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Análisis y Opinión

Las personas en el centro

Héctor Sotero Mata Álvarez

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Siempre he pensado que si ponemos en el centro a las personas nos va a ir bien. Hemos visto recientemente el regreso de discursos radicalizados que únicamente llevan hacia la confrontación.

Y esto es lo que menos necesitamos en unos momentos como los que estamos viviendo: ricos contra pobres, pobres contra ricos, hombres contra mujeres, mujeres contra hombres; pudiéramos decir que todos contra todos… 

La pregunta es: ¿esto conduce en alguna forma a la solución de los grandes problemas que enfrentamos como sociedad? Unos, derivados de la emergencia sanitaria por el coronavirus y otros más que son cuestiones estructurales que vienen de antaño.

Desde mi punto de vista, no ayuda en nada enfrentarnos como ciudadanos; al contrario, un pueblo dividido y atomizado, además de que es fácilmente manipulable, carece de fuerza para transformar las realidades injustas.

Medir la pobreza y la riqueza resulta útil en la medida de que es un factor para llamar a la solidaridad –ayuda responsable entre iguales– y subsidiariedad –ayuda responsable entre desiguales–.

Sin embargo, la clave es poner en el centro a las personas y no las ideas; sólo así lograremos la verdadera justicia social que, más allá de dar a cada quien lo que merece, es dar a cada quién lo que necesita.

Ser responsable por el otro y responder unos por otros conforman la base humana que puede conducirnos a la solución de la crisis actual.

Hoy, más que nunca, las personas con mayores privilegios tenemos que cumplir con el pago de impuestos y fomentar la riqueza que genera empleo. El trabajo es el centro neurálgico de la cuestión social. 

Como el gobierno es el responsable de crear o mantener las condiciones idóneas para que todos tengamos trabajo estable, bien remunerado y con seguridad social, es necesario dejar atrás formas obsoletas.

El paternalismo y el asistencialismo, que buscan crear dependencia y que denigran la dignidad de quienes son considerados solamente como votos en ciernes, como objetos para ser ayudados y no como sujetos con derechos propios, ya no funcionan en nuestros días. Deberemos buscar nuevos caminos.

Si reunimos en el centro a las personas: gobiernos, legisladores, sector privado y sociedad civil y se trabaja conjuntamente, puede lograrse un fin. Divididos estamos vencidos y unidos, la fuerza se multiplica.

El respeto de la legalidad, la privacidad, la libertad de emprender y la propiedad de todos son elementos básicos para el bien común. Si el autoritarismo nunca ha sido el camino, busquemos entonces la solidaridad y la subsidiariedad, que sí lo son.



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Análisis y Opinión

Dos escenarios, una realidad

José Luis Arévalo

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De Frente y Claro con José Luis Arévalo

Arrancamos una nueva semana luego de que pasó el primero de julio, una fecha muy significativa para el presidente Andrés López Obrador, quien una vez más realizó un informe a la nación, uno más -lleva ya unos cuantos en tan solo año y medio de gobierno-, para poder dar a conocer a los mexicanos cómo ha ido avanzando desde que ocupa el poder ejecutivo. Primero de julio, dos años después de que ganara la elección presidencial, que para él es una fecha por demás importante al haber iniciado, como todos sabemos, lo que él mismo bautizó como “La Cuarta Transformación”. Pero déjeme reflexionar en algo: ¿la transformación de México no debería considerarse en aquel año 2000 cuando Vicente Fox sacó de Los Pinos al partido hegemónico?.

Pero bueno, López Obrador realizó un nuevo evento en Palacio Nacional y fíjese usted, paralelamente al informe del presidente que estaba plagado de buenas intenciones, de buenas noticias, de cifras espectaculares, según sus propios estudios, donde aseguró que ha disminuido la delincuencia, los homicidios dolosos, el robo de automóviles, el bienestar de los mexicanos, etc, etc, surgieron un par de temas de manera paralela. Uno de ellos se dio en Irapuato cuando un grupo de sicarios realizó una balacera matando a 27 personas, lo que contrastaba con los que se decía en Palacio Nacional cuando se aseguraba que se habían terminado las matanzas y las violaciones a los Derechos Humanos. Casi una treintena de muertos más en Guanajuato. Al mismo tiempo, su esposa Beatriz Gutiérrez Müller contestaba en un tuit a una persona que amablemente le pedía que fuera a ver a los niños que sufren de cáncer y que no tienen medicamentos, diciéndole que si esa persona era doctor, pues que él fuera a verlos, que ella no era médico. ¡Vaya respuesta!, vaya insensibilidad de una mujer que se dice doctora, que se dice primera dama, que se dice intelectual. Si la esposa del presidente considera que esto no es una violación a los derechos fundamentales de la infancia, está completamente equivocada. Y a lo mejor lo reconoció porque minutos después borró su mensaje y mandó una disculpa. Tarde para una mujer que al ser la esposa del presidente debería pensar en todos los mexicanos, incluyendo a los enfermos de cáncer.

Y como estos dos episodios podríamos hablar de otros más, como por ejemplo que nuestro país ya está entre los 5 a nivel mundial con el mayor número de muertos por Coronavirus. Una vez más estamos entre los primeros países en algo, ya sabemos que eso nos encanta, aunque esta vez se trata de un tema de personas fallecidas por una pandemia. A todo esto, el presidente insiste en que vamos muy bien, que ya se tocó fondo y que ya viene la recuperación. ¿En qué momento habrá recuperación si el número de muertos y contagiados no cede?, no lo sé, ojalá y nos lo explicara.

Esta es la realidad que solo conoce el presidente y los que aún lo siguen. Seguidores que por cierto, el presidente dijo que son cada vez más. Sin embargo, no podemos dejar de mencionar lo que dicen las encuestadoras, aquellas que antes López Obrador defendió a capa y espada. La consulta de El Financiero ubica al Presidente entre el 55 y el 60 por ciento de popularidad, Roy Campos y Consulta Mitofsky en el 47 por ciento y la empresa GEA-ISA no le da más allá del 38 por ciento de popularidad. Ya veremos cuál de las dos versiones del México que estamos viviendo es la más certera.

@jlanoticias

@jarevalop

www.siete24.mx

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Análisis y Opinión

Discurso para un entremés sexenal

Felipe Monroy

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¿Por qué la comunicación de López Obrador parece cada vez menos eficiente? ¿Qué ha pasado con ese orador absoluto que motivaba, cautivaba y convencía a millones de mexicanos desde el podio? A dos años de su triunfo electoral, el presidente ofreció nuevamente un informe sobre el estado de la administración federal en lo que ha denominado Cuarta Transformación de la vida pública de México, y vale la pena analizar lo que sucede en materia comunicativa presidencial.

Debido a la pandemia y a la incertidumbre, el mensaje de este primero de julio sufrió obvias limitantes: El escenario, aunque simbólico, resultó más sombrío que solemne; en el proscenio, una inquietante silla vacía sin propósito tensaba la atención al orador; y el público (Beatriz Gutiérrez más un puñado de miembros del gabinete), apenas se hizo notar por sus aplausos de reciedumbre. Lejos del pueblo y de la base social que lo llevó al poder, López Obrador sólo tenía su discurso para brillar.

Y, sin embargo, nada destacó en la base del discurso. El presidente se mantiene en sus trece respecto a su mensaje. El texto es idéntico en estructura a los ofrecidos los últimos cinco primeros de julio y diciembre. Todos están construidos de la siguiente manera: 1. La identidad de la 4T; 2. Los nobles principios que le caracterizan; 3. Los logros y avances de la administración; 4. La naturaleza y resistencia de los adversarios; y 5. El legado histórico al que se aspira.

No es una mala estructura; de hecho, guarda una cualidad pedagógica eficiente. Pero algo sucede con estos mensajes (que en realidad son muy altas oportunidades de comunicación por su expectativa): cada vez se asemejan más a un inocuo ruido de fondo, un sonsonete prescindible cuyo sentido se ha diluido. ¿Por qué?

Hay un riesgo en este tipo de discursos, suelen provocar vacío en el oyente honesto, en el ciudadano que dispone su atención sin fanatismo ni prejuicio. Es un hecho que al partidario no le interesa el contenido del mensaje sino la forma y la retórica de la victoria; mientras, el malqueriente sólo espera con malsana fruición las fallas y las ofensas para señalarlas. Pero ¿qué hay para esa franja ciudadana que escucha con criterio y expectativa razonables? ¿Cómo volver a ganar su interés?

Para muchos, el modelo de comunicación presidencial de López Obrador está ya agotado debido a la permanente y extensa conferencia matutina junto a los profusos y reiterados informes a la nación. La identidad de la 4T requiere más hechos que palabras; sus principios exigen ejemplos y no sólo promesas; los mencionados avances esperan el imprescindible contraste periodístico; los adversarios evidencian sus credenciales por sí mismos; y corresponderá a la historia juzgar si esta administración deja o no buen legado.

Sin embargo, hay una explicación más simple: el mensaje presidencial ya no interpela ni a la imaginación ni a la expectativa de las audiencias. Los ciudadanos, ávidos de teorizar, interpretar y participar activamente en la comunicación (los llamados ‘prosumidores’, productores y consumidores de información), no reciben estímulo alguno para construirse narrativas sociales futuras, para animarse a la esperanza o para sentirse partícipes de una ilusión.

En el pasado, el discurso lopezobradorista conseguía esa esperanza: motivaba narrativas en millones de mexicanos que eran capaces de imaginarse en escenarios distintos a la podredumbre política imperante; detonaba en la mente de los ciudadanos la idea de su papel crucial en la urgente necesidad de un cambio radical; despertaba en ellos la necesaria confianza para depositar en él la misión de acabar con la corrupción que mantenía sumida en la pobreza y la violencia a toda una nación.

El futuro, no obstante, será de quien hoy siembre en las historias personales de los ciudadanos, una narrativa que le conmueva o apasione hasta la diligencia participativa. Por desgracia, el discurso presidencial parece ahora apelar a la pasividad, a la paciencia del respetable; más que partícipe, el ciudadano se reduce a espectador de conferencias y mensajes.

Si se pone atención, López Obrador colocó en posiciones equidistantes (justo antes y después de enumerar los avances de su administración) dos ideas aparentemente distintas pero que cumplen un mismo propósito: “Nunca, en más de un siglo, se ha insultado tanto a un presidente de la República…” y “sostengo que para el 1° de diciembre de este año estarán ya establecidas las bases de la nueva forma de hacer política”. En concreto, dice que, a pesar de las resistencias, buscará cincelar su oportunidad histórica. Es un bello pensamiento dicho en voz alta, pero nada más.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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