones depende exclusivamente de ti.  Disfruta el camino, “enjoy the ride. Total, ¿qué es lo peor que puede pasar?

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