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Opinión

Nueva normalidad, el reto a la vida personal…

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Unión Mujer

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De pronto descubrimos que aunque pasamos las 24 horas del día con nuestra familia, en realidad es como estar de “cuerpo presente”

En estos meses, hemos tratado de encontrar un balance, para compaginar la vida laboral, familiar, personal, social y trascendente; sólo que ahora lo hemos tenido que hacer en un espacio reducido, sin horarios establecidos y con la incertidumbre de no saber qué pasará al día siguiente.

Desde levantarnos temprano para hacer quehaceres domésticos antes de que los niños despierten, hasta tomar juntas mientras limpiamos la casa o desarrollamos cualquier actividad. Después de un par de meses de seguir con esta situación, personalmente decidí aplicar con más decisión lo que predico en cursos, conferencias y diferentes medios.

Me percaté de que no lo estaba haciendo bien: cuando en televisión nacional hablé de seguir rutinas, de hablarse de manera respetuosa y tolerante, además de aplicar una disciplina positiva; mis hijos sólo se vieron entre sí con una risa molesta sabiendo que lo que decía en televisión muchas veces no lo practicaba en casa.

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Después de esa noche, hice algunos pequeños cambios para lograr una armonía familiar en esta nueva normalidad, algunas recomendaciones útiles para que tener más tranquilidad con los tuyos y sin descuidar tu parte personal y profesional:

  1. Adáptate
    No esperes perfección, no puedes tener las rutinas de antes como juntas en tu oficina sin ningún ruido, una casa mucho más limpia o simplemente creer que todo puede ser como en la normalidad. Estamos viviendo una situación inédita con este encierro y mientras lo básico funcione, será suficiente.
  2. Aquí y ahora
    Deja de pensar en la junta cuando te estás bañando o en los niños mientras hablas con tus jefes. Enfócate en lo que estás haciendo en ese momento y luego en lo que sigue y serás más eficiente.
  3. Horarios, horarios, horarios
    Los niños perdieron su rutina, sus espacios y necesitan certidumbre al igual que tú. Si haces una rutina que todos tengan clara, por escrito y a la vista de todos, tal vez no la cumplirás siempre a la perfección, pero todos sabrán qué hacer y qué se espera de ellos.
  4. Busca el silencio para ti
    Encuentra 15 minutos de silencio: llámale rezo, oración, centrarte, meditación o lo que tus creencias te dicten, pero necesitas sentirte a ti misma de cara a la eternidad, la trascendencia, la paz…
  5. Tiempo de calidad para todos
    Siempre había criticado esa frase, creía que los niños necesitan suficiente tiempo, mucho tiempo, con sus padres; pero en estos días he descubierto que aunque estamos ahí, muchas veces no se sienten acompañados pues el celular, la computadora y la televisión hacen nulo ese tiempo “de calidad” que creemos compartimos con ellos.

Un tip muy útil es dedicar 15 minutos a cada uno de tus seres queridos y comprometerte a darles toda tu atención. Es mejor hacerlo sin avisar, por ejemplo, con tus hijos inicia jugando con legos, a hablar de futbol o a acurrucar una muñeca, ¡ellos llegan como por arte de magia a disfrutar de la presencia de mamá!, a esa edad es lo único que necesitan: sentirse amados por quienes aman.

Comienza poco a poco, trata de ser plena, no perfecta; busca esa plenitud de dentro hacia afuera, equilibra paso a paso tus áreas profesional, personal, social, familiar y trascendente: viviendo un día a la vez.

*Paulina Amozurrutia
Vocera del Movimiento #FuerzaFamilias del Consejo de la Comunicación, coordinadora nacional de Unión Mujer y directora general de la Fundación Seamos Héroes

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emc



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Análisis y Opinión

Espionaje, entre el servicio y la ignominia

Felipe Monroy

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Aunque el espionaje se ha especializado y tecnificado a niveles infamantes, sus funciones más simples (que nunca honestas) se pueden reducir a las mencionadas por Kautilya hace veintitrés siglos: recolección de noticias, comprobación de lealtades y manejo de propaganda. Desde la perspectiva del gobernante, se entiende su utilidad para lograr lo único que interesa al poder: conservar el que se tiene y aumentarlo en lo posible.

Al contrario de lo que hoy se quiere insistir, el espionaje nunca es aséptico ni impersonal; el espionaje no son sólo datos y programación. Por tanto, ‘Pegasus’ no es sólo un programa, un software o un sistema: son hombres y mujeres que con mayor o menor poder han utilizado recursos técnicos de la forma más innoble. Además, los efectos del espionaje tampoco son inocentes, la historia refleja que aquel va acompañado invariablemente de la mentira política, la persecución de opositores, la desestabilización de pueblos, la inoculación de ideologías de ocasión y, por supuesto, de los crímenes de Estado, las insurrecciones fratricidas y la guerra total.

Lo que se ha ido revelando esta semana sobre la operación del ya famoso software ‘Pegasus’ es alarmante porque no se trata de un ‘sistema de inteligencia para el combate del terrorismo o ciberterrorismo en países democráticos’ sino un verdadero ‘sistema de espionaje israelí vendido por particulares a regímenes autoritarios que desean investigar a periodistas, activistas de derechos humanos y a potenciales opositores políticos’.

Desde hace años se tenía sospecha de que los recursos tecnológicos de estas empresas de ciberseguridad no sólo se adquirían para el combate al crimen, sino para las funciones que los regímenes y los poderes fácticos que buscan controlar a toda costa: tener información de sus adversarios políticos, verificar la lealtad de los ciudadanos y eliminar los potenciales riesgos para la estabilidad de su poder.

Esta es la razón por la cual, cuando se habla de espionaje no puede haber neutralidad. Es una práctica ignominiosa y cruel cuando se está vulnerable a ser espiado; pero es un servicio de seguridad y estabilidad para aquellos que detentan el control. Desde el poder, un mundo sin las intrincadas redes de espionaje básicamente se hundiría en el caos; mientras, desde las estructuras intermedias de la sociedad, el espionaje es una herramienta del autoritarismo.

En el fondo no hay ninguna sorpresa en que las nuevas herramientas digitales hayan hipertecnificado el espionaje al grado en que los clientes de NSO Group puedan ver y escuchar a sus ‘objetivos’ de interés; tampoco es realmente una noticia que diferentes gobiernos o poderes (con diversas problemáticas) hayan echado mano de esta herramienta. Sin embargo, no por ser un mecanismo casi natural de autopreservación del poder no debiera inquietarnos. Especialmente porque, es altamente probable que, derivado del espionaje a ciertos personajes junto a la exposición y vulneración de periodistas, opositores o líderes comunitarios, se haya provocado la muerte de alguno de ellos, la intimidación o el silenciamiento de sus voces. Y todavía peor, al existir la evidente sospecha de que el gobierno israelí de Netanyahu ha espiado a líderes mundiales a través de la herramienta de ciberseguridad, se encienden las alarmas de desastre geopolítico.

Ahora, mientras el mundo redescubre la diplomacia para salir del entuerto en el que lo ha sumido el software ‘Pegasus’, no hay que perder de vista la sospechosa parsimonia y tranquilidad con la que los líderes políticos echar a andar a sus fiscalías y ministerios de defensa contra el espionaje que ellos mismos sufrieron. Quién sabe, quizá no tienen intensión de correr por completo las cortinas del misterio.

LEE Quema de templos y efigies: indignación sin respuesta

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Gerardo Medina Romero

La organización bien conectada

Gerardo Medina Romero

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La organización bien conectada

El Mundo Interno de las Organizaciones

Por Gerardo Medina Romero

Uno de los aspectos que más está complicando los proyectos internos de las organizaciones en las que me he tenido la oportunidad de colaborar durante los últimos años, es que algunos ejecutivos con roles importantes no alcanzan a ver y a entender que todos los componentes de la organización en realidad están conectados. Por esa razón, se trabajan esfuerzos aislados sin tomar en cuenta que ningún cambio, ajuste o modificación se puede realizar sin identificar y entender los otros componentes de la organización que influyen e impactan en el mismo.

Un ejemplo muy común que me ha tocado observar de manera recurrente es cuando se modifica la estructura organizacional de algún área creando, eliminando o fusionando puestos de trabajo, pero sin cambiar también los procesos de negocio para ajustar las funciones en las que participa o participará. También he observado que se modifica alguna política sin contemplar el impacto que tendrá la nueva disposición en la cultura corporativa al influir en el comportamiento de las personas y provocar con ello nuevas prácticas que se pueden arraigar.

Esta falta de conciencia sobre las conexiones que existen entre todos los componentes de la organización se generó, desde mi punto de vista, hace más de un siglo a raíz de la fragmentación y especialización del trabajo que impulsó la revolución industrial con la implementación de las líneas de producción. En esa época, se dividió el trabajo de tal manera que cada persona solo era responsable de realizar una función y solo una. Con el desarrollo moderno, las organizaciones siguieron evolucionando y fragmentando o dividiendo el trabajo de la gente en responsabilidades puntuales, creando puestos muy especializados y llegando así hasta nuestros días.

Por ello, desde mi observador, las estructuras organizacionales en una gran mayoría se han convertido realmente en silos. El problema es que las organizaciones realmente son sistemas abiertos y como tales, todos sus componentes están conectados para funcionar de manera adecuada. Cuando se detecta un problema en el sistema, en la gran mayoría de las ocasiones, el origen del mismo se puede encontrar en otros componentes distintos a los que se tiene a mano inmediatamente.

Por ejemplo: Si algo en un proceso de producción no está funcionando adecuadamente, puede deberse a múltiples factores. Uno de ellos sin duda tiene que ver con la manera en que se ejecuta una determinada actividad, y esto puede ser ocasionado o porque así está definido formalmente, o porque la persona que realiza dicha actividad la ejecuta de manera errónea.

Si la ejecuta de manera errónea puede ser por un tema de actitud o por un tema de aptitud. Si es por aptitud significa que no tiene el perfil necesario para desempeñar dicha tarea. Que no tenga el perfil adecuado puede ser porque las definiciones del perfil están incorrectas, o porque la asignación de esa persona a ese puesto no se hizo de manera adecuada. Esto pudo ser porque no existe claridad en los criterios para seleccionar a las personas o porque no existen mecanismos para medir y evaluar el perfil de cada persona.

Podría continuar con cada una de las aristas de este ejemplo; sin embargo, espero haber podido resaltar la importancia de conocer y entender la relación que existe entre todas y cada una de las actividades que se desempeñan en una organización ya que, si yo soy el responsable de reclutamiento, un error en mi trabajo puede impactar la línea de producción de manera relevante.

Todas las funciones de una organización están conectadas y el trabajo de una persona influye en el trabajo de las demás, aun y cuando pertenezcan a otras áreas o incluso regiones. En teoría, esas conexiones las debería tener claras la organización, sin embargo en mi experiencia no siempre es así. Es por ello que debemos tener la inquietud de identificar esas conexiones e intentar unirlas como si se tratara de encontrar los distintos hilos que pasan por mi función para hacer con ellos un gran nudo que nos permita visualizar, todas y cada una de las aristas a las que nuestro trabajo puede conducir y con las cuáles estamos conectados.

No puedo diseñar un cambio en mi función, que en primera instancia me beneficia, sin tener claridad si el impacto que puede tener en el resto de la organización es negativo para el funcionamiento de otras áreas. Tampoco lo puedo hacer sin antes comprender perfectamente la estrategia de negocios de mi organización para asegurar que el cambio que yo implemente contribuya al beneficio de esa estrategia y no únicamente a mi área o a mi puesto.

Un enfoque sistémico debe comenzar por entender lo que es un sistema, la manera en que funciona y todas las leyes que aplican. De esta manera podremos contribuir de manera más efectiva a la evolución inteligente de nuestras organizaciones.

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