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Opinión

Migración: la fuerza de la vulnerabilidad

Felipe Monroy

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Parece mentira que, a pesar de ser tan cercanos los innumerables testimonios del drama migratorio ninguno de ellos logra desprendernos del todo de un profundo sentimiento de exclusión del prójimo, de extraños residuos xenófobos en nuestro discurso y de inexplicables chovinismos difíciles de argumentar.

Desde hace décadas, el fenómeno migratorio en el ombligo del continente americano convive de manera constreñida y cotidiana con todas las realidades de Centroamérica, México y Estados Unidos; la inmensa y compleja maraña de venas y comunidades que ha erigido este tránsito incesante de personas hacia el norte sólo puede compararse con la profusa cultura y legado migratorios que ese caminar ha construido en este vasto territorio ‘interfronterizo’.

Esa realidad, sin embargo, continúa siendo incómoda para las certezas más abyectas de las comunidades y mentes cerradas. Y ese sentimiento, esa incomodidad, es el tesoro en bruto que cuida y alimenta, con fines naturales, la política más pragmática. Aunque no siempre con los resultados esperados:

Es de todos conocido que el presidente Donald Trump, desde su campaña por la presidencia, utilizó el sentimiento antiinmigrante de una inquieta sociedad estadounidense para apuntalar su discurso “America first”; sin embargo, tras dos años de su administración, los sondeos de opinión revelan un revés progresivo en la opinión sobre el valor de la migración para los Estados Unidos. Según publica el PewResearch Center el 62% de los norteamericanos considera actualmente que los migrantes aportan y fortalecen a su país (casi 8% más de los que tenían esa opinión en junio del 2015 cuando Trump anunció sus intenciones de llegar a la Casa Blanca construyendo un muro contra los ‘bad hombres’). Aún más: en el subconjunto generacional de los estadounidenses nacidos después de 1981, el reconocimiento a los migrantes y su servicio a la sociedad norteamericana supera el 75%.

Una historia diferente se cuenta en México: el presidente López Obrador fundamentó su última campaña política en principios cristianos de amor al prójimo y de apertura a los migrantes; sus recurrentes expresiones de acogida fomentaron en buena medida un incremento en el oleaje de migrantes en la frontera sur. Un oleaje que, por desgracia, ha derivado en una serie de tragedias indecibles que se viven en las comunidades fronterizas. Los mexicanos, a pesar de las palabras expresadas por el papa Francisco “Quiero felicitarlos porque son tan acogedores con los migrantes”, han comenzado a manifestar un lento pero creciente temor o aversión a los extranjeros. La encuestadora GEA-ISA lo pone en números: el 51% de los mexicanos opina que se deben deportar a los indocumentados y sólo el 29% piensa que se les debe permitir el paso. La mera idea de que los migrantes se integren, participen y colaboren en el desarrollo de México es tan disparatada que la encuestadora ni siquiera la incluye en sus sondeos.

Es decir: la apuesta de un gobierno por humanizar y compadecerse por el fenómeno migratorio ha provocado un inquietante rechazo a los extranjeros (en estos días es más común que deseable escuchar ideas como: “Si no tenemos suficiente trabajo, medicinas y bienestar en México para los mexicanos, por qué habríamos de ayudar a los migrantes”); y, por el contrario, el denuesto constante y cruel de los migrantes por parte de la administración Trump provoca en las nuevas generaciones compasión y reconocimiento a su servicio y a su naturaleza humana. Ese es el poder de la vulnerabilidad: inclinar la balanza hacia los distintos matices de nuestra compleja humanidad anteponiéndola a todo raciocinio  pragmático, legalista o utilitarista.

Parece una profunda contradicción, pero no lo es: La exclusión de los nuestros en nombre de la protección de los otros nos resulta insoportable; pero la exclusión de los otros en nombre de la protección de los nuestros es deseable, preponderante incluso. Esa es nuestra humanidad hablando; desde allí es donde intentamos comprender imágenes tan desgarradoras como la del padre salvadoreño y su hija de un año muertos a la ribera del río fronterizo.

Parecía natural que los mexicanos, por compartir el drama migratorio hacia los Estados Unidos, pudieran solidarizarse en vulnerabilidad con las víctimas del complejo fenómeno migratorio de centroamericanos, caribeños o africanos; pero quizá nos pasa como aquella anécdota desgarradora que relataba el escultor Jeanclos. Decía que le parecía insoportable que su profesor de Talmud fuese un rabino sobreviviente del Holocausto que cierto día comenzó a hacer comentarios racistas sobre los palestinos. Jeanclos, sin embargo, abrazó una convicción que pude ofrecer una perspectiva para sobrevivir dentro de esa contradicción: “Sigo siendo un extraño en la sinagoga, pero no soy un extraño en mi trabajo”.

Yo les permito… la libertad

@monroyfelipe



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Análisis y Opinión

AMLO y Trump: Desastre conjurado

Felipe Monroy

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La expectativa de los maliciosos no conoce límites: si caen un par de gotas, anuncian el diluvio, y si un discurso diplomático se mantiene diplomático, lo acusan de pusilánime. Es cierto que la visita de López Obrador a Donald Trump arrastraba toneladas de mutuas acusaciones y agresiones de baja intensidad; sin embargo, poco saben de política quienes esperaban un incendio a la mitad del jardín de las rosas de la Casa Blanca.

Para nadie es desconocido que la política interior y exterior de Trump tiene profundas motivaciones integristas; y que su narrativa ha provocado polarización social principalmente en temas raciales, migratorios y supremacistas. Del otro lado, la narrativa lopezobradorista apela permanentemente a una insalvable tensión entre ‘conservadores y liberales’, al tiempo de descargar las justificaciones de su mandato mediante el señalamiento de sus antagonistas.

Sin embargo, en este punto de la historia, ambas naciones que representan están anudadas más allá de una relación histórica y un complejísimo intercambio comercial del cual ambas partes buscan sacar provecho; ahora también los une un escenario de inmensa incertidumbre debido al coronavirus y sus efectos, y a la pérdida de su influencia en la geopolítica contemporánea.

Ambos mandatarios tienen deudas por atender con sus respectivas ciudadanías sobre sus discursos y la radicalidad de sus opiniones porque ambos han emprendido ambiciosas cruzadas con el ideal de su propia nación en mente. De hecho, es justo lo que Trump afirmó en su discurso: “Ambos honramos la dignidad de nuestras grandes naciones… cada uno de nosotros fue elegido en el compromiso de luchar contra la corrupción, devolver el poder a la gente y en el interés de poner a nuestras naciones en primer lugar. Yo hago eso y usted hace eso, señor presidente”.

López Obrador, por su parte, no dejó de mencionar la importancia de los trabajadores en las economías de ambas naciones, los objetivos centrales del nuevo tratado, las diferencias históricas y la manera formal de evitar mayores conflictos. No omitió tampoco señalar las críticas que se le hicieron por el viaje y las diferencias ideológicas que sostiene con el propio mandatario norteamericano. Trump también habló sobre sus compatriotas que ‘apostaron en contra’ del encuentro. Hubo diplomacia de elogios, como era de esperarse; y, sin embargo, si se leen con cuidado y sin prejuicio, en ambos discursos también se encuentran apreciaciones concretas sobre lo que desean ambos mandatarios como mínimos comunes para una buena relación de las naciones: dignidad, orgullo, soberanía, valores familiares y tradiciones.

En este justo instante hay millares de periodistas y opinólogos en México y Estados Unidos que diseccionan con fruición las breves horas de visita del mandatario mexicano a Washington y la Casa Blanca. Desde las palabras hasta las corbatas, nada escapará al juicio de la comentocracia. Sabemos que ambos líderes gozan de abundante mala prensa, no hay día en que no sean juzgados como imprudentes, pendencieros, obsesivos, manipuladores, mentirosos, inexpertos, antidemocráticos o polarizantes, y quizá lo merezcan. Pero también cuentan los dos con extensos grupos de simpatizantes que querrán encontrar los positivos en una reunión que no habían imaginado ni esperado celebrar.

Al final, cada sector asumirá su propia certeza que satisfaga sus obsesiones respecto al singular encuentro; sólo quizá sea bueno recordarles las palabras del escritor argentino Alejandro Dolina: “Para quienes dicen que todos los políticos son lo mismo; les contesto que, para un analfabeto, todos los libros son iguales”.

*Director de VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Laboratorio de Ideas

Con urgencia

Columna Invitada

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Por Sara Martha Arizpe Ramos *

En mi opinión, tú, yo, todos, formamos parte importante del engranaje social.

En el terremoto del martes 19 de septiembre del 2017, en la Ciudad de México, fui testigo del enorme sufrimiento de familias que perdieron absolutamente todo. También fui testigo del amor puro y auténtico de la gente que se entregó en cuerpo y alma a ayudar sin conocer al otro, y me colmó de esperanza vivir el reinicio de nuestra ciudad capital.

Soy una mujer afortunada: soy mexicana.

En mi país, nos caracterizamos por la creatividad y el compromiso con los que solucionamos problemas o emprendemos nuevos caminos, pues debemos conseguir nuestro pan de cada día.  Además, amamos nuestra nación, tanto que podríamos celebrar un día festivo a la semana si fuera posible, sin embargo, esta solidaridad se “relaja” cuando tenemos ante nosotros un producto extranjero contra uno mexicano. Pero, ¿cómo afecta esto actualmente  nuestro México? ¿Qué alternativa práctica tenemos como mexicanos realmente solidarios?

Soy una mexicana afortunada: puedo poner mi “granito de arena”.

Simón Levy, en su artículo ‘La economía AC (antes del COVID) y DC (después del COVID): ¿Dónde quedarán las Pymes?’ para el Diario “El Financiero”, afirma que la mortandad de las empresas tendrá efectos de mayor escala que el propio coronavirus, y que volveremos a los niveles de desempleo de la Segunda Guerra Mundial del siglo XX en proporción de los niveles de población del siglo XXI. En aquellas fechas, nuestro país tenía una población menor a 20 millones de habitantes. Actualmente, de acuerdo al Consejo Nacional de Población (CONAPO), a mediados del 2020 seremos casi 128 millones de personas.

¿Cómo le afecta hoy a México nuestra solidaridad “relajada”?

A finales del 2019, el Dr. Julio Santaella, presidente del INEGI, señaló que en nuestro país 4.1 millones de empresas son Micro, Pequeñas o Medianas (MiPyMes). De acuerdo al Consejo Mexicano de Negocios (CMN), de las 128 millones de personas que vivimos en México, 36 millones trabajan en MiPyMes. Desde abril, cada día cierran más empresas, muy pocas tal vez regresen, otras recortan personal para subsistir, esto por la falta de liquidez que implica la contingencia actual.

Tenemos un sinfín de variables para justificar la situación económica de nuestro país, sin embargo, considero que hemos llegado al momento perfecto para escribir un nuevo tomo de la historia. Es momento de despertar y darnos cuenta de que, lo que nos une, sí es trascendental: somos mexicanos luchando por sueños, saliendo adelante con los recursos con los que nacimos, seguramente con frustraciones pero también con mucha esperanza, con penas y también con mucho amor. Esa solidaridad que mencioné anteriormente debe ser reafirmada y demostrada, con urgencia.

Seremos más mexicanos afortunados, juntos:

¿Qué alternativa práctica tenemos como mexicanos realmente solidarios?

En marzo, en cuanto empecé la cuarentena, y debido a la gran afectación económica que traería consigo, decidí iniciar el Directorio de Negocios Locales de Coahuila. La esencia de este proyecto es crear conciencia sobre el consumo local, y promoverlo. Hoy, ya se han registrado más de 230 empresas locales de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga, cuento con un equipo de trabajo de oro compuesto por tres mexicanos enamorados de su país, y hemos creado una comunidad virtual de más de 1,000 personas.

Te propongo esta alternativa práctica para consumir localmente: bit.ly/DirNegCoahuila , basta un par de clicks para acceder a restaurantes, florerías, pastelerías, talleres, negocios de abarrotes, de botana, de construcción…. Recibirás a cambio una mirada que te agradecerá desde el fondo de su corazón, pues estarás apoyando a las familias que están detrás de ese negocio local y, a su vez, estarás fomentando una forma más sustentable de consumir.

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. A veces la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar superado.” Albert Einstein.

Reinventemos juntos nuestra sociedad…. Con urgencia.

* Coordinadora de Relaciones y Desarrollo en el Tecnológico de Monterrey

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