Connect with us

Opinión

Oro sobre obra gris: glosa a los cien días

Felipe Monroy

Publicada

on

No se puede confundir el menú con la comida. Aunque el primero describa perfectamente en qué consisten los alimentos, la satisfacción del comensal no depende de la presentación de la carta sino hasta que prueba bocado. Por alguna razón, el extravagante ritual autorreferencial y siempre autocomplaciente de presentar un “informe a los 100 días de gobierno” parece la lectura de un menú cuya orden quizá aún no ha llegado ni al chef. Es más: casi siempre parece que el constructor escribe con letras de otro sobre la obra gris.

La obsesión político-mediática de presentar avances de las promesas -aún a pleno trote y sin tomar siquiera perspectiva del camino- sólo da fugaces deleites a los políticos, a los servidores públicos y a la camarilla de la comentocracia. Un deporte-espectáculo que sólo depende de la habilidad de un saque poderosísimo y de la técnica (o maña) para responder, para contestar, para devolver con jiribilla la propuesta discursiva desde el poder.

Por supuesto, siempre es importante (y en algunos casos es un mandato) que se presenten informes de las actividades en los gobiernos de las naciones, en las instituciones y en las organizaciones que tienen mínimos ejercicios de transparencia y control. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, no hay ninguna obligación ni protocolo instruido para los informes de los primeros 100 días de gobierno. Lo que comenzó como un ejercicio de evaluación unilateral desde los medios de comunicación sobre sus gobernantes, se transformó en un protocolo repentizado del poder para presentar su visión (su ‘saque’) sobre lo mucho que se ha avanzado con ellos en el timón del barco.

Sin embargo, es evidente que cien días apenas pueden reflejar la personalidad de los administradores, los verdaderos perfiles de los servidores públicos ante las contingencias de la realidad y, en torno a ellos, se construye un discurso que anuncie (profetice, casi) el rumbo de lo que vendrá. Con todo, es una oportunidad para que los líderes atemperen sus discursos de campaña, para que -frente a la inmensa, inercial y aterida maquinaria o la inconmovible objetividad- planteen discursos aterrizados en lo posible y no sólo en lo deseable.

Pero nadie, ni uno sólo, vence la tentación del autoengaño. Fox llegó a declarar en sus primeros 100 días de gobierno: “Desde el primer día abandonamos la cultura de la vieja política, se acabó la impunidad, la prepotencia y el abuso de poder de una élite gobernante”; el 15 de marzo del 2007, Calderón emitió un discurso de unidad, con recurrentes figuras de humildad: “muchos de los más graves problemas que tenemos tomarán tiempo y el esfuerzo mucho más allá del alcance de esta [administración]”, pero con las infaltables trazas mesiánicas: “Debo velar cada día por el bien de la patria”. Peña, por su parte, visiblemente satisfecho por las reformas alcanzadas y los éxitos de las negociaciones políticas no dudó en declamar orondo: “Vengo a transformar a México, no a administrarlo”; sin embargo, fueron los siguientes meses cuando la opinión pública comprendería que el presidente sólo sería fiel al hueco eslogan que acompañaría su gestión.

López no es la excepción. Las figuraciones del éxito y de los desafíos son simplificados al extremo desde el discurso del tabasqueño: “Aunque todavía es el comienzo del camino hacia el progreso con justicia, ya empezamos a escribir el prólogo de la gran obra de transformación nacional”.

En síntesis, la presentación teatralizada de los primeros 100 días de gobierno no tiene como objetivo presentar los alimentos, sino convencernos de lo bueno que está el menú; tiene la vana satisfacción de escribir con letras de oro verdades absolutas sobre muros inacabados. Y resulta tristemente cierto que a la ciudadanía se le puede entretener con cualquier ardid o técnica de comunicación de gobierno, pero eso no satisface las búsquedas por las que optó en las elecciones.

López Obrador llegó al poder con un inmenso respaldo popular que ha anhelado largamente acciones concretas contra la corrupción y los corruptos, que espera una profunda transformación institucional de la administración pública útil, sencilla y transparente aun para la ciudadanía más marginada e invisible; que los personajes visibles -e invisibles- que han simulado el servicio público para perpetuar cuotas de poder y dinero queden irremisiblemente desterrados, que se mueva ligeramente hacia los descartados del poder las facultades . De lo contrario, sólo quedarán eslóganes y frases geniales a merced del despiadado e imparcial tiempo.

@monroyfelipe



Dejanos un comentario:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Análisis y Opinión

Salgado Macedonio: Sí, pero no

Cristian Ampudia

Publicada

on

Conversando

¡Vaya lío en el que se metió Morena al pretender poner a Félix Salgado Macedonio como su candidato a Gobernador de Guerrero! Porque esa intentona no solamente ha terminado por afectar la imagen del Presidente Andrés Manuel López Obrador, sino que además no queda totalmente claro el desenlace que tendrá esta historia, veamos…

Sobre Salgado Macedonio pesan acusaciones y denuncias de abuso sexual, pero eso no pareció incomodar a Morena, partido que hasta hace unos días hacía oídos sordos a los reclamos de las mujeres que exigían (con justificada razón) que un hombre con tales acusaciones sobre su espalda pudiera contender por la Gubernatura de Guerrero.

Han sido innumerables las voces de víctimas, colectivos feministas y hasta del interior del propio partido que se oponen a que Salgado Macedonio fuera el candidato morenista.

La propia secretaria general de Morena, Citlalli Hernández, consideró un error postular a Salgado Macedonio; Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, también se pronunció en contra, pero nada de eso parecía descarrilar la candidatura morenista… hasta el viernes pasado.

Y es que la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena resolvió bajar la candidatura de Félix Salgado Macedonio al Gobierno de Guerrero e instruyó a las Comisiones Nacional de Elecciones y Nacional de Encuestas a reponer el proceso de selección. ¡Y cómo no!, si la presión era tal que en redes sociales se hicieron tendencia los hashtags #PresidenteRompaelPacto y #UnVioladorNoSeráGobernador que claramente exigían a AMLO y a Morena retirarle la candidatura.

Pero cuidado, este asunto no está zanjado. Zazil Carreras, de la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena, pidió a sus compañeros “juzgar con perspectiva de género” e inhabilitar a Félix Salgado Macedonio para que no pudiera contender por la candidatura; pero Eloísa Vivanco, Donají Alba y Alejandro Viedma votaron contra el proyecto presentado, por lo que el proceso de selección será repuesto, pero Salgado Macedonio podría volver a competir por la candidatura y por lo tanto, obtenerla.

¿Qué pesará más en esta “novela”?, la cercanía de Salgado Macedonio a AMLO y la dirigencia de Morena o los reclamos desde la sociedad civil y dentro del mismo partido? Ya se verá…

Por no dejar

En esta columna abordamos ampliamente la semana pasada el tema de las observaciones hechas por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) al primer año de gobierno de la administración de Andrés Manuel López Obrador. La ASF indicó el lunes por la noche que el costo por la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México (NAIM) era menor al que originalmente había calculado, lo que fue retomado por López Obrador en su conferencia matutina del martes.

Como era de esperarse, el tema fue usado en abono del discurso del Presidente que siempre se centra en sus adversarios. Y está bien, si desde la ASF la gente de David Colmenares Páramo no hizo un buen trabajo en la auditoría, no hay razón para que siga en el cargo; pero también hay serios señalamientos en la auditoría y diversos reportes de prensa sobre la corrupción que existe; por ejemplo, en el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”, en el que hasta los muertos están en el padrón de beneficiarios… y de esas acusaciones, AMLO y la 4T han “callado como momias”.

LEE AMLO y el cubrebocas

ebv

Seguir leyendo

Análisis y Opinión

¿Cómo gestionar la actitud del personal?

Gerardo Medina Romero

Publicada

on

El Mundo Interno de las Organizaciones

Para cualquier empresa, su éxito al enfrentar los retos actuales depende, en gran medida, de la actitud de su personal en todos los niveles de la organización. He conversado con algunos clientes y colegas sobre la manera en que se puede gestionar la actitud de la gente y lo que he encontrado en muchos casos es un desconocimiento sobre la conexión entre los distintos componentes de la organización y cómo impactan en la actitud que asume cada colaborador al momento de desempeñar sus funciones.

En mi experiencia, la actitud es una consecuencia. ¿De qué?, justo es lo que debemos preguntarnos para identificar los factores que la provocan y tratar de adecuarlos, alinearlos e impulsar así las actitudes que se requieren.

Para mí, la actitud es la manifestación del estado de ánimo con el que se comporta una persona en determinado momento y se puede percibir a través de la emocionalidad y corporalidad con la que actúa y ejecuta cualquier actividad.

Su estado de ánimo es consecuencia de su percepción ante el contexto organizacional en el que se encuentra. Su percepción se forma con base en sus intereses particulares, sus valores individuales y su personalidad.

¿Por qué es importante la actitud? Porque sin una actitud adecuada de nada le sirve a la empresa una persona que tenga los conocimientos ni las habilidades para desempeñar una función. Una competencia es el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes, y sin una actitud adecuada la competencia no se completa y por lo tanto la persona no será competente para desempeñar su función y lograr los resultados necesarios. Si las personas no logran desempeñar sus funciones de manera adecuada, la empresa no podrá logar sus resultados de negocio.

Para gestionar la actitud en su conjunto es importante, en primer lugar, identificar para cada competencia, cuáles son las actitudes específicas necesarias. Al hacer la evaluación de competencias deberíamos identificar las brechas entre las actitudes necesarias y las actitudes reales. Integrando resultados, la empresa puede identificar las brechas en cuanto a la actitud del personal.

Si una empresa desea gestionar la actitud de su personal, primero debe tratar de proporcionar las mejores condiciones para trabajar (contexto organizacional). Esto se mide a través de los estudios de clima donde identifica la percepción del personal ante las distintas dimensiones organizacionales (estilo de liderazgo, compensación, posibilidades de crecimiento, etc.) y a partir de los resultados, implementa acciones para corregirlos.

Un contexto organizacional adecuado, incrementa las posibilidades de provocar la actitud adecuada pero aún dependemos de la percepción que se determina por los intereses particulares, los valores individuales y la personalidad. Por ello es importante implementar estrategias y programas permanentes de cultura, liderazgo y comunicación que influyan y alineen los valores del personal.

Para influir en los intereses personales, la empresa trabaja con los apoyos y prestaciones que cubren las necesidades básicas y las aspiraciones económicas. Para los intereses individuales se crean programas de desarrollo personal y profesional, así como de reconocimiento.

Finalmente, el tema de la personalidad individual se trabaja desde los mecanismos de reclutamiento y selección, y se alinea a los programas internos de desarrollo y sensibilización que se puedan implementar.

En conclusión, la conexión que existe entre todos estos elementos debe crear las condiciones necesarias para impulsar en el personal las actitudes para que su desempeño logre los resultados de negocio que la empresa necesita.

Sin duda, son muchos los factores que intervienen en este tema y por eso solo las empresas que entienden la relación de todos y cada uno de ellos y que logran enfocarlos y conectarlos para alinearlos hacia un mismo objetivo, son las que en realidad logran hacer una gestión de las actitudes.

Las empresas que trabajan estos esfuerzos de manera aislada y desconectada pueden estar invirtiendo muchos recursos sin realmente lograr ningún resultado de impacto. En estos tiempos, ninguna empresa se puede dar el lujo de desperdiciar recursos; invertirlos de manera inteligente para provocar en el personal las actitudes que se necesitan en tiempos de crisis es, en mi opinión, la mejor inversión de todas.

LEE Las reglas crean cultura

Seguir leyendo

Te Recomendamos