Connect with us
AMLO, Calderón, presidentes AMLO, Calderón, presidentes

Opinión

Los presidentes en guerras bíblicas

Julio Alberto Hortiales

Publicada

on

¿Será ocioso analizar la palabrería bíblica que los presidentes López y Calderón vertieron en sus redes sociales? ¿Qué implicaciones tiene para un Estado que sus referentes políticos se entrampen en teologías sibilinas? Es verdad que en un mundo donde los análisis económicos (sobre los intereses e incentivos egoístas) imperan sobre cualquier otro tipo de reflexión, se subestima tremendamente la importancia de esta profunda naturaleza humana que amalgama religión con política, el poder con la moral.

Vamos por orden: Con mucha más frecuencia de la esperada, entre los políticos suele desarrollarse una fantasía épica. Comienza con la imagen de sí mismo ligeramente superior al del resto, se desarrolla en una visión por alcanzar o en una misión para con la historia; y, para justificar todo, utiliza indiscriminadas interpretaciones de los valores o principios sagrados de los pueblos. En su mente, el político deja de ser un efímero administrador y se visualiza a sí mismo como una inflexión en la línea de tiempo.

Y hay que ser claros: “Hacer sólo y exclusivamente lo que se mandata hacer” (como exige nuestra Constitución a los funcionarios) no es ninguna virtud. Para ejemplo están las pulcrérrimas y legalísimas acciones de cientos de funcionarios con las que históricamente se beneficiaron de privilegios y bienes. En contraposición, el político que opta por la epopeya de su mandato suele apelar a los ancestrales pilares de la moral de su pueblo, para explicar la trascendencia de sus decisiones; incluso de aquellas que dinamitan los viejos pilares de la moral o de la legalidad de su pueblo.

Cuando el presidente López Obrador hace catequesis de su personal interpretación bíblica abre camino hacia dos escenarios radicales (aunque sólo uno verdaderamente transformador); y cuando el expresidente Calderón Hinojosa le revira con lecturas desde la ortodoxia doctrinal es claro que desea evitar cualquiera de los dos escenarios.

Pero volvamos al punto, ¿serán importantes estas reflexiones del espíritu cuando las leyes de la economía parecen regir toda nuestra realidad y nuestras relaciones sociales? Creo firmemente que lo son. Ya lo dijo el maestro de príncipes, Kautylia: “Al conquistar, prefiere la vasta tierra estéril en lugar de la pequeña porción de riqueza; todo desierto se vuelve fértil bajo el espíritu del hombre”. Para aquel filósofo político la plenitud no es sólo la acumulación de riqueza o la ganancia sino la transformación casi milagrosa de lo imposible. Lo explica mejor Kazantzakis en voz de un navegante a la deriva que anhela tierra firme: “Primero aparece la tierra en nuestro pecho y sólo después aparece en el mar”.

Allí es donde la política y la moral conviven, pero su relación depende de la implicación del personaje político en el acto moral. Es un hecho que es más fácil ser moralizante que obrar moralmente. Lo primero sólo supone dar discursos para exigir a los demás que hagan el bien; lo segundo exige involucrarse enteramente en “la propia perfección y la felicidad de los demás”, como diría Kant.

Esos son los dos escenarios que López Obrador abre en la Cuarta Transformación: limitarse y limitarnos a arrojar discursos moralizantes sobre lo que deben hacer los otros (chairos y fifís; amigos y enemigos); o -y esto es de lo más inquietante- pagar con nuestra propia persona el bien de los demás, obrar con valor al servicio del prójimo y renunciar, sin ninguna coacción externa, a nuestros propios intereses.

¿Inverosímil? Seguro. La modernidad hace incomprensible la posibilidad anterior; pero justo por ello es revelador el porqué los políticos rescatan y parafrasean los ancestrales libros sagrados: Han abandonado el camino de la mera administración (e incluso de la legalidad vigente) y se han adentrado en un periplo más angosto, una confrontación de orden bíblico, un sueño fundacional.

Por desgracia, el camino de la Cuarta Transformación promete más bien poco. Lo dejó muy claro el emperador Marco Aurelio: “No hay que perder el tiempo discutiendo cómo debe ser un hombre de bien, hay que serlo”. Punto.

@monroyfelipe



Dejanos un comentario:

Laboratorio de Ideas

¿Ya terminó la implementación?

Gerardo Medina Romero

Publicada

on

¿En dónde termina un proyecto de cambio? ¿Cuándo deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto? ¿Quién es responsable de que el cambio se mantenga?

Estas son preguntas que muchos clientes me han hecho y que actualmente siguen siendo muy comunes por muchos ejecutivos involucrados en los proyectos internos de cambio.

Para mí, las estructuras organizacionales fueron creadas para que un jefe, supervisor, gerente, director o como se llame, se asegurara de que los colaboradores a su cargo hagan el trabajo como lo deben hacer, y ¿cómo lo deben hacer? Pues como la empresa ha definido que se haga.

Luego entonces, para mí la responsabilidad de que un cambio se aplique y se mantenga, es del jefe, sin importar el nivel de la organización que tenga. Pero cuando hablamos de un proyecto de cambio, el problema es determinar el momento exacto en que la implementación deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto y pasa a ser responsabilidad de los jefes.

La respuesta para mí es cuando el cambio ya se implementó, a partir de ahí, la responsabilidad de mantenerlo es de los jefes.

Aquí surge otro problema, cada quién entiende la palabra “implementar” cómo mejor le conviene, así que lo primero que deberíamos hacer es tener claro lo que significa implementar y en qué momento puedo decir que un cambio ya está implementado, de otra manera el pase de estafeta en cuanto a la responsabilidad de que algo que la organización quiere que se ejecute, sea ejecutado, quedará en el limbo.

Hay muchas personas que piensan que implementar es tan solo capacitar o incluso que liberar una herramienta tecnológica es suficiente para considerar que ya se implementó y eso no es verdad, implementar significa poner en ejecución y si no se está ejecutando, pues no se ha implementado, así de sencillo.

Implementar una nueva manera de evaluar el desempeño del personal por ejemplo, no termina con liberar la herramienta para ello, se debe asegurar que los jefes saben cómo establecer objetivos, acordarlos con cada miembro de su equipo, dar retroalimentación, que las personas son capaces de recibirla, de medir y gestionar su propio desempeño y que todo eso está sucediendo.

Implementar un proceso no termina con capacitar a la gente para explicárselo, requiere asegurar que todas los procedimientos, políticas, criterios y formatos que forman parte del mismo, están perfectamente definidos, que se cuenta con el equipo e infraestructura, que las herramientas tecnológicas tienen la funcionalidad requerida, que el personal no solo esté capacitado, sino perfectamente informado, habilitado, y soportado por sus jefes, que sus indicadores de desempeño estén alineados e infinidad de detalles más.

Implementar significa observar y verificar que las cosas se hacen y suceden como se ha definido, y cuando no es así sigue siendo responsabilidad del equipo de proyecto el detectar lo que falta completar para ello y resolverlo. 

Es hasta que se tiene evidencia de que ya no hace falta nada por definir o construir, de que la infraestructura esta lista y los sistemas liberados con la funcionalidad requerida, que el personal está perfectamente informado, capacitado y organizado bajos sus nuevos roles y responsabilidades y que sus objetivos e indicadores individuales estén alineados, cuando se podrá ejecutar cada una de las actividades y se podrá considerar que el cambio se ha implementado.

Una vez que el equipo de proyecto demuestre a los jefes, que las actividades del nuevo modelo de trabajo se pueden ejecutar porque todo está listo, será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de ejecutar y mantener el nuevo modelo de trabajo.

Muchas veces hasta que no corres el nuevo modelo, no te das cuenta de todo lo que falta, así que no te conformes con capacitar al personal, haz que las actividades definidas se ejecuten, identifica lo que le hace falta al equipo, atiende ese pendiente y vuelve a ejecutar hasta que el nuevo modelo de trabajo corra perfectamente.

Será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de que el cambio se mantenga y la organización logre el beneficio esperado.

Recuerda, ninguna organización invierte para tener una herramienta que no se usa, o una carpeta de procesos que no se ejecuta, invierten para recibir un beneficio económico en los indicadores del negocio con un valor mucho mayor a la inversión que hicieron.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

Seguir leyendo

Laboratorio de Ideas

¿Por qué un Día del Balance Trabajo-Familia?

Publicada

on

El pasado 26 de marzo de 2019 se aprobó en el Senado de la República la celebración del Día del Balance Trabajo-Familia cada 1 de junio. 

Pero, ¿para qué un día del balance trabajo-familia?

Primero, hay que considerar que el trabajo y la familia son dos realidades distintas que se encuentran en relación constante y que hasta hoy no necesariamente ha sido la más armónica, incluso en algunos casos ese vínculo se encuentra roto. 

Una visión mal entendida de “idolatría al dinero” y de la “cosificación de la persona” ha llevado a la sobre explotación de las personas y por lo tanto de sus vínculos familiares. 

Por otro lado, existe cada vez más una preocupación legítima de las personas por sus carreras profesionales y sus ingresos familiares que se llega a unir en un círculo vicioso con una cultura de altas jornadas y presiones laborales.

Es por eso que es fundamental impulsar una cultura del balance entre el trabajo y familia, reconociendo a estas como realidades distintas pero que deben ser complementarias y recíprocas para lograr una armonización responsable y sostenible, donde la persona pueda ejercer sus roles dentro de su familia, pueda ser productivo y generar los ingresos necesarios para el sustento del hogar y también pueda alcanzar una realización profesional.

Además, lograr que las personas tengan un balance entre familia y trabajo tiene beneficios para la sociedad y la economía.

La ONU y la UNICEF han reportado evidencia de los beneficios que tiene este tema para el cuidado de la infancia, personas con discapacidad y adultos mayores a través del tiempo de calidad de los padres para atender las responsabilidad del hogar, y también para lograr una mayor equidad entre mujeres y hombres a través de la corresponsabilidad en el hogar y el desarrollo profesional tanto de la madre como del padre.

Y, lograr una mayor cohesión familiar disminuye la violencia intrafamiliar y ofrece mejores condiciones de paz y seguridad en la sociedad. 

Por su parte, el balance trabajo-familia también reporta beneficios para la empresa como la reducción de ausencias y rotación, que reduce los costos de capacitación y de curvas de aprendizaje, y un aumento de la fidelidad y compromiso de los colaboradores a la empresa que reporta un incremento de la productividad

Ahora, para poder impulsar una cultura del balance trabajo-familia es importante considerar distintos instrumentos los cuales se podrían clasificar de acuerdo a Guglielmo Faldetta en “Articulaciones temporales/espaciales y servicios”:

  • Articulaciones temporales/espaciales: Home office, permisos parentales, bancos de horas, licencias maternas y paternas, part time, entre otras.
  • Servicios: Servicios para hijos pequeños, centros de lactancia, cunas y guarderías, empresariales, entre otras.

Por último, hay que considerar que hoy los ritmos de vida y de trabajo, el nivel de competitividad laboral y los niveles de ingresos ponen a las nuevas generaciones ante una paradoja al momento de tomar decisiones de vida donde pareciera que tienen que elegir entre un trabajo y hacer familia, inclusive cultural y laboralmente puede llegar a discriminarse a quienes optan por hacer familia… 

Es por eso que es fundamental impulsar una cultura y una agenda de balance trabajo-familia para que cada vez menos personas tengan que elegir entre ambas realidades y quienes ya tienen ambas puedan gestionar mejor sus responsabilidades y roles, además de los beneficios que reporta para la empresa y para la sociedad.

Seguir leyendo

Te Recomendamos