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Análisis y Opinión

Millenials: ¿Tienen las ganas y la disciplina?

Gerardo Medina Romero

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Estamos viendo que en muchas empresas la generación de Millenials (nacidos entre 1981 y 1995) está comenzando a llenar posiciones importantes que antes ocupaban Baby Boomers (1945-1964) o de la Generación X (1965-1980). Como esto sucede en empresas donde la Dirección General o los dueños y socios siguen siendo de las generaciones anteriores, los directivos se preguntan si los Millenials tendrán las ganas y la disciplina que se necesita hoy en día en el mercado laboral.

Creo que podríamos plantear la pregunta también en el sentido contrario. Esos directivos o dueños que son de generaciones anteriores, ¿siguen siendo útiles para un mercado laboral que ha cambiado tanto en tan poco tiempo? No estamos hablando de un periodo de años, basta mirar tan solo lo que ha cambiado en 2020 con la crisis de salud.  Por supuesto que nunca podremos generalizar, pero definitivamente pienso que aquel dueño o directivo mayor de 40 años que pretenda seguir viviendo y entendiendo al mundo organizacional como lo conoció cuando comenzó a trabajar en el siglo pasado, sin duda verá en los comportamientos y pensamientos de las nuevas generaciones, amenazas a su paradigma organizacional.

Por otro lado, estoy seguro de que ese mismo dueño o directivo mayor de 40 años que haya podido evolucionar su visión del mundo laboral, y entienda a las organizaciones tal y como funcionan en pleno 2020 (con todo y los cambios permanentes que ha traído la pandemia), verá en los Millenials a una generación con mayores posibilidades de aportar al crecimiento y desarrollo de su organización.

A lo largo de mi vida he podido confirmar cómo la complementariedad en los equipos de trabajo, es la fórmula que genera mejores resultados, a diferencia de la fórmula que busca reunir a personas con características similares.

La Generación X tiene como características, en general, el sentido de permanencia y lealtad hacia la organización en la que trabajan, son más disciplinados y resilientes, buscan la estabilidad y tienen una visión a largo plazo. Su motivación principal es, cómo se ven en el futuro y no tanto cómo se sienten en el presente; sin embargo, estas características en determinadas situaciones pueden no resultar favorables.

Los Millenials por su parte, son prácticos e inquietos en lo que respecta a disfrutar su presente. Son más creativos, buscan alternativas distintas y, por lo mismo, cuestionan las reglas. Su motivación principal es su bienestar inmediato. El futuro les parece muy importante pero no les gusta preocuparse por él, se ocupan de eso en el presente.

¿Qué características son más propicias para el mercado laboral actual? Desde mi punto de vista, una combinación adecuada de las dos. Estamos en un momento privilegiado en el que podemos aprovechar la experiencia y talento de ejecutivos de la Generación X con la frescura y practicidad de los Millenials. Esto es, potencialmente, una combinación explosiva con resultados inmediatos para cualquier empresa.

He conocido Millenials que han heredado la responsabilidad de tomar la dirección general de empresas familiares donde sus padres deciden hacerse a un lado. La gran mayoría de ellos se ha preparado y tiene el talento para hacerlo de manera espectacular; sin embargo, y de manera invariable durante los primeros años, su falta de tablas, de colmillo y un tanto de malicia, les cobra tarde o temprano facturas muy costosas.

Creo que hay algo que nunca se podrá substituir y es la experiencia individual que te dan los años y nada más.

Los ejecutivos inteligentes, sean de la generación que sea, deben reconocer sus limitantes y el valor que pueden obtener de reclutar a ejecutivos de generaciones diferentes que les den esa complementariedad y balance, así como mayores posibilidades de éxito en un mercado laboral cada vez más competido.

El mercado laboral ya no es como lo conoció la Generación X o los Baby Boomers, pero tampoco es cómo lo creen entender los entusiastas Millenials. Es por eso que aquél que logre darles el valor a ambos grupos y encontrar la combinación adecuada en su equipo de trabajo, tendrá mayores posibilidades de salir adelante.



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Análisis y Opinión

Censura y sollozos desde la investidura

Felipe Monroy

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Si bien se puede compartir la preocupación expresada por algunos líderes sobre el control ideológico que los gigantes informáticos han decidido implementar con mayor agresividad en sus plataformas no hay manera de concederle al presidente Donald Trump sus lloros sobre la ‘censura’ que “pretenden imponer” sobre su persona.

Vamos por partes. Los recientes acontecimientos en Estados Unidos que derivaron en la suspensión de las redes sociales de Trump ciertamente evidenciaron una práctica que se ha tornado cada vez más frecuente entre los usuarios de estas plataformas de divulgación de contenidos. El control que las empresas comienzan a tener sobre los contenidos que pueden o no divulgar los usuarios de las plataformas no sólo se limita a actos ilegales ni de seguridad; en estos momentos es ampliamente evidente que ciertas empresas de redes sociales censuran contenido debido a su posición ideológica y a sus intereses comerciales.

Lo anterior no es nuevo y por lo menos los últimos 10 años se ha pedido formalmente a los creadores de estas plataformas explicación sobre los alcances políticos, económicos y sociales de la potencial mal utilización de los datos de los usuarios. Lo que hasta ahora sabemos, por desgracia, nos provoca escalofríos.

Justo en esta semana, millones de usuarios migraron de la plataforma de mensajería WhatsApp (de Facebook) a Telegram (su más cercano competidor) debido a ajustes en las políticas de privacidad de la primera que básicamente formalizan lo que la plataforma hacía desde hace años: usufructuar la información que en ella vertimos para obtener de nosotros comportamientos de consumo comercial o consumo cultural.

Lo he dicho en otras ocasiones, es tan eficiente y profundo el éxito de estas empresas que se podría decir que son capaces de ‘hackear la psique y el comportamiento humano’. La polarización social, el hiperconsumismo, la defenestración de principios de dignidad humana e incluso el negacionismo suicida de la realidad son evidencias de que lo anterior es posible.

El analista Mark Williams en su estudio de enero 2021: “Comparativo de aplicaciones de mensajería digital” analizó bajo 35 reactivos verificables los semáforos de riesgo en las plataformas conocidas. En realidad, todo el universo existente de aplicaciones implica más de cuatro alertas rojas; algunos tienen 24 ámbitos de preocupación.

Dicho lo anterior, es posible empatizar con quienes ven peligro en las plataformas; pero no es posible conceder a un mandatario como Trump su amarga queja sobre lo que cree en censura. El presidente norteamericano tiene a su disposición la infraestructura y abultado presupuesto del gobierno para colocar en la agenda nacional e internacional su pensamiento; pero, incluso si no lo tuviera, el líder de los Estados Unidos es revestido con una singular investidura que le da la facultad de convocar a cualquier medio de comunicación en cualquier momento del día para cualquier ocurrencia que desee expresar y llegue a todos los rincones del planeta.

Al cierre del año pasado, la plataforma Netflix presentó el mockumental ‘Muerte al 2020’ en el que pinta de cuerpo entero esta actitud con una parodia de la exasesora de Trump, Kellyanne Conway. La trumpista afirma que se ha dado la tarea de “denunciar la ominosa censura” contra su facción en decenas de cadenas de televisión, decenas de programas de radio y otro montón de programas por internet.

Por desgracia, es una posición que adoptan otros liderazgos. López Obrador, por desgracia, nuevamente demostró su cercanía ideológica con Trump al criticar las acciones de los dueños de las ‘benditas redes sociales’: “No me gusta que a nadie le quiten el derecho de transmitir un mensaje en Twitter… eso es un asunto de Estado, eso no es un asunto de las empresas”, dijo el mandatario que tiene capacidad de ejercer 3 mil 245 millones de pesos en publicidad oficial.

Es decir, con las benditas redes sociales, sin ellas o a pesar de éstas, el presidente de México cuenta con recursos más que suficientes para comunicarse con la ciudadanía; y, al mismo tiempo, también tiene la obligación de proteger que el derecho de voz, expresión y manifestación de todos los ciudadanos se tutele por las instituciones que él comanda. Ese sí es asunto de Estado.

Como responsables en turno en la oficina de Estado, los líderes democráticamente electos tienen los medios y la investidura para garantizar que no haya censura, que a los ciudadanos se les respete su libertad de expresión y saber prescindir de aquello que quizá los llevó al poder pero que no los legitima.

LEE Bloqueo, recurso desesperado

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

La competencia por los puestos de trabajo será mundial

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Recientemente se han publicado distintas opiniones que mencionan cambios en el entorno laboral derivados de la cuarentena. Uno de los más mencionados es que el trabajo a distancia llegó para quedarse e, incluso, muchas organizaciones han comenzado a negociar sus contratos de arrendamiento para reducir sus espacios de oficinas bajo la premisa de que una parte de su personal trabajará desde casa.

Efectivamente, las empresas se han dado cuenta que mucho del trabajo se puede realizar a distancia sin importar dónde se encuentre el personal. Esto ha hecho también que algunas personas durante la cuarentena hayan dejado de rentar departamentos cercanos a sus lugares de trabajo para regresar a vivir a sus lugares de origen o, incluso, con sus seres queridos. Algunos han estado trabajando desde otras ciudades y lo han hecho con éxito, dando buenos resultados de negocio.

Tras comprobar que, para algunos puestos y funciones específicas, el lugar físico donde se desarrolle el trabajo resulta irrelevante en realidad, junto con la problemática y el alto costo que ha resultado despedir a personal durante la pandemia por las distintas regulaciones que se han impuesto en los diferentes países, algunas empresas han comenzado a pensar en la conveniencia de contratar a empleados basados en el extranjero para substituir a empleados locales y nacionales. Sin duda es porque están seguros de encontrar talento que pueda hacer el mismo trabajo, incluso mejor, por un salario más bajo y, sobre todo, sin las responsabilidades laborales legales que un empleado representa, es decir, que les permita dejar de ser un pasivo laboral para la empresa.

Creo que tienen razón. Me parece que en los próximos meses comenzaremos a ver a nivel mundial que este fenómeno comienza a crecer. Hace algunos años, algo similar se presentó con los call centers o centros de soporte a clientes, que se comenzaron a mover a cualquier parte del mundo donde resultara más conveniente. Le siguieron los servicios offshore como, por ejemplo, los equipos de desarrolladores de sistemas y de mantenimiento de soluciones tecnológicas. Pues hoy, gracias a la cuarentena, se han comenzado a agregar a esta lista muchísimos puestos de trabajo en distintas industrias.

Eso significa que si bien ya no tengo que migrar a otra ciudad para obtener un mejor trabajo acorde a mis objetivos profesionales, la competencia por ese puesto se ha abierto no solo a la gente local y nacional, sino a todo el mundo.

Ya no importa en qué parte del mundo las empresas encuentren al talento que necesitan; ya han probado y aceptado los mecanismos de trabajo y de coordinación a distancia. Así que la combinación del mejor talento al mejor costo será la mejor opción para contratar, y esto se convertirá en una tendencia organizacional a nivel mundial.

De la misma manera, ahora tu talento puede ser de interés para empresas fuera de México y esto no significa necesariamente que tendrás que migrar. En el futuro inmediato, podrías tener un trabajo a distancia y pertenecer a cualquier empresa en el mundo, siempre y cuando tu talento y competencias así te lo permitan.

Aprender idiomas, además del inglés, se convierte ahora en una buena estrategia para fortalecer tu perfil. El inglés es algo que se da por sentado a nivel mundial: no hay manera de competir y aspirar a lograr una carrera exitosa si no hablas y escribes perfectamente el inglés.

Debemos adaptarnos a la multiculturalidad y aprovechar las oportunidades que se están abriendo para competir con nuestro talento individual y de empresa en el mundo. Esta pandemia nos ha demostrado que no existen barreras físicas que impidan el crecimiento y desarrollo de profesionales ni de empresa.

No te quedes esperando a que tu trabajo se lo den a un extranjero; por el contrario, prepárate no para defenderte, sino para competir y conquistar esa empresa o ese país en el que siempre has querido trabajar.

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